Evangelio

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En el cristianismo, el evangelio (del latín evangelĭum, y este del griego εὐαγγέλιον [euangelion], «buena noticia», propiamente de las palabras εὐ, «bien», y -αγγέλιον, «mensaje») es la narración de la vida y palabras de Jesús, es decir, la "buena noticia" del cumplimiento de la promesa hecha por Dios a Abraham, Isaac y Jacob de que redimiría a su descendencia del pecado por medio de la muerte su Hijo unigénito Jesús en expiación por el pecado de toda la humanidad y que resucitó al tercer día para dar arrepentimiento y perdón de los pecados a todo aquel que crea en él. El tema central de su mensaje es la muerte y resurrección de Jesús.

En un sentido más general, el término evangelio puede referirse a los evangelios, que son los escritos de los primeros cristianos que recogen las predicaciones de los discípulos de Jesús de Nazaret. En ese sentido, existen cuatro evangelios contenidos en el Nuevo Testamento de la Biblia cristiana, llamados Evangelios canónicos, reconocidos como parte de la Revelación por las diferentes confesiones cristianas. Son conocidos con el nombre de sus supuestos autores: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. La mayoría de los expertos considera que estos cuatro evangelios fueron escritos entre los años 65 y 100 d. C., aunque otros académicos proponen fechas más tempranas.

Existen otros escritos, conocidos como Evangelios apócrifos, no aceptados ni reconocidos por las iglesias cristianas actuales, pero que sí fueron considerados por algunas de las facciones o sectas en las que se dividió el cristianismo durante los primeros siglos de su historia, especialmente por la corriente gnóstica, que fue la que aportó la mayor parte de estos textos, y por comunidades cristianas que conservaron una conexión más estrecha con la tradición judía de la que surgió el cristianismo.

Evangelios canónicos

Del elevado número de evangelios escritos en la Antigüedad, solo cuatro fueron aceptados por la Iglesia y considerados canónicos. Establecer como canónicos estos cuatro evangelios fue una preocupación central de Ireneo de Lyon, hacia el año 185. En su obra más importante, Adversus haereses, Ireneo criticó con dureza tanto a las comunidades cristianas que hacían uso de un solo evangelio, el de Mateo, como a los que aceptaban varios de los que hoy son considerados como evangelios apócrifos, como la secta gnóstica de los valentinianos. Ireneo afirmó que los cuatro evangelios por él defendidos eran los cuatro pilares de la Iglesia: "No es posible que puedan ser ni más ni menos de cuatro", declaró, presentando como lógica la analogía con los cuatro puntos cardinales, o los cuatro vientos (1.11.18). Para ilustrar su punto de vista, utilizó una imagen, tomada de Ezequiel 1, del trono de Dios flanqueado por cuatro criaturas con rostros de diferentes animales (hombre, león, toro, águila), que están en el origen de los símbolos de los cuatro evangelistas en la iconografía cristiana.

Tres de los evangelios canónicos, Marcos, Mateo y Lucas, presentan entre sí importantes similitudes. Por la semejanza que guardan entre sí se denominan sinópticos desde que, en 1776, el estudioso J. J. Griesbach los publicó por primera vez en una tabla de tres columnas, en las que podían abarcarse globalmente de una sola mirada (synopsis, «vista conjunta»), para mejor destacar sus coincidencias.

Autoría

Tradicionalmente se atribuye la autoría de los evangelios a Mateo, apóstol de Jesús, a Marcos discípulo de Pedro, a Lucas, médico de origen sirio discípulo de Pablo de Tarso y a Juan, apóstol de Jesús. Sin embargo, hasta hoy no ha sido determinada aún la autoría real de cada evangelio.

A pesar del hecho de que los evangelios canónicos llevan los nombres de "Mateo", "Marcos", "Lucas" y "Juan", estos nombres son meras atribuciones, y no necesariamente las de sus autores reales. Los primeros escritores que se refirieron a los evangelios dejaron de mencionar los nombres de los autores, y es evidente que cada evangelio, tanto los que sobreviven como los que no han podido sobrevivir, se diseñaron originalmente como el evangelio para una comunidad en particular.

