Patriarcado

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Estatua de César Augusto, uno de los líderes europeos más importantes.

Un patriarcado es una sociedad en la que el carácter colectivo del pueblo es predominantemente viril y masculino. Este sistema social ha estado en uso desde épocas primitivas, especialmente en el contexto de los pueblos indoeuropeos, por lo que el patriarcado está estrechamente relacionado a lo ario.

Se trata de un sistema de organización social en el cual la autoridad, tanto política como familiar, suele ser ejercida por un varón jefe de cada familia, que funge como proveedor y protector.

Etimológicamente, el término patriarcado, proviene del latín pater, 'padre', y del griego αρχειν (arjéin): 'gobierno', que literalmente significa "gobierno del padre". Es un concepto utilizado por las ciencias sociales, en especial en la antropología y sociología.

Actualmente casi todo lo escrito sobre el patriarcado proviene de fuentes feministas, que se encuadran en franca oposición a él, definiéndolo a su conveniencia con el fin de tergiversar el concepto e instaurar un matriarcado en la sociedad occidental, cosa que ya han logrado en diversos sentidos.

Contenido

Orígenes

Los orígenes de los pueblos patriarcales los podemos rastrear en el último periodo glacial, una era en donde el entorno era hostil y sólo los más aptos y los más fuertes podían sobrevivir. El habitante de los hielos cazaba y se alimentaba de carne para sobrevivir, con el paso de los milenios fue configurando su código genético, su estructura física y sus habilidades mentales en base a su alimentación; comenzó a volverse ingenioso, cuidadoso y sobre todo un superviviente nato, comenzó a fabricar armas y a diseñar estrategias para cazar a sus presas.

Era un terreno en el que no cabía el descanso, la compasión, la ociosidad sino la acción, el constante movimiento, la cacería, era la voluntad de vivir ante un clima hostil. Los climas fríos templan el espíritu, forjan un tipo de ser humano de carácter fuerte, en contraste con los climas cálidos que forman un tipo de hombre egoísta, hedonista y sin carácter.

Las primeras migraciones de los pueblos indoeuropeos comienzan con el comienzo del deshielo siguiendo las manadas de renos hacia el Norte, Adriano Romualdi señala que las primeras migraciones de indoeuropeos empiezan a inicios del Neolítico y tienen su maduración en su identidad en la Edad de Bronce.

Las migraciones indoeuropeas sucedieron en distintos periodos, las primeras las podemos ubicar entre el 2,200 y el 2000 A.C, de ellas provienen las civilizaciones de Irán, la India védica a cargo de los indoarios y el Imperio hitita. Posteriormente en esta oleada de migraciones dieron nacimiento a los pueblos germanos, eslavos, celtas, helenos y latinos.

En todas estas migraciones los pueblos indoeuropeos tuvieron que encontrarse y enfrentarse a otros pueblos de origen matriarcal como los danubios, los pelasgos, etruscos y dravídicos a los que posteriormente exterminaron o sometieron. Los arios no evitaron absorber algunas costumbres de los pueblos subyugados, lo que en cierta medida contribuyó a relajar sus defensas en períodos de decadencia.

Las sociedades patriarcales indoeuropeas se caracterizaron por cultivar una férrea disciplina, un espíritu guerrero, un fuerte sentimiento de unidad de grupo, de honor, una estricta jerarquía aristocrática, una inquebrantable austeridad, un gusto por la aventura y la conquista, el valor, el orden, la espiritualidad, el ritualismo y la plena libertad, elementos en donde se encuentran los valores de sangre, herencia y selección.

El jefe del clan, el padre, el líder elegido por sus iguales era el que gobernaba en la tribu, el hombre fuerte, cazador, disciplinado y ascético. Ese tipo de hombre al que el matriarcado moderno tanto repudia.

Eran hordas guerreras y cazadoras unidas por lazos de sangre y una fuerte disciplina militar que fueron invadiendo y conquistando a civilizaciones decadentes regidas por el matriarcado. Este "barbarismo" fue el origen de la aristocracia europea, siendo la espada y la sangre lo que forjó los posteriores imperios. Un rasgo fundamental es la inventiva que les permitió el uso de la metalurgia, la doma del caballo y la construcción de carros de combate para la conquista del mundo.

Los indoarios sobre los drávidas, los itálicos sobre los etruscos, los helenos sobre los pelasgos y minoicos, fue el triunfo del mundo indoeuropeo sobre el pre-indoeuropeo, del patriarcado sobre el matriarcado.

Patriarcado vs. Matriarcado

La llegada del patriarcado fue la primera gran revolución contra la paz perpetua del matriarcado, la llegada del culto a la acción, a la aventura contra el hedonismo, pasividad y promiscuidad que imperaba en el mundo matriarcal.

El conflicto entre el patriarcado y el matriarcado inició con las invasiones indoeuropeas a Europa y Asia. Los indoeuropeos portaban un culto solar, basado en la guerra, la alegría y el honor mientras que los pueblos matriarcales tenían un culto basado en la tierra, el hedonismo y la promiscuidad. Las civilizaciones matriarcales eran sociedades envejecidas, decadentes y espiritualmente agotados. El patriarcado trajo una nueva cultura basada en la sangre y el honor que forjó los cimientos de Europa y del mundo occidental.

