Campo de exterminio

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Artículo destacado
Fotografía de una cámara de desinfección de piojos mediante gas, presentada como si fuera una cámara homicida con el siguiente texto al pie: "Estas cámaras fueron usadas para matar prisioneros en el infame campo de Dachau.". Pero nadie pareció notar que la puerta tiene una indiscreta inscripción en alemán que podría asustar a los prisioneros: "¡Cuidado! ¡Gas! ¡Peligro! ¡No abrir!", acompañada de una calavera[1][2].

El término campo de exterminio, o también, de manera propagandística, campos de la muerte o fábricas de la muerte; es usado por los exterminacionistas para referirse a aquellos campos de concentración sobre los que pesa la acusación de haber sido utilizados en un intento de cometer genocidio contra los judíos europeos y otras minorías, como parte del Holocausto. Para ello habrían contado con dispositivos de ejecución tales como cámaras de gas.

La mayoría de los campos de exterminio en alemán eran conocidos como Durchgangslager (es decir, "campamento de tránsito", tal como aparecen en documentos originales del tiempo de la guerra). Construidos por el gobierno nacionalsocialista, su propósito era el permitir que los deportados pudieran ser desparasitados e higienizados antes de proseguir su viaje hacia los campos de trabajo. Frente al auge de epidemias como el tifus, los campos de transito salvaron muchas vidas. Sin embargo la propaganda de guerra aliada sostuvo que su función principal era el exterminio. Dicha acusación fue utilizada mas tarde en los Juicios de Núremberg para lograr la ejecución de oficiales alemanes y la propaganda resulta útil aún hoy día para justificar la usurpación de Palestina por parte de Israel y como herramienta política de desprestigio en Alemania, contra una amplia gama de partidos conservadores.

Contenido

La historia oficial

Mapa de los campos de concentración y "de exterminio", presuntos crímenes como Babi Yar, trayectos de deportación, etc.

Al finalizar la guerra, los Aliados anunciaron que todos los campos de concentración eran campos de exterminio. Sin embargo con el paso del tiempo, investigadores independientes e historiadores desacreditaron toda la evidencia exterminacionista en todos los campos dentro del territorio alemán. Incluso Simon Wiesenthal llegó a aceptar el hecho de que no hubieron campos de exterminio en suelo alemán. Actualmente la acusación de genocidio recae principalmente en seis campos que se encontraban en territorios ocupados. Y todos quedaron justamente detrás de la cortina de hierro, donde investigadores independientes no podían acceder para corroborar la presunta evidencia. Estos son:

Auschwitz y Chelmno se encontraban en zonas de Polonia occidental anexionadas por Alemania y los otros cuatro en la zona del Gobierno General.

Otros campos como Jasenovac, Janowska, Maly Trostenets, Sajmiste y Warsaw son clasificados como "campos de exterminio menores". Se alega que las instalaciones contaban con hornos crematorios capaces de convertir en cenizas los cuerpos de las víctimas a un ritmo increíble. De esta manera, la historia oficial no tiene que dar cuenta de adonde fueron a parar millones de cuerpos.

Según estas teorías hasta el régimen croata Ustaše habría participado y mantenido en secreto el genocidio, administrando su propio campo de exterminio en Jasenovac.

Treblinka, Belzec y Sobibór se argumenta que se construyeron durante la Operación Reinhard. Estos campos, junto con Chelmno eran en realidad campos de tránsito donde los reos eran desparasitados e higienizados para luego seguir su camino hacia los campos de trabajo.

Después del final de la guerra, las acusaciones de exterminio que circularon inicialmente como propaganda instigada por grupos judíos, se apoyaron luego en confesiones obtenidas mediante tortura, como por ejemplo la del comandante de Auschwitz, Rudolf Höss; falsos testigos y edificios reformados en la pos guerra para darles el aspecto de cámaras de gas. Todos estos ingredientes dieron forma a lo que en la década de los setentas se popularizó con el nombre de Holocausto.