Datación

No hay información acerca de las fechas exactas en que fueron redactados. La mayoría de los expertos considera que los evangelios canónicos fueron redactados en la segunda mitad del siglo I d. C., alrededor de medio siglo después de la desaparición de Jesús de Nazaret, aunque otros consideran que fueron redactados antes de la destrucción del Templo de Jerusalén[1].

También existe una minoría que propone que los evangelios fueron redactados tras la destrucción definitiva de Jerusalén durante el reinado de Adriano.

Raymond E. Brown, en su libro An Introduction to the New Testament, considera que las fechas más aceptadas son:

  • Marcos: c. 68-73.
  • Mateo: c. 70-100 (aunque algunos autores, que no aceptan la prioridad de Marcos, sitúan su redacción en una fecha anterior al año 70).
  • Lucas: c. 80-100 (una mayoría de estudiosos lo data en torno al años 85).
  • Juan: c. 90-110 (fecha propuesta por C. K. Barrett; R. E. Brown no ofrece una fecha consensuada para el evangelio de Juan).

Estas fechas están basadas en el análisis de los textos y su relación con otras fuentes.

En cuanto a la información que nos proporciona la arqueología, dejando aparte el papiro 7Q5 del que no se conoce el contexto, el manuscrito más antiguo de los evangelios canónicos es el llamado papiro P52, el cual contiene una breve sección del evangelio de Juan (Juan 18: 31-33,37-38). Según los papirólogos, y sobre la base del estilo adriánico de escritura, dataría de la primera mitad del siglo II, aunque no existe consenso total acerca de la fecha exacta. De todos modos, el lapso que separa la fecha de redacción tentativa del manuscrito original de Juan respecto de la del papiro P52, considerado la copia sobreviviente más antigua, es extraordinariamente breve, si se compara con la de otros manuscritos de la antigüedad preservados. Y esto se constata —en menor grado— en todos los evangelios cuyas copias más antiguas guardan menos de un siglo de diferencia respecto de la fecha estimada de redacción de sus originales.

Origen

Un canon de los cuatro evangelios "reconocidos" solo entró gradualmente en uso general, al mismo tiempo que adquirió asociaciones con nombres específicos de los primeros años del cristianismo, aunque la conexión no era necesariamente legítima. También se debe tener en cuenta que los textos más antiguos no tenían ninguna de las características de identificación que tienen ahora. Todo, sin excepción, fue escrito en mayúsculas. No hubo encabezados, divisiones de capítulos o divisiones de versos, refinamientos que no aparecerían hasta la Edad Media. Para dificultar las cosas, incluso para el estudioso moderno, prácticamente no había signos de puntuación ni espacio entre las palabras.

La historia del desarrollo de los evangelios es confusa, existiendo varias teorías acerca de su composición. Los análisis de los estudiosos se han centrado en lo que se llama el problema sinóptico, es decir, las relaciones literarias existentes entre los tres evangelios sinópticos, Mateo, Lucas y Marcos. La teoría que ha obtenido el mayor consenso es la «teoría de las dos fuentes».

Inconsistencias

Ejemplos de inconsistencias entre libros del Nuevo Testamento son fáciles de encontrar. Mientras según los evangelios de Marcos y Lucas, Jesús se quedó en la casa de Pedro y luego sanó al leproso (Marcos I: 29-45, Lucas 4: 38 y siguientes, Lucas 5: 12 y sigs.), Según Mateo (8:1-4 y 14 ff) Jesús sanó al leproso primero. Mientras que, según Mateo, el centurión de Capernaum habló de hombre a hombre con Jesús (Mateo 8:5 y sig.), Según Lucas (7:1 ff) envió a 'algunos ancianos judíos' y amigos a hablar en su nombre. Aunque según Hechos, Judas Iscariote murió de una caída accidental después de traicionar a Jesús (Hechos I:18), según Mateo, 'se fue y se ahorcó' (Mateo 27: 5).

