Agustín Muñoz Grandes

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Agustin Muñoz Grandes

Agustín Muñoz Grandes (Madrid, 27 de enero de 1896-Madrid, 11 de julio de 1970) fue un militar y político español, conocido por haber tenido un papel relevante durante la Guerra Civil Española y el Franquismo, así como en la División Azul durante la Segunda Guerra Mundial.

Militar veterano de la Guerra del Rif, tras la proclamación de la Segunda República fue el fundador y primer jefe de la Guardia de Asalto. Tras el estallido de la Guerra Civil se unió a los nacionales, llegando a mandar varias unidades militares a lo largo de la contienda; tras el final de las hostilidades alcanzó la graduación de general de brigada. Recién instaurada la régimen franquista, fue nombrado Ministro-secretario general de FET y de las JONS, si bien las discrepancias internas con otros jerarcas del régimen le llevaron a presentar la dimisión a comienzos de 1940.

En el verano de 1941, recibió el mando de la 250.ª División de Infantería, llamada oficialmente en España División Española de Voluntarios y en Alemania 250 Infanterie-Division —más conocida como «División Azul»— que fue enviada al frente ruso en apoyo de la Wehrmacht alemana. Muñoz Grandes ganó una gran popularidad como jefe de esta unidad tanto en España como en Alemania, llegando a ser condecorado por el propio Adolf Hitler. A su regreso a España, ocuparía puestos relevantes en el seno del Franquismo, siendo capitán general de la Región militar de Madrid, ministro del Ejército o jefe del Alto Estado Mayor. En 1962, Franco le designó vicepresidente del Gobierno, lo que le convirtió en una de las figuras más importantes del régimen. Hasta su fallecimiento, en 1970, fue una figura pública de gran prestigio y relevancia.

Biografía

Carrera militar

Agustín Muñoz Grandes nació en Carabanchel Bajo, provincia de Madrid, en el seno de una familia humilde. Siendo todavía un adolescente, en 1913 ingresó en la Academia de Infantería de Toledo, de la que entonces era jefe el coronel José Villalba Riquelme. A los dos años de su graduación, en 1915, se traslada al frente marroquí, donde permanecerá largo tiempo. Muñoz Grandes destacó en 1924 durante la retirada de Xauen. Al año siguiente fue gravemente herido, al recibir un impacto en el pecho en la batalla de Alhucemas. Rechazó ser ayudante del rey Alfonso XIII y prefirió seguir en la harka.

Tras la proclamación de la Segunda República, en 1931 asciende en la escala militar —al rango de teniente coronel— y pasa a estar adscrito al Cuerpo de Seguridad. El 23 de septiembre de 1933 fue nombrado por el gobierno de Manuel Azaña primer jefe y fundador del Cuerpo de Seguridad y Asalto, más conocida popularmente como «Guardia de Asalto». Muñoz Grandes organiza el cuerpo en apenas tres meses. Permaneció al frente del nuevo organismo policial republicano hasta finales de 1935. Para su nombramiento influyó la gran fama adquirida al organizar y dirigir las tropas regulares de Marruecos.

Desempeñó el puesto de Delegado de Asuntos indígenas en Marruecos, entre 1935 y 1936.

Papel en la Guerra Civil Española

Aunque trató de huir al comienzo de la Guerra Civil Española, fue rápidamente localizado y encarcelado en la cárcel Modelo de Madrid. Condenado a nueve años de prisión por los rojos, su pena fue rebajada a dos años y medio y, posteriormente —por la mediación de los generales Miaja y Rojo— fue indultado y se llegó a plantear ingresar en el Ejército Popular. El 21 de marzo de 1937 se trasladó a Valencia para incorporarse a dicho ejército y aprovecha la circunstancia para fugarse a la zona nacional. El 1 de abril se encuentra ya en ella. Posteriormente pasó a dirigir la II Brigada Navarra, al frente de la cual intervino en la Batalla de Santander. El 9 de marzo de 1938 fue nombrado comandante de la 150.ª División. Al frente de esta unidad participó en la Ofensiva de Aragón, teniendo una destacada intervención durante la Batalla de Caspe frente las a tropas de las Brigadas Internacionales. Los avances de Muñoz Grandes le llevaron a entrar en Cataluña y alcanzar el río Segre.

Ascendido en la escala militar, posteriormente pasó a mandar el recién constituido Cuerpo de Ejército Urgel, con el que tomó parte en la Campaña de Cataluña. La ofensiva comenzó a finales de diciembre de 1938 y sus tropas intervinieron en la ruptura de las líneas defensivas republicanas en el río Segre. A comienzos de enero habían logrado tomar Artesa de Segre, un importante centro de comunicaciones, tras lo cual se derrumbó el frente. Hacia el final de la contienda ostentaba el rango de coronel, aunque tras la guerra fue ascendido a general de brigada.

