COVID-19

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Virus SARS-CoV-2, causante de la enfermedad COVID-19.

El COVID-19 (acrónimo del inglés coronavirus disease 2019), es una enfermedad infecciosa causada por el virus SARS-CoV-2.​ Se detectó por primera vez en la ciudad china de Wuhan (provincia de Hubei) en diciembre de 2019. Habiendo llegado a más de 100 territorios, el 11 de marzo de 2020 la Organización Mundial de la Salud la declaró pandemia.[1]

Hasta el 9 de junio de 2020, el número de casos es de 7,009 millones, de los cuales, los enfermos activos es de casi 3,465 millones, los recuperados suman unos 3,140 millones con unos de 402.730 muertos en todo el mundo.[2] No existe tratamiento específico; las medidas terapéuticas principales consisten en aliviar los síntomas y mantener las funciones vitales.

Síntomas

Produce síntomas similares a los de la gripe, entre los que se incluyen fiebre, tos seca, disnea, mialgia y fatiga. En casos graves se caracteriza por producir neumonía, síndrome de dificultad respiratoria aguda,​ sepsis[3] y choque séptico que conduce a alrededor del 3 % de los infectados a la muerte.

Los síntomas aparecen entre dos y catorce días, con un promedio de cinco días, después de la exposición al virus.

Transmisión

La transmisión del SARS-CoV-2 se produce mediante pequeñas gotas —microgotas— que se emiten al hablar, estornudar, toser o espirar, que al ser despedidas por un portador (que puede no tener síntomas de la enfermedad o estar incubándola)​ pasan directamente a otra persona mediante la inhalación, o quedan sobre los objetos y superficies que rodean al emisor, y luego, a través de las manos, que lo recogen del ambiente contaminado, toman contacto con las membranas mucosas orales, nasales y oculares, al tocarse la boca, la nariz o los ojos.​ Esta última es la principal vía de propagación, ya que el virus puede permanecer viable hasta por días en los fómites (cualquier objeto carente de vida, o sustancia, que si se contamina con algún patógeno es capaz de transferirlo de un individuo a otro).

Existe evidencia limitada que sugiere que el virus podría transmitirse uno o dos días antes de que se tengan síntomas, ya que la viremia alcanza un pico al final del período de incubación.

Prevención

El contagio se puede prevenir con el lavado de manos frecuente, o en su defecto la desinfección de las mismas con alcohol en gel, cubriendo la boca al toser o estornudar, ya sea con la sangradura (parte hundida del brazo opuesta al codo) o con un pañuelo y evitando el contacto cercano con otras personas, entre otras medidas profilácticas, como el uso de mascarillas. La OMS desaconsejaba en marzo la utilización de máscara quirúrgica por la población sana, en abril la OMS consideró que era una medida aceptable en algunos países. No obstante, ciertos expertos recomiendan el uso de máscaras quirúrgicas basados en estudios sobre la Influenza H1N1, donde muestran que podrían ayudar a reducir la exposición al virus.​ Los CDC recomiendan el uso de mascarillas de tela, no médicas.

Pandemia

El 11 de marzo de 2020 la Organización Mundial de la Salud la declaró pandemia.[1]

Origen

Tuvo su inicio al ser identificado el virus por primera vez en diciembre de 2019 en la ciudad de Wuhan,​ capital de la provincia de Hubei, en China, cuando se reportó a un grupo de personas con neumonía de causa desconocida, vinculada principalmente a trabajadores del mercado mayorista de mariscos de dicha ciudad.

Para el 20 de diciembre la nueva "neumonía de origen desconocido" afectaba ya a al menos 60 personas. Muchas de ellas habían frecuentado un mercado mayorista que comercializa pescado, pollos, gatos, faisanes, murciélagos, marmotas, culebras venenosas, ciervos, órganos de conejos y otros animales salvajes, por lo que surgió la sospecha de que el patógeno fuera un nuevo tipo de coronavirus de fuente animal.

El mercado donde se sospecha que se originó el brote fue cerrado el 1 de enero de 2020 y las personas con síntomas fueron aisladas. Más de 700 personas, incluyendo más de 400 trabajadores de la salud que tuvieron contacto con los casos sospechosos, fueron puestos bajo observación en el momento.

