Marxismo cultural

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Artículo destacado
Véase también: Escuela de Frankfurt
Karl Marx, creador del marxismo y Sigmund Freud, creador del psicoanálisis, son los pilares del marxismo cultural.

El marxismo cultural es el conjunto de ideas surgidas como forma de subversión contra diversos valores tradicionales y otros elementos fundamentales de una sociedad como la familia, la religión, la sexualidad, la raza, el nacionalismo e incluso el arte, a los que considera "atrasados", "obsoletos" u "opresivos". Esta subversión cultural se disfrazó bajo el eufemismo de Teoría Crítica.

El marxismo cultural suele identificarse con el progresismo, su movimiento político; y con la corrección política, su principal instrumento de manipulación, control y censura.

Su base ideológica es en esencia una síntesis de Karl Marx y de Sigmund Freud. Comenzó formalmente con la fundación de la neo-marxista Escuela de Frankfurt, en Alemania. A partir de los años 1960' se fue extendiendo por todo Occidente, y en menor medida fuera de él.

Se trata de una construcción teórica que interpreta y aplica el marxismo en términos socioculturales en lugar de económicos. Ataca cada uno de los aspectos, características e instituciones propios de la sociedad occidental-europea a la que considera y señala como "opresiva".

Para obtener su influencia busca el control de todas las instituciones culturales como escuelas, universidades, medios de comunicación y la industria del entretenimiento.

En Europa occidental y en Estados Unidos no se ha aplicado nunca el modelo económico marxista, sin embargo, el marxismo cultural domina todos los aspectos en las sociedades occidentales actuales.

Contenido

Características

El marxismo cultural se fundamenta en diversos puntos doctrinales, algunos más importantes que otros:

"Vuestro voto fue un crimen de odio". Vandalismo de grafitti hecho por marxistas culturales tras las elecciones presidenciales de 2016 en Estados Unidos, de las que salió como presidente electo Donald Trump. Muestra de la tolerancia selectiva, la imparcialidad democrática, y el totalitarismo ideológico de los marxistas culturales.

Además de las posturas concretas anteriores, también cabe mencionar unas características más genéricas:

  • Universalismo: el marxismo cultural busca implantarse, suplantando a otros sistemas de valores. Defiende sus ideas como si fueran axiomas o dogmas universales, y busca la implantación de las mismas creencias y los mismos valores para todos los pueblos.
  • Nihilismo moral: paradójicamente, el marxismo cultural también niega las verdades y los valores universales. De ahí derivan el todo vale, con mi cuerpo hago lo que quiero, mientras no me afecte me da igual... que tanto lo caracterizan.
  • Chovinismo ideológico: debido a la hegemonía del marxismo cultural en el ámbito intelectual e institucional, consideran sus posiciones como dogmas sagrados, y su discusión inaceptable. Descalifican a sus opositores gratuitamente, y caen en falacias como la falacia de autoridad o el argumentum ad baculum. Por eso han creado el concepto de crimen de odio. De igual manera buscan apoyarse en la ciencia, pero hacen caso omiso a ella en temas como el de la raza.
  • Un concepto sesgado de democracia y libertad: los marxistas culturales dicen defender la democracia. Sin embargo, no aceptan los resultados democráticos que no sean acordes con sus creencias. Véanse las reacciones de ciertos elementos tras el triunfo del Brexit o de Donald Trump. De igual modo, su discurso dice defender la libertad de pensamiento, pero en realidad no existe libertad de pensamiento más allá de su propia ideología, pues cualquier crítica será atacada como "intolerancia" y etiquetada con los numerosos términos usados para desprestigiar a sus críticos.
  • Hedonismo: búsqueda del placer gratuito y vacío. Fácilmente apreciable en los movimientos hippies.
  • Creencia de que los medios justifican el fin. Escasa visión de futuro.
  • Creencia de que todo cambio es a mejor. Oposición al conservadurismo (que se puede considerar antagonista al marxismo cultural o progresismo).
  • Promoción del arte degenerado.
  • Rechazo del revisionismo histórico. Creencia ciega en las versiones oficiales de la historia.

Igualitarismo

Artículo principal: Igualitarismo

El igualitarismo es una doctrina política que sostiene que se debe considerar a todas las personas como iguales, sin importar su raza, religión, sexo... y que todos deben tener los mismos derechos políticos, económicos, sociales y civiles.

