Poliginia meritocrática
La poliginia meritocrática es un sistema de organización matrimonial poligámico en el cual solo aquellos varones considerados más valiosos por los criterios selectivos y jerárquicos de una comunidad (estatus, éxito, virtudes, raza, poder) tienen derecho a tener múltiples esposas, mientras que los varones de menor mérito quedan limitados a una sola esposa o incluso sin acceso al matrimonio.
En algunas sociedades tribales o antiguas monarquías, los jefes guerreros podían tener varias esposas por su mérito militar.
El Tercer Reich buscaba implementar oficialmente la poliginia meritocrática para la élite (SS, héroes de guerra), justificada por la necesidad de aumentar la población aria. Algunos juristas alemanes discutieron la posibilidad de introducir un modelo poligínico limitado para héroes de guerra o altos funcionarios.
Sin embargo, nunca se aplicó de manera abierta como ley, probablemente porque Hitler temía que una medida así chocara con la moralidad tradicional alemana y la Iglesia, pero sí existió de facto a través del Lebensborn y la tolerancia a que los hombres “de mérito” tuvieran varias parejas.
Sumario
Sociedades indoeuropeas
La poliginia existió en varias sociedades indoeuropeas, pero siempre asociada al mérito y rango, y no como costumbre general. La mayoría de los hombres se conformaba con una sola esposa, aunque los de más prestigio —por guerra, poder político o riqueza— acumulaban varias. Por eso se puede hablar de poliginia meritocrática indoeuropea.
En la Ilíada y en otras fuentes de la Antigua Grecia, los reyes aparecen con una esposa legítima y concubinas tomadas como botín de guerra (Agamenón con Criseida, por ejemplo).
Entre los pueblos germánicos (según Tácito en Germania) la mayoría de los hombres practicaba la monogamia, pero algunos príncipes o jefes tenían varias esposas, como forma de sellar alianzas con distintos clanes.
El matrimonio principal entre los escandinavos estaba bien definido, pero los jefes y reyes tenían concubinas y segundas esposas. El honor guerrero y la riqueza permitían sostener estos vínculos.
Fuentes romanas describen que ciertos caudillos celtas podían tener varias esposas. Además, existía flexibilidad matrimonial (incluyendo concubinato y esposas secundarias).
En el período védico, los reyes (rājas) tenían varias esposas: una principal, reconocida como reina, y otras secundarias. Era signo de poder real y se justificaba por el deber de asegurar descendencia abundante y alianzas dinásticas.
En la tradición romana, la poliginia como institución legal no existió. El matrimonio romano (matrimonium iustum) era estrictamente monógamo en teoría, un hombre solo podía tener una esposa legítima reconocida por la ley y la monogamia se veía como una virtud civilizadora, en contraste con lo que los romanos consideraban “excesos bárbaros” de otros pueblos.
Pero a pesar de ello, en la práctica existieron formas encubiertas que funcionaban casi como una poliginia meritocrática para los varones poderosos.
Un romano podía tener, además de su esposa, una concubina (relación estable, reconocida socialmente aunque sin los mismos derechos jurídicos que la esposa). Esto era aceptado y relativamente común entre senadores, generales y emperadores. Algunos emperadores se acercaron mucho a la poliginia de facto, por ejemplo, Augusto tenía su esposa oficial (Livia) pero relaciones con varias mujeres de alto rango.
Los ciudadanos adinerados tenían esclavas con las que mantenían relaciones sexuales. Aunque no eran esposas legales, sí generaban descendencia, a veces reconocida. En la práctica, un hombre poderoso podía tener hijos con varias mujeres al mismo tiempo.
Islam
La poliginia en el islam está reglamentada por la religión y está limitada en número y sujeta a criterios éticos.
El Corán (4:3) permite a los varones musulmanes casarse con hasta cuatro esposas, siempre y cuando puedan tratarlas con justicia y mantenerlas económicamente.
Aunque en teoría cualquier musulmán podía tener varias esposas, en la práctica la poliginia estaba determinada por criterios económicos, ya que sólo los hombres con suficientes recursos económicos podían sostener varias esposas, dotes y hogares, por lo que los líderes, ulemas, gobernadores y sultanes solían concentrar más mujeres, como símbolo de estatus, éxito y prestigio. En general la poliginia se volvió un privilegio reservado a comerciantes ricos, terratenientes, jefes o gobernantes.
