Eduardo Lonardi

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Eduardo Ernesto Lonardi Doucet (15 de septiembre de 1896, Buenos Aires, Argentina - 22 de marzo de 1956, Buenos Aires, Argentina) fue un militar argentino que ejerció la presidencia de la nación entre el 23 de septiembre y el 13 de noviembre de 1955, luego de haber encabezado el derrocamiento de Perón. Terminó desplazado del poder por la acción de una unión de sectas liberales que cuestionaban la presencia de elementos del nacionalismo argentino en el gobierno.

Trayectoria militar

Lonardi ingresó al Colegio Militar de la Nación a principios de 1914 y egresó a finales de 1916 como subteniente de artillería montada.

Fue un oficial eficiente, que se ganó el respeto de sus superiores. Ascendió a Teniente en 1919, a Capitán en 1927, a Mayor en 1934, a Teniente Coronel en 1939 y a Coronel en 1942.

Entre otros puestos se desempeñó como profesor de táctica en la Escuela Superior de Guerra y como director en la Escuela de Artillería. Fue también agregado militar y aeronáutico en la Embajada de Argentina en Chile.

En 1941 estuvo vinculado a un intento de golpe de Estado encabezado por Juan Bautista Molina, el cual no pudo llevarse a cabo debido a la intervención oportuna de los oficiales leales al presidente Ramón S. Castillo.

El gobierno luego lo designaría para representar a la Argentina ante la Junta Interamericana de Defensa, entidad dependiente de la Organización de los Estados Americanos.

Alcanzó el generalato en 1947.

En el año 1951 participó del movimiento cívico-militar liderado por Benjamín Menéndez que buscó destituir al presidente Juan Domingo Perón, fallando finalmente en su objetivo. Como consecuencia, tras una estadía en prisión, fue pasado forzosamente a retiro por órdenes del gobierno.

Derrocamiento de Perón

En 1953 fue contactado por Jorge Bassi, un aviador naval de la Armada Argentina que planificaba lanzar un sorpresivo ataque aéreo contra la Casa Rosada para asesinar al presidente y a sus ministros más cercanos, iniciando así una revolución. Bassi le propuso a Lonardi ser el comandante de las fuerzas terrestres que se sublevarían en contra de los peronistas tras la muerte del mandatario, empero el militar retirado juzgó el plan como inviable a causa de las reacciones adversas que provocaría esa acción tanto a nivel nacional como a nivel internacional.

De todos modos Lonardi no cesó en sus intentos de actuar en contra del régimen, especialmente a partir del intolerable ataque a la religión producido por el conflicto entre el peronismo y el catolicismo que se desató en los últimos meses de 1954.

Aunque no estuvo involucrado en el bombardeo de la Plaza de Mayo en junio de 1955, aun así las autoridades nacionales lo encarcelaron por casi un mes como estrategia para reprimir y atemorizar a los enemigos del gobierno.

En septiembre de 1955, cuando el clima revolucionario ya estaba instalado gracias a la acción de Dalmiro Videla Balaguer, el militar retirado asumió la conducción del levantamiento de las Fuerzas Armadas en sustitución de Pedro Eugenio Aramburu, quien había decidido no participar de las maniobras derrocadoras. Su plan era sublevar a las tropas en distintos puntos de la geografía argentina y cercar de ese modo a la capital donde habitaba el presidente.

Programó el incio del levantamiento para el día 16 de septiembre y escogió a la ciudad de Córdoba como epicentro. Luego puso todo el operativo bajo la protección de la Virgen de la Merced, una advocación mariana que es considerada en su país como la Santa Patrona del Ejército Argentino.

Tras tomar la Escuela de Artillería, lanzó inmediatamente después un virulento ataque contra la Escuela de Infantería. Una vez derrotadas las fuerzas leales al gobierno pudo controlar la ciudad, mientras otros hombres se plegaban simultáneamente en otros puntos del país. El objetivo de Lonardi era resistir en su posición por más de 48 horas, lo que suponía enviar el mensaje de que el combate sería hasta las últimas consecuencias.

Después de varias jornadas de resistencia, el 20 de septiembre emitió un decreto en el que se autodesignaba como presidente provisional tras la renuncia de Perón del día anterior; en consecuencia la capital nacional fue trasladada hacia el centro del país. Sin embargo una Junta Militar peronista no le reconoció su potestad. Tuvieron que transcurrir dos tensos días más para que las fuerzas peronistas depusieran su actitud. De esa manera el día 23 de septiembre Lonardi entró en la Casa Rosada para asumir sus funciones. Monseñor Antonio Caggiano dirigió la ceremonia de toma de posesión del cargo, colocándole la banda presidencial en nombre del pueblo argentino. Una multitud festejó el evento en las afueras del palacio de gobierno.