Posguerra

El 9 de agosto de 1939 Francisco Franco constituyó su segundo gobierno, en el que Muñoz Grandes fue nombrado Secretario general de FET y de las JONS, con rango ministerial, en sustitución de Raimundo Fernández-Cuesta. Aunque era furibundamente antimonárquico, Muñoz Grandes no era ni tradicionalista ni un antiguo falangista de primera hora, y no tenía experiencia política alguna. Por eso, su nombramiento fue una auténtica sorpresa. En el nuevo Consejo Nacional de FET y de las JONS, Muñoz Grandes ocupaba el tercer puesto en importancia, tras Ramón Serrano Suñer y Pilar Primo de Rivera. Sin embargo, no pasó mucho tiempo hasta que acabó teniendo tensas relaciones tanto con Serrano Suñer —jefe de la Junta Política— como con Pedro Gamero del Castillo, vicesecretario del partido. Serrano Suñer era el verdadero hombre fuerte en el partido único.

Poco después de ser nombrado, designó nuevos cargos en el seno de la Falange: Ricardo Giménez-Arnau fue puesto al frente de la Falange Exterior, y Gerardo Salvador Merino fue nombrado delegado nacional de Sindicatos. Durante el tiempo en que estuvo al frente del partido único, Muñoz Grandes llegó a esbozar un plan que buscaba la reconciliación nacional entre los partidarios de Franco y los antiguos partidarios de la República. El plan buscaba la reintegración de todos los rojos y/o miembros del Ejército republicano que no hubieran cometido delitos de sangre, contando con la asistencia de la Falange. Cuando planteó esta idea en el Consejo de ministros, comprobó que era el único ministro que apoyaba el plan. Frustrado por este y otros esfuerzos fallidos, Muñoz Grandes acabaría presentando su dimisión en marzo de 1940.

Más tarde fue nombrado comandante de la 22.ª División y jefe de la comandancia militar del Campo de Gibraltar. Desde tiempo atrás, Agustín Muñoz Grandes era conocido por ser un militar germanófilo que simpatizaba con el nacionalsocialismo alemán. Aprovechando que estaba al frente de la comandancia militar del Campo de Gibraltar, los alemanes contaban con su entusiasta colaboración en caso de que se desarrollara la llamada Operación Félix, el plan de Hitler para capturar la base británica de Gibraltar. La operación, sin embargo, no llegó a desarrollarse y el asalto sobre Gibraltar fue abandonado debido a la neutralidad española en la contienda mundial. Muñoz Grandes, conocido por ser un entusiasta partidario del Eje, mantuvo contactos con agentes alemanes durante su paso por el Gobierno militar del Campo de Gibraltar.

División Azul

El comandante de la División Azul, Agustín Muñoz Grandes es recibido por el Führer, Adolf Hitler en la Wolfsschanze en 1942

En julio de 1941, tras la Invasión alemana de la URSS, el Caudillo Francisco Franco le situó al frente de la unidad de voluntarios españoles que iba a combatir con Alemania en la Unión Soviética, la llamada División Azul. Este nombramiento le concedió a Muñoz Grandes una gran popularidad y se convirtió en el centro de atención.

Meses más tarde, el comandante de la flamante División Azul llegó a mantener una entrevista con el Führer alemán Adolf Hitler en su cuartel general de Rastenburg, también conocido como la «Guarida del lobo». Por sus hechos de armas fue condecorado por Hitler con la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro con hojas de roble, una de las más altas condecoraciones militares alemanas. El Führer, sabía que Muñoz Grandes era un entusiasta partidario de que España entrase en la guerra, y que de hecho constituía un potencial reemplazo del propio Franco en la dirección del país. Un joven oficial español Víctor José Jiménez y Malo de Molina y Hans Hoffmann habrían actuado de traductores entre Hitler y Muñoz Grandes. Franco se enteró del contenido de las conversaciones que el comandante de la División Azul mantuvo con el Führer y decidió destituir a Muñoz Grandes como jefe de la división. No obstante, las presiones de Hitler sobre Franco retrasaron durante varios meses su cese como jefe de la división, debido al interés del Führer por aumentar el prestigio militar de Muñoz Grandes. Finalmente, en diciembre de 1942 fue destituido y sustituido por el general Emilio Esteban Infantes, un militar conservador que no compartía muchos de los puntos de vista de su predecesor.

