Reacciones paganas contra la cristianización

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Las reacciones paganas contra la cristianización fueron un conjunto de diversos movimientos políticos y religiosos europeos que resistieron a la cristianización de Europa entre los años 361 y 1362.

En Roma

Además de la reacción que tanto el vulgo como los intelectuales y personas cultas tuvieron ante el cristianismo a medida que se fue divulgando durante sus primeros siglos, la reacción pagana en Roma fue protagonizada por el emperador Juliano II entre el 361 y el 363. Tras el Edicto de Milán (Constantino I, 313), el cristianismo se había expandido en perjuicio de la religión nacional y tradicional romana. El intento de Juliano fracasó, y con el Edicto de Tesalónica (Teodosio, 380, simultáneo a las medidas similares que adoptó Graciano el Joven en Occidente) el cristianismo se convirtió en la religión oficial del Imperio.​ En realidad, lo que se produjo fue un sincretismo entre paganismo y cristianismo, que aprovechó la convergencia de intereses entre las élites de ambas religiones y el poder imperial (tanto si se entiende al emperador como un reflejo terreno de la divinidad solar neoplatónica, cuasi-monoteísta, como si lo era del dios cristiano, que debía imponer al pueblo las leyes sagradas).

En Inglaterra

Una reacción pagana en Inglaterra fue protagonizada por Eadbaldo de Kent en el año 616, al convertirse en rey tras la muerte de su padre, Ethelberto de Kent, que se había convertido al cristianismo hacia el año 600. Eadbaldo se mantuvo como rey pagano, y dejó de proteger a los clérigos cristianos al menos un año, quizá hasta ocho años, periodo tras el cual accedió a convertirse.

El último rey anglosajón pagano, el juto Arwald de la isla de Wight murió en batalla en 686, en lucha contra la imposición del cristianismo en su reino.

Durante el prolongado periodo de incursiones vikingas, el paganismo regresó brevemente a Gran Bretaña, principalmente en el Danelaw durante el siglo IX y especialmente en Northumbria, cuyo último rey, Eric Hachasangrienta vikingo y probablemente pagano, gobernó hasta el año 954.

En Holanda

El último caudillo pagano de Frisia fue Radbod (o Redbad) (r. 680-719), considerado como el último monarca independiente de los frisones antes de la dominación del Imperio franco.

Su predecesor y posiblemente padre de Radbod, Aldegisel (el equivalente en nórdico antiguo es Aðils), aceptó el cristianismo que en 678 Wilfrido de York había importado y que había sido impuesto en su reino por los merovingios. En 689, Radbod fue derrotado por Pipino de Heristal en la batalla de Dorestad​ y obligado a ceder la Frisia occidental (Frisia Citerior, desde Scheldt a Vlie) a los francos.

Tras la muerte de Pipino en 714, Radbod toma de nuevo la iniciativa. En 716 forzó a Willibrord y sus monjes a la huida y llegó hasta Colonia donde derrotó a Carlos Martel,​ hijo de Pipino, aunque finalmente Carlos sometió a los frisones.

Durante el segundo viaje de San Bonifacio a Roma, Wulfram de Sens (o Vulfran), un monje de la Archidiócesis de Sens intentó convertir a Radbod, pero sin éxito. La leyenda menciona que Radbod estuvo a punto de bautizarse, pero cuando se le dijo que no encontraría a ninguno de sus ancestros en el Cielo tras su muerte, Radbod rechazó el bautismo respondiendo:

(...) prefiero una eternidad en el Infierno con mis ancestros que en el Cielo con mis enemigos​ (refiriéndose sobre todo a los francos).

Radbod murió en 719, pero su lucha contra el poder de los francos se mantuvo con sus sucesores, en 725, 734 y 736.

Willibrord intentó de nuevo enviar una misión con apoyo carolingio a Frisia con el único propósito de evangelizar a los paganos que vivían allí con la esperanza que una vez convertidos al cristianismo, los francos lograran el control sobre el puerto de Dorestad, un enclave que hasta aquel momento había sido imposible de conquistar.

En Alemania

Tras la invasión de los territorios sajones por el Imperio Carolingio mediante asesinato, violación y saqueo, los sajones respondieron asesinando a veinte miembros importantes de la nobleza carolingia. Carlomagno entonces se lanzó a una campaña de exterminio contra los sajones en octubre de 782.[1]

Cerca de 4.500 sajones, quienes públicamente habían depuesto sus armas en señal de paz, fueron decapitados en Verden por practicar el paganismo, tras haber aceptado su conversión al cristianismo, hecho conocido como Masacre de Verden.

El efecto fue que los sajones perdieron virtualmente todo su liderazgo, pasando a ser gobernados desde entonces por condes francos nombrados por Carlomagno. El principal líder sajón, Widukind, consiguió escapar a Dinamarca con sus familiares, pero regresaría pronto. En 785, junto a su pueblo, fue obligado a convertirse al cristianismo por Carlomagno.