Las sociedades patriarcales han demostrado históricamente ser superiores y más avanzadas que las matrialcales y, especialmente, han tenido mucho mayor potencial. Simplemente, no hay punto de comparación en cuanto a logros entre el ridículo matriarcado pacifista y el glorioso patriarcado conquistador. Cuando se enfrentaron con las culturas matriarcales, los ejércitos patriarcales, a pesar de que eran superados en gran número, siempre prevalecieron y salieron victoriosos.

Robert Graves señala que con las invasiones helénicas a comienzos del segundo milenio a. C., hordas de pastores que adoraban a la trinidad aria formada por Indra, Mitra y Varuna se asentaron pacíficamente en la Grecia central en donde fueron aceptados como hijos de la diosa. De esta manera la aristocracia masculina se reconcilió con la aristocracia femenina de Grecia y Creta.

Esto difiere con la mayoría de las versiones en la que los helenos arrasaban con los habitantes originarios, los pelasgos, sin embargo, Graves tiene razón al señalar que la conquista indoeuropea fue una reconciliación entre el poder masculino y el femenino.

Los helenos incluyeron a las diosas propias del matriarcado en su propia cosmovisión. Graves acerca de esta reconciliación menciona que hubo matrimonios entre caudillos helenos y sacerdotisas de la diosa llegando a mezclar aspectos de ambos cultos.

Sin embargo en Esparta prevaleció siempre el patriarcado, caracterizándose como una civilización guerrera, con un culto a la acción que le permitió ser la potencia militar más poderosa de la Hélade.

Cuando los griegos sucumbieron a la influencia de oriente, propiamente matriarcal, entonces entraron en una decadencia que llegó a su fin con la conquista de los romanos.

Espiritualidad

Zeus es la deidad principal del panteón pagano griego. Es el Dios Padre-Cielo de todos los dioses.
Artículo principal: Religión indoeuropea


Culto

La espiritualidad patriarcal se caracteriza por el culto a lo ascendente, el Sol, el Cielo y los ancestros. La primacía del culto religioso le corresponde al Padre Cielo o Dios Padre, rey de los dioses, este es representado como un guerrero, alguna vez un rebelde que derrocó a los primeros dioses para posicionarse como gobernante. Su símbolo de poder es el rayo y la lanza. Odín-Wotan, Zeus-Júpiter, Indra y Perún todos ellos dioses celestes, patriarcas, padres de dioses y héroes. El culto a la guerra y el heroísmo forma parte de esta visión del mundo. El Cielo representa el mundo del espíritu y de la luz. Se ve como fuente de vida al Sol (cielo sereno, luz) y a la tormenta (rayo, lluvia, cielo iracundo). No se desprecia u omite la Tierra, al contrario, lo que se hace es integrarla en un sistema de interacción Tierra-Cielo en el que el predominio corresponde al Cielo, y en el que el producto intermedio es el mundo natural de la vegetación verdeante y de la sangre roja. Los arios no ignoraban la importancia de lo telúrico y de la Madre Tierra. Las figuras de Deméter, Perséfone, Gaya, Erda y Mat Zemya lo atestiguan. Todo en la sociedad patriarcal tiene una orientación más celeste ("olímpica") que terrestre y los calendarios toman como referencia el ciclo solar-heroico de nacimiento, cenit, sacrificio, muerte y renacimiento.

El culto al sacrificio de las sociedades patriarcales está centrado en la noción del deber, del ascetismo y del esfuerzo, especialmente en el campo de batalla. Los caídos en combate son elevados a la categoría divina y se convierten en objeto de culto.

Los lugares de culto eran originalmente las cumbres de las montañas —como entre los antiguos iranios— o lugares donde había dólmenes, menhires y otros signos verticales y "fálicos". Posteriormente, se erigieron túmulos, pirámides y templos, que eran concebidos como la envoltura material de la idea espiritual —la coraza material del fuego sagrado espiritual.

El origen de las castas sacerdotales, donde las hay, está en la aristocracia guerrera. Las funciones sacerdotales a menudo son ejecutadas por los reyes, por los capitanes militares, por los patriarcas de los clanes, por los cabezas de familia o por los primogénitos del linaje familiar. La magia personal es considerada un asunto femenino, y el poder sobre la Tierra y sobre la materia son considerados cosa de hombres. Asimismo, las sacerdotisas de sociedades patriarcales (en contraposición a las hetairas matriarcales) son vírgenes, como lo eran las sacerdotisas de Artemisa en Esparta, la Pitia de Delfos o las vestales de Roma.

Rito funerario

En el patriarcado, los muertos generalmente se incineran, lo cual implica simbólicamente que su cuerpo se consume y que por medio del fuego sus espíritus ascienden desde la Tierra al Cielo; del mundo material al mundo del espíritu. El hombre es un Hijo del Cielo y trasciende hacia su Padre cuando es incinerado. A los soberanos o héroes se les deposita en el interior de túmulos, montañas o pirámides, es decir, monumentos celestes de materia vertical que, en su ordenación purificadora, se eleva al Cielo, con la idea subconsciente de conservarles en el seno terrestre para que retornen en un futuro momento de máxima necesidad. La leyenda póstuma de Federico I Barbarroja es un ejemplo de cómo esta tradición pagana se perpetuó en un contexto cristiano. Se tiene bien presente que la muerte no es el fin, y que nuestros actos decidirán el futuro del muerto en el "más allá". Éste "más allá" no es concebido como un "paraíso pacífico y feliz", sino como un lugar donde aguardan los viejos camaradas de armas, los hermanos de sangre y los antiguos patriarcas de la Raza, y donde la lucha es eterna.