Los coronavirus circulan principalmente entre animales, pero han evolucionado e infectado a los humanos (convirtiéndolo así en un virus zoonótico), como se ha visto en el SARS, MERS y otros cuatro tipos de coronavirus encontrados en humanos que causan síntomas respiratorios similares a los del resfriado común. Los seis tipos de coronavirus conocidos hasta ahora se pueden contagiar de humano a humano.

El 30 de diciembre, un grupo de médicos del Hospital Central de Wuhan, liderado por la doctora Ai Fen, lanzó una alerta sobre un "coronavirus similar al SARS". Ocho de estos médicos fueron arrestados bajo la acusación de difundir falsos rumores por parte de gobierno comunista chino, entre los cuales se encontraba el doctor Li Wenliang.

Sin embargo, la alta transmisión del virus hizo que sea imparable de contener y evitar la propagación de forma disimulada por del gobierno chino, la enfermedad se propagó fuera de la ciudad hacia el resto del país y a posterior al extranjero llegando al resto del mundo..

Expansión

El ritmo de propagación se caracteriza por un patrón lento al comienzo, dando una sensación de confianza de que no es un problema grave, sin embargo la enfermedad tiene un alto número de enfermos asintomáticos que circulan sin tener síntomas pero que se encuentran enfermos y contagian la enfermedad al resto de la población. El ritmo de contagios se acelera para tomar un ritmo "exponencial" después, donde el crecimiento de los casos crece y el ritmo de personas graves empiezan a llenar el centros de salud, para cuando el gobierno y la población quieren reaccionar, el ritmo de contagios se vuelve imparable y los sistemas de salud colapsan. Debido a esto, muchos países han optado por cuarentenas forzadas a su población para evitar un crecimiento brusco y exponencial.

Impacto socioeconómico

Ver: "Gran Confinamiento"
Parodia de las compras de pánico. Ilustración de David Dees.

La pandemia de enfermedad por coronavirus ha provocado un impacto socioeconómico global, provocado por el efecto sanitario de la propia enfermedad y por los esfuerzos por controlar su expansión.

La pandemia se convirtió en el «cisne negro» de 2020 y produjo el colapso del mercado de valores de 2020, una de las caídas más rápidas de la historia, durante los meses de febrero y marzo.

En muchos países cuando la epidemia se limitaba casi exclusivamente a China, hubo informes generalizados de escasez de suministro de productos farmacéuticos,​ electrónicos ​y otros productos manufacturados debido a la paralización de numerosas fábricas en China.​ En ciertas localidades del resto del mundo​ se observaron compras de pánico y la consiguiente escasez de comida y otros artículos esenciales de abastecimiento.

La caída de la demanda de materias primas por el parón de actividad económica ha llevado a fuertes caídas de precios, en particular del petróleo, lo cual perjudica a los países y empresas productores y beneficia a los consumidores.

Artículos de opinión

Hay que darle el nombre adecuado al virus que está causando la pandemia mundial: El virus del PCCh, por Junta Editorial de The Epoch Times

Últimamente ha habido bastante controversia sobre cómo llamar al virus que ha desatado una pandemia mundial. El Partido Comunista Chino (PCCh) prefiere llamarlo el “nuevo coronavirus”. Otros se han referido a él como el “virus de Wuhan”, por su lugar de origen, como es común en la denominación de las enfermedades.

The Epoch Times sugiere que un nombre más exacto es el “virus del PCCh”, y convoca a otros a adoptar este nombre.

El nombre hace responsable al PCCh por su desprecio a la vida humana y el consiguiente surgimiento de una pandemia que ha puesto en peligro a un gran número de países de todo el mundo, a la vez que ha creado un temor generalizado y ha devastado las economías de las naciones que intentan hacer frente a esta enfermedad.

Después de todo, los funcionarios del PCCh sabían a principios de diciembre que el virus había aparecido en Wuhan, pero ocultaron la información durante seis semanas. Arrestaron a quienes intentaron advertir del peligro, acusándolos de propagar “rumores”, y emplearon la rigurosa censura del régimen para impedir que los medios de comunicación cubrieran la noticia y para eliminar cualquier mención al respecto en las redes sociales.