Supone la aniquilación de la excelencia y el rechazo de la alteridad, pues la búsqueda de la igualdad niega la complejidad, las diferencias y las contradicciones inherentes a la vida. El igualitarismo es un atentado a la libertad, que impide a la persona surgir y destacar. En cambio, la reduce a una masa mediocre donde los más capaces deben igualarse a los menos capaces. Así, se ve en el igualitarismo una fuente de nivelación por el factor común más débil [1].

Antiblanquismo

Artículo principal: Discriminación antiblanca

El objetivo último del marxismo cultural es el exterminio de la raza blanca.

Ideología de género

Artículo principal: Ideología de género


Feminismo

Artículo principal: Feminismo

Consiste en una victimización de las mujeres y en una criminalización de los hombres y la masculinidad. El marxismo cultural exalta el matriarcado y denigra al patriarcado tradicional de Europa. El feminismo promueve también el abortismo como arma contra la natalidad de la raza blanca.

Degeneración sexual

El marxismo cultural promueve la homosexualidad, y la defiende como un fenómeno "natural y sano". Victimiza a los homosexuales y demoniza a las voces opuestas. El homosexualismo (junto al abortismo feminista) es un arma ideológica que pretende reducir la natalidad de la raza blanca, ya que por definición la natalidad de los homosexuales es cero.

También defiende y promueve muchas otras degeneraciones sexuales. La teoría queer, por ejemplo, es también un elemento del marxismo cultural. Propone que el ser humano se considere sexualmente ambiguo, y que en sexualidad todo valga. Asimismo, el marxismo cultural promueve la feminización del varón, y la pérdida de feminidad de la mujer. La feminización del hombre blanco es especialmente necesaria para apaciguar, adormecer e impedir las actitudes defensivas e instintivas hacia lo propio. Los varones feminizados y cobardes no tendrán interés en oponerse a la usurpación de las mujeres de su propio pueblo por parte de invasores tercermundistas. En definitiva, consentirán su cruzamiento y consiguiente genocidio. Cabe mencionar que esos invasores tercermundistas provienen de sociedades mucho más brutales, y en las que aún no ha actuado el marxismo cultural.

Oposición a las religiones

Véanse también: Anticristianismo y Antipaganismo

Todas las religiones incluyen un sistema férreo, tradicional y concreto de valores. El marxismo cultural desprecia cualquier sistema que no sea el suyo propio, que es laxo y degenerado. Por tanto, se opone a la religión en sí. Cabría esperar que los marxistas culturales se opusieran por igual a todas las religiones, y ese es el caso de algunos ateos beligerantes, que desprecian y atacan a todas las religiones.

Sin embargo, en la práctica, el componente antirreligioso del marxismo cultural se fundamenta en su sentimiento antieuropeo, y en ocasiones se ve eclipsado por éste. Así, el marxismo cultural ataca principalmente al cristianismo, al que percibe como un reducto de los valores occidentales, además por ser la religión mayoritaria y por poseer una gran relevancia histórica y cultural en Europa. Es frecuente que los marxistas culturales victimicen a musulmanes y judíos y en cambio demonicen a cristianos, especialmente si son blancos.

El marxismo cultural también se opone a las religiones nativas europeas o neopaganas, pero han sido tan minoritarias que apenas llaman su atención y en general las considera "suprimidas", y especialmente intenta promover sus propias tendendencias desviacionistas neo-hippies y universalistas como la New Age o la Wicca, si bien últimamente se ha gestado un fuerte renacimiento pagano dentro de los movimientos nacionalistas. Es por ello que en la lista de símbolos que la Liga Antidifamación considera como "símbolos de odio" abundan los de origen pagano (europeo), pero no se listan símbolos propiamente cristianos.[2]

Animalismo

Artículo principal: Animalismo

Esta es una de las posturas menos extendidas del marxismo cultural. Consiste en victimizar a los animales y en demonizar a los seres humanos. Defiende considerar a los animales como si fueran personas. Está estrechamente asociado con el veganismo. Prácticamente, todos los animalistas son veganos, y la mayoría de los veganos son animalistas. En eso mismo radica su poca extensión: ser vegano requiere un esfuerzo y un sacrificio, al que no están dispuestos la mayoría de los marxistas culturales, porque el marxismo cultural también es profundamente hedonista. No obstante, otras características del marxismo cultural sí quedan bien patentes en el animalismo: por ejemplo, cuando ataca a los consumidores de carne, se aprecia su tendencia a imponer puntos de vista, vulnerando la libertad individual. O cuando se opone a la experimentación animal, lo hace por la creencia de que los medios justifican el fin: el bienestar de un ratón de laboratorio resulta a los animalistas más importante que el progreso científico.

