Guerra del Golfo

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Bombardeo de Bagdad por parte de la coalición liderada por EE.UU.

La Guerra del Golfo Pérsico (2 de agosto de 1990 - 28 de febrero de 1991), Primera Guerra del Golfo o simplemente Guerra del Golfo, fue una invasión librada por una fuerza de coalición autorizada por Naciones Unidas, compuesta por 34 países y liderada por Estados Unidos, contra la República de Irak en respuesta a la invasión y anexión iraquí del Estado de Kuwait. Esta guerra también fue llamada (por el líder iraquí Saddam Hussein) como La Madre de todas las batallas y comúnmente conocida como Operación Tormenta del Desierto. La operación logró la rápida expulsión de los iraquíes de Kuwait pero no se pretendía ocupar militarmente Irak ni la caída de Saddam Hussein.

Para ganarse el apoyo de la opinión pública y la aprobación del senado, el gobierno de EE.UU. dio credibilidad a toda clase de falsas acusaciones y propagandas de atrocidad difundidas por funcionarios de Kuwait.

El inicio de la guerra comenzó con la invasión iraquí de Kuwait el 2 de agosto de 1990. Irak fue inmediatamente sancionado económicamente por las Naciones Unidas. Las hostilidades comenzaron en enero de 1991, dando como resultado la victoria de las fuerzas de la coalición.

Las tropas iraquíes abandonaron Kuwait dejando un saldo muy alto de víctimas humanas. Las principales batallas fueron combates aéreos y terrestres dentro de Irak, Kuwait, y en la frontera entre Kuwait y Arabia Saudita. La guerra no se expandió fuera de la zona de Iraq-Kuwait-Arabia, aunque algunos misiles iraquíes llegaron a ciudades israelíes.

Propaganda de atrocidad

El emocional testimonio de la nurse adolescente "Nayirah", sobre los crímenes del ejército de Irak en la Kuwait ocupada
"Nayirah" era en realidad Nijirah al-Sabah, hija de Saud Bin Nasir al-Sabah, el entonces embajador de Kuwait ante EE.UU. y Canadá

Como parte de los preparativos para un ataque militar contra Irak, se lanzó una campaña propagandística para inclinar a la opinión pública en favor de la guerra. Se dijo repetidamente que Saddam Hussein era un lunático y una amenaza para el mundo que solo era posible frenar mediante la fuerza. Por aquel entonces, portavoces del Pentágono, políticos, "expertos" de los centros de investigación y corresponsales de los medios grandes, le imputaron toda clase de barbaridades y crímenes al gobierno iraquí. Hoy ya se acepta públicamente que la mayor parte fue mentira.

Uno de los cuentos más sensacionalistas fue que cuando Irak invadió a Kuwait, en agosto de 1990, unos soldados sacaron 312 bebés de incubadoras del hospital al-Adden y los dejaron en el suelo frio para que murieran. La historia se presentó como "prueba" clave para demonizar a Irak y presentar esa guerra como una misión de rescate para restaurar la democracia. Pero como informaron John Stauber y Sheldon Rampton en su libro "Los residuos tóxicos son muy saludables!: Mentiras, malditas mentiras y la industria publicitaria" (Common Courage Press, 1995), la historia era falsa. Se trató de un invento de Hill & Knowlton (H&K), la mayor compañía publicitaria del mundo en ese entonces, que trabajaba para el gobierno kuwaití.

H&K contaba con buenos amigos en los más altos niveles del gobierno, tanto demócratas como republicano: el director de la oficina de Washington, Craig Fuller, era íntimo amigo y asesor político del presidente George H. W. Bush; Robert Gray, el presidente de H&K/USA, desempeñó un papel clave en las dos campañas presidenciales de Ronald Reagan; Lauri Fitz-Pegado, la directora de la oficina de Kuwait, fue empleada de Ron Brown, el primer secretario de Comercio del gobierno de Bill Clinton; y Thomas Ross, el vicepresidente ejecutivo, fue portavoz del Pentágono del gobierno de Jimmy Carter.

H&K era experto en mejorar la imagen pública de brutales dictaduras como la de Kuwait. Entre sus clientes figuraban los gobiernos de Indonesia y Turquía.