Desaparición masiva de cadáveres

Según la historia oficial del Holocausto, no es de extrañar que no se encuentre evidencia física de los seis millones de judíos asesinados, ya que los nazis habrían hecho desaparecer todos los cuerpos de los campos de exterminio del Este, no dejando la mas mínima evidencia de gaseamientos en masa. La siguiente tabla fue elaborada con cifras del exterminacionista Michael Shermer e ilustra las supuestas desapariciones masivas de cadáveres[3].

Ubicación Cantidad de supuestas fosas comunes Cantidad total de supuestos cuerpos Técnica utilizada para hacer desaparecer los cuerpos
Treblinka 6 900.000
En todos estos campos se siguieron los siguientes pasos:
  1. Desenterrar todos los cuerpos de las supuestas "fosas comunes masivas".
  2. Cremarlos en piras hechas con rieles de ferrocarril.
  3. Volver a meter los restos de cenizas, pequeños huesos y dientes en las fosas comunes.
  4. Disimular toda la evidencia con una capa de tierra.
Belzec 33 600.000
Sobibór 10 250.000
Chelmno 5 152.000
Total 54 1.902.000

Tan solo en estos cuatro campos se habrían desvanecido sin dejar rastro, casi dos millones de cuerpos. Pero según el experto canadiense en cremaciones Ivan Lagace, incluso en los hornos crematorios actuales, la cremación deja residuos como pequeñas partes de huesos y dientes; los cuales deben ser molidos posteriormente utilizando una máquina. Pero los exterminacionistas alegan que nada habrá quedado de esos cuerpos. Al mismo tiempo las autoridades polacas prohíben excavar las fosas para buscar restos humanos (investigación de rutina en cualquier caso criminal). Por ese motivo no se dispone de evidencia física o estudio forense alguno que demuestre tales afirmaciones. Persiste sin embargo la creencia del exterminio en base a un puñado de relatos orales. En contraste, se sostiene que los nazis no cremaban a los judíos capturados en el frente ruso. Sin embargo, la investigación forense del así llamado Holocausto por balas también está prohibida, no pudiendo constatarse la existencia, el número u origen de los supuestos cuerpos en las supuestas fosas comunes.

Leyendas de atrocidad

Ancianos liberados por los soviéticos en Auschwitz en unas imágenes que resultan incómodas para la historia oficial. Esta sostiene que solo aquellos prisioneros aptos para el trabajo no eran exterminados y se les explotaba en campos de trabajo hasta consumirse a si mismos y morir al cabo de pocos meses debido a las duras condiciones.
Niños liberados en el "campo de exterminio" de Auschwitz-Birkenau. Una vez mas, se dice que "milagrosamente" sobrevivieron pero existen muchos otros casos similares.
Judías húngaras con sus bebés en Dachau. Las tropas de ocupación estadounidenses intentaron hacer pasar a este y al resto de los campos en Alemania como centros de exterminio con cámaras de gas, afirmación que después se demostraría como falaz[4].

El arzobispo y cardenal Faulhaber atestiguó que los cadáveres encontrados por los aliados en el crematorio de Dachau no eran de judíos, sino de alemanes muertos en el bombardeo de la ciudad. Agregó que en Dachau nunca existieron cámaras de gas. Para el historiador Hellmut Diwald las supuestas cámaras de gas "en construcción" que ahora se presentan al público advirtiendo que "no fueron usadas", son en realidad una falsificación realizada en la posguerra por prisioneros de las SS bajo órdenes de los estadounidenses.

Por su parte, el abogado Stephen F. Pinter, de St. Louis, Mo., estuvo seis años en Alemania como funcionario del Departamento de Guerra de Estados Unidos, comisionado para investigar los campos de concentración, y afirma que lo de las cámaras de gas para matar judíos carece totalmente de fundamento. En cuanto a los hornos crematorios, no eran para exterminar a nadie, sino para cremar cadáveres. Pinter agrega que él fue la primera autoridad aliada que recibió el campo de concentración de Flösenburg y precisó que ahí no habían muerto más de 200 personas, pero meses después se enteró con sorpresa que estaban celebrándose ceremonias en Flösenburg para honrar a los "tres mil exterminados".