Símbolos

Los símbolos principales de las sociedades patriarcales son fálicos, celestes, bélicos y solares. Como ejemplos, tenemos la esvástica, la montaña (convertida en un lugar santo como el Monte Fuji de Japón o el Monte Taigeto de Esparta, o incluso en morada de los Dioses, como el Monte Olimpo), el fuego, el árbol, el estandarte, la bandera, el Sol, la cruz celta, las ruedas, el águila, el caballo, el rayo (considerado la contrapartida destructiva del poder creativo del Sol), el martillo, el hacha doble, la espada o la lanza. Priman las líneas rectas sobre las curvas —el mejor ejemplo de esto es el alfabeto rúnico y los alfabetos mayúsculos griego, latino y cirílico, así como el antiguo alfabeto templario.

Mitologías

Detalle de El Vengador, escultura de Arno Breker, 1940.

En todas las mitologías indoeuropeas se narra una lucha entre el poder patriarcal y el poder matriarcal, mitos de héroes que se enfrentaron a demonios y monstruos como un reflejo de las conquistas patriarcales indoeuropeas sobre los pueblos matriarcales pre-indoeuropeos durante la Edad de Bronce. Este mito cosmológico ario conserva la memoria de la invasión y el triunfo de un pueblo minoritario y heroico sobre un pueblo muchísimo más numeroso, pero poco dado a las luchas de honor. Se recuerda una lucha de un elemento heroico, viril, solar, celeste y espiritual contra un elemento subterráneo, telúrico, ctónico, lunar y material, generalmente representado en forma de reptil (serpiente o dragón), o toro (símbolo lunar por antonomasia). Así, nos llegan los relatos de Zeus contra Tifón, Apolo contra la serpiente Pitón, Heracles contra las dos serpientes de Hera, la Hidra de Lerna y contra el dragón Ladón, Teseo contra el Minotauro, Perseo contra Medusa, Indra contra Vritra, Thor contra la serpiente Iormungand, Beowulf contra el Dragón, Perún contra el dragón Veles. El héroe Hércules (llamado Heracles Misogenos), típicamente ario, siempre está en lucha contra las fuerzas oscuras mandadas por Hera, diosa del matrimonio[1], desde que, recién nacido, estranguló a dos serpientes que ésta mandó para matarle. A menudo se nos dice que estos retazos tienen que ver con una simple "evolución social" que llevó del Matriarcado al Patriarcado, pero la realidad es que están relacionados con la invasión de un pueblo patriarcal (el ario) sobre un pueblo matriarcal (el ugrofinés, el dravídico, el semita, etcétera, según los casos) y la imposición del Patriarcado triunfante sobre el Matriarcado derrotado.

Las divinidades patriarcales principales son representaciones guerreras de lucha, virilidad y fertilidad masculinas, incluso de una sutil pero cierta rebelión (Prometeo, Hércules, Sigfrido). Thor, como dios del trueno, de las lluvias y de las tormentas, esgrimidor del Martillo y azote de "gigantes" es probablemente el mejor ejemplo de divinidad masculina de fertilidad celestial y lucha contra las fuerzas ctonias. Asimismo, los dioses de panteones patriarcales se hallan regidos por un Padre Celestial. Como ejemplos de dioses típicamente patriarcales, tenemos a Odín, Tyr, Zeus, Apolo, Ares, Marte, Teutatis, Taranis, Thor, Dievs, Perun y Perkunos. El nombre latino de Júpiter (originalmente equivalente a Thor en su papel de esgrimidor del trueno) viene de "Dios Padre" (*Dyaus Piter). Sin embargo, el Patriarcado también tiene importantes divinidades femeninas: Friga, Atenea, Minerva, Artemisa, Diana y Dievana son diosas típicas del Patriarcado, distantes, serenas y llenas de dignidad austera.

En los mitos hebreos (Génesis, 25:34) aparece la historia de Jacob, el hijo menor, favorito de la madre y Esaú, el hijo mayor, favorito del padre. Esaú era un cazador, un hombre barbado, un arquetipo del patriarcado, mientras que Jacob era un agricultor y un hombre astuto, dado a quedarse en su tienda. Jacob, aconsejado por su madre, logra engañar a Esaú: a cambio de un plato de lentejas, se queda con los derechos de su primogenitura y herencia de todas las riquezas. Más adelante engaña también a su padre Isaac para recibir su bendición. Esta es una de las más grandes debilidades de los pueblos patriarcales, su ingenuidad, el guerrero tiene un código de honor que sigue sin ver la malicia de otros mientras que la astucia está asociada al arquetipo femenino.