El hecho desencadenó dos años de sangrientos conflictos (783–785) en los que los sajones continuaron resistiendo a la invasión de Carlomagno y sus subsiguientes intentos por cristianizarlos, significando finalmente el traslado forzado de unos 30.000 sajones a otras regiones del imperio.

En Grecia

En pleno año de 804, los helenos paganos de una población laconia de Mesa Mani, Cabo Tainaron, en Grecia, resistieron con éxito un intento por parte de Tarasio, patriarca de Constantinopla, de cristianizarlos. Su resistencia duraría hasta que, entre 850 y 860, el armenio San Nikon, por la violencia, les convierte al cristianismo. Recordemos que Laconia era el antiguo reino del que Esparta era capital.

En Escandinavia

A la muerte del rey Harald II de Noruega en el año 970, el Jarl Håkon Sigurdsson gobernó Noruega como regente y vasallo del rey danés Harald Blåtand, aunque en realidad disfrutaba de una total independencia de gobierno.

Håkon era un devoto de los antiguos dioses y quien reclamaba descender del linaje del mismo Odín, y cuando el rey Harald intentó forzarle convertirse al cristianismo hacia el año 975, Håkon rompió su alianza con Dinamarca y el rey envió una flota en su contra, sin embargo, la incursión fracasó, y los daneses fueron derrotados por los noruegos paganos en la batalla de Hjörungavágr en el año 986.

En 994, Olaf Tryggvason, un descendiente de Harald I de Noruega que llegó a Dinamarca, adopta el cristianismo a cambio de una vasta suma de dinero de protección de los ingleses y en 995 se produjo una disputa entre Håkon y Olaf. Håkon rápidamente perdió todos sus apoyos y fue asesinado por su propio esclavo, Tormod Kark, mientras se ocultaba en una piara en la granja Rimul en Melhus. Sus dos hijos Eric y Sven y otros de sus partidarios huyeron y se refugiaron junto al rey de Suecia, Olaf Skötkonung.

Ese mismo año, Olaf Tryggvason se convirtió en el rey Olaf I de Noruega y a través de una brutal campaña que no toleraba la oposición, impuso la conversión al cristianismo usando todos los medios a su alcance, transformándose así en uno de los mayores traidores vikingos de la historia. Destruyó templos y torturó y asesinó a su propia gente, consiguiendo convertir Noruega en "cristiana", al menos nominalmente pues su práctica no fue lo suficientemente consolidada, ya que una buena parte de los "cristianos" aún continuaban observando la religión nórdica.

Tras ser derrotado en la Batalla de Svolder en el año 1000, Noruega vivió un renacimiento pagano durante el gobierno de los Jarls de Lade, lo que significaba que el cristianismo no tenía tanta aceptación como comúnmente se cree, pero con el reinado de Olaf II de Noruega (1015-1028), el cristianismo fue impuesto nuevamente en 1024. Snorri Sturluson narra que el rey estableció la pena de muerte y la amenaza de mutilación para aquellos que se negaran a adoptar el cristianismo. También abolió tradiciones y costumbres populares y estableció leyes igualitaristas conocidas como "Ley de Cristo".

Sin embargo, la reacción contra sus actos no se hicieron esperar. En 1028 el poderoso rey Canuto II, el Grande, soberano de Dinamarca e Inglaterra y quien contaba con el apoyo de un sector considerable de la aristocracia noruega, llegó a Noruega con 50 barcos de guerra. Olaf fue abandonado por una parte del ejército y tuvo que exiliarse a Rus de Kiev junto con su hijo Magnus (llamado así en honor a Carlomagno) y un puñado de hombres fieles. Canuto fue hecho rey de Noruega en el Øreting y nombró a Håkon Eiriksson como su jarl en el gobierno del país.

En su exilio, Olaf reunió un ejército planeando invadir Noruega y salió de Nóvgorod, atravesando Suecia. Llegó a Trøndelag, donde se encontraría con un ejército comandado por jarls aliados de Dinamarca: Hårek av Tjøtta, Thorir Hund y Kalv Arnesson, muy superior al que comandaba Olaf. El 29 de julio de 1030, ambos bandos se enfrentaron en la Batalla de Stiklestad, resultando vencedor el ejército pagano y donde Olaf perdió la vida. Su muerte fue juzgada como un "martirio" por los cristianos y un año después fue hecho "santo" por la Iglesia.

Cabe señalar que Canuto II ya estaba cristianizado por herencia de su abuelo y fue bautizado desde niño, sin embargo, incluso ya siendo cristiano se casó según la tradicion pagana con una no cristiana y la Iglesia no reconoció su matrimonio. Su nombre cristiano era Lambert, que no utilizaba, y toda su vida actuó como pagano hasta que ascendió al trono de Inglaterra.