La poliginia en las sociedades musulmanas ha tenido un impacto indirecto en la natalidad, ya que, a diferencia de la Europa cristiana medieval (con conventos, votos religiosos, o soltería extendida por pobreza), en el islam prácticamente todas las mujeres se casaban.
Esta práctica concentraba la fertilidad en hombres económicamente exitosos, asegurando que ellos produjeran más descendencia. Podían tener 10, 15 o más hijos, lo que reforzaba su linaje y clientela política. Esto aumentaba la proporción de la población musulmana en relación con minorías religiosas sometidas, que muchas veces tenían menos privilegios o limitaciones legales.
El factor decisivo fue el matrimonio universal y temprano de las mujeres, lo que dio a las sociedades musulmanas históricamente tasas de natalidad más altas que sus vecinos cristianos o judíos.
Tercer Reich
Algunos oficiales del Tercer Reich como Martin Bormann o Heinrich Himmler, proponían una reforma radical en la concepción del matrimonio occidental que implicaría instituir la poliginia selectiva y meritocrática con el propósito de aumentar la cantidad y calidad de la raza aria, como parte de la ideología pronatalista y eugenésica.
Himmler declaró al respecto que las leyes matrimoniales monogámicas son inmorales y una "obra satánica de la Iglesia Católica Romana", porque, en su opinión, no toman en cuenta la naturaleza humana y terminan afectando la tasa de natalidad, reduciendo el tamaño de las familias. Defendía la idea de que los oficiales de las SS, considerados la “élite racial y moral del Reich”, debían tener varias esposas o al menos múltiples compañeras sexuales para engendrar más hijos.
Afirmó que "después de la guerra, Hitler tiene la intención de cambiar todas las leyes matrimoniales existentes" y que "la monogamia dejará de imponerse". Se propuso que los miembros de la SS y los héroes tendrían privilegios especiales incluyendo el derecho a tomar una segunda esposa, que sería considerada tan legítima como la primera.
| “ | El matrimonio, tal como es hoy, es obra satánica de la Iglesia Católica Romana. Consideradas desapasionadamente y sin prejuicios, nuestras leyes matrimoniales actuales son absolutamente inmorales. Suponen que un hombre puede encontrar satisfacción sexual en el encuentro con una mujer. Por eso es muy absurdo. De hecho, los hombres son empujados a la promiscuidad. La promiscuidad es calificada por la ley como "infidelidad", surge un estado de tensión entre marido y mujer. El Estado pierde su objetivo, ya que esta tensión conduce a la hostilidad mutua y la tasa de natalidad se ve afectada. Las leyes matrimoniales actuales, presumiblemente diseñadas para "proteger" a la familia, ¡de hecho conducen a una disminución en el tamaño de las familias!
Después de la guerra, Hitler tiene la intención de cambiar todas las leyes matrimoniales existentes. La monogamia dejará de imponerse a la humanidad promiscua. Las SS y los héroes de esta guerra tendrán privilegios especiales. Inmediatamente tendrán derecho a tomar una segunda esposa, que será considerada tan legítima como la primera. El permiso para tener dos esposas será una señal de distinción y conllevará remuneraciones en salario, bonificaciones, etc. El hombre al que se le permita ser bígamo ocupará una posición tan importante en el Estado que ganará más que suficiente para sostener a sus familias. Las ventajas que el Estado obtendrá de tal acuerdo son muchas. Recuerde que habrá una tendencia ascendente inmediata en la tasa de natalidad y la calidad de la descendencia de tales matrimonios será superior. La sangre racialmente pura de los héroes alemanes se transmitirá al mayor número posible de descendientes. Antes de que se conceda el permiso para la bigamia, el hombre en cuestión será, por supuesto, examinado médicamente para garantizar que no se propague ninguna enfermedad. El permiso se concederá, por supuesto, sólo a hombres de pura raza germánica, que hayan demostrado su lealtad y su valor. La Cruz de Hierro, Primera Clase, es la distinción mínima de valentía que se exigirá. De esta manera, con padres de tal clase se conseguirá una nueva raza. Mi opinión personal es que sería natural para nosotros romper con la monogamia. El matrimonio en su forma actual es el logro satánico de la Iglesia Católica; Las leyes matrimoniales son en sí mismas inmorales. Los casos de monogamia a menudo muestran a la mujer pensando: "¿Por qué debería preocuparme tanto por mi apariencia como antes de casarme? Todavía tengo mi estatus, que mi marido no puede alterar, ya sea que complazca sus caprichos y lo cuide o no, si me visto para complacerlo o no, si sigo siendo la mujer de sus sueños o no". Pero con la bigamia cada esposa actuaría como un estímulo para