Por desconcertantes que sean tales incoherencias, el escéptico imparcial podría estar dispuesto a considerar que no son peores que el tipo de errores de notificación que ocurren a diario en los periódicos modernos. Pero la crítica del Nuevo Testamento ha ido mucho más allá que señalar fallas de este orden, ya que, al menos en algunos ámbitos, cada nuevo crítico se inclinaba a superar a sus predecesores al poner en duda la autenticidad de los evangelios.

Armonización y concordismo

La armonización fue un recurso utilizado cuando se buscaba la forma de «forzar» textos de los evangelios que parecen contradecirse o que no están totalmente de acuerdo entre sí, para que parezca que expresan lo mismo. De allí el nombre de «problema armónico», con el que se refería la dificultad para reunir los cuatro relatos evangélicos en uno solo.

Uno de los ejemplos más famosos fue el Diatéssaron, nombre griego que se podría traducir como "formado por cuatro". Se trata de una obra griega escrita entre los años 165 y 170 por el autor sirio Taciano, que consiste en un solo evangelio compuesto con elementos tomados de los cuatro evangelios canónicos, y posiblemente también de alguna fuente apócrifa. Taciano eliminó las repeticiones y armonizó los textos para ocultar las posibles discrepancias que se encuentran en los evangelios.

Esa obra tuvo mucha popularidad en la Iglesia de lengua aramea, hasta llegar a convertirse en el evangelio de las Iglesias de Siria. Efrén de Siria (306-373) escribió un comentario al Diatéssaron que se conserva en la actualidad. Pero por las armonizaciones y omisiones, la obra de Taciano no refleja fielmente el texto de los evangelios. Por otra parte, al mostrar un evangelio «único», no permite ver el mensaje propio que ofrece cada uno de los evangelistas. Por esa razón, se ordenó en el siglo V que se volvieran a leer los evangelios por separado.

El concordismo fue otro recurso que se utilizó cuando ciertos textos bíblicos en general, que reflejan conceptos científicos de épocas en las que las ciencias estaban mucho menos desarrolladas, son presentados de manera forzada para que expresen lo mismo que dice la ciencia en la actualidad.

Estos recursos, utilizados por los creyentes en otros tiempos con cierta frecuencia hasta llegar a ser populares, han sido abandonados en la actualidad. Los creyentes se ven obligados a admitir que la finalidad de los evangelios se vincula a la fe, y no a la proclamación de verdades científicas o históricas en general.

La crítica académica

La técnica del pasaje paralelo

Las primeras incursiones en la comprensión de los personajes y los hechos detrás de los evangelios comenzaron inofensivamente. Muchos incidentes sobre Jesús están relacionados en dos o más de los evangelios, y una técnica de investigación temprana, aún extremadamente valiosa, fue estudiar los pasajes correspondientes uno al lado del otro, la técnica del llamado "pasaje paralelo".[2]

Una comparación cuidadosa entre tres pasajes del Evangelio (Marcos 16:2-5; Lucas 24:1-4 y Mateo 28:1-4) revela datos comunes como la hora de la mañana, el día de la semana, el desplazamiento de la piedra, la visita de las mujeres a la tumba. Pero también revela algunas diferencias igualmente fundamentales que sirven para decirnos algo acerca de los escritores de los evangelios. El autor de Marcos, por ejemplo, habla meramente de 'un joven con una túnica blanca', sin ninguna sugerencia de que este individuo fuera otra cosa que un ser humano ordinario. En la versión de Lucas encontramos 'dos hombres con ropas brillantes' que aparecen 'repentinamente'. Aunque no es absolutamente explícito, ya hay un fuerte indicio de lo sobrenatural. Pero para el escritor de Mateo, todas las restricciones están abandonadas. Se ha introducido un violento terremoto en la historia, el mero "joven" de Marcos se ha convertido en un deslumbrante "ángel del Señor ... del cielo", y este visitante explícitamente extraterrestre está acreditado por el desplazamiento de la piedra.

