Feminismo

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Artículo destacado
Enviaremos a sus mujeres en contra de sus hombres y así destruiremos la fuerza de sus familias.

—Helen Cohen, feminista judía[1]

Símbolo del feminismo.

El feminismo (del latín femĭna, mujer, hembra, e -ismo) es un movimiento de subversión marxista cultural, que tiene el propósito de desestabilizar, fracturar y fragmentar a una sociedad y despojarla de su funcionamiento natural por medio de la fabricación de conflictos artificiales entre los hombres y mujeres a partir de las incitaciones de que la mujer es objeto de opresión por el hombre y que la mujer no es diferente al hombre sino exactamente igual y es capaz de desempeñar todas las funciones de éste, por lo que este movimiento se disfraza hábilmente de una "reivindicación de derechos para la mujer" razón por la que gran parte de la sociedad no percibe su verdadera naturaleza.

El objetivo del feminismo es la victimización de la mujer como colectivo, el desprecio de la auténtica feminidad en las mujeres, así como la criminalización y demonización de los hombres y sus conductas masculinas, distorsionándolas, promoviendo el odio hacia la naturaleza del varón (misandria) por ejemplo, repitiendo memes negativos como "todos los hombres son violadores potenciales". De esta manera crea una polaridad equivocada "víctima-victimario" basada en el sexo de las personas.

En consecuencia, las mujeres que siguen las pautas feministas comienzan a ser percibidas negativamente por los hombres, lo que en última instancia genera posturas que alcanzan diversos grados de misoginia, lo que cierra el círculo ideológico feminista y se fabrica un conflicto absurdo entre hombres y mujeres.

Promueve también la ideología de género, en la cual el ideal es que los varones tengan comportamientos "femeninos" y las mujeres tengan comportamientos "masculinos".

Contenido

Feminismo softcore y hardcore

Popularmente se ha intentado distinguir la existencia un "verdadero feminismo" en oposición a un "falso feminismo"[2][3]. El primero estaría identificado con el igualitarismo y presuntas legítimas reivindicaciones de los derechos de la mujer (feminismo softcore), mientras que el segundo (llamado con los disfemismos de "hembrismo" —derivado del uso de "machismo"—, o más incorrectamente, "feminazismo"), se identificaría con las formas más fanáticas e intolerantes (feminismo hardcore). Sin embargo, esta distinción es sólo aparente, uno puede ser más sutil o moderado en las formas pero el fondo y sus objetivos son los mismos, y el llamado "falso feminismo" es sólo la consecuencia lógica de los postulados del "verdadero feminismo", cimentados por los teóricos marxistas.

Asimismo, a diferencia de lo que sus proponentes argumentan, el feminismo no es un movimiento de equidad. El feminismo es ginocéntrico. La perspectiva feminista, desde su definición, su teoría y su práctica, toma a la mujer como centro y eje de su pensamiento y actividad, lo que le aleja del concepto de "igualdad", porque además caracteriza negativamente a la masculinidad y al varón.[4]

Rasgos generales

Propaganda feminista.

El feminismo fue creado como resultado de la aplicación práctica del área de "estudios de género" de la "Teoría Crítica", que atacaba la cultura occidental europea bajo el argumento marxista de que la mujer estaba siendo oprimida por el hombre, y que esa opresión provenía única y exclusivamente de la cultura occidental. De esta manera, la "Teoría Crítica" no hacía mención alguna de "opresiones" (mucho más graves y evidentes en diversos sentidos) hacia las mujeres de otros pueblos como los asiáticos, africanos, amerindios o musulmanes; sólo se hablaba de la "opresión" en Occidente; de la mujer blanca siendo oprimida por el hombre blanco.

Simultáneamente con el advenimiento del igualitarismo racial, apareció la promoción de la igualmente ficticia idea de la "igualdad" sexual. A las mujeres se les dijo que eran psicológicamente iguales que los hombres pero que eran socialmente condicionadas por su entorno para ser esposas y madres en vez de investigadoras científicas y capitanas de industria.

No solamente las así autoproclamadas, "liberadoras de las mujeres" trataron de convencerlas de que criar y cuidar a la siguiente generación era menos importante que sudar en una cadena de montaje o trabajar en el último rango de una serie de ejecutivos, sino que aún fueron más lejos al menospreciar el papel de esposa y madre.