El doctor judío marxista Benedikt Kautsky, que estuvo internado en Auschwitz y en otros campos, dice: "Yo estuve en los grandes campos de concentración de Alemania. Pero, conforme a la verdad, tengo que estipular que no he encontrado jamás en ningún campo ninguna instalación como cámara de gaseamiento" ("La Mentira de Ulises".- Por Paul Rassinier, antiguo internado en campos de concentración).

El agrónomo alemán Thies Christophersen fue enviado a Auschwitz para realizar tareas de investigación en el área de la fabricación de caucho sintético en 1944. Visitó todos los campos que constituían el complejo de Auschwitz y declaro:

Durante toda mi estadía en Auschwitz nunca observé la más leve evidencia de ejecuciones masivas en cámaras de gas.

De acuerdo con el Documento Müller, los aliados eran conscientes de que toda la evidencia de exterminios relativa a por lo menos 13 campos de concentración alemanes, se había obtenido mediante "torturas" y aceptando "falsos testimonios". Como explica el Prof. Robert Faurisson, quien quiera sostener la acusación de genocidio en otros campos de concentración en base a "testimonios" como prueba definitiva, debería explicar en qué se diferencian esos testimonios de aquellos que resultaron ser reconocidamente falsos, al constatarse la inexistencia de cámaras de gas[5].

La selección

Según la historia oficial del Holocausto al arribo a los campos de trenes cargados de prisioneros, estos eran clasificados en aptos para el trabajo y no aptos. Se afirma que aquellos no útiles para el trabajo eran ejecutados inmediatamente en la cámara de gas. Actualmente se admite que al final de la guerra los soviéticos construyeron una falsa cámara de gas y una gran chimenea en Auschwitz I. Esto fue confirmado por fotografías aéreas de los aliados y por declaraciones de algunos de los reclusos del campo principal que niegan que las ejecuciones masivas tuvieran lugar pero a fin de mantener su fe en el Holocausto suponen que tales ejecuciones las habrá habido en Birkenau, lugar a donde ellos no fueron destinados.

El agronomo alemán Thies Christophersen estuvo en los campos de Polonia trabajando con los presos y con libertad para moverse entre las instalaciones. Después de la guerra y no habiendo sido acusado de crimen alguno, negó la leyenda del exterminio tanto en Auchwitz I como en Birkenau. Christophersen escribe en sus memorias:

"El campo de exterminio no estuvo en Auschwitz sino en Birkenau."; así lo leí y escuché después de la guerra. Ahora bien: yo también estuve en Birkenau. (...) Yo tenía el encargo de seleccionar en Birkenau a 100 operarios para el cuidado de las plantas de Kok Sagis. Esto se desarrollaba de la siguiente manera. Durante la revista se les preguntó a los reclusos si estaban dispuestos para este trabajo y si ya lo habían hecho antes. Por lo general se ofrecían más de los necesarios. Luego se “seleccionaba”. Este "seleccionar" más tarde ha sido interpretado en forma totalmente errónea. Por supuesto se quería dar a los reclusos una ocupación, y también los reclusos querían ser ocupados. Seleccionar no era sino que a los reclusos se los empleaba en el trabajo conforme a sus inclinaciones y su capacidad, pero también conforme a su estado físico.
Thies Christophersen, La mentira de Auschwitz. Cap VII.

