Neocristianismo

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El término neocristianismo o cristianismo cultural se refiere a un conjunto de ideologías seculares cuya matriz filosófica es, en esencia, el cristianismo, incluso aunque en apariencia se opongan a él, mediante el habitual rechazo de la metafísica cristiana, pero con la aceptación total de su ética.

En términos prácticos, constituye una secularización de las ideas centrales cristianas acerca de la sociedad; un cristianismo completamente desmitologizado, incluso ateo, definido como la aplicación de mandamientos éticos derivados del Nuevo Testamento al manejo de las relaciones sociales y económicas contemporáneas.

Manifestaciones

Entre los neocristianos, los autores incluyen a los liberales modernos, a los marxistas, y a los marxistas culturales. Muchos ateos europeos que han creído haber abandonado totalmente el cristianismo, en realidad continúan portando una estructura moral y cultural cristiana, siguiendo religiosamente los dogmas universales de la corrección política.

El concepto de los derechos humanos ilustra de manera concreta por qué la moralidad del Nuevo Testamento logró sobrevivir mucho después del declive de la ortodoxia dogmática cristiana. Los derechos dominan el campo del discurso político porque son considerados por los ideólogos igualitarios el mecanismo más efectivo disponible para garantizar la igualdad de trato de todas las personas y la igualdad de acceso a los bienes básicos considerados necesarios para el florecimiento humano máximo.

Esta practicidad y eficacia debe atribuirse a la capacidad de los derechos para cumplir el anhelo de la gente común, que es mejorar, en la medida de lo posible, los efectos nefastos de la opresión y la necesidad. Esto se consigue mediante la demolición de las distinciones sociales y políticas tradicionales que una vez se mantuvieron entre la aristocracia y el campesinado, colocando a todas las personas en el mismo campo de juego. El concepto de derechos ha permitido a las masas realizar de cerca sus antiguas aspiraciones utópicas dentro de un contexto liberal igualitario o socialista. La gran flexibilidad del concepto significa que puede interpretarse para justificar casi cualquier derecho. Incluso aquellos que rechazaron abiertamente la noción de derechos, como el filósofo utilitarista Bentham, fueron incapaces de idear un mecanismo más satisfactorio que garantizara la igualdad de trato para todos.

La tradición marxista, que surge de diferentes circunstancias históricas, nunca desacopló completamente la enseñanza ética cristiana de la ortodoxia tradicional; en cambio, el método filosófico marxista necesitó un marco escatológico y soteriológico judeocristiano "invertido", en gran parte porque el materialismo dialéctico es principalmente una inversión del racionalismo protestante especulativo de Hegel.

En el cristianismo hegeliano, el conocimiento se sustituye por la fe. Esto eliminó los "misterios" de la ortodoxia cristiana al hacer que el autoconocimiento racional de Dios sea una posibilidad para todos los creyentes. La trinidad como mente absoluta, y por lo tanto razón encarnada, significa que Jesús de Nazaret sería un maestro de la moral racional, aunque su sistema ético habría sido corrompido por los expositores patrísticos y medievales. Si "lo racional es real y lo real es racional", como dijo Hegel, la historia no es solo la encarnación progresiva de Dios, sino que Dios es el proceso histórico mismo. La estructura triádica del mundo natural, incluida la autoconciencia humana, demuestra que la estructura de la realidad objetiva está determinada por la trina divinidad del cristianismo.

La interpretación de Hegel del cristianismo le dio a Marx la materia prima que necesitaba para extraer el "núcleo racional" de la observación científica de "dentro del caparazón místico" del racionalismo especulativo hegeliano. Esto liberó el análisis dialéctico de la mistificación idealista de Hegel, permitiendo a Marx hacer lo que Hegel debió haber hecho antes de sucumbir a la reflexión teológica cristiana: construir una ciencia normativa, una Realwissenschaft, analizar los desarrollos socioeconómicos dentro del capitalismo que desencadenarían las fuerzas revolucionarias del proletariado mundial.

La secularización del cristianismo conservó el componente ético de la religión, descartando todos los elementos sobrenaturales. Esto dio origen al liberalismo moderno. En contraste, Marx convirtió el sistema teológico protestante de Hegel en un proceso de extracción que resultó en la desmitificación del cristianismo hegeliano. En la filosofía marxista, la inversión de la dialéctica elimina la herramienta analítica -el "núcleo racional" - desde dentro de su "caparazón" idealista cristiana. Esto se aplica luego al análisis de los fenómenos del mundo real dentro de un marco materialista riguroso, como las contradicciones internas de la acumulación de capital en la teoría de la crisis marxista.

El reciente declive del Occidente moderno que comenzó en la década de 1960 ha coincidido con la creciente influencia de una ética neocristiana en la esfera pública, del mismo modo como la decadencia del mundo antiguo coincidió con el triunfo del cristianismo sobre las fuerzas del paganismo.

Por esa razón, para combatir esta influencia nociva en Occidente, Alain de Benoist y su Nueva Derecha propusieron en contraposición un paganismo cultural, es decir, la recuperación de la estructura mental pre-cristiana, específicamente europea, y oponerla a la estructura mental judeocristiana.

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