El feminismo ha reestructurado completamente a la familia porque la mayoría de las esposas y madres han sido forzadas a entrar en el mercado laboral por los nuevos estándares económicos capitalistas, limitando así las opciones de las que hubieran preferido ocuparse de su hogar. Además, el hecho de que las mujeres dejen en segundo plano el desarrollo de los niños y el hogar, permite que los niños sean enviados a las escuelas a edades más tempranas, ocupándose el sistema enteramente de la crianza e indoctrinación de la juventud a través de los programas escolares del marxismo cultural y de los medios masivos de comunicación y creciendo sin los valores familiares.

La autodenominada "liberación femenina" y la entrada de la mujer en el mercado laboral dentro del capitalismo, ha duplicado la mano de obra y asimismo el pago de impuestos, el consumo ha crecido exponencialmente, los costes de producción (por ende los precios) se han abaratado y los sueldos se han reducido a la mitad de su poder adquisitivo o más.

Destrucción de la masculinidad y la feminidad

El feminismo en lugar de reivindicar a la mujer como ser humano con una naturaleza propia, intenta despojarla de su esencia, de su feminidad pura y natural, por ello no es sólo un movimiento contra el hombre sino contra todo ser humano. En ese sentido, el feminismo puede percibirse como una forma extrema de machismo, ya que le dice a la mujer que no debe ser como mujer sino como un hombre.

En Occidente, la feminidad natural en las mujeres se ha empezado a percibir como algo completamente negativo debido al feminismo. En las películas de Hollywood se ha deseado imponer en el inconsciente colectivo el falso arquetipo de la "chica ruda": la mujer que usa armas y que participa en batallas, que nada tiene que ver con la realidad.

La feminidad es percibida en realidad por los feministas y marxistas culturales, como "debilidad", "incompetencia", "sometimiento", e "inutilidad". Consecuentemente, para el feminismo, ser una mujer en todo el sentido de la palabra, equivale estar a la completa merced de los hombres, quienes su principal objetivo sería "subyugar" a las mujeres, mientras "se les hace creer a éstas que ellos las aman". Pero ¿por qué los hombres harían eso? el feminismo responde: "porque los hombres pueden hacerlo y ellos no tienen moral cuando se trata de sus relaciones con las mujeres. El natural cuerpo grande y musculoso de un hombre de alguna manera lo convierte en un violador monstruoso, sadístico y cruel. "Todos los hombres son violadores potenciales".

Por ello, según el feminismo, una mujer nunca debe confiar en un hombre puesto que no hay modo de que él pueda ser realmente sincero con ella y todas las actitudes masculinas son arteramente distorsionadas y reinterpretadas acorde con la agenda feminista: "Si un hombre te encuentra atractiva, entonces significa que te quiere violar". "Si él quiere protegerte, entonces significa que se siente con derechos sobre tu cuerpo". "Si él dice que te ama, entonces significa que quiere poseerte y esclavizarte como su ramera sin sueldo hasta que encuentre a una ramera más joven para esclavizarla con más palabras de amor".

De este modo, si la feminidad en la mujer puede llevar a ésta a su propia desgracia, entonces la feminidad es un rasgo negativo que también debe ser combatido. Entonces la mujer debe adoptar conductas masculinas distorsionadas: ser más ruda, usar malas palabras, humillar y vejar a los hombres, especialmente a los que las cortejen, y decirles que no los necesitas para nada.

Esto provoca la emasculación psicológica de los varones. Comienza a generarse un miedo en los hombres de comportarse acorde a su naturaleza, porque la ideología de género dice que eso es inmoral y afecta negativamente a las mujeres. Entonces, el hombre debe ser más manso, más sumiso, debe controlar sus impulsos sexuales, por lo tanto, si se vuelve homosexual, mucho mejor para el feminismo.

"Nuevas masculinidades"

El feminismo considera a la masculinidad, a la que llama "masculinidad tradicional", como algo perjudicial y negativo. La caracteriza como violenta, dominante, autoritaria, cruel y de esencia machista. Por este motivo plantea la necesidad de generar un cambio en la concepción de ésta. El feminismo promueve lo que denomina "nuevas masculinidades". Estas serían diferentes a la "masculinidad tradicional" y volverían al varón "sensible", "humano" y "empático". En cierta forma quieren "feminizar" lo que ellas creen que es la masculinidad. El feminismo repudia a la masculinidad asignándole valores negativos arbitrariamente y olvidándose sistemáticamente de valores como la valentía, la protección de la familia, la capacidad de sacrificio, la iniciativa, etc.

