Pablo de Tarso

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Pablo de Tarso

Pablo de Tarso, originalmente Saulo de Tarso (de su nombre en hebreo Schaul) conocido como "San Pablo" por los cristianos, nació entre los años 5 y 10 d. C., en Tarso de Cilicia (actual Turquía centro-meridional) y murió probablemente entre los años 58 y 67 en Roma. Fue un agitador político-religioso judío de ciudadanía romana que introdujo la subversión cristiana al continente europeo. Fue el principal ideólogo del cristianismo y el mayor responsable de su expansión por el mundo antiguo. La influencia de Pablo en el pensamiento cristiano es reconocida como más significativa que la de cualquier otro escritor del Nuevo Testamento.

Biografía

Saulo era un judío fariseo, descendiente de la tribu de Benjamín y educado en Jerusalén bajo la escuela del famoso rabino Gamaliel, mencionando esto último como algo de lo que se sentía orgulloso (Fil 3:5). En un principio, en el nombre de las autoridades del judaísmo oficial, se dedicó a perseguir con fiereza a los cristianos primitivos, es decir, a los miembros heréticos de la nueva secta judaica.

Sin embargo, tras una gran revelación, narrada en el Nuevo Testamento en forma de una "visión mística" durante su trayecto hacia Damasco, Saulo repentinamente cambia su postura hacia el cristianismo, decidiendo, además, que es una doctrina válida para ser predicada a los gentiles, esto es, a los no-judíos (goyim), reivindicando para sí mismo el título de "Apóstol de los gentiles".

El contexto histórico de la época ofrece la clave de este repentino y aparentemente "milagroso" cambio. Recordemos que Roma era odiada a muerte tanto por Saulo como por casi todos los judíos de su tiempo, resentidos por la ocupación de las legiones, las terribles guerras judeo-romanas y las deportaciones. Saulo, quien conocía de primera mano el grave efecto cismático y conflictivo que la nueva doctrina cristiana causaba entre los mismos judíos, pensó que también podría causar una devastación terrible en Roma. Saulo fue un individuo extremadamente astuto que aprovechó los efectos de la predicación cristiana para subvertir los valores y las tradiciones del mundo europeo.

Hasta su viaje, tiempo después de la muerte de Jesús, para ser cristiano era imprescindible ser judío circuncidado (Romanos 15:8), ortodoxo y observante.

Según el capítulo 10 de los Hechos de los apóstoles, el primer gentil en convertirse al cristianismo fue un centurión romano llamado Cornelio el Centurión que fue bautizado por Simón Pedro. Pero fue principalmente a partir de las enseñanzas de Pablo de Tarso que el cristianismo comienza a ser formalmente predicado a los no judíos.

Saulo, ahora Pablo, establece numerosas comunidades cristianas en Asia Menor y en el Egeo, desde las cuales se predicará la "buena nueva" y donde la secta judía comienza a adquirir influencias helenísticas. Posteriormente, se fundan numerosos centros de predicación en Noráfrica, Siria y Palestina, pasando inevitablemente a Grecia y a Roma.

Su ciudadanía romana le permite viajar libremente por todo el Imperio Romano y con ello contactar a gente muy diversa y facilitar geográficamente la propagación de sus enseñanzas.

Debido a su doctrina de salvación, el cristianismo resulta extremadamente atractivo para las masas de esclavos, expandiéndose rápidamente entre las capas más bajas e ignorantes de la población del Imperio, que eran las capas étnicamente más orientalizadas, y posteriormente esparciéndose por todo el mundo antiguo.

La razón fundamental de su éxito se debió a la fórmula que el cristianismo les proporcionaba: "Dios ha llamado a los pecadores, a los pobres, a los débiles, a los enfermos, y a los desposeídos, para que vivan la vida eterna en el Reino de los Cielos":

No ha hecho Dios necedad la sabiduría de este mundo?... pues no hay entre vosotros muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles. Antes eligió Dios la necedad del mundo para confundir a los sabios, y eligió Dios la flaqueza del mundo para confundir a los fuertes; y los plebeyos, el desecho del mundo, lo que no es nada, lo eligió Dios para destruir lo que es, para que nadie pueda gloriarse ante Dios.
I Corintios, 1: 20, 21, 26, 27, 28 y 29

Y en otra parte consolida el igualitarismo como característica fundamental del cristianismo:

Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.
Gálatas 3:28.

Debido a su condición de ciudadano romano, Pablo no fue crucificado sino ejecutado mediante decapitación en Roma bajo el gobierno de Nerón, durante una purga de agitadores judíos.

Referencias

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