Este método es útil para mostrar cuáles episodios son comunes a todos los evangelios, cuáles son peculiares a un solo evangelio, las variaciones de interés o énfasis entre un escritor y otro, y así sucesivamente. Es inmediatamente obvio que mientras Mateo, Marcos y Lucas tienen mucho en común, describiendo los mismos "milagros", los mismos dichos, esencialmente compartiendo un marco narrativo común, el evangelio de Juan es un inconformista, describe diferentes incidentes y dedica mucho espacio a discursos extensos, al parecer verbatim, que parecen muy diferentes a las declaraciones de Jesús en otros lugares. El evangelio de Juan siempre se ha considerado como escrito más tarde que los otros tres.

A medida que diferentes teólogos buscaban las pistas subyacentes a la psicología de los escritores de los evangelios revelados por la técnica del pasaje paralelo, se desarrolló un escepticismo cada vez mayor, particularmente en Alemania durante los primeros años del siglo XIX. Allí, un siglo antes, el profesor de lenguas orientales de la Universidad de Hamburgo, Hermann Samuel Reimarus, había empezado a titubear en un enfoque crítico. En secreto, Reimarus escribió un libro, Sobre los objetivos de Jesús y sus discípulos, argumentando que Jesús fue simplemente un revolucionario judío fracasado, y que después de su muerte, sus discípulos robaron astutamente su cuerpo de la tumba para inventar toda la historia de su resurrección. Tan preocupado estaba Reimarus por evitar recriminaciones por sostener tales opiniones que permitiría que el libro fuera publicado sólo después de su muerte. Su precaución fue justificada.

Siguiendo la tradición crítica, en los años 1835 y 1836, el tutor de la Universidad de Tubinga, David Friedrich Strauss, lanzó su obra de dos volúmenes La vida de Jesús, críticamente examinada, haciendo un uso particularmente penetrante de la técnica del pasaje paralelo. Debido a las discrepancias que encontró, argumentó convincentemente que ninguno de los evangelios pudo haber sido por testigos oculares, sino que debió haber sido obra de escritores de una generación mucho más tardía, que libremente construyeron su material de tradiciones probablemente distorsionadas sobre Jesús en circulación en la Iglesia primitiva. Inspirado por el racionalismo de los filósofos Kant y Hegel, "lo real es lo racional y lo racional es lo real", Strauss descartó sin reservas las historias milagrosas del Evangelio como meros mitos inventados para darle a Jesús mayor importancia.[3]

Tradicionalmente, el evangelio de Mateo había sido considerado como el más antiguo de los cuatro evangelios del Nuevo Testamento, y prácticamente nunca se había cuestionado que su autor fuera Mateo, el recaudador de impuestos y uno de los doce apóstoles. En 1835, el filólogo de Berlín, Karl Lachmann argumentó enérgicamente que el Evangelio de Marcos, más simple y más primitivo, fue el primero de los tres sinópticos. Lachmann fue rápidamente seguido por los eruditos Weisse y Wilke, más tarde en el siglo el teólogo de Heidelberg Heinrich Holtzmann retomó el argumento, y para fines de siglo la prioridad de Marcos (aunque no sin desafíos hasta el día de hoy) se había convertido en el descubrimiento teológico más universalmente aceptado de la era. Y esto planteó problemas inmediatos con respecto a la autoría de Mateo. El Evangelio de Marcos, que por pistas internas y externas fue escrito con toda certeza en Roma, ostensiblemente ofrece el menor reclamo de todos los sinópticos a los informes oculares. Tradicionalmente, se dice que Marcos fue, en el mejor de los casos, una especie de secretario o intérprete de Pedro. Sin embargo, la conexión con Pedro, si acaso existió, no pudo haber sido tan cercana, ya que el evangelio de Marcos exhibe una lamentable ignorancia de la geografía palestina. En el séptimo capítulo, por ejemplo, se informa que Jesús atraviesa Sidón camino de Tiro hasta el mar de Galilea. No solo Sidón está en la dirección opuesta, sino que de hecho no había camino desde Sidón hasta el mar de Galilea en el siglo I d. C., sólo uno desde Tiro.