Consecuencias

"Si nos organizamos, los matamos a todos"

La mujer posee una función biológica que el varón por naturaleza no tiene: gestar vida. Su papel en la crianza de las futuras generaciones ha sido de gran valor e imprescindible desde tiempos remotos. Pero el feminismo le dice a la mujer que ese poder suyo que es la maternidad, no tiene valor, que representa una "opresión" que les "reduce a meros objetos".

El feminismo relega a un segundo plano, o incluso desprecia directamente, la maternidad, misma que es la base de la propia existencia humana. Por lo tanto, la más grave consecuencia del feminismo es que la mujer no tome conciencia de que tiene una gran e importante misión que cumplir mediante la crianza y la educación de las futuras generaciones. Sin la función natural de la mujer, la sociedad está condenada a fracasar.

Hablando en términos estrictamente reproductivos y cuantitativos, la mujer es más valiosa que el hombre porque para mantener estable la tasa de natalidad de una población se puede llegar a prescindir, incluso, de un gran número de varones pero no así de mujeres, quienes además poseen un período fértil más limitado. En otras palabras, tomando en cuenta el largo período de gestación del ser humano y su poca probabilidad de tener un embarazo múltiple, para tener al menos 10 hijos en el lapso de un año se necesitan 10 mujeres fértiles, pero prácticamente se puede requerir de un solo varón para tal efecto. Por esa razón los esfuerzos genocidas en Europa y los países blancos, tal como la promoción de la miscegenación se enfocan con mayor énfasis en las mujeres que en los hombres.

El feminismo fomenta que las mujeres pierdan antinaturalmente su feminidad, se equiparen a los hombres y asuman los roles que desde los orígenes de la humanidad ha correspondido a los hombres. Surge una pérdida de identidad femenina y las mujeres comienzan a pensar y a actuar como hombres, lo que está relacionado también a fenómenos como el lesbianismo y la misandria (aversión u odio a los hombres).

Muchos investigadores afirman que la creación de millones de madres "trabajadoras" ha tenido un efecto desastroso en la estabilidad familiar y en el desarrollo de los niños. El resultado ha sido que muchas mujeres están ahora luchando como único sustento para ellas y sus hijos, y las que forman una familia biparental, a menudo se encuentran estresadas y debilitadas por tener que realizar el tradicional y natural trabajo de las mujeres en el hogar y trabajar ocho horas diarias fuera de él, consumiendo y dividiendo así sus esfuerzos.

El feminismo distorsiona gravemente la imagen del hombre en nombre de las "leyes de igualdad de género", se dan los mensajes implícitos de que "el hombre es una forma de vida inferior a la mujer" y que "las mujeres no necesitan de los hombres".

El feminismo promueve la promiscuidad y sexo irresponsable, bajo la consigna de la "liberación sexual", acogida también por los movimientos homosexuales.

Construcciones teóricas

Teoría del "patriarcado"

Véanse también: Patriarcado y Matriarcado


La tesis fundamental del feminismo es la "teoría del patriarcado" sobre la cual se apoya toda la ideología y el accionar feminista. Para ello, a la palabra "patriarcado" le asigna sus propias definiciones sesgadas en las que principalmemte caracteriza a los varones como "opresores". De esta forma el feminismo ha distorsionado el término "patriarcado" para utilizarlo como un comodín para proyectar todos los males de la humanidad.

"Sistema ... instaurado por los varones, quienes como grupo social y en forma individual y colectiva, oprimen a las mujeres también en forma individual y colectiva y se apropian de su fuerza productiva y reproductiva, de sus cuerpos y sus productos, ya sea con medios pacíficos o mediante el uso de la violencia".[5]
"Se trata de una estructura de opresión sobre las mujeres que pasa por su somentimiento, desvalorizándolas y relegándolas a un segundo plano. El patriarcado surge de una toma de poder histórico por parte de los hombres, quienes se apropiaron de la sexualidad y reproducción de las mujeres."[6]

La cultura de la violación

Según la delirante tesis feminista, los hombres han creado un sistema (el patriarcado) que facilita el abuso sexual hacia la mujer y culpa a la víctima, lo que dominan "cultura de la violación". Un claro ejemplo de lo que implica la tesis de la cultura de la violación puede observarse en las típicas frases feministas "todos los hombres son violadores potenciales" o "hay que enseñar a los hombres a no violar", como si los hombres fuesen naturalmente violadores y fuera necesario apagar esa compulsión abusadora mediante la educación.

