Autarquía

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Autarquía, del griego autárkeia o autosuficiencia, es un concepto con el que se conocen formas de organización que parten del principio de la lucha por la autosuficiencia económica. Se entiende como un sinónimo de economía cerrada.
  • Autarquía estatal, se vincula con la autosuficiencia jurídica y económica de un Estado y sus instituciones.
  • En ciertas organizaciones no estatales se refiere a algún grado de independencia administrativa o autofinanciamiento; no es de uso común ni está bien definido.

En el Mundo Antiguo

Aunque la autarquía está hoy rodeada de tabúes, en la Antigua Grecia constituía el ideal al cual se aspiraba, aunque no fuese siempre alcanzable en su totalidad. Aristóteles, en su Política, consideraba que la autarquía es la situación ideal para un Estado. Hesíodo iba más allá y proponía la autarquía de cada hogar familiar. La telurocrática Esparta, el Estado más respetado en la Grecia clásica, era una economía cerrada y autárquica gracias a su conquista de la fértil Mesenia. La talasocrática Atenas, por el contrario, fuertemente urbanizada, tuvo que depender de mercados cerealistas como Egipto y el sur de Ucrania.

Espectro político

  • La autarquía en organizaciones no estatales (comunitarias u otras administraciones) no es estricta sino que es un proyecto para que la organización produzca lo suficiente para abastecerse.

En política

En política un régimen autárquico es aquel que no depende del exterior para poder sobrevivir. Pueden ser regímenes cerrados en sí mismos o que han sido conducidos a un aislacionismo forzado por el contexto internacional que les hace aparecer, sin razón, como el último reducto de una ideología caduca. Fue así en los primeros años del franquismo.

En economía

Sistema económico según el cual una nación debe ser capaz de abastecerse a sí misma y subvenir a todas sus necesidades con un mínimo de intercambios comerciales con el exterior y rechazando los capitales extranjeros que en general, si no son controlados, se convierten en capitales especulativos.

El Tercer Reich es uno de los mejores ejemplos de autarquía económica, con vistas a reducir al mínimo la dependencia con el exterior; fueron movilizadas todas las fuerzas económicas de la nación con el fin de producir las materias primas y los productos agrícolas indispensables y limitar al máximo el consumo de productos extranjeros.

Se trataba de evitar los problemas que surgieron en la Alemania de la Primera Guerra Mundial cuando los británicos bloquearon la mayor parte de importaciones del país.

Asimismo, dentro del franquismo, el período que va desde 1939 a 1959 se caracterizó por una autarquía económica.

El Estado comercial cerrado

La obra de Johann Gottlieb Fichte, El Estado comercial cerrado (1800) por un lado, tuvo cierta influencia en el desarrollo de lo que Oswald Spengler llamaría "socialismo prusiano" o "prusianismo", y por otro, defiende la tesis exactamente contraria a la de la globalización, es decir, que un país debe buscar la autarquía para auto-extirparse de la red del comercio internacional, convirtiéndose, por así decirlo, en un Estado de flujo comercial y económico exclusivamente interno. Pensadores de todas las tendencias políticas han sido influenciados por esta obra, tanto liberales como socialistas, comunistas, anarquistas, fascistas y nacionalsocialistas. El doctor Carl Schmidt, asociado a los grupos de poder del Deutsche Bank, IG Farben y Siemens, defendía la idea de un Estado Comercial Cerrado en Europa liderado por Alemania.

Fichte se inspiraba en la sociedad campesina del mundo germánico y en la organización económica de las antiguas ciudades alemanas. Es imposible no ver también en su obra afinidades con Licurgo, Platón y Tomás Moro. El ideal económico del filósofo alemán era un Estado completamente autárquico, sin "Nada que exigir a sus vecinos y tampoco nada que cederles". Dice Fichte que en este tipo de Estado, "el gobierno no aspira a adquirir un predominio comercial, que es una tendencia muy peligrosa, sino a hacer a la nación completamente independiente y autónoma". Y es que "Si una única nación ha alcanzado supremacía en el comercio, sus víctimas deben emplear todos los medios posibles para atenuar esta supremacía y restablecer el equilibrio" ―una referencia clara al poder de Gran Bretaña. El peligro de la supremacía comercial de una sola nación residía en que el comercio internacional manejado por dicha nación va haciéndose con todas las mercancías de un Estado rival, hasta que sólo le queda a ese Estado una mercancía por vender: él mismo. De ese modo, "el Estado se vende a sí mismo, vende su independencia, cobra un subsidio permanente, convirtiéndose así en provincia de otro Estado y medio para cualquiera de sus objetivos".

Fichte dividía a la sociedad en tres estamentos: productores, comerciantes y artesanos. Luego venían aparte los militares, profesores y estadistas. De todas estas castas, la más peligrosa para Fichte era la de los comerciantes (el Mercado), ya que, a través de su posesión de las mercancías y especialmente del dinero, tienden a escapar a la autoridad del Estado y acaban imponiendo sus propias reglas.

El filósofo pensaba que Europa tiene una gran ventaja comercial por sobre el resto de continentes, tendiendo a apoderarse de la fuerza de trabajo y mercancías de los mismos. Consideraba que ese estado de cosas no podía perpetuarse eternamente y que algún día, un gran Estado deberá salir de "la sociedad comercial europea" para constituir su propio circuito productivo cerrado. Lo que Fichte venía a criticar en estas reflexiones era la explosión de Europa, mostrándose partidario de una implosión: Europa no puede depender eternamente de "patios traseros" ultramarinos tercermundistas y algún día deberá ser capaz de subsistir por sí misma. Además, una economía planificada no puede ser planificada, ni un país puede ser como un microsistema auto-equilibrado y autónomo, si depende de mercancías y producciones extranjeras cuya oferta, elaboración y transporte no controla, estando por tanto a merced de los caprichos de los mercados: fluctuaciones de precio, embargos comerciales, competencia con el producto nacional, etc. Tales fenómenos económicos tenderán a convertir al país que se someta a ellos en una mera provincia de la red del comercio internacional, tendiendo a especializarse en un sector económico en vez de albergarlos todos.

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