Desafío indebido a la autoridad

Véanse también: Anarquismo y Pacifismo


Negación de naciones y razas

El marxismo cultural niega la importancia, e incluso la existencia, de las naciones y de las razas. Esto le sirve como base para atacar muchas posturas opositoras, o para justificar la consecuencia última de su sistema de valores: el genocidio blanco. A fin de cuentas, si se niega que exista la raza blanca, ¿por qué va a ser un problema su desaparición?

Para negar razas y naciones, lo que hacen los marxistas culturales es adoptar una postura relativista, y fingen tener problemas para identificar ciertos colectivos y hechos, aunque luego sepan distinguirlos perfectamente en otras situaciones.

Por supuesto, esta doctrina funciona en torno a dobles estándares, y el marxista cultural nunca aplicará esta lógica para justificar los abusos cometidos hacia pueblos no europeos. No se le ocurrirá, por ejemplo, negar la existencia del pueblo palestino para justificar el holocausto palestino, como hacen ciertos sionistas. Ni tampoco se le ocurrirá negar la existencia del pueblo saharawi para justificar la ocupación colonial marroquí en el Sáhara Occidental. Y el mismo marxista cultural que pretenda "no saber quién es blanco" ante la denuncia del genocidio blanco, no tendrá problema en distinguir entre blancos y negros a la hora de acusar a los blancos de la esclavitud, o de ser una raza privilegiada.

Otras posturas

El relativismo moral es un elemento clave en casi todos los aspectos del marxismo cultural: la negación de valores universales. Además de buena parte de lo expuesto, el relativismo y la negación de la excelencia también dan pie a la producción y defensa del arte degenerado.

Dificultad para señalarlo

Propaganda marxista cultural vista en Gijón (España), en 2008.

El marxismo cultural, a diferencia de las ideologías tradicionales, no se pronuncia respecto a cuestiones de Estado, o de propiedad pública o privada. Esto hace difícil identificarlo y señalarlo.

Además, los marxistas culturales no ven sus ideas como parte de una doctrina. Un marxista cultural nunca se reconocerá a sí mismo como tal.

El marxismo cultural defiende sus ideas como si fueran axiomas o dogmas universales. Es especialmente peligroso, ya que generalmente las personas no lo perciben. Por contra, lo dan por hecho como parte de un supuesto "progreso". No presenta sus ideas como parte de una doctrina. Un nacionalista racial se opondrá al genocidio blanco en base a su ideología, según la cual todos los pueblos tienen derecho a existir. En cambio, un marxista cultural defenderá sus postulados sin basarse en el marxismo cultural como doctrina base. Lo hará desde una perspectiva "externa" a la política, considerando que el multiculturalismo es algo natural y sano per se. Se cerraría así también a todo argumento que contradiga sus creencias. Dicho de otra forma: el marxismo cultural no se basa en ideas, sino en dogmas. Estos dogmas los intenta imponer a menudo dotándolos de un aparente discurso crítico, científico o rompedor.

Así, el marxismo cultural queda protegido ante las críticas: es mucho más difícil de señalar que casi cualquier otra ideología. Asimismo, en Occidente, casi todos los autodenominados "apolíticos" son en realidad marxistas culturales.

Pilares ideológicos

Artículo principal: Escuela de Frankfurt.

Los miembros de la Escuela de Frankfurt fundieron las ideas de Karl Marx y de Sigmund Freud. De la amalgama resultante, conocida como freudomarxismo, nació el marxismo cultural.

Así como el marxismo clásico sostiene que en el capitalismo el obrero es oprimido, el marxismo cultural argumenta que la cultura occidental, o la raza blanca, o los hombres, o los heterosexuales, oprimen a toda la sociedad, especialmente a ciertas minorías. El protagonismo de las ideas de Freud es total, y de ahí que las cuestiones sobre sexualidad tengan tanto peso en el marxismo cultural.

El psicoanalista judío Erich Fromm decía que la masculinidad y la feminidad no eran reflejo de diferencias biológicas sino que surgían en los individuos por imposición social (este es un principio básico de muchas aberraciones sexuales modernas). El judío Herbert Marcuse perfeccionó y completó entre los 1950' y los 1960' la conversión del marxismo clásico a cultural, y lo inyectó en la Nueva Izquierda.

Historia

Orígenes

Antonio Gramsci, teórico del marxismo cultural.