la otra para que ambas procuren ser la mujer soñada de su marido. No más cabello desordenado, no más descuido. Sus modelos, que intensificarán estas reflexiones, serán los ideales de belleza proyectados por el arte y el cine. El hecho de que un hombre tenga que pasar toda su existencia con una sola esposa lo lleva primero a engañarla y luego lo convierte en un hipócrita al intentar encubrirlo. El resultado es la indiferencia entre los socios. Evitan abrazarse y la consecuencia final es que no engendran hijos. Esta es la razón por la que millones de niños nunca nacen, niños que el Estado necesita con urgencia. Por otra parte, el marido nunca se atreve a tener hijos con la mujer con la que mantiene una aventura, aunque le gustaría, simplemente porque la moral de la clase media se lo prohíbe. De nuevo es el Estado el que pierde, ya que tampoco obtiene hijos de la segunda mujer. Este doble rasero se expresa característicamente en el estatus que la convención de la clase media otorga a los niños nacidos de tales asuntos, a quienes llama ilegítimos. Estipula que no son parientes de su propio padre y su familia. De hecho, esa es la ley según la cual un bastardo y su padre no cuentan como parientes. A la naturaleza se le priva de sus derechos simplemente para mantener las apariencias en la sociedad de clase media. El padre no tiene posibilidad de hacer lo más natural del mundo: tratar al niño como si fuera suyo y ocuparse de su crianza. No es su hijo político, sino el hijo de una mujer que no tiene ninguna conexión con él excepto por el hecho de que él le da dinero. Tampoco se le permite casarse con la madre del niño, puesto que ya está casado. La ley lo califica de “concubinato” si vive con ella y la policía tiene que intervenir en los disturbios provocados por el escándalo abierto. Constantemente se lanza información de este tipo contra mi propio pueblo. El matrimonio múltiple también existe en otros países, entonces ¿por qué no debería ser así aquí? Debemos mostrar valentía y actuar con decisión en este asunto, incluso si eso significa suscitar una oposición aún mayor por parte de la Iglesia. |
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El razonamiento detrás de esto, señalaba también un comportamiento instintivo masculino que posteriormente sería conocido en psicología como Efecto Coolidge, que sería la explicación científica de la promiscuidad masculina. Himmler explicó que el hecho de que un hombre esté obligado a pasar toda su vida con una sola esposa facilita la infidelidad, la que luego se intenta encubrir, y la consecuencia final de este engaño es el conflicto de la pareja y por lo tanto ya no engendrarán más hijos. Por otra parte, el marido nunca se atreve a tener hijos con la mujer con la que mantiene una aventura, aunque le gustaría, simplemente porque la moral judeocristiana burguesa se lo prohíbe. "De nuevo es el Estado el que pierde, ya que tampoco obtiene hijos de la segunda mujer."
En octubre de 1939, Himmler emitió una orden dirigida a los oficiales y hombres de las SS, instándolos a embarazar a mujeres alemanas "de buena sangre" antes de ir al frente, incluso fuera del matrimonio. Esta medida buscaba aumentar la población alemana y asegurar la continuidad de la sangre aria.[1]
Por su parte, Alfred Rosenberg, en El mito del siglo XX, escribió que:
| “ | Desde un punto de vista racial, todo esto se ve bajo una luz diferente. Ciertamente, la monogamia debe ser protegida y mantenida como la célula orgánica del pueblo germánico, pero sin la poligamia periódica de nuestros antepasados, la corriente germánica de los pueblos durante los siglos anteriores nunca habría surgido. En consecuencia, todas las bases de la cultura occidental habrían estado ausentes. | ” |
Tambien cita al profesor Dr. K. A. Wieth-Knudsen,[2] diciendo que:
| “ | Mientras tanto, la lucha del cristianismo contra la poligamia promovió simultáneamente un declive del desarrollo político militar de nuestra raza, una conexión lógica que hasta ahora no ha sido reconocida ni evaluada. | ” |
Rosenberg continúa:
| “ | Esta verdad eleva el hecho histórico por encima de cualquier moralización. Hubo períodos posteriores en los que las mujeres superaban ampliamente a los hombres. Tal es el caso de nuevo hoy en día. ¿Deberían ser consideradas estas millones de mujeres con una sonrisa compasiva como solteronas a quienes se les ha privado de su derecho vital? ¿Debería una sociedad hipócrita y sexualmente satisfecha emitir un juicio despectivo sobre ellas? El próximo Reich rechazará ambas actitudes. Manteniendo la monogamia, mostrará el mismo respeto y el mismo estatus social y legal a las madres de niños alemanes, incluidas aquellas cuyos hijos nacen fuera del matrimonio.