Tratamiento especial

Para los creyentes y propagandistas del Holocausto la expresión "tratamiento especial" era un eufemismo que se utilizaba para referirse al exterminio físico de judíos y otras minorías. No significaba únicamente la erradicación y eliminación de la presencia judía mediante migraciones forzadas a las que las autoridades alemanas se refieren en su propaganda política, sino que implicaban exterminio físico y el asesinato. Estas acusaciones se apoyan en interpretaciones y reinterpretaciones de documentos y supuestas declaraciones voluntarias de oficiales nazis como Adolf Eichmann quién después de ser secuestrado ilegalmente por un comando del MOSSAD en Argentina, es interrogado y ejecutado en Israel.

En el juicio de 1988 a Ernst Zündel en Canadá, Dan Gannon presentó evidencia a la corte que demostraba mediante ejemplos que la frase "tratamiento especial" tenía una variedad de significados completamente diferentes según el contexto en el que se usaba. El judío Joseph Burg declaró que no hubo exterminio en los llamados "campos de exterminio". Citó el caso del judío marxista Benedikt Kautsky, cuya madre cayó enferma y recibió una habitación separada y una dieta especial ordenada por un médico. Eso era "tratamiento especial". Gracias a esas atenciones que pretendían al menos aliviar, si no curar, las enfermedades, la mujer vivió hasta los 80 años. Al ser liberado, Kautsky retorna a Viena y en 1946 es uno de los primeros en publicar un libro contando la verdad en relación a su madre. También dice que jamás vio evidencia alguna del uso de cámaras de gas homicidas. Su libro fue censurado y quemado. El autor tuvo que reescribirlo para que se permitiera su circulación, trabajo que le llevaría un año y medio[6].

Según testimonios auténticos de los sobrevivientes

Los así llamados "campos de exterminio" ubicados en el Este, a menudo contaban con instalaciones recreativas tales como piscinas, sauna, canchas de fútbol con partidos cada semana (donde los SS llegaron a jugar con los detenidos), así como bibliotecas y teatros. También habían enfermerías para los prisioneros (unas 4.800 personas estaban bajo tratamiento médico en el "campo de exterminio" de Auschwitz) y oficinas de correos, donde se les permitía enviar una postal al mes y cartas relatando sus experiencias en el campo a sus familiares y amigos[7]. En Auschwitz había una cantina en la cuál los internos podían comprar cigarrillos, comida y cerveza ligera con un dinero especial que era distribuido por las autoridades del campo. Por otra parte, el estado alemán brindaba asesoramiento legal en el campo y algunos de los presos fueron liberados.

Después de la guerra son los propios ex internos judíos y no judíos, los que corroboraron esta realidad con sus testimonios, aportando además pruebas documentales como fotografías de las representaciones teatrales, las cartas escritas por ellos mismos, los sellos, e incluso el dinero creado especialmente para circular dentro del campo. También se conservan filmaciones de los partidos de fútbol, representaciones teatrales, etc.

Con la llegada del ejército rojo a Auschwitz, a los detenidos se les dio a elegir quedarse y ser liberados o marchar con los alemanes en retirada al interior de Alemania. La mayoría eligieron esto último, incluyendo al ganador del Premio Nobel, el judío Elie Wiesel, que después de meditarlo con su padre decide irse con los SS y no ser liberado. Wiesel supuestamente había sido testigo de asesinatos en masa y según la historia oficial, los judíos sabían que estaban siendo exterminados por los nazis. Esta inconsistencia es explicada en detalle por el Prof. Arthur R. Butz en su obra.

Piscina

Una piscina en el "campo de extermino" de Auschwitz.

¿Que hacía una piscina en el "campo de exterminio" de Auschwitz? Las autoridades del Museo del Holocausto han tenido serios dolores de cabeza para explicar su existencia. Primero intentaron solucionarlo colocando un cartel en polaco y hebreo (en lugar de alemán) que decía que se trataba de una reserva de agua a ser utilizada por bomberos en caso de incendio. Sin embargo esto no explica por qué en lugar de construir un estanque ordinario como reserva de agua, los alemanes construyeron uno con forma de piscina, con escaleras a los lados y un trampolín para saltos. Otra versión utilizada por el museo es que esto era realmente una piscina, pero que en realidad solo el personal de las SS estaba autorizado para utilizarla. No obstante, como lo indica el revisionista David Cole en un mapa durante una entrevista con Ernst Zündel, resulta extraño que la piscina está completamente alejada de los edificios de los SS ubicándose justo en frente de las barracas de los prisioneros[8]. Finalmente está la versión de los sobrevivientes del Holocausto para los cuales la piscina era exactamente eso, una piscina. Según los testimonios del detenido Marc Klein, el judío Robert Weil y muchos otros, la misma era utilizada por los prisioneros con fines recreativos[9]. Se encontraba ubicada frente a las barracas de los internos para el disfrute de estos en los meses de verano.