En Polonia

La reacción pagana en Polonia se produjo hacia el año 1030. La insatisfacción con el proceso de cristianización, que comenzó después del bautismo de Polonia en 966, fue uno de los factores que llevaron al levantamiento. La Iglesia Católica Romana en Polonia sufrió pérdidas sustanciales, con muchas iglesias y monasterios destruidos y sacerdotes asesinados. La difusión de la nueva religión cristiana se había combinado con el crecimiento de los territorios y el poder central del rey. Además de los sentimientos anticristianos, la rebelión mostró elementos de un levantamiento campesino contra los terratenientes y el feudalismo. También presente fue una lucha por el poder entre el rey y algunos de la nobleza. Anita Prazmowska señala:

Los historiadores han llegado a la conclusión de que en efecto dos revoluciones superpuestas habían tenido lugar simultáneamente: una revolución política y una revolución pagana.

Mientras que Frucht afirma que el levantamiento derrocó al rey Mieszko II de la dinastía Piast, otros dicen que comenzó después de su muerte en 1034. Gerard Labuda, que proporciona una visión general de la historiografía polaca de el período, da 1032 como la fecha en que comenzó la reacción pagana, y señala que los historiadores dan otras fechas para el comienzo de otro levantamiento o levantamientos, haciendo referencia a 1034, 1037, 1038 y 1039.

En cualquier caso, Polonia a principios de la década de 1030 fue desgarrada por una serie de conflictos, y en 1031 Mieszko II tuvo que buscar refugio en Bohemia brevemente después de perder una guerra civil con su hermano Bezprym, antes de volver a reclamar las tierras polacas en 1032.

La reacción pagana y las revueltas y rebeliones relacionadas de la época, junto con incursiones extranjeras e invasiones, arrojaron al joven reino polaco al caos. Entre los más devastadores de los aportes extranjeros fue una incursión de Bretislaus I, Duque de Bohemia, en 1039, que saqueó la primera capital de Polonia, Gniezno.

La desestabilización causada por estos eventos fue tan severa que los historiadores dudan de que alguien pueda ser considerado el gobernante de Polonia a fines de la década de 1030; el nombre de uno de los pretendientes, Bolesław the Forgotten, ilustra ("con una ironía apropiada", escribe Vlasto) la complejidad y la oscuridad de la situación. Dvorník no enumera ninguna regla para Polonia en 1034-40, simplemente señalando: "lucha dinástica".

Según algunos historiadores, el levantamiento pagano de 1030 marca el final del primer período de la historia polaca, bajo la "Primera Monarquía Piast". Volviendo a Polonia alrededor de 1040, el hijo de Mieszko II reunió a la mayoría de las tierras polacas y se hizo conocido como Casimir el Restaurador. En la década de 1040, también libró una guerra civil contra Miecław (que creó su propio estado), que algunos autores ven como una continuación de las luchas de 1030.

En Lituania

La reacción pagana en Lituania se produjo hacia el año 1260. Huelga decir que no todos los "cristianos" recién convertidos suscribieron esta nueva religión. En las tierras de la Orden, las rebeliones fueron continuas. La más fuerte fue en Prusia entre 1260 y 1274, liderada por Herkus Monte. Esta rebelión fue casi exitosa, lo que habría aplastado por completo al estado cruzado. Sin embargo, esto sucedió solo mucho más tarde, después de la cristianización de Lituania en 1387.

Hacia 1300, tanto los cruzados prusianos y livonios aplastaron la resistencia de las tribus subyugadas y pusieron sus ojos en los lituanos, la última tribu pagana que quedaba en Europa. Entre 1300 y 1400 hubo un período de incesante guerra desagradable y despiadada. Ambos lados fueron lo suficientemente fuertes y nadie pudo lograr la victoria de un solo golpe. Se convirtió en una guerra de pequeñas incursiones y saqueos. Los cruzados marchaban a la periferia lituana dos o tres veces al año, y los lituanos volvían alrededor de una incursión al año. Ambas partes saquearon la tierra del enemigo y mataron indiscriminadamente en una espiral de creciente odio.

Un etimólogo lituano, Ginatras Beresnevicius, estima que, como resultado de esta guerra inflexible, el número de muertos fue de aproximadamente un millón de bálticos. Las víctimas entre los europeos occidentales son desconocidas. Por supuesto, la carnicería impactó fuertemente la economía de Lituania. Todos los recursos se movilizaron para resistir la presión militar en constante aumento.

En el campo de batalla ambos lados eran iguales, sin embargo, los cruzados disfrutaron de una ligera ventaja en la tecnología de construcción de castillos. Esta ventaja resultó decisiva en el transcurso del tiempo. Los lituanos encontraron cada vez más difícil apoderarse de los castillos cruzados, mientras que los alemanes -la mayoría de los cruzados eran hablantes de alemán- tuvieron más éxito en eso. El punto de inflexión en esta guerra fue la toma del castillo de Kaunas en 1362, una fortaleza construida entre dos grandes ríos, el Nemunas y el Neris, en un punto de suma importancia estratégica. Con solo 100 km a la capital de Vilna, los lituanos comenzaron a pensar que su derrota era solo cuestión de tiempo.

Referencias

  1. Derek Wilson, 2005, Charlemagne: The Great Adventure, 1st Edition, Hutchinson: London, pp. 45-47

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