Arte

En el arte, prima la sobriedad y la tendencia al realismo y al idealismo. Se tiende a la representación de escenas de deporte, caza y guerra, es decir, de esfuerzo y heroísmo. En la arquitectura, es patente la orientación celeste: monumentos relacionados con el Cielo (dólmenes, menhires), obeliscos, columnas, pirámides, cúpulas, torres, triángulos, etcétera.

La familia y las relaciones entre los sexos

En el patriarcado, los individuos viven en casas unifamiliares. A pesar de conceder importancia a la fertilidad y a la natalidad, no prima el número de hijos, sino la calidad de cada hijo. Esto favorece la aparición de familias sólidas, de sistemas de selección eugenésicos y de esmerados métodos de entrenamiento y educación. "Quizás pocos, pero muy buenos", es la frase emblemática de esta mentalidad. En el Patriarcado se trata a los hijos como hombres desde que son niños, mientras que en el Matriarcado se les sigue mimando y tratando como niños cuando aun son adultos. Los padres y los veteranos del clan buscan maneras de "hacer hombres" a sus hijos mediante "iniciaciones" endurecedoras, y las madres no tienen nada que decir en cuanto a esto, pues se da por hecho que a partir de cierta edad (en Esparta y en las aristocracias europeas medievales, a los 7 años), el niño debe emanciparse de la influencia femenina. Se deja a los niños correr, lastimarse, ensuciarse e ir desabrigados para que crezcan sanos y duros. Se favorece que los varones desarrollen curiosidad, fascinación y respeto por la violencia. Es especialmente en los antiguos ejércitos arios donde la mentalidad de sacrificio, entrenamiento, ceremonia, lucha y entrega llega a su máximo apogeo.

El patriarcado tiende a formar jerarquías severas y sistemas de castas separadas, y que favorecen la distinción de los mejores elementos y la concentración del poder en sus manos. Como ejemplos, tenemos el sistema de separación socio-racial que surgió en la India (Sistema de castas de la India), así como otras organizaciones jerárquicas en Irán, en la Grecia, en Roma o en la Edad Media feudal (sociedad estamental). El Apartheid de Sudáfrica y Rhodesia constituye un ejemplo más moderno.

Matrimonio, patrilinealidad y patrilocalidad

La ceremonia del matrimonio ritual y solemne es una institución patriarcal, y por ello actualmente es atacado por el marxismo cultural, especialmente a través del llamado "matrimonio gay". La familia sólida, el clan, la comunidad fuertemente cohesionada, son fenómenos profunda y fundamentalmente patriarcales.

La patrilinealidad se refiere a que la adscripción del individuo se realiza por vía paterna, al igual que la herencia de los bienes y posesiones. El hijo mayor sucede a su padre. El nombre familiar, las propiedades familiares y las herencias provienen de la familia del padre, por lo cual a todo ello se denomina patrimonio. Al casarse, la mujer toma el apellido de su marido, y los hijos obtienen el apellido del padre. Hay una tendencia a que los hijos adquieran el apellido "hijo de" refiriéndose a su paternidad (nombre patronímico). Esto es patente en los países anglosajones y escandinavos, con la adopción de apellidos acabados con los sufijos -son o -sen (Erikson, significa "hijo de Erik"), en los países eslavos con -vich o -witz (Vladovich; "hijo de Vlad"), o en la misma España, con los sufijos -ez (Hernández; "hijo de Hernán").

La patrilocalidad, se refiere al hecho de que en el matrimonio la esposa "deja" a su propia familia y se convierte en miembro de la casa familiar del esposo y va a mudarse a la villa o tribu del esposo (residencia posnupcial patrilocal).

Con el matriarcado sólo se sabe exclusivamente quién es la madre de un individuo. Con el patriarcado, se conoce a ambos: al padre y a la madre, lo que hace patente el equilibrio de la sociedad patriarcal. Mientras se respete la ley patriarcal queda garantizada la limpieza del linaje, la pureza de la sangre y la preservación del carácter de un pueblo. El matriarcado, por el contrario, garantiza su mestizaje, la disgenesia y la degradación del código genético. Surgen familias profundamente unidas y que prácticamente crean su propia tradición y mitología, incluso en cuanto a ascendencia divina. Florece el orgullo del linaje de los padres, el celo de pureza de sangre, el afán de conservación de la raza. Se asientan la lealtad, el honor y la mesura, es decir, el instinto de protección hacia la esencia pura y espiritual. El Patriarcado ario es el único sistema social que considera que el honor también tiene que ver con las mujeres.

El patriarcado está ligado a la eugenesia, una genética sana está ligada a este tipo de gobierno. Todo pueblo necesita hombres y mujeres de una alta calidad genética para llevar adelante a su nación.

Pater familias

Los "patricios" formaron la aristocracia de Roma. El pater familias ('padre de familia') era el ciudadano independiente, homo sui iuris, bajo cuyo control estaban todos los bienes y todas las personas que pertenecían a la casa. Es la persona física que tenía atribuida la plena capacidad jurídica para obrar según su voluntad, sui iuris, y ejercer la patria potestas, la manus, la dominica potestas y el mancipium sobre los hijos y resto de personas alieni iuris que estaban sujetos a la voluntad, sobre la mujer casada, los esclavos y otros hombres. El concepto anudado a la capacidad jurídica (caput) que consistía en la posesión de los tres estados (status) de libertad, de ciudad libre, ciudadano y cada persona física que gozaba de los tres estados civiles, con plena capacidad jurídica y de obrar, libre, ciudadano y jefe de familia.