Teatro y conciertos

Orquesta formada por internos de Auschwitz tocando un domingo de 1941. Se ubicaba al lado de la puerta principal para despedir o recibir al público con música.

En el juicio de 1988 contra Ernst Zündel en Canadá, Thies Christophersen declaró bajo palabra que asistió a los conciertos celebrados en Auschwitz los domingos de cada semana, donde actuaban músicos profesionales internados en el campo[10]. Explicó que estos se agrupaban debajo del portal que da acceso al campo. Un dato mas que significativo porque implica que cualquiera que estuviera en los alrededores podía confirmarlo. A estos conciertos de música clásica asistían los prisioneros del campo, además de los guardias de la SS. Otras funciones se realizaban en el teatro. Todos estos hechos han sido también confirmados por los testimonios de judíos sobrevivientes.

Asimismo hubo una orquesta femenina que interpretaba música en Auchwitz-Birkenau. Cuando el cineasta Steven Spielberg creó una asociación para reunir testimonios de sobrevivientes del Holocausto, se encontró conque muchos de ellos recordaban con emoción las obras de teatro a las que asistieron y los personajes interpretados por ellos mismos en el "campo de exterminio". La documental Los últimos días de la gran mentira del revisionista Eric Hunt incluye diversas entrevistas a sobrevivientes judíos, publicadas en el archivo creado por Spielberg. Esto se apoya en importante evidencia documental de la época, desde grabaciones en vídeo de las actuaciones hasta los programas a interpretar, con la lista de obras musicales y teatrales de cada función[10]. Los autores de los programas impresos, eran los propios reclusos, e incluían ilustraciones y dibujos realizados por ellos[10].

Ditlieb Felderer cita un libro del detenido Maximillian Kobler quién presenta un mapa del campo donde aparece el teatro indicado como "teatro" y la supuesta cámara de gas de Auschwitz no aparece como tal, sino como lo que fue realmente, un "crematorio" con un refugio antiaéreo adjunto[10].

Oficina de correos

Postal enviada desde Auchwitz a Lublín en Polonia. Al reverso incluye una carta manuscrita.

La existencia de oficinas de correos en los campos "de exterminio" constituye otra incómoda realidad para la historia oficial ya que a través de estas los internos se comunicaban con el mundo exterior. Este hecho es completamente incompatible con un supuesto plan de exterminio secreto. Mas aún cuando las cartas y postales podían ir escritas en cualquier idioma, lo que haría muy difícil censurarlas.

¿Que hacía entonces una oficina de correos en el campo de exterminio? Algunos creyentes del Holocausto afirman que era utilizada únicamente por los SS. Sin embargo esto no solo contradice las declaraciones de los sobrevivientes sino que también ignora importante evidencia documental. Se conservan aún un buen número de cartas con sus sellos y sobres originales enviadas por los internos desde supuestos "campos de exterminio", como Auschwitz[11][12][7]. En películas y testimonios que apoyan la leyenda del Holocausto los sobrevivientes cuentan una y otra vez que se les permitía escribir y enviar correspondencia. Se pretende entonces que el lector llegue a creer que las autoridades de los campos, estando a cargo de decenas de miles de prisioneros, no tenían nada mejor que hacer aparte de dedicarse a traducir y censurar toda la correspondencia. Al mismo tiempo la historia oficial sostiene que los judíos sabían que estaban siendo exterminados, es decir que tales acusaciones no florecieron súbita y sospechosamente justo después de la guerra.