Del mismo modo, el quinto capítulo se refiere a la costa oriental del mar de Galilea como el país de los gerasenos, pero Gerasa, hoy Jerash, está a más de treinta millas al sureste, demasiado lejos para una historia cuyo entorno requiere una ciudad cercana con una pendiente pronunciada hasta el mar. Además de la geografía, Marcos 10:12 representa a Jesús diciendo: "Si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, es culpable de adulterio", un precepto que no tendría sentido en el mundo judío, donde las mujeres no tenían derechos de divorcio. El autor del evangelio de Marcos debe haber atribuido el comentario a Jesús para el beneficio de los lectores gentiles.

Dado que es demostrable que el autor de Mateo sacó una cantidad sustancial de su material del Evangelio de Marcos, es prácticamente imposible creer que el recaudador de impuestos original Mateo, representado por haber conocido a Jesús de primera mano, y haber viajado con él, hubiera basado su evangelio en una obra inexacta cuyo autor claramente no tenía tales ventajas. Definitivamente, el discípulo original Mateo no pudo haber escrito el evangelio que lleva su nombre. Quien sea que lo escribió debió hacerlo más tarde que el de Marcos. Como resultado de tal razonamiento, los teólogos alemanes comenzaron a fechar el origen de los tres evangelios sinópticos hasta bien entrado el siglo II d. C.

A su vez, el Evangelio de Juan se sometió a un escrutinio similar. Los largos discursos en griego fluido atribuidos a Jesús fueron considerados por los teólogos alemanes como de carácter helenístico, compatibles con la procedencia tradicional del evangelio, la ciudad helenística de Éfeso en Asia Menor. Dado que incluso la tradición de la Iglesia reconoció que el evangelio de Juan había sido escrito más tarde que el resto, se pensó que probablemente datara de finales del siglo II. Sin embargo, a pesar de sus defectos geográficos, el evangelio de Marcos parecía ofrecer una versión menos fantástica de la vida de Jesús que el resto, pero tal migaja de consuelo fue barrida con la publicación, en 1901, del profesor de Breslau, Wilhelm Wrede, El secreto del mesianismo.

Wrede argumentó poderosamente que quien sea que escribió Marcos intentó presentar a Jesús como si hubiera ocultado deliberadamente su mesianismo durante su vida, y que la mayoría de sus discípulos no lo reconocieron como el Mesías sino hasta después de su muerte. Aunque no necesariamente respaldan completamente esta idea, la mayoría de los eruditos modernos reconocen la visión de Wrede al establecer una verdad fundamental: que incluso el evangelio de Marcos, supuestamente "primitivo", estaba más interesado en la teología, es decir, en poner un punto de vista teológico predeterminado que en una narrativa histórica.

Todos estos nuevos descubrimientos parecían tan dañinos a la fe, que cinco años más tarde de la publicación de Wrede, el luterano y más tarde misionero médico en África, Albert Schweitzer, escribió que: "No hay nada más negativo que el resultado del estudio crítico de la vida de Jesús".