La sociedad y la idiosincrasia

El patriarcado está marcado por el esfuerzo, la lucha, la voluntad, el propósito y la acción, y se distingue por el ascetismo, el autocontrol y la sobriedad. Las mujeres, con honrosas excepciones, están excluidas de los procesos estatales o de la toma de decisiones (véase el Senado de Roma, o los Thing germánicos), y son los hombres los que moldean a las nuevas generaciones a su antojo, aunque se da por hecho que normalmente un hombre no es completo hasta que no tiene a su lado un espíritu complementario femenino que lo inspire y le aporte cierta magia. La Mannerbund de los germanos, que por su traducción vendría a significar "clanes de hombres" o "comunidades de hombres" eran agrupaciones conformadas por hombres en los que predominaba la masculinidad, la agresividad y la hermandad. Los gritos de tropas enfervorizadas, la rectitud para con las mujeres y los niños, el retumbar de los cascos de caballos, la sangre derramada sobre la nieve, el ardor guerrero de los hombres jóvenes, las armas, el glorioso arte idealista, el fuego y el bronce, el brillar del metal, el ruido de las botas negras, los desfiles militares, los cánticos y el estruendo de la artillería y de los fusiles, son las gloriosas manifestaciones del patriarcado humano en general y ario en particular, cuyas características vendrían a ser:

  • Todo está impregnado de orden, ritualismo, severidad y sencillez. En India, los invasores arios llamaban como "los sin-rito" a sus enemigos de raza oscura.
  • En el Patriarcado el hombre domina sobre la familia. Hay siempre una especie de patriarca supremo, líder, rey o emperador. Los niños crecen teniendo en mente su deber de relevar en el poder a la generación de sus padres. El primogénito depredador del poder es la esperanza del porvenir, y es quien da carácter a su sociedad. La hegemonía social corresponde al guerrero joven, vigoroso, de impulsividad agresiva, y sediento de poder y de dejar su sello sobre el mundo.
  • Se dicen las cosas de frente, de modo pragmático y casi crudo, y nadie se siente ofendido por ello (pensemos en los modernos países bálticos y eslavos). Abundan las peleas y los duelos de honor.
  • Se otorga valor al valor en sí, y las posesiones materiales sólo tienen valor por representar un estatus (como las armas, el escudo, la armadura, el caballo y el botín saqueado, que expresaban otrora la posición de la casta militar). Asimismo, se da gran valor a lo que es difícil de lograr, a aquello que está al alcance de la minoría selecta.
  • El tiempo libre se ocupa principalmente con el deporte, la caza, el estudio, la meditación religiosa y el entrenamiento militar. Todo ello resulta en un pueblo atlético, guerrero, vigoroso, espiritual, depredador y preparado para todo.
  • Se valoran la sencillez, la sinceridad, la naturalidad, la austeridad y la dureza. Ello da lugar a vidas espartanas, de endurecimiento constante.
  • El patriarcado da preferencia a los fuertes y rinde directamente culto a la guerra, al valor, al arrojo, al riesgo y al heroísmo. Florecen las sociedades severas y agresivas, tendentes a invadir, conquistar y poseer tierras nuevas, bajo la mentalidad de que "la fuerza hace el derecho". De este modo, el Patriarcado es el sistema capaz de dar a luz a héroes: mediante una vida patriarcal, se forjan pioneros, exploradores, hombres buscadores e inquietos, rebosantes de ambición y de voluntad de poder.
  • Son odiados a muerte el cobarde, el dócil, el inútil y el amanerado.
  • Se valoran la audacia, el honor y el valor. Se respeta la agresividad, la dureza, la fuerza e incluso cierta violencia y brutalidad. Se acepta el riesgo con morbo, se juega con la muerte y con el dolor, y se coquetea con el malestar, con el estrés, con el horror y con el miedo, pensando que ello fortalece a los hombres. Se valora una vida con honor y con gloria, aunque sea muy corta (esta elección está condensada en la genial figura griega de Aquiles). Se rinde culto al heroísmo y al sacrificio, aunque ello implique una vida sufrida y esforzada. La eugenesia, la camaradería, la sacralidad de la relación maestro-alumno, la mors triumphalis y la eutanasia son ideales de la mentalidad patriarcal.
  • El placer y los lujos son tomados con suma desconfianza, y tratados con muchísimo cuidado, o hasta desterrados. La disciplina, el ascetismo, el autocontrol, la voluntad, el entrenamiento, el carácter altivo, rústico, agresivo y militar toman su lugar. Los fenómenos del soldado y del Militarismo, así como del Atletismo, son productos típicos de la acción social del Patriarcado a largo plazo. Esto da lugar a pueblos imperialistas que glorifican la guerra. La feminista Marilyn French (1929-) establece (Beyond Power), no sin cierta repugnancia por su parte, que el Patriarcado es un sistema que "otorga preeminencia al poder sobre la vida, al control sobre el placer y al dominio sobre la felicidad." Podríamos añadir que el Patriarcado otorga también importancia al control sobre las emociones, los sentimientos, el sufrimiento y el dolor (a los niños se les dice que "los hombres no lloran"), y al poder sobre la Tierra y sobre la materia.
  • Se busca endurecer y fortalecer la vida exponiéndola al malestar y blindándola así contra malas experiencias futuras. Las frases más representativas de esta mentalidad son "es por tu bien" y "en el futuro me lo agradecerás". La lucha y la ascensión prevalecen sobre la búsqueda del placer.
  • En el Patriarcado los saludos son sobrios y simples, como el saludo romano. Se tiende a la discreción, a la simplicidad y a los modos estáticos y solemnes, casi marciales en su rectitud rúnica. El patriarcado está influenciado por la filosofía y el modo de hacer las cosas de las männerbunde ("sociedades de hombres", o ejércitos), que constituyen una de sus señales distintivas y piedras angulares.
  • El patriarcado porta formas sociales jerárquicas de un carácter que hoy denominaríamos "fascista", en las que el orden lo decide todo. El Estado y el Imperio son instituciones originariamente patriarcales. En el reino animal, por ejemplo, los lobos viven en un sistema casi patriarcal, regido por los machos dominantes que se van renovando al paso de las generaciones. Toda la manada participa en el entrenamiento y el aprendizaje de los cachorros, y los padres expulsan del hogar a los hijos una vez que han alcanzado la madurez suficiente para buscarse su propio sustento.
  • Se obedecen principios y códigos de honor que tienen su procedencia en el mundo del espíritu y de las ideas y que tienen indiscutiblemente un fin práctico a largo plazo. Los mejores ejemplos de patriarcado: las sociedades arias bárbaras (como los antiguos dorios o germanos), los antiguos iranios, la India védica, los griegos, los romanos, los japoneses tradicionales, las vertientes tradicionalistas de la actual civilización occidental o la misma sociedad que se estaba gestando en el Tercer Reich —especialmente en la Hitlerjugend y en la SS— así como la mentalidad militarista "prusiana" de todas las épocas.