Lo que pudo haber sido contenido se permitió que se esparciera silenciosamente, y pronto apareció en toda China. Las personas que podrían haberse protegido se convirtieron en víctimas, en números mucho mayores que los que el PCCh ha admitido. A finales de enero, hubo informes de que todos los crematorios de Wuhan funcionaban las 24 horas del día, siete días a la semana, para ocuparse de la gran cantidad de cadáveres.

Mientras tanto, las medidas tomadas para poner en cuarentena y tratar a la población de Wuhan fueron grotescamente inhumanas. Se soldaron edificios de apartamentos para que la gente no pudiera salir. Se crearon “hospitales” temporales que en realidad servían como cárceles para aquellos que se creía que estaban enfermos con el virus. Encerrados en estos lugares, sin tratamiento médico y con poca comida, los desafortunados quedaron atrapados allí hasta la muerte.

Al mentir sobre el peligro que enfrentaba China, el PCCh actuó según su guión habitual. La narrativa dominante del PCCh es que el Partido es “grande, glorioso y correcto”. La presencia del mortal virus del PCCh en Wuhan, o, en 2003, del virus del SARS, no encaja con el guión. Al igual que con el SARS, la primera respuesta fue la negación.

Pero al tratar con este virus, la negación no es aceptable. El mundo necesita saber su origen, y el PCCh se ha negado a cooperar. A los expertos externos no se les ha permitido entrar en Wuhan.

Y hay una comprensible preocupación por las actividades del Instituto de Virología de Wuhan, el único laboratorio P4 de China, destinado a trabajar con patógenos de fácil transmisión que pueden causar enfermedades mortales. Como las narrativas oficiales ofrecidas sobre la fuente del virus han sido refutadas, se han planteado preguntas sobre si el virus del PCCh se filtró del instituto.

En cualquier caso, como las preguntas sobre el origen del virus han quedado sin respuesta, el PCCh ha comenzado a lanzar acusaciones descabelladas de que Estados Unidos es el culpable. Esto ha sido recibido en todo el mundo con perplejidad, y hasta con ridículo. El presidente Donald Trump ha contrarrestado llamándolo “virus chino”.

Pero probablemente el PCCh haya hecho estas acusaciones sobre la responsabilidad de EE.UU. para su audiencia nacional. El PCCh ha victimizado al pueblo chino con su primera negación del virus y ahora trata de victimizarlo de nuevo empujando la responsabilidad de sus acciones a otros.

Y esto indica por qué se necesita el nombre de “virus del PCCh”, para distinguir a las víctimas de los victimarios. El pueblo de Wuhan y el de China son víctimas de la arrogancia e incompetencia del PCCh, expresadas en esta pandemia viral.

El nombre de virus del PCCh también suena como una advertencia: aquellas naciones e individuos cercanos al PCCh son los que sufren los peores efectos de este virus, como se ve en las furiosas infecciones en el aliado cercano del PCCh, Irán, y en Italia, la única nación del G-7 que se ha adherido a la Iniciativa la Franja y la Ruta. Taiwán y Hong Kong, que son muy escépticos con respecto al PCCh, han tenido relativamente pocas infecciones.

Finalmente, el virus del PCCh le recuerda a la gente del mundo que la fuente del virus es el mal en sí mismo. Este es un virus comunista, y con el nombre de virus del PCCh, The Epoch Times le recuerda al mundo la cura: rechazar al PCCh.

Referencias

Enlaces externos

Videos

El coronavirus sigue los vínculos con la China comunista

¿Por qué Italia e Irán, que se encuentran a miles de kilómetros de China, son los dos países más afectados por el coronavirus? En cambio Taiwán, que se encuentra cerca de China, solo tiene 50 casos hasta la fecha. ¿Qué fue lo que hizo de manera diferente?


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Según un documento interno obtenido por The Epoch Times, el departamento de propaganda en la provincia de Hubei, afectada por el virus, ha contratado a más de 1,600 censores para limpiar el Internet de información “sensible” relacionada al brote de coronavirus.

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