Violencia de género

Es un término generado dentro del feminismo, muy importante dentro ese movimiento. Este término genera confusión debido a la incogruencia entre su etiqueta y la definición que se le da a ésta.

Muchas personas equivocadamente creen que el término "violencia de género" se refiere a la violencia sexista de una persona hacia otra indistintamente de su sexo. Esta creencia es errónea. El feminismo ha diseñado el término “violencia de género” y lo ha definido como: "la violencia ejercida por el varón hacia la mujer por el hecho de ser mujer".

El feminismo no denuncia la violencia sexista en general, sino únicamente la violencia ejercida contra una mujer por un hombre. De este modo, la violencia documentada de mujeres contra hombres es negada por el feminismo o bien es interpretada como "respuesta a la violencia del hombre".

Agentes

Feministas judías

Artículo de opinión

Feministas simulando un aborto en la Vírgen María.

El feminismo y su vínculo con la pedofilia, por Agustín Laje


Hay dictaduras que no se institucionalizan; que no necesitan del recurso de la fuerza en altas magnitudes para mantener a la sociedad sumida en sus dictados. El filósofo marxista Antonio Gramsci ya decía que el Estado era hegemonía acorazada con coerción, y cuanto más consolidada la hegemonía, menos necesidad de coerción. De ahí que podamos llamar “micro-dictaduras” a estos regímenes que han logrado altísimos niveles de hegemonía y que, por lo tanto, no permiten a los ciudadanos sacar los pies del plato de lo “políticamente correcto” sin con ello esperar negativas consecuencias, no solo sociales, sino también represivas-estatales (el caso de INADI, brillantemente desenmascarado por Cristian Rodrigo Iturralde, es ejemplo arquetípico de la policía del pensamiento hegemónico).

Valgan estos comentarios iniciales para situar el presente artículo en un contexto de dominación hegemónica de un progresismo hipócrita, dispuesto a tolerar sólo lo que comulga ideológicamente con sus postulados, y encarnizado con demonizar, deformar y censurar aquello que puede resquebrajar su dominación política. En efecto, es ese progresismo el que ha entronizado a la ideología feminista como algo automáticamente deseable y aprobable por el grueso de una sociedad que desconoce, en la mayoría absoluta de los casos, qué cuernos es el feminismo y su propuesta político-ideológica. Sucede que en contextos de alta dominación hegemónica la gente gusta de hablar sobre lo que no conoce y, peor todavía, defenderlo como si lo conociera.

Es así que nuestro título ha de chocar a simple vista: ¿Qué vínculo puede guardar el benevolente y deseable feminismo, con una causa que (de por momento, y sólo de por momento) nos resulta repugnante como la pedofilia? El objeto de este breve artículo no es sólo desnudar este vínculo, sino también desnudar la ignorancia que la gente tiene sobre el actual feminismo.

La historia del feminismo se ha interpretado en forma de “olas”. Se suele convenir que hay al menos tres olas del feminismo, cuyo hilo conductor estaría dado por la defensa de los derechos de la mujer, y sus diferencias estarían dadas por el tipo de derechos que se reivindican. Así, como primera ola bajo nuestra conceptualización, encontraríamos a los movimientos de mujeres y sus ideólogas que, tras el Renacimiento y con especial fuerza después de las revoluciones burguesas, peticionaron por derechos civiles y políticos, con John Stuart Mill a la cabeza. Podríamos entender, asimismo, que la segunda ola estuvo ligada al pensamiento marxista, especialmente a los estudios de Engels y quienes, como Kollontai, buscaron desarrollar esta mirada, en la cual los mal llamados derechos económicos estructuraban el plexo de demandas feministas. Pero a donde nos proponemos llegar para hallar el vínculo con las demandas pedófilas es a la tercera ola, cuyo nacimiento se encuentra ligado a los sucesos del Mayo Francés y cuya propuesta ideológica está basada en la “deconstrucción” de nuestra cultura.