Cuando Muñoz Grandes regresó a España en 1943, fue ascendido a teniente general y nombrado jefe de la Casa Militar de Franco. El Caudillo también le condecoró con la Gran Cruz de la Orden Imperial de las Flechas Rojas, así como con la Palma de Plata, la máxima distinción falangista. No obstante, conviene hacer notar que, con el mentado ascenso, Muñoz Grandes dejaba de tener mando sobre tropas. Así pues, en un solo movimiento Franco le había agasajado y situado a su lado, al mismo tiempo que lo había anulado políticamente. Hasta el final de la contienda mundial no volvió a ostentar mando de tropas. En marzo de 1945 fue nombrado comandante de la importante Región militar de Madrid.

Carrera posterior en el Franquismo

Tras la Segunda Guerra Mundial estuvo al frente de la I Región Militar durante algunos años. El 18 de julio de 1951 Francisco Franco formaba su octavo Gobierno, el del nuevo concordato con la Santa Sede y los acuerdos con los Estados Unidos, el mismo que el 1 de mayo de 1952 dio el tercer indulto general. En este gobierno Muñoz Grandes ocupó la cartera de ministro del Ejército, posteriormente alcanzó el grado de capitán general, ocupando el número 52 desde la institución del cargo por el monarca Carlos III.

El gobierno de Franco necesitaba urgentemente para salir de su aislamiento internacional que los Estados Unidos reconsideraran su postura y dejaran de apoyar al mismo. Por ello el Caudillo le encomendó una misión militar y diplomática muy delicada: negociar los acuerdos con Estados Unidos. A pesar de su nuevo papel de diplomático para ganarse el favor de los estadounidenses, el general Agustín Muñoz Grandes no olvidó su papel como comandante de la División Azul durante los años de la Segunda Guerra Mundial, jamás renegó ni se distanció de sus heroicos camaradas nacionalsocialistas alemanes y siguió admirando a Adolf Hitler hasta su muerte. Llegando incluso a presentarse en Washington luciendo orgullosamente la cruz gamada de la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro con hojas de roble con la que el Führer le condecoró en persona.

Mal administrador del Ministerio del Ejército, en 1957 fue sustituido por el general Antonio Barroso. Pasó entonces a estar al frente del Alto Estado Mayor. En julio de 1962 fue nombrado vicepresidente del gobierno, el primero desde la institucionalización del franquismo. Su nombramiento como vicepresidente fue significativo, ya que recientemente el Caudillo había sufrido un accidente de caza y su salud había resultado afectada. En 1967 fue sucedido por el almirante Luis Carrero Blanco. Falleció en Madrid el 11 de julio de 1970, tras estar un año ingresado en hospital por grave enfermedad, a causa de una insuficiencia cardio respiratoria. Sus funerales fueron con gran solemnidad que incluyeron representaciones internacionales, siendo enterrado en el cementerio de Carabanchel Bajo.

El día de su sepelio una gran multitud de todas las clases sociales, políticos, diplomáticos, obreros, estudiantes, camisas azules, rostros curtidos de veteranos de varias campañas y muchas mujeres que lloraban abiertamente la pérdida de un caballero intachable que rindió culto a la familia, inculcando en el seno de su hogar las grandes virtudes que formaron su vida ejemplar, la que en los campos de batalla cosechó tantos laureles y fue el Jefe querido y admirado en las batallas incruentas.

Porque era valeroso, nunca hizo alarde de valor. Porque era popular, en el más puro y exigente sentido de esta palabra, le asqueaba la zafiedad y la chabacaneria. Se sentía orgulloso de su Patria y de sus hombres. Nació y vivió para el pueblo. Por ello murió en olor de multitudes, como los héroes.

Sentimientos cristianos

De sus sentimientos cristianos y gran humanidad, sucedió al finalizar la guerra el siguiente hecho: se celebraba en Madrid un Consejo de Guerra contra un anarquista, Melchor Rodríguez, que había desempeñado el cargo de Director General de Prisiones durante la guerra y al que el General le debía en cierto modo la vida. Al finalizar el Consejo, el Presidente, por formulismo, preguntó en voz alta, si había algún testigo. Una voz entre el público, contestó "yo". El Presidente preguntó su nombre, respondiendo: "Agustín Muñoz Grandes". De nuevo pregunta el Presidente: "Profesión?", contestando "General del Ejército Español".

La declaración del General hizo que quedase la condena en su grado mínimo. Melchor Rodríguez no sólo salvó la vida, sino que encontró, más que un amigo, a un hermano.

Condecoraciones

Enlaces externos

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