Los orígenes del marxismo cultural hay que buscarlos en los primeros años del siglo XX. Justo después de la Revolución bolchevique, los marxistas occidentales esperaban una inminente revolución de las masas obreras en el resto de Europa, sin embargo esta revolución no tuvo lugar más que en Hungría y Alemania. En estos dos países los revolucionarios no tuvieron el seguimiento esperado entre los obreros y ambas revoluciones fueron abortadas. ¿Por qué los obreros no se sublevaron? La respuesta a esta pregunta la dieron dos pensadores marxistas, el italiano Antonio Gramsci y el judío-húngaro Georg Lukács. La respuesta fue que los obreros no eran capaces de ver sus intereses de clase porque estaban inmersos en la cultura occidental, por lo tanto, es en el plano cultural donde se debe preparar la revolución. Al obrero debe serle extirpada su cultura y su historia, esto deberá llevarse a cabo mediante lo que Gramsci denomina "combate cultural", "camino largo" o "marcha larga". Esta "marcha larga" debía dirigirse hacia todas las instituciones posibles: escuelas, museos, iglesias, seminarios, periódicos, revistas, televisión, cine, etc., desde donde se propague una anti-cultura que acabe con los cimientos y las convicciones de la cultura occidental para que la gente se adhiera a los ideales marxistas que habían rechazado de forma natural.

En 1923 el multimillonario marxista judío Felix Weil, establece en Frankfurt un círculo de reflexión dirigido por Lukács. Este círculo recibirá el nombre de Instituto para la Investigación Social y es más conocido como Escuela de Frankfurt. En 1930, el Instituto pasa ser dirigido por el judío Max Horkheimer, un seguidor de Sigmund Freud y del psicoanálisis. Horkheimer replantea las tesis marxista según la cual la superestructura es una mera consecuencia de la infraestructura económica. Sus reflexiones le llevan a formular lo que él mismo denominó "Teoría Crítica". ¿Qué es la Teoría Crítica? Max Horkheimer afirma que la manera de destruir la civilización occidental es el ataque sistemático a todos sus valores, no la formulación teórica de una sociedad alternativa. Por ejemplo: Valor: el matrimonio es la unión de un hombre y una mujer con el objetivo de formar una familia, tener hijos y transmitirles los valores de sus antepasados. Crítica: el matrimonio puede ser cualquier tipo de unión donde intervenga la atracción sexual sin ningún fin concreto. Resultado: instauración del "matrimonio homosexual".

Otros miembros del Instituto para la Investigación Social fueron los judíos Theodor W. Adorno, Erich Fromm y Herbert Marcuse. Estos dos últimos autores, desarrollan una teoría según la cual las diferencias sexuales son construcciones sociales propias de la sociedad burguesa. Estas ideas crearon la ideología de género.

El Instituto para la Investigación Social fue cerrado en 1933 con la llegada de los nacionalsocialistas al poder. Sus miembros, en su gran mayoría judíos, se refugiaron en Estados Unidos y restablecieron el Instituto con ayuda de la Universidad de Columbia, en Nueva York. Durante la Segunda Guerra Mundial participaron activamente en el esfuerzo bélico americano, Marcuse, por ejemplo trabajó para la OSS, el precursor de la CIA.

Posguerra

Femimarxistas.

Tras la guerra, el Instituto para la Investigación Social vuelve a ser abierto en Frankfurt, sin embargo, Marcuse, su máximo exponente en aquella época se queda en Estados Unidos y se convierte en el ideólogo de las revueltas estudiantiles de los 60 e inspirará a algunos líderes de los movimientos revolucionarios negros. Su obra Eros y civilización será la 'biblia' de los hippies. El marxismo cultural de Marcuse y la escuela de Frankfurt, ya no va dirigido hacia el proletariado, sino a los hijos de la alta burguesía y las clases medias. En este nuevo contexto, la lucha de clases que predicaba el marxismo económico debe ser reformulada, la clase deja de definirse en base a la propiedad de los medios de producción, sino en función del grupo cultural al que se pertenece. La cultura deja de ser un mero producto de las relaciones de producción. Para el marxista cultural, es la cultura la que determina unas relaciones de producción imaginarias: un obrero de la construcción, hombre blanco y de civilización occidental es un explotador, mientras que un deportista millonario africano es un explotado.

