El Anticristo. Maldición sobre el cristianismo

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El Anticristo. Maldición sobre el cristianismo (Der Antichrist, Fluch auf das Christentum, 1888) es una de las últimas obras del filósofo alemán Friedrich Nietzsche.

Aunque fue escrito en 1888, su controversial contenido hizo que Franz Overbeck y Heinrich Köselitz retrasaran su publicación, junto con Ecce Homo. Dado el contexto presente en el libro, el título probablemente sugiere que pueda traducirse como "El Anticristo" y "El Anticristiano". El libro critica además conceptos más amplios como el igualitarismo y la democracia, a los cuales ve como consecuencias persistentes de los ideales cristianos.

Citas de El Anticristo

Si se coloca el centro de gravedad de la vida no en la vida, sino en el "más allá" —en la nada—, se le quita a la vida en general el centro de gravedad.
El Anticristo, §43[1]

En la introducción, el filósofo anuncia que se dirige a una minoría capaz de comprender («Este libro está hecho para muy pocos lectores. Puede que no viva aún ninguno de ellos. Esos podrían ser los que comprendan mi Zaratustra: ¿acaso tengo yo derecho a confundirme con aquellos a quienes hoy se presta atención? Lo que a mí me pertenece es el pasado mañana. Algunos hombres nacen póstumos»). La ética de Nietzsche en este último periodo está íntimamente ligada a la Voluntad de Poder.

¿Qué es bueno? Todo aquello que eleva nuestro sentimiento de poder, la voluntad de poder, el poder mismo en el hombre.

¿Qué es malo? Todo aquello que se origina en la debilidad.
¿Qué es la felicidad? El sentimiento de cómo crece el poder, de vencer una resistencia. [...]
Los débiles y los malogrados deben perecer: principio primero de nuestro amor por los hombres. [...]

¿Qué es más dañino que cualquier vicio? El ejercicio de la compasión hacia todos los malogrados y débiles — el cristianismo... §2[2]

Nietzsche identifica en el cristianismo todo el mal social, por cuya causa el mundo sufre, y el mal moral, que oprime al hombre. San Pablo utilizó a las masas de oprimidos para tomar el poder, y del mismo modo actúan los socialistas en la época en que Nietzsche escribe. A estos, como sobre todo a los anarquistas, el filósofo los considera —peyorativamente— como nuevos cristianos auténticos. El cristianismo ha construido y explotado en beneficio propio una metafísica del mundo detrás del mundo, que es el origen profundo de movimientos tan alejados temporalmente como el romanticismo y el idealismo.

El idealista, como el cura, tiene en su mano (¡y no sólo en la mano!) todos los grandes conceptos: con desprecio bonachón los usa contra el intelecto, los sentidos, los honores, el buen vivir, la ciencia; ve tales cosas por debajo de sí, como fuerzas nocivas y descarriadoras, sobre las cuales se cierne el espíritu en su pura mismidad... §8[3]

Arthur Schopenhauer, al que durante su juventud Nietzsche había escogido como maestro, no sería en el fondo más que un enemigo de la vida, un cristiano (la noluntas, la negación de la vida como praxis del nihilismo). Hegel y Schopenhauer son sólo las dos caras de la misma moneda.

El Cristo de Nietzsche

A fin de cuentas, el único verdadero cristiano habría sido Jesucristo, y la religión fundada posteriormente por los padres de la iglesia, irónicamente, nada más que una labor de deconstrucción, de traición y de malinterpretación del sentido originario encarnado por Jesús. El Cristo de Nietzsche, cuya figura real, histórica, intenta establecer leyendo entre líneas en la Escrituras, sería para Nietzsche un caso de degeneración mórbida de los instintos perfectamente repetible en todas las épocas y lugares como tipo humano, y de hecho lo compara con el protagonista de El idiota, novela de Fiódor Dostoievski.

El análisis de las Escrituras considera en fin toda una serie de episodios y frases de la Biblia que evidenciarían la voluntad de las castas sacerdotales judías de mantener alejado al hombre del saber, alimentando falsedades y supersticiones, como medio más efectivo para conservar el poder.

Hacia el final del libro, habla del Código de Manú, uno de los textos sagrados del hinduismo (que Nietzsche había leído hacía muy poco tiempo) como ejemplo de legislación modelo de una civilización aristocrática estructurada en castas.

Como colofón, promulga la Ley contra el cristianismo[4] lista de siete preceptos para liberarse de la influencia degeneradora de la religión cristiana y todas sus manifestaciones. Esta sección fue eliminada de numerosas ediciones del Anticristo debido a su extremismo:

Ley contra el cristianismo

Dada en el día de la salvación, en el día primero del año uno (el 30 de septiembre de 1888 de la falsa cronología).

  • Articulo primero. Se considera viciosa toda forma de ir en contra de la Naturaleza. La clase de hombre mas viciosa es el sacerdote, puesto que enseña a ir en contra de la Naturaleza. Contra el sacerdote no valen razonamientos; no cabe más que la cadena perpetua.
  • Articulo segundo. Toda participación en un servicio divino constituye un atentado contra la moral pública. Se deberá ser más inflexible con los protestantes que con los católicos, mas inflexible con los protestantes liberales que con los protestantes ortodoxos. Conforme nos acercamos a la ciencia, aumenta lo que tiene de criminal el hecho de ser cristiano. En consecuencia, el criminal de los criminales es el filósofo.
  • Articulo tercero. Será arrasado el lugar maldito donde el cristiano ha incubado sus huevos de basilisco, y, como lugar infame de la tierra, será el terror de toda posteridad. En él se criarán serpientes venenosas.
  • Articulo cuarto. Exhortar a la castidad constituye una incitación pública a ir en contra de la Naturaleza. Todo desprecio de la vida sexual y toda impurificación de ésta al tacharla de "impura" representa el verdadero pecado contra el espíritu santo de la vida.
  • Articulo quinto. Todo el que se siente a comer con un sacerdote quedará expulsado, ya que al hacerlo se autoexcluye de la sociedad de la gente decente. El sacerdote es nuestro chandala, es decir, el tipo más bajo de nuestra sociedad. Deberá, pues, ser proscrito; se le dejará morir de hambre y se le arrojará a cualquier desierto.
  • Articulo sexto. La historia "sagrada" será llamada en adelante historia "maldita", que es el nombre que se merece. Para insultar y para designar a los criminales, se emplearán términos tales como "Dios", "salvador", "redentor" y "santo".
  • Articulo séptimo. Todo lo demás se deduce de lo anterior.

Referencias

  1. Confrontar Nietzsche, Friedrich W., El Anticristo (trad. de Andrés Sánchez Pascual), Alianza Ed., Madrid 1996, pág. 74.
  2. Cfr. Nietzsche, Friedrich W., Ibídem, pág. 28.
  3. Cfr. Nietzsche, Friedrich W., Ibídem, pág. 33.
  4. Cfr. NIETZSCHE, Friedrich W., Ibídem, pág. 111.

Bibliografía

  • SOMMER, Andreas Urs, Friedrich Nietzsche: Der Antichrist. Ein philosophisch-historischer Kommentar, Basel, 2000.
  • SOMMER, Andreas Urs, „Dios ha muerto" y „¿Dioniso contra el crucificado?", Estudios Nietzsche 6 (2006), pp. 47–64, sobre la crítica de Nietzsche a la religión y al cristianismo.

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