Historia de las formas

Posteriormete aparece en la escena de la Universidad Marburg de Alemania, Rudolf Bultmann, reconocido por muchos como el mejor teólogo del Nuevo Testamento del siglo XX, trayendo consigo un arma nueva y aún más devastadora, Formgeschichte o historia de las formas. Esto siguió del trabajo de Karl Ludwig Schmidt, un pastor alemán que había notado que una debilidad particular de los evangelios como la de Marcos yacía en los "pasajes del enlace", que parecían haber sido inventados para dar una impresión de continuidad entre un episodio o dicho y el siguiente. Bultmann se propuso tratar de reconstruir qué material, en su caso, podría ser auténtico entre los enlaces. Su enfoque era intentar evaluar cada elemento del evangelio: historia de nacimiento, historia de milagros, dichos éticos, etc., para establecer si era original o si había sido tomado del Antiguo Testamento, o del pensamiento judío contemporáneo, o simplemente inventado para se ajustara a una línea teológica particular que los primeros predicadores cristianos querían promulgar.

Para Bultmann, cualquier cosa que se acercara a lo milagroso (las historias de la natividad, las referencias a los ángeles, los relatos de las curaciones maravillosas de los enfermos y demás) podía descartarse inmediatamente como un intento del escriba por representar a Jesús como divino. Todo lo que parecía cumplir una "profecía" del Antiguo Testamento (el nacimiento de Jesús en Belén, su entrada en Jerusalén en un burro, su traición y mucho más) podría ser rechazado como un mero intento de representar su vida como el cumplimiento de tales profecías. Si algo de lo que se dijo que Jesús había dicho podía ser rastreado al pensamiento judío general de su tiempo, entonces era inaceptable que necesariamente se originara de él.

Por ejemplo, el famoso dicho de Jesús, "Por eso, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, así también haced vosotros con ellos, porque esta es la Ley y los Profetas" (Mateo 7:12) se puede encontrar reflejado casi exactamente en un dicho del gran Rabino judío Hillel, de menos de un siglo antes de Jesús: "Lo que sea que te sea odioso, no lo hagas con tu prójimo. Esta es toda la Ley (Torá)". Por lo tanto, no podemos estar seguros de que esto haya sido dicho alguna vez por Jesús. De manera similar, en el evangelio de Marcos, se informa que Jesús le dice a un paralítico: "Tus pecados te son perdonados" (Marcos 2:5). Se decía que los escribas habían desafiado el derecho de Jesús de ofrecer tal perdón, basándose en que sólo Dios puede perdonar los pecados. Según Marcos, Jesús pasó a curar al paralítico independientemente. Bultmann argumentó que esta historia probablemente fue inventada por los primeros cristianos para reforzar su propio reclamo de poder perdonar los pecados.

Mediante una serie de deducciones de este tipo, concluyó que gran parte de lo que aparece en los evangelios no era lo que Jesús había dicho y hecho realmente, sino lo que los cristianos, de al menos dos generaciones después, habían inventado sobre él, o lo habían deducido de lo que los primeros predicadores les habían dicho. No es sorprendente que el enfoque de Bultmann dejara intacto lo poco que podría haber derivado del Jesús original: no mucho más que las parábolas, el bautismo de Jesús, sus ministerios de Galilea y Judá y su crucifixión. Reconociendo esto a sí mismo, condenó como inútiles nuevos intentos de tratar de reconstruir el Jesús de la historia:

De hecho, creo que ahora no podemos saber casi nada sobre la vida y la personalidad de Jesús, ya que las primeras fuentes cristianas no muestran interés en ninguna de ellas, son fragmentarias y, a menudo, legendarias.

El recurso de Bultmann era el concepto luterano de un Cristo de fe, en su opinión, un concepto muy superior a cualquier cosa que dependiera de las obras de la historia. Y él y sus colegas parecen haber aceptado felizmente a un Jesús divino mientras rechazan la mayor parte de la evidencia histórica de su existencia.

Referencias

  1. Como por ejemplo, J.A.T. Robinson en su libro Redating the New Testament, J. Carrón García y J. M. García Pérez en su obra ¿Cuándo fueron escritos los evangelios?, entre otros.
  2. Ian Wilson, Jesus: The Evidence.
  3. N. Debido a tales conclusiones, Strauss fue despedido sumariamente de su tutoría en Tübingen, y más tarde fracasó, por la misma razón, para obtener una importante cátedra en Zürich.

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