El papel de la mujer en el patriarcado

Atenea, diosa de la guerra, la sabiduría, la fuerza, las artes y la justicia, era la diosa más adorada y querida de toda Grecia.
Estatua de la diosa Afrodita, diosa del amor y la belleza.

Existe mucha desinformación con respecto al papel de la mujer dentro del patriarcado indoeuropeo. Se nos ha hecho creer que el rol de la mujer dentro de este sistema era solo ser una especie de esclava del hombre, pero lo cierto es que las mujeres siempre tuvieron un papel importante dentro del mundo antiguo. Las falsas nociones del "patriarcado", promovidas por el marxismo cultural, provienen de los pseudo-patriarcados de las sociedades semitas y judeocristianas, en los que la mujer es un objeto de poco valor y de "pecado". En la mitología judía, Eva, la mujer, hace caer a la humanidad en el "pecado original", concepto inexistente en las culturas indoeuropeas. De acuerdo con el libro del Génesis (3:16), Yavé castigó a Eva diciéndole: Aumentaré tus dolores cuando tengas hijos, y con dolor los darás a luz. Pero tu deseo te llevará a tu marido, y él tendrá autoridad sobre ti.

El papel de la mujer dentro del auténtico patriarcado es muy distinto a este pseudo-patriarcado semítico al que suelen aludir los marxistas. Contrariamente a la idea feminista tergiversadora, que describe al patriarcado como un sistema donde se coloca a la mujer en un segundo plano, donde no goza de libertades ni derechos, donde desempeña un papel "inferior" al del hombre y donde se la oprime, destruyendo su naturaleza, en los patriarcados genuinos la mujer no es oprimida sino que tiene un sitio al lado del hombre, y es tratada con respeto y dignidad. La descripción feminista no responde de ninguna manera al patriarcado de civilizaciones tan notables como la de la Antigua Grecia, la de Roma y la de los pueblos germanos, donde las mujeres gozaron de infinitamente mucha más libertad que en las sociedades matriarcales pre-indoeuropeas donde paradójicamente sí existía y existe todavía represión contra la mujer, y a su vez, una notable desvalorización del hombre.

Durante los patriarcados europeos la mujer tenía su papel como madre y esposa. Este rol no es una "construcción social", sino algo biológico que la caracteriza. En el patriarcado a la mujer no se la mima ni se la malcría, de la misma forma que el hombre no se somete a sus caprichos.

Dentro del patriarcado existieron figuras femeninas fuertes. Así, dentro de la antigua religión griega nos encontramos con Atenea y Artemisa-Diana, ejemplos de diosas austeras, castas y sabias, en contraposición a los mitos matriarcales que aún perduraban en las polis.

Atenea en su función como motor espiritual del hombre fue protectora de los héroes Odiseo y Perseo, a los que fue ayudando en sus hazañas. La contraposición de Atenea sería Medusa, un antiguo vestigio del matriarcado pre-helénico: una diosa oscura y monstruosa a la que el héroe helénico Perseo decapita.

Los atenienses hicieron de la virginidad de Atenea el símbolo de lo invencible de su ciudad, por lo que disfrazaron los primitivos mitos en los que la señalan como ultrajada por Poseidón, y negaron que tuviera hijos con el dios Hefesto.

