Homofobia

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Miembro de la Iglesia Bautista de Westboro portando una pancarta que dice: "Dios odia a los maricas".

Homofobia (del griego, homo "igual", y phobos, "temor"), etimológicamente significaría "miedo a los iguales". La Real Academia Española define la homofobia como la aversión obsesiva hacia las personas homosexuales.[1] También se ha intentado definir como temor u odio irracional a los homosexuales. Sin embargo, esta actitud de "miedo" descrita como "fobia" es inexistente. Una fobia es una afección psiquiátrica bien definida que se caracteriza por ansiedad irracional y ataques de pánico ante estímulos determinados, y no existen casos documentados de fobia hacia los homosexuales. Por lo tanto el término "homofobia" es equívoco e induce al error.

Para lograr su aceptación, el Lobby homosexual cuidadosamente lo introdujo inicialmente en alusión a personas con una aversión extrema. Luego, paulatinamente empezó a aplicarla a otras personas que sencillamente se oponen a la promoción y propaganda del homosexualismo por otros motivos sin incurrir en ningún tipo de odio u temor (Véase: Ventana Overton).

Contenido

Origen del término

El término fue acuñado por el psicólogo judío George Weinberg, en su libro de 1972, La sociedad y el homosexual saludable, y conforma una aplicación de las técnicas retóricas de control de masas herederas de la Escuela de Frankfurt. Estas buscan estigmatizar y transformar en verdaderas patologías aquellos aspectos de la sociedad que se desea modificar, como en este caso, el rechazo al homosexualismo se intenta falazmente catalogar como una "fobia" mediante el uso de este término. Weinberg usó el termino inicialmente en 1965, el "Movimiento homófilo" empezo a usarlo en seguida. El pornógrafo judío Al Goldstein, amigo personal de Weinberg, que publicaba los diarios "Gay" y "Screw", ayudó a popularizar esta palabra de forma significativa. Los adjetivos «homófobo» u «homofóbico» no tienen el respaldo de estudios científicos. El término es un invento socio-político, creado para atacar e intentar silenciar a las sociedades e individuos que tienen una actitud o instinto natural aversivo hacia la práctica del homosexualismo.

Utilización del término

Quienes introdujeron originalmente el término, solían decir que alguien es homófobo u homofóbico cuando manifiesta odio, temor irracional, aversión o agresión en contra de los homosexuales. Pero una vez logrado esto, comenzaron a extender su uso de manera indistinta e indiscriminada, como etiqueta de corrección política para atacar a personas que critican o se oponen al movimiento político gay, a su propagación y a la expansión de sus privilegios sociales.

Estas personas no manifiestan un temor irracional, sino la preocupación del daño moral, social y los daños a la salud que el estilo de vida homosexual puede causar a todo tipo de personas, incluyendo a los propios homosexuales. Se encuadran dentro del antihomosexualismo, que es la oposición al lobby político gay.

El movimiento político gay, toma como pretextos la tolerancia, a la igualdad, y a la no discriminación, victimizándose por las agresiones pasadas y presentes contra homosexuales (reales o no), con el fin de justificar acciones como redefinir el concepto de matrimonio, de familia y la adopción de niños.

Por lo tanto, el término "homofobia" ha perdido completamente su significado original y se ha convertido así en una herramienta de corrección política que condena a quien rechaza el homosexualismo. De ello se deriva el absurdo de que la humanidad por considerar el homosexualismo algo anormal "ha estado enferma desde hace miles de años".

Ocultamiento de la condición homosexual para evitar ser blanco de la homofobia

En algunos casos, la represión social como la homofobia y la postura contraria de las religiones hace que los homosexuales oculten su condición fingiendo ante la sociedad tener una condición heterosexual, lo que se denomina coloquialmente como estar en el armario o en el clóset. Sin embargo, autores como el doctor Joseph Nicolosi refieren que, si bien algunos homosexuales ocultan su orientación sexual, no se debe tanto a la represión social, sino a que la homosexualidad en sí misma constituye para el propio homosexual una condición de incompatibilidad tanto a los fundamentos naturales y sociales, como a su particular sistema de valores morales, es decir, que existe un conflicto emocional entre lo que se es y lo que se debe ser, así como a ciertos grados de desorden en la identidad sexual.[2]

Si bien la homosexualidad, como fenómeno, es interpretado de un modo muy negativo bajo ciertas opiniones influidas por viejos criterios que la sociedad moderna ya no acepta, opiniones sobre todo expresadas por los diversos sectores religiosos y moralistas, también es cierto que aquellos mismos que marchan fanáticamente dentro de las filas del movimiento por la "libertad sexual" y el "orgullo gay", cegados por sus doctrinas exaltadoras y exculpatorias, e influidos por sus propias creencias, intereses y deseos personales, no logran discernir con una sana imparcialidad las implicancias reales de la cuestión.

Tendencia social hacia la tolerancia de la homosexualidad

Lo cierto es que la sociedad occidental bajo la constante influencia de la propaganda homosexual ha ido gradualmente dejando de lado los antiguos prejuicios y paradigmas para terminar por abrazar unos nuevos, generados por la propia ideología gay y que, poco a poco, se están convirtiendo en dogmas inmutables. En esas condiciones no sería posible, en cuanto a su estructura dogmática, distinguirlos de aquellos en los que se basa cualquier otra religión, siendo las religiones parte de un fenómeno que constantemente es criticado por el activismo gay.

Es importante mencionar que quienes arremeten contra los homosexuales bajo el ataque de los prejuicios y la violencia, es decir, lo que sería la auténtica homofobia, sólo contribuyen a la expansión de la influencia y del poder político gay y de la consecución de sus objetivos, los cuales resultan cada vez más devastadores para los fundamentos de una sana sociedad y su desarrollo integral, pero muy especialmente, devastadores para los niños, que son el porvenir de las nuevas generaciones.

Es una falacia, pues, el pretender que la aceptación de la homosexualidad es parte del progreso de la humanidad, por el solo hecho de que esta aceptación haya ido aumentando conforme el paso del tiempo, haciéndose generalizada en la sociedad moderna. Es decir, no es del todo válido pensar que así como progresa la ciencia y la tecnología, así progresan las ideas sobre la sexualidad. A esto diremos que sí, algunas ideas sobre la sexualidad han progresado con respecto a épocas como lo fue la era victoriana, pero no sólo hacia adelante puede irse ideológicamente en un tema tan vasto como la sexualidad, también es posible retroceder, no necesariamente hacia el pasado, sino hacia la contradicción del progreso de la ciencia, de sus descubrimientos y de sus conclusiones, sobre todo si se olvida o se desconoce que esta aceptación generalizada de la homosexualidad es únicamente debido a las influencias políticas que dominan en nuestros días.

Referencias

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