En efecto, con ella surge la ideología de género, especialmente de la mano de Simone de Beauvoir y su “no se nace mujer: llega una a serlo”. El género y el sexo pasan a moverse en esferas distintas: el uno en la cultural, el otro en la biológica. Pero no se necesitará mucho tiempo para que el sexo sea también arrastrado a la esfera cultural, y que Judith Butler declare, bajo aplausos de la progresía academicista, que el sexo en verdad siempre fue género.

En este marco deconstructivo las demandas feministas ya no responden a la mujer, pues la categoría de mujer se deconstruye. ¿A quién responde entonces el feminismo? Pues a todas aquellas demandas que desde el terreno de la sexualidad vayan a contrapelo de la institución familiar que, presuntamente, sería un pilar fundamental del orden capitalista. De nuevo, el marxismo, como en la teorización de Engels, pero esta vez cultural, como en el “feminismo socialista” de Marcuse.

La teoría para las feministas es imprescindible para la praxis. Son las teóricas, después de todo, las que han ido orientando el devenir del feminismo, y son sus obras precisamente las que permiten distinguir los puntos de inflexión de las olas feministas. De tal suerte que recurrir a las más importantes ideólogas feministas es la tarea central que ha de llevarse a cabo para desentrañar la ideología en cuestión.

Veamos, pues, el pensamiento de la célebre Shulamith Firestone. Esta nos explica que el proceso de destrucción de la familia no se puede dar de un momento a otro, sino que conlleva cambios paulatinos, que involucran la pedofilia. Firestone los describe de esta forma: “Después de muchas generaciones de vida no-familiar, nuestras estructuras psicosexuales podrán alterarse tan radicalmente que la pareja monógama se volvería obsoleta. Sólo podemos adivinar lo que podría reemplazarla: ¿quizás matrimonios por grupos, grupos maritales transexuales los cuales también involucran niños mayores? No lo sabemos”. [7]

El proyecto de Firestone es lograr una sociedad socialista donde la familia sea reemplazada por household, una especie de hogar formado por personas que no guardan vínculo sanguíneo. Aquí, después de “unas pocas generaciones”, se logrará que “las relaciones entre personas de edades muy dispares se conviertan en algo común”. [8]

Así las cosas, “si el niño puede elegir relacionarse sexualmente con los adultos, incluso si él debe escoger su propia madre genética, no habría razones a priori para que ella rechace los avances sexuales, debido a que el tabú del incesto habría perdido su función. (…) Las relaciones con niños incluirían tanto sexo genital como el niño sea capaz de recibir -probablemente considerablemente más de lo que ahora creemos-, porque el sexo genital ya no sería el foco central de la relación, pues la falta de orgasmo no presentaría un problema grave. El tabú de las relaciones adulto/niño y homosexuales desaparecerían”. [9] Pero las relaciones pedófilas tendrían dos límites, nos dice la buena Firestone pretendiendo moderarse: el límite del consentimiento del niño por un lado, y el límite corporal por el otro. De modo que si un hombre adulto desea tener relaciones sexuales con una niña o niño de cuatro años por ejemplo, sólo debe lograr su adhesión y comprobar que las dimensiones de su vagina o ano sean penetrables. La engañifa que usa Firestone para legitimar la pedofilia es muy evidente: pone par a par la capacidad de elección de un niño respecto de la de un adulto, como si ambos dispusieran de mismas cuotas de poder. Es interesante constatar que existen reconocidos militantes y teóricos del feminismo que han sido involucrados e incluso condenados por relacionarse sexualmente con menores, como es el caso de Jorge Corsi.

Como queda claro, Firestone otorga gran significancia a la legitimación de la pedofilia como parte de la revolución socialista a la que ella busca servir. Pero no es la suya una opinión aislada dentro del feminismo de los ’70: también la reconocida teórica Kate Millet ha escrito que los niños deberían “expresarse a sí mismos sexualmente, probablemente entre ellos en un principio, pero también con adultos”. [10] Y a la cuestión de la pedofilia, las teóricas feministas suman también la reivindicación del incesto. Firestone, por ejemplo, recomienda que, a los fines de que los niños no crezcan “reprimidos sexualmente”, sean los padres quienes los inicien en su vida sexual. De hecho, recomienda que la primera felación del niño sea practicada por su propia madre. ¿Y es que hay manera más determinante de reventar todo vínculo familiar que promoviendo relaciones sexuales entre adultos y niños, y entre padres e hijos? Ella sabe, a partir de Freud, la importancia que tiene para la cultura la represión del erotismo que presuntamente sentiría el niño respecto de su madre; y probablemente sepa también, a partir de Claude Lévi-Strauss, el papel que en la cultura de toda sociedad humana juega la prohibición del incesto. En efecto, no hay forma más efectiva de destruir la cultura y la familia que haciendo de la pedofilia y el incesto conductas aprobables; de los ´70 a esta parte, el feminismo radical traerá, a veces más explícitamente, otras más implícitamente, estas horripilantes reivindicaciones dentro de su programa.