Es posible que Atenea fuera parte de la triple diosa del matriarcado fungiendo como ninfa. Con la llegada de la conquista helénica, estos mitos primitivos fueron suprimidos y Atenea fue regenerada en una doncella virginal.

Sucede algo parecido con Artemisa, la doncella virgen y cazadora de venados. Antes de tener ese título era una diosa-ninfa totémica en las primitivas sociedades matriarcales. En su honor se realizaban orgías y sacrificios, antes de ser regenerada en una diosa virgen. Las otras diosas como Afrodita, Deméter y Perséfone serían vestigios de los cultos matriarcales que los helenos absorbieron, influencia que, en alguna medida, fue un factor que facilitó la corrupción de las costumbres helénicas.

Esparta fue una reacción contra la posterior decadencia de la civilización griega y el último vestigio del patriarcado en su forma más pura. Desde su concepción la mujer espartana estaba sometida a un duro entrenamiento como los hombres pero a diferencia de estos, su educación, aunque severa, no llegaba a los grados de violencia del entrenamiento masculino.

Resulta irónico y algo que las feministas modernas desconocen, o simplemente les molesta tanto que lo ignoran, el hecho de que en el único patriarcado puro que había en Grecia la mujer gozaba de más libertades y derechos que en otras partes de la región.

Las mujeres espartanas boxeaban, practicaban lucha libre, natación, gimnasia y danza, participaban junto con los hombres en torneos y juegos, sabían leer y escribir, comían las mismas raciones que los hombres y además tenían la libertad de escoger con quién podían casarse, algo impensable en otras ciudades-estado. Esta libertad consiste en saber elegir al mejor hombre para procrear, al mejor guerrero. Tal era el concepto de libertad sexual que tenían los indoeuropeos: saber escoger al mejor hombre, a la mejor mujer de su raza para continuar la estirpe.

Debido a su educación y a la severidad de su entrenamiento, Esparta tenía a las mujeres más bellas de su tiempo. Homero llamó a Esparta “Tierra de mujeres hermosas”. Las mujeres espartanas eran conocidas por la extraordinaria belleza, la austeridad y la madurez en que superaba a las mujeres de otras regiones de Grecia.

Las mujeres espartanas despreciaban los tintes, las joyas y los lujos, a los que miraban como signos de decadencia. La educación patriarcal espartana dio una clase de mujeres al borde de la perfección, orgullosas, atléticas, sabias y libres que superaban a las mujeres de su tiempo, y no las comparemos ya con las mujeres modernas.

En las sociedades medievales escandinavas (vikingas), la mujer era la transmisora de la cultura y del saber de su sociedad, siendo la que llevaba los asuntos de la casa. Y cuando no estaba el hombre presente, se ocupaba de toda la granja. La mujer vikinga disponía libremente de su dote y podía solicitar el divorcio cuando así lo creyese oportuno; la mujer vikinga no era propiedad de nadie y de hecho, la violación de una mujer libre era uno de los pocos casos en los que los vikingos aplicaban la pena de muerte. La mujer vikinga tenía voz para decir libremente lo que creyese oportuno y para tomar decisiones. La mujer vikinga era una pieza imprescindible de la sociedad.

Como herencia de la moralidad pre-cristiana, la figura femenina tuvo una importante relevancia en el Medievo a través de la figura de la Dama (del francés dame, 'señora' y éste del latín domina, 'ama', 'dueña de una casa'). Esta mujer arquetípica era descrita como una mujer hermosa que impulsaba al guerrero y al poeta a realizar grandes hazañas.

El "amor cortés" de la época consistía en una dama de alta cuna que fungía como motor espiritual del caballero en las justas y en las cruzadas.

La Dama acercaba al hombre a la Divinidad. La figura poética de Beatriz en la obra de Dante es un ejemplo de esta figura. La contrapartida de la Dama sería la Bruja, una anciana fea que representaba el oscurantismo del matriarcado, un ser que alejaba al hombre de la luz y lo llevaba hacia la oscuridad.

En Japón nos encontramos con Amaterasu, la diosa solar del shintoísmo y antepasada de la familia real japonesa. El mito y la realidad se llegan a mezclar en esta historia, dando un origen divino a la familia imperial que aún sigue en el poder. El shintoísmo, religión puramente nacionalista sin la cual es imposible concebir a Japón, es una fe patriarcal que tiene entre sus valores el honor y la disciplina.

El guerrero varón se encargaba de defender su patria, la comunidad donde se encontraban sus mujeres, las defendía del invasor; peleaba por la tierra en la que nacieron: su madre patria. La tierra siempre tuvo un rol materno, propiamente femenino, siendo deber de sus hijos varones pelear y morir por esas tierras en las que vivían sus mujeres y sus familias. Viendo esto podemos decir que el patriarcado siempre fue protector de las mujeres, al contrario de lo que las feministas quieren hacernos creer.

El patriarcado dio también a mujeres excepcionales que sobresalieron por sus hazañas y por defender su tierra, aunque no fueron demasiadas porque por lo general el carácter femenino no impulsa a tales comportamientos. Tenemos a Boadicea, que lideró la lucha de los britanos contra los romanos, a Juana de Arco y a monarcas como la reina Isabel la Católica y Catalina la Grande, ambas formadoras de imperios.