Obviamente, tal política será atacada por las iglesias y por todas las asociaciones sociales y morales. Son éstas las que aceptan un matrimonio entre un alemán católico y un mulato católico, mientras aplican presión social y religiosa contra el matrimonio de un alemán católico y un alemán protestante. Toman la visión de que la contaminación racial es totalmente moral y cristiana, pero levantan un aullido hipócrita si nosotros abogamos por la consideración de factores biológicos y espirituales para preservar la raza y fortalecer al pueblo germánico.[3] |
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Riesgos y desventajas
Existen riesgos y desventajas importantes a tomar en cuenta si la poliginia no se regula cuidadosamente:
- Inestabilidad social. Cuando unos pocos hombres acaparan la mayoría de mujeres, muchos varones quedan sin pareja. Estos hombres “excluidos” pueden desarrollar resentimiento, frustración o violencia, creando una fuerza social descontenta que amenaza la estabilidad del grupo. Algunos estudios históricos y modelos sociológicos muestran que sociedades muy desiguales en acceso sexual tienden a tener mayor violencia, guerras internas y disturbios.
- Consanguinidad. Si demasiadas mujeres se concentran en un mismo hombre, sus hijos serán medio hermanos, compartiendo un gran porcentaje de genes paternos. En generaciones sucesivas, si los descendientes de este grupo se casan entre sí, aumenta la consanguinidad y endogamia. Esto incrementa la probabilidad de enfermedades genéticas, malformaciones o debilitamiento del acervo genético. Históricamente, ejemplos extremos como el caso de los Habsburgo muestran cómo la endogamia prolongada puede generar deformidades notables y problemas de salud en linajes concentrados.
Soluciones
Por ello, la poliginia, si se quisiera implementar hoy sin los riesgos de inestabilidad social y consanguinidad requeriría un marco muy controlado y regulado. Algunas medidas podrían ser:
- Establecer un número máximo de esposas por hombre que evite que unas pocas personas acaparen demasiadas mujeres. Por ejemplo, si en un grupo de 100 hombres y 100 mujeres solo 5 hombres tuvieran 4 esposas cada uno, habría 20 mujeres concentradas; limitando a 2 o 3 esposas se reduce la desigualdad.
- Para evitar la endogamia, se podría aplicar un registro de parentesco y compatibilidad genética, asegurando que los matrimonios no generen cruces de medio hermanos. Esto sería similar a programas de cría responsable en animales: diversificar el acervo genético y controlar consanguinidad.
- Garantizar que todos los hombres aptos tengan al menos una pareja o acceso a la procreación, mediante mecanismos sociales o culturales que distribuyan parejas de manera más equitativa. Por ejemplo, priorizar que los jóvenes de menor estatus tengan primero una esposa antes de que un hombre de alto estatus tenga una segunda o tercera.
- No limitar la poliginia solo a riqueza o poder, sino incluir aptitudes sociales, ética, cooperación y cuidado de hijos. Esto asegura que los hombres que concentran descendencia no solo transmitan genes, sino también buenas prácticas familiares y comunitarias.
- Crear instituciones o normas comunitarias que vigilen la práctica, prevengan abusos y mantengan equilibrio en la población. Esto puede incluir seguimiento de natalidad, educación y planificación familiar.
Referencias
- ↑ Himmler’s procreation order to the SS (1939).
- ↑ K. A. Wieth-Knudsen, Frauenfragen und Feminismus (Preguntas sobre mujeres y feminismo), Stuttgart, 1926.
- ↑ Alfred Rosenberg, El mito del siglo XX, capítulo 10: "Ley Nórdica Germánica".