En el marxismo económico, las leyes de la historia requieren la eliminación de los propietarios de los medios de producción y la expropiación de dichos medios por el Estado. En el marxismo cultural, quienes deben desparecer son todas aquellas personas que conservan patrones culturales europeos. Las personas de cultura occidental son por definición una clase opresora y malévola por naturaleza, independientemente de su situación económica. En contraste, la nueva clase oprimida y buena por naturaleza está constituida por todos los individuos no occidentales, como negros o chicanos. Esta última posición retoma claramente la idea del buen salvaje de Rousseau. A las razas no europeas hay que añadir grupos como los homosexuales y las feministas.

Igual que el marxismo económico pretendía la expropiación de los bienes de la burguesía y la desaparición final de dicha clase social, el marxismo cultural busca la desaparición final de la civilización occidental y de los portadores de dicha civilización. Esto se realiza mediante la colonización masiva de Europa y Estados Unidos por las masas tercermundistas y mediante la aplicación de lo que llaman "discriminación positiva". ¿Por qué positiva?, porque se realiza a favor de grupos étnicos y culturales que son, de acuerdo con ésta, "buenos por naturaleza" y en contra de grupos que son "malos por naturaleza".

Una vez vistos los nuevos parámetros en los que se define la lucha de clases, o más bien la lucha de grupos culturales, sólo queda subrayar que el programa antieuropeo de los marxistas culturales se ha llevado a cabo con muy escasa oposición en prácticamente todos los países de Europa Occidental, así como en Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Entre los años 1960' y 1970', las leyes que favorecían la inmigración europea y restringían la inmigración no europea fueron derogadas en Estados Unidos y Australia, lo cual fue el inicio de un proceso de colonización sistemática de ambos países por parte de las masas tercermundistas, dicho proceso se ha venido acelerando durante los años transcurridos y hoy es más rápido que nunca. En Europa Occidental el proceso de ocupación tercermundista ha sido completamente análogo, y en ciudades como París o Londres la población autóctona se ha visto reducida por debajo de la mitad. La colonización va acompañada de la discriminación cada vez más acusada de la población autóctona frente a los nuevos colonos, en Estados Unidos y en Inglaterra, la "discriminación positiva" es algo que está presente en todas partes, en Francia, donde esta discriminación ya se aplica en la adjudicación de ayudas sociales, se están haciendo esfuerzos continuos para imponerla en todos los ámbitos de la sociedad. La tendencia es la misma en todos los países de Europa.

Tanto la izquierda como la derecha han admitido en una u otra medida los postulados del marxismo cultural, para ello no ha sido necesaria una revolución violenta, los marxistas culturales, se han impuesto gracias a tres factores, en primer lugar el apoyo de la banca internacional, que los ha utilizado para impulsar el proceso de globalización económica. En segundo lugar su dominio de lo que Gramsci llamaba "combate cultural", es decir, la infiltración masiva del movimiento asociativo. Asociaciones ecologistas, pacifistas, universitarias, culturales, de defensa de los derechos de la mujer y todo tipo de ONGs han sido creadas o infiltradas por los marxistas culturales. El factor más importante ha sido sin embargo la ausencia total de resistencia, efectivamente la derecha conservadora no ha tenido la capacidad no política ni ideológica para oponerse al avance del marxismo cultural, de hecho, la derecha conservadora ha terminado por aceptar como propias muchas ideas fabricadas por los marxistas culturales. El marxismo político y económico se encontró en su avance con una ideología que aportaba una solución alternativa a los problemas sociales de los que se alimentaba la ideología marxista, una solución nacional e identitaria en contraste con la solución internacionalista marxista. Tras la Segunda Guerra Mundial, no quedaba nada capaz de frenar la expansión del marxismo cultural.

Programas anticulturales de la Teoría Crítica

Caricatura propagandística que ilustra el marxismo cultural.

La Teoría Crítica desarrolló una variedad programas anticulturales y pseudo-intelectuales encubiertos bajo el término de "disciplinas académicas" o "áreas de estudio" que "critican" cada elemento de la cultura europea occidental inculcando el divisionismo y el victimismo por medio de conflictos inexistentes e introduciendo terminología que defina negativamente actitudes y mecanismos naturales que tienen la función de preservar la cultura y la sociedad.

Teoría Crítica de la Raza


Esta rama del marxismo cultural (abreviada CRT por sus siglas en inglés: Critical Race Theory) iniciada por la Escuela de Frankfurt, examina con valores marxistas e igualitaristas a la sociedad y la cultura y su relación con la raza. Aunque su metodología está encubierta, sus objetivos suelen ser explícitos. Puesto que la cultura occidental tiene su origen en la raza blanca, hay que atacar a la raza blanca y destruir las identidades nacionales blancas fomentando programas de inmigración masiva, integración racial, mestizaje, e ir incluso más allá, generando la culpa blanca sobre hechos del pasado y negando la existencia de la raza blanca, afirmando que se trata tan sólo de una "construcción social".