En contraste, después de la rendición alemana y con la instauración de los Campos de la muerte de Eisenhower en donde se dejó morir de hambre y enfermedades a cientos de miles de soldados alemanes, el Departamento de Guerra de los EE.UU. prohibió toda la correspondencia desde y hacia los prisioneros alemanes. Eisenhower negó a la Cruz Roja todo permiso para acercarse a los campos donde se violaba la Convención de Ginebra. La misma medida fue adoptada por los británicos en relación al centro de tortura de La jaula de Londres. Muy por el contrario, en los campos de concentración para enemigos del Tercer Reich se autorizó incluso la presencia de un delegado de la Cruz Roja, que podía inspeccionar las instalaciones y recoger testimonios de los detenidos, siendo esto totalmente inconsistente con una violación sistemática de de los derechos humanos.

Desastre humanitario por el caos producido al final de la guerra

Fosa común con muertos de causas naturales en Bergen-Belsen (Alemania) en mayo de 1945. Aunque la historia oficial concede que este no era un campo de exterminio, los exterminacionistas prefieren emplear estas fotografías y no las de Auschwitz, por ser mas fácil sacarlas de contexto e inducir a pensar que se trataba de cuerpos de judíos exterminados.

Durante los años que duró la guerra el régimen nacionalsocialista se encargó de proporcionar los medios de que disponía intentando evitar las epidemias y salvaguardar la salud de los prisioneros. Estos relatan como la situación empeoró hacia el final de la guerra en los campos ubicados en Alemania, gracias a los bombardeos Aliados, produciendo estos una carencia de artículos básicos y medicinas. Este aspecto es confirmado en un informe de Cruz roja en 1948, donde se explicó que los bombardeos sistemáticos de los aliados paralizaron los transportes y las comunicaciones.

No se podía ya realizar el aprovisionamiento regular de los campos y la falta de alimentos provocó la muerte de un número creciente de personas, no solamente en los campos, sino también entre la población civil.
Informe de Cruz roja

Por ese motivo hubo que lamentar la muerte de muchos prisioneros en los campos del oeste liberados por estadounidenses y británicos. Estas a menudo se debieron a las mismas causas por las que morían los alemanes en sus ciudades, que además tenían que soportar constantes bombardeos, masacres y violaciones en masa por las tropas de ocupación.

Las escenas tomadas por los Aliados de pilas de muertos esperando un entierro fueron utilizadas de manera propagandística después de la guerra en los Juicios de Núremberg. Pero al mostrar las imágenes se omite explicar que son los mismos vencedores de la guerra quienes enviaron sus equipos de patólogos a Europa buscando evidencia científica de atrocidades cometidas por los nazis. Las autopsias realizadas en los cuerpos arrojaron el resultado opuesto al que necesitaban para acusar a los vencidos. El Dr. Larson, patólogo de la Oficina General de Abogacía dirigió estos equipos y reportó: “Ni un caso de muerte por envenenamiento de gases fue encontrado”. El Dr. John E. Gordon, médico científico y profesor de la Universidad de Harvard también se encontraba con estas fuerzas e informó que: “La mayoría de las muertes en los campos de concentración fueron causadas no por hambre o por maltrato, sino por tifus”. Debido a este revés, la acusación en Núremberg deja de lado la evidencia científica para centrarse en relatos orales y documentos con declaraciones juradas de supuestos testigos a los que a menudo la defensa no tenía derecho a interrogar.

En el juicio de 1985 contra el revisionista Ernst Zündel en Canadá, el renombrado historiador Raúl Hilberg citado por la acusación, tuvo que admitir que no existe evidencia científica del uso de cámaras de gas homicidas y que no existe autopsia alguna que lo confirme, o fotografías de judíos siendo gaseados[13][14].

Referencias

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