Stauber y Rampton escriben:

"Todo gran evento propagandístico necesita lo que los periodistas llaman el 'gancho', algo que provoca una fuerte reacción emocional y hace que la noticia no se olvide. En el caso de la guerra del Golfo, el 'gancho' lo inventó Hill & Knowlton"[1].

El 10 de octubre de 1990, el congresista judío Tom Lantos, perteneciente al Partido Demócrata y el republicano John Porter, organizaron una audiencia que tenía todo el aire de una función oficial del Congreso. En realidad, era una conferencia de prensa de un tal Grupo Congresional pro Derechos Humanos, y la organizó H&K. Lantos y Porter también eran co-presidentes de la Fundación pro Derechos Humanos, cuya oficina estaba en el edificio de H&K en Washington.

El momento culminante de esa audiencia fue el testimonio de una joven kuwaití de 15 años, conocida como Nayirah. Se anunció que no se iba a divulgar su apellido por temor a represalias contra su familia. Llorando a mares, Nayirah dijo que vio personalmente a los soldados iraquíes sacar bebés de las incubadoras. Su testimonio conmocionó a la opinión pública, justo en medio de una ola de grandes manifestaciones contra los preparativos de guerra y cuando, de acuerdo a las encuestas, había una fuerte oposición a una eventual guerra. Del 10 de octubre al comienzo de la guerra, los medios repitieron una y otra vez el cuento de "los bebés sacados de las incubadoras". Se oyó en un debate de las Naciones Unidas. El presidente Bush lo repitió en un discurso a la nación en enero, poco antes de lanzar los bombardeos. Al final, el congreso aprobó el ataque a Irak por solo cinco votos, después de un debate donde el cuento de los bebés surgió en siete ocasiones.

Pero como comprobaron Stauber y Rampton: "Ni H&K ni el congresista Lantos mencionaron que Nayirah era miembro de la familia real kuwaití. De hecho, su padre era Saud Nasir al-Sabah, el embajador de Kuwait en Estados Unidos, y él estuvo en el salón durante el testimonio. Tampoco se mencionó que Lauri Fitz-Pegado, la vicepresidenta de H&K, preparó y ensayó el testimonio. Después, incluso los investigadores kuwaitíes confirmaron que era falso"[1].

Para cuando se supo la verdad, Estados Unidos ya había lanzado su campaña militar y los hechos estaban consumados. Stauber y Rampton añaden:

"Después de la guerra, investigadores de derechos humanos trataron de confirmar el testimonio de Nayirah pero no encontraron testigos ni pruebas. Amnistía Internacional, que se dejó engañar, tuvo que retractarse. Nayirah no ha dicho nada"[1].

Las verdaderas víctimas civiles

A diferencia de la falsa propaganda de atrocidad, en Irak hubieron auténticas víctimas que murieron como resultado de la campaña de bombardeos para terminar con falsas atrocidades producto de la propaganda. He aquí algunos ejemplos:

  • 4 de febrero: Reactores británicos destruyen un puente repleto de transeúntes en Nasiriya causando 47 muertos civiles y 102 heridos.[2]
  • 13 de febrero: Dos misiles estadounidenses guiados por láser destruyen el refugio antiaéreo civil de Amariya en Bagdad, causando más de 400 víctimas.
  • 14 de febrero: bombarderos británicos atacan un puente de autopista en Faluya, pero fallan el objetivo y alcanzan un bloque de apartamentos y un mercado lleno de civiles, causando docenas de muertos.

Sin embargo, los peores efectos de la guerra comenzaron a notarse después de su final. Miles de personas, empezaron a padecer síntomas asociados con la exposición al uranio empobrecido, utilizado por EE.UU. para reforzar sus municiones y proteger su armamento[3].

El uranio empobrecido es un residuo obtenido de la producción del combustible destinado a los reactores nucleares y las bombas atómicas. Es también radiactivo y tiene una vida media de 4.500 millones de años. Cuando un proyectil impacta contra un objetivo, el 70% de su revestimiento de uranio empobrecido arde y se oxida, volatilizándose en micropartículas altamente tóxicas y radiactivas. La capacidad de penetración del proyectil es mucho mayor, logrando atravesar los blindados enemigos. Sin embargo, las partículas emitidas, al ser tan pequeñas, pueden ser ingeridas o inhaladas tras quedar depositadas en el suelo o al ser transportadas a kilómetros de distancia por el viento, la cadena alimenticia o las aguas, provocando la muerte celular y mutaciones genéticas causantes, al cabo de los años, de cáncer en los individuos expuestos y de anormalidades genéticas en sus descendientes.