El judío homosexualista Magnus Hirschfeld popularizó en 1933 el término "racismo" para definir toda actitud por parte de los pueblos blancos, que busque defender su supervivencia como pueblos enfatizando en él un supuesto sentido de desprecio por otros pueblos. Otros ideólogos de este programa anticultural son los judíos Franz Boas, Ashley Montagu, Noel Ignatiev, Tim Wise, Steven Seidman y Leonard Zeskind.

De acuerdo con la UCLA School of Public Affairs, "CRT reconoce que el racismo está arraigado (sic) en el sistema de la sociedad americana... CRT identifica que estas estructuras de poder se basan en el privilegio blanco y la supremacía blanca, lo que perpetúa la marginación de las personas de color.[3]

Asimismo, este programa cuenta con "disciplinas académicas" tales como los "Estudios afroamericanos", los "Estudios nativoamericanos" y los "Estudios de blancura" ("Whiteness studies"). Los dos primeros celebran la historia, la cultura e identidad de los afroamericanos y de los amerindios, respectivamente, sin embargo, los "Estudios de blancura" niegan explícitamente la identidad étnica de la raza blanca y establecen que los aspectos culturales, históricos y sociológicos de la gente identificada como blanca son parte de una ideología basada en el estatus social, además de que la raza blanca no es más que una construcción social sin base genética o natural, lo cual revela la existencia de un doble rasero.

La terminología clave desarrollada por este programa anticultural, y utilizada como arma filosófica contra la cultura occidental, incluye palabras como "racismo", "xenofobia", "supremacía blanca", "privilegio blanco", "derecha blanca".

Estudios de género


Los "estudios de género" tratan temas relativos al feminismo, el homosexualismo, el género y la política, desde los presupuestos de la Teoría Crítica. Se caracterizan, sobre todo, por sus ataques a las instituciones tradicionales europeas u occidentales: la familia, el matrimonio y el patriarcado. Estos ataques tienen el objeto de afectar negativa y directamente la demografía de la gente blanca, siendo parte fundamental de la ingeniería social del genocidio blanco.

Los "estudios de la mujer" o "estudios feministas" es una rama de los "estudios de género" de la Teoría Crítica, que se basan en el feminismo, ideología que surge bajo el argumento de que la mujer estaba siendo oprimida por el hombre, y que esa opresión provenía única y exclusivamente de la cultura occidental. De esta manera, la "Teoría Crítica" rara vez hacía mención alguna de "opresiones" (mucho más graves y evidentes en diversos sentidos) hacia las mujeres de otros pueblos como los asiáticos, africanos, amerindios o musulmanes, y en caso de hacerlo, se mostraba como "opresor" al hombre occidental; pero generalmente se hablaba de la "opresión" en Occidente; de la mujer blanca siendo oprimida por el hombre blanco.

Los "estudios LGBT" son un campo reciente de la Teoría Crítica que trata los temas relativos a la apología de los fenómenos homosexuales y transexuales. Se busca promover estas conductas ya que los homosexuales no producen descendencia. De acuerdo con una de sus más delirantes tesis, conocida como "Teoría queer", la cual es promovida como una "explicación científica" de la sexualidad humana, todas las "orientaciones sexuales" (tanto heterosexualidad como homosexualidad) y la identidad sexual o de género de las personas son el resultado de una "construcción social".

Referencias

Dictadura de género: el Estado español impide la circulación de este bus alegando "transfobia". "Transfobia" es sencillamente un concepto político que busca patologizar a todo aquel que no acepta las imposiciones de la dictadura de género.

Artículos relacionados

Enlaces externos

Videos

La Escuela de Frankfurt: El veneno del marxismo cultural por Ivo Rocher

Escuela de Frankfurt: Magnífica explicación de Ivo Rocher a Javier Navascués sobre los peligros que encierra el llamado marxismo cultural, principal y actual causante de las aberraciones dominantes en las sociedades contemporáneas en áreas como el arte, la política, la conducta, las formas, el entendimiento, la familia, el estado, las relaciones interpersonales, etc. Estar alerta de este veneno social se hace primordial, mantenerse firmes en la tradición de nuestros mayores, defender la Santa Iglesia Católica principal blanco de esta nefasta escuela enemiga acérrima de la Cristiandad.

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