Presidente de la Nación

La presidencia de Lonardi duró exactamente cincuenta y dos días. Su objetivo, desde el comienzo, fue conciliar a peronistas y antiperonistas, por lo que integró al gobierno a gente de diversos orígenes ideológicos al mismo tiempo en que se aseguró de mantener en vigencia ciertas políticas públicas desarrolladas por el peronismo depuesto. Su lema era: "ni vencedores ni vencidos".

Nombró al Almirante Isaac Rojas, un masón, como vicepresidente en representación de los sectores democráticos que habían apoyado a la Revolución Libertadora. Entregó el manejo de la economía al desarrollista Raúl Prebisch, un tecnócrata que trabajaba para la Comisión Económica para América Latina y el Caribe dependiente de la ONU. Él armó un equipo de economistas que se hizo cargo del comercio, la industria, la hacienda y las finanzas del país. Por otro lado Lonardi designó a varios nacionalistas en puestos claves: Mario Amadeo al frente del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Juan José Uranga al frente del Ministerio de Transporte y León Justo Bengoa al frente del Ministerio de Ejército. Sobre Luis Cerruti Costa y sobre Ernesto Röttger recayó la responsabilidad de conducir, respectivamente, al Ministerio de Trabajo y Previsión y al Ministerio de Asistencia Social, dos órganos claves para lograr la continuidad entre el viejo y el nuevo régimen. El católico Atilio Dell'Oro Maini terminó designado como titular del Ministerio de Educación, luego de que los sectores democráticos insistieran en que Eduardo Busso ocupase el comando del estratégico Ministerio del Interior y Justicia que Lonardi había pensado inicialmente para él. De todos modos, para recortar el poder de Busso, se determinó que Juan Carlos Goyeneche quedase a cargo de la Secretaría de Prensa y Actividades Culturales, la cual tenía bajo su supervisión a la prensa del país.

Lonardi dio la orden de clausurar el Congreso de la Nación, cesantear a todos los miembros de la Corte Suprema de Justicia, e intervenir todas las gobernaciones e intendencias del país. Al avanzar desde el Poder Ejecutivo contra el Legislativo y el Judicial pretendía desarticular el aparato peronista y devolverle a cada sector su independencia. Asimismo liberó a todos los presos políticos del régimen anterior, para darles sus celdas a los opositores del nuevo.

Por presiones de sus socios democráticos, Lonardi tuvo que autorizar la intervención de universidades y sindicatos, lo que significó un retorno de los izquierdistas a esos ámbitos. Pero para compensar la situación le restituyó a la Iglesia Católica sus privilegios de religión oficial.

Como la Resistencia Peronista no tardó en organizarse, el presidente permitió la creación de numerosas comisiones para investigar a los opositores. Las mismas fueron integradas por gente vinculada a distintas fuerzas políticas y se le concedió un gran poder para desalentar la militancia de los peronistas.

Salida del poder

Debido a la poca voluntad de los nacionalistas de demoler la obra de Perón y ensañarse con sus partidarios, los sectores democráticos conspiraron para expulsar a Lonardi del poder.

Atento a los movimientos palaciegos, el nacionalista católico Clemente Villada Achával -cuñado de Lonardi y jefe de su cuerpo de asesores- intentó maniobrar políticamente para restarles influencia a sus socios complotados. Por ello propuso una reforma ministerial para quitarle funciones a Busso y transferírselas a Luis María de Pablo Pardo. La ofensiva no cayó bien entre los democráticos, pues entendían que se trataba de un intento por dejarlos en la retaguardia política. Por ende los hombres de la cúpula de las Fuerzas Armadas de Argentina se presentaron ante Lonardi para informarle que ya no lo consideraban un hombre confiable, motivo por el cual tuvo que entregar su renuncia.

Con su salida de la presidencia, muchos de sus colaboradores fueron detenidos y encarcelados.

Lonardi viajó a fines de noviembre de 1955 a los EEUU para realizarse una delicada operación quirúrgica. En marzo de 1956, ya de regreso en el país, falleció como víctima de un cáncer al que venía intentando vencer desde hacía un año.

No llegó a escribir sus memorias, por lo que sus hijos Luis Lonardi y Marta Lonardi publicaron libros en los que defendieron la obra de su padre.

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