La deconstrucción del sexo que trajo el feminismo con su tercera ola es compatible con una deconstrucción de la categoría “edad”. ¿Si el sexo es un dato cultural y no natural, por qué habríamos de suponer que la edad es un dato natural y no cultural? Estas suposiciones no son exclusivas de la década del ’70, sino que nos acompañan hasta hoy, de la mano de muchas ideólogas del feminismo queer, como el caso de la mencionada Butler, quien aplaude y promueve una “multiplicidad de deseos” que incluyen la pedofilia y el incesto, [11] y como el caso de Sandra Torres, quien en su libro Pornoterrorismo anota: “Nunca me he acostado con un menor (salvo cuando yo también lo era) y no sé desde mi experiencia cómo se debe sentir, quizás no suceda nada malo si la mente del adulto está lo suficientemente sana o si la del menor es lo suficientemente despierta como para canalizar las sensaciones”. [12]

Quien al menos una pisca conozca sobre la intelectualidad feminista podrá advertir que las autoras y los textos mencionados no son marginales sino, más bien, todo lo contrario: se trata de nombres de la mayor relevancia para el pensamiento feminista contemporáneo. Y podrá saber, también, que estas mismas autoras suelen ubicarse mucho más allá de las sanas reivindicaciones que alguna vez tuvo el feminismo, cuando en lugar de reclamar derechos a la pedofilia, peticionaba derechos civiles y políticos.

El correlato en la práctica está a la vista: relevantes organizaciones feministas apoyan políticamente la legalización de la pedofilia, como es el caso de la Asociación Feminista Holandesa, la cual ha firmado peticiones públicas en este sentido. Gran cantidad de organizaciones feministas tienen estrechos vínculos con la NAMBLA (North American Man/Boy Love Association) y con el IPCE (International Pedophile and Child Emancipation). A nivel de referentes en el activismo feminista, sobresalen los casos de Pat Califia, Camille Paglia, Katharina Rutschky, Luisa Velázquez Herrera y Gisela Bleibtreu-Ehrenberg, todas ellas importantes cuadros feministas que articulan sus demandas con la pedofilia.

Es que el actual feminismo en nada sirve a la mujer: al contrario, la niega y procura su destrucción (tal como se hace expreso en Monique Wittig). Bajo su máscara benevolente y bienintencionada, guarda tras de sí una estrategia imposible de visualizar para los perezosos e idiotas útiles que adhirieron al feminismo sin saber de qué se trataba: librar una batalla cultural que destruya la “superestructura” que mantiene en pie el capitalismo.

En una palabra, neomarxismo.

Referencias

  1. Feminismi on ihmeellistä
  2. El falso feminismo perjudica a la familia.
  3. El falso feminismo ha llegado para quedarse.
  4. Crítica al feminismo
  5. "Diccionario de estudios de Género y Feminismos". Editorial Biblos 2008.
  6. Asamblea Transfeminista Unizar (Universidad de Zaragoza, España)
  7. Firestone, Shulamith. The dialectic of sex. The case feminist revolution. New York, Bantam Book, 1971, p. 229.
  8. Firestone, Shulamith. Ob. Cit., p. 233
  9. Firestone, Shulamith. Ob. Cit., p. 240
  10. Citado en Serrano, Francisco. La dictadura de género. Una amenaza contra la Justicia y la Igualdad. España, Almuzara, 2012, p. 55.
  11. Butler, Judith. El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad. Barcelona, Paidós, 2007, p. 265.
  12. Torres, Diana. Pornoterrorismo. Tafalla, Editorial Txalaparta, 2011, pp. 100-102.

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Enlaces externos

Videos

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