La reina Isabel de Castilla, uno de los más conocidos ejemplos de “mujer con poder”, fue una pieza fundamental en la Reconquista y en la formación del Imperio Español. Resulta curioso que las feministas eviten su figura e incluso le tengan un cierto odio. Quizás este odio se deba a que dio comienzo a la conquista de América, además de que expulsó a los judíos de España.

Modernidad

Laocoonte y sus hijos. La escultura representa la muerte del sacerdote troyano Laocoonte y sus dos hijos, estrangulados por serpientes marinas.


En la era moderna, con el auge del marxismo cultural, el homosexualismo y el feminismo, el patriarcado ha sido tergiversado, acusado de ser el principal opresor de la mujer, calificado como "injusto", "intolerante", "tiránico", "sangriento".

En el siglo XXI, la figura del padre, la masculinidad, la fuerza, el coraje, el instinto de aventura y de peligro, el ser hombre [2]... se han demonizado y transformado en elementos políticamente incorrectos. El siglo XXI es el siglo del homosexualismo, el feminismo, de la estrongenización, del matriarcado, donde en Occidente se ha censurado, perseguido cualquier instinto vitalista, la naturaleza masculina se ha visto sometida por dos movimientos intolerantes y que en los últimos años han adquirido fuerza: el lobby gay y el lobby feminista.

Este sometimiento comenzó a gestarse en los años sesenta hasta los ochenta en donde fue adquiriendo más poder hasta que en este siglo ha logrado una conquista en todos los medios, culturales y de entretenimiento, en la vida diaria y en el gobierno. La victoria del matriarcado consiste en haber castrado espiritualmente al hombre occidental, en haberlo domesticado, en haber logrado un control en los medios que censura cualquier muestra de instinto masculino.

Todo lo que se ha escrito actualmente de la historia de la mujer dentro del patriarcado viene de las distorsiones feministas, así como las "neopaganas" (falsos paganismos pacifistas, hedonistas y universalistas que tienen protagonismo dentro de la rama wicca y del New Age) y de círculos intelectuales marxistas y de izquierda. Las teorías marxistas afirman que el patriarcado es un conjunto de "construcciones sociales", pero diversos estudiosos establecen que el patriarcado tiene causas biológicas que pueden rastrearse desde las comunidades prehistóricas y la división sexual del trabajo.

Irónicamente, a pesar de estar viviendo actualmente dentro de un régimen matriarcal las feministas siguen en los medios hablando de que el sistema dominante es un "patriarcado", e insisten en que éste las oprime y las limita, continúan hablando de una supuesta "conspiración heteropatriarcal" que las persigue y las somete.

Para el lobby feminista y gay cualquier instinto viril es repugnante, ellos no quieren igualdad ni derechos, su motivación está enraizada en el odio hacia la naturaleza viril y los instintos masculinos.

Los lobbies gay y feminista están en guerra contra el hombre, el concepto marxista de lucha de clases ha cambiado a “lucha de géneros”, bajo este concepto una mujer exitosa, hermosa y con una posición económica alta sigue siendo una oprimida, mientras que un hombre de clase baja, un obrero, es un opresor.

El principal motivo de la persecución del Patriarcado es porque está ligado a un gobierno fuerte como lo fue Esparta, la Roma imperial o los regímenes fascista y nacionalsocialista del siglo pasado. Es un sistema que cría y forja a líderes y hombres de carácter que hagan frente al Sistema, lo cual es peligroso para éste, el Sistema que nos rige actualmente quiere borregos, hombres afeminados y débiles para dominarlos. Por ello su persecución y estigmatización.

Las consecuencias de este matriarcado moderno, en el que hombres y mujeres han perdido los roles que la naturaleza ha asignado, han sido desastres como el incremento de la violencia de género, la violación, la estrongenizacion y el cada vez más violento conflicto entre hombres y mujeres.

En este matriarcado existe un falso concepto de "libertad" que se confunde con el libertinaje, se cree que por fin después de "siglos de opresión patriarcal" hombres y mujeres son "libres" de sus roles de género, se han entregado a las peores aberraciones anti-naturales y creen que gozan de todos los derechos que les otorga la sociedad democrática.

En este contexto es comprensible el odio por el patriarcado, pues representa todo lo que odia y lo que los acompleja pero que al mismo tiempo desconocen por completo. Lo que caracteriza al patriarcado es la protección por lo que se ama, esto es la patria, la esposa, la madre y las hijas. Lo femenino. Sólo existen tres elementos que podrán salvar a la raza blanca de su catástrofe: el mantenimiento de su espacio vital (que los países blancos sigan siéndolo), la eugenesia (además de la promoción de un estilo de vida saludable en general) y el patriarcado (grosso modo, oposición al marxismo cultural).

Notas

  1. Probablemente Hera fue una diosa de un pueblo matriarcal que habitó Grecia antes de la llegada de los helenos quienes establecieron una sociedad patriarcal. Desde esta perspectiva, su función como diosa del matrimonio y la familia debía moderar las acciones de los hombres. Su ira hacia las infidelidades de Zeus forma el tema principal de las anécdotas literarias de su antiguo culto.
  2. Para el marxismo cultural, no hay nada peor que un hombre blanco heterosexual orgulloso de serlo.

Fuentes

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