En sus 110.000 incursiones aéreas contra Irak, los aviones A-10 Warthog de EE.UU. lanzaron 940.000 proyectiles con uranio empobrecido, y en la ofensiva terrestre sus tanques dispararon otros 4.000 proyectiles también revestidos de uranio. Se estima que en la zona hay 300 toneladas métricas de desechos radiactivos, que podrían haber afectado ya a 250.000 iraquíes. Tras la Guerra del Golfo, investigaciones epidemiológicas iraquíes e internacionales han permitido asociar la contaminación ambiental debida al empleo de este tipo de armas con la aparición de nuevas enfermedades de muy difícil diagnóstico (inmunodeficiencias graves, por ejemplo) y el aumento espectacular de malformaciones congénitas y cáncer, tanto en la población iraquí como entre varios miles de veteranos norteamericanos y británicos y en sus hijos, cuadro clínico conocido como Síndrome de la Guerra del Golfo.

En agosto de 2002, Naciones Unidas publicó un informe con el listado de leyes y convenciones internacionales infringidas con el uso de armas de uranio empobrecido, incluyendo: la Declaración Universal de Derechos Humanos; la Carta de la ONU; la Convención sobre Genocidio de la ONU; la Convención contra la Tortura; las cuatro Convenciones de Ginebra de 1949; la Convención sobre Armas Convencionales de 1980; y las Convenciones de La Haya de 1899 y 1907, que implicaron la prohibición del despliegue de “armas tóxicas o portadoras de tóxicos” y de “armas, proyectiles o materiales que intencionalmente causen sufrimiento innecesario”[4].

Aunque actualmente se reconoce que no habían armas de destrucción masiva en Irak, la creencia de que pudieran haberlas impulso en la posguerra una serie de sanciones económicas implementadas a través de la ONU. Una medida innecesaria que castigó sobre todo a la población civil. En 1996, Madeleine Albright defendió las sanciones impuestas sobre Irak en el programa de televisión 60 Minutos. La peridista Lesley Stahl le pregunta "Hemos oído que medio millón de niños han muerto. Quiero decir, eso es mas que los niños que murieron en Hiroshima. ¿Y usted sostiene que mereció la pena?". A lo que Albright contesta: "Nosotros pensamos que ese precio mereció la pena.". Mas tarde y haciendo una restrospectiva de aquella entrevista, la secretaria de estado criticaría a la periodista por hacerle preguntas tendenciosas.

Fin de la guerra

El 28 de febrero de 1991 Irak se rindió y aceptó las condiciones impuestas por las Naciones Unidas. En ese momento las fuerzas francesas de la 6ª División acorazada se hallaban a sólo 150 kilómetros de Bagdad.

Al final del conflicto, la coalición internacional informó de la pérdida de 378 soldados y unos 1.000 resultaron heridos. Los iraquíes se llevaron la peor parte ya que sus bajas oscilaron entre los 25.000 y 30.000 muertos.

Mientras los iraquíes se retiraban incendiaban los pozos de petróleo de Kuwait, causando una crisis ecológica.

La posguerra

Tras el conflicto, la ONU impuso a Irak un severo embargo que produjo gravísimos trastornos sociales y económicos en el país.

En julio de 1992, aviones británicos y estadounidenses despegaron desde Turquía y quemaron cultivos en Irak.

El 30 de junio de 1993, Estados Unidos bombardeó Irak en represalia por una supuesta conspiración para asesinar al presidente George Bush.

Del 16 de diciembre al 19 de diciembre de 1998, mientras en EE.UU. arreciaba el escándalo Lewinsky, EE.UU. y Reino Unido llevaron a cabo sobre Irak una serie de bombardeos a la que llamaron Operación Zorro del Desierto.

Segunda Guerra del Golfo

Artículo principal: Segunda Guerra del Golfo

En el año 2002 George W. Bush acusa a Irak de constituir un eje del mal, junto con Corea del Norte e Irán, desencadenando la Invasión de Irak de 2003 bajo pretexto de que esa país contaría con armas de destrucción masiva, las cuales nunca fueron encontradas. También se acusó a Irak de tener vínculos con Al Qaeda; algo que jamas fue demostrado.

Referencias

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