Antipaganismo
El término antipaganismo se refiere a todas las creencias o formas de pensamiento que se oponen activamente a las expresiones étnico-religiosas o paganas, principalmente aquellas asociadas al culto a la naturaleza, como lo son las religiones europeas.
El antipaganismo es inherente a grupos religiosos de índole monoteísta abrahámico (judío, islámico o cristiano) ya que éstos no conciben el politeísmo o la existencia de otras divinidades, a las cuales denigran como "ídolos", "falsos dioses" o "demonios", tal pensamiento ha sido acompañado históricamente de una violenta persecución hacia los paganos con el fin de su destrucción o exterminio.
Tales grupos sectarios lucran con la fe y el capital de los sectores analfabetas e ignorantes de la población, predican y realizan el ejercicio de la persecución hacia las distintas religiones y dentro de la misma.
Sumario
Fuentes del antipaganismo
Judaísmo
El judaísmo aborrece y condena a todas las demás religiones, o 'cultos extranjeros' (en hebreo: avodah zarah, עֲבוֹדָה זַרָה) como "idolatría" e incita abiertamente a su destrucción:
Tanaj
Asera es la diosa madre de la religión cananea, y en este texto los troncos sagrados simbolizan a esta diosa.
Los sacerdotes y chamanes de otras religiones son considerados hechiceros y de ellos escriben:
Asimismo, se condena como "abominaciones" tanto la astrología como la adivinación, que eran practicadas especialmente por los babilonios, griegos y romanos.
Las costumbres de los demás pueblos son vanas e inferiores a las de los judíos:
El judaísmo prohíbe la elaboración de imágenes o estatuas (aniconismo e iconoclasia) por lo que las imágenes religiosas son consideradas "idolatría" y de ellas dicen:
Literatura rabínica
El tratado Avodah Zarah del Talmud, proporciona instrucciones detalladas sobre cómo desecrar estatuas y cómo se considera anulado un ídolo pagano:
También dice que un judío no puede revocar el estado de adoración de un ídolo, y sólo un gentil puede hacerlo:
En un un comentario de la Torá, aproximadamente en el año 1611, el rabino Isaiah HaLevi Horovitz escribió al respecto que para que la destrucción de la deidad de un gentil sea efectiva y total, debe realizarla el mismo gentil:
En Mishneh Torah, el rabino Maimónides escribe sobre cómo destruir o anular un ídolo, y que esto no puede ser realizado por un judío sino que debe hacerlo un gentil:
En uno de los tratados menores del Talmud se lee:
Testimonios paganos
Se conservan algunos testimonios de la antigüedad sobre cómo los judíos despreciaban a la religión europea y a sus dioses:
Cristianismo
El odio tradicional del cristianismo contra el paganismo deriva de las enseñanzas judías del Antiguo Testamento el cual adopta como uno de sus libros sagrados.
Pablo de Tarso, en su intento de demonizar las religiones no judeocristianas, escribe que los cultos de los gentiles son demoníacos:
El teólogo cristiano Orígenes (185-254), también identifica a los dioses paganos como "demonios", término que en el contexto cristiano es usado para referirse a entidades maléficas:
El obispo de Milán, san Ambrosio (340-397), siguiendo a Orígenes, también dijo: "Pues los "dioses de los paganos no son sino demonios", como dice la Sagrada Escritura. Así pues, todo el que sea soldado del Dios verdadero no ha de dar pruebas de tolerancia y de condescendencia, sino de celo por la fe y la religión".
Agustín de Hipona (354-430) llamó como "superstición" a las «supervivencias» del culto pagano que subsistían, tras el triunfo político del cristianismo. Y, más específicamente, superstición era todo resto de veneración a un ser creado, fuera este ídolo, hombre, animal, planta, astro u objeto. Afirmó ante una congregación en Cartago:
Entre 412 y 426, Agustín de Hipona escribió su famosa obra apologética de 22 libros titulada De civitate Dei contra paganos (La Ciudad de Dios) donde intenta refutar la acusación de que el saqueo de Roma de 410 fue un castigo divino por abandonar el culto tradicional a los dioses que la protegían en favor del cristianismo y afirma pretenciosamente que éste no es responsable de su declive sino de su éxito.
Durante el Imperio romano tardío, los cristianos destruyeron los templos paganos, mutilaron y desfiguraron las estatuas paganas y las inscripciones, exactamente bajo la misma forma como indica el Talmud sobre la anulación de ídolos.
Muchas veces el cristianismo intentó asociar el paganismo a prácticas deshonrosas y aberrantes como forma de propaganda y difamación. El obispo Procopio de Cesarea (ca. 500-560) escribió en De Bello Gothico contra los hérulos afirmando que éstos practicaban entre los guerreros, rituales sexuales de toda índole imaginable: homosexualismo, pederastia y bestialismo:
Islam
Los musulmanes también odian a los paganos (Mushrikun en árabe), ya que ellos, según el Corán, son impuros[10] y, por lo tanto, indignos de vivir en la tierra de Alá. Por lo tanto, los musulmanes deben matarlos, a menos que se arrepientan, realicen oraciones y paguen limosna-impuesto (zakat):
Al igual que el judaísmo, el islam es iconoclasta y aborrece cualquier representación religiosa por lo que también enseña en los hadices que deben ser destruídas:
Igualmente, esto se basa en que Alá es el único dios:
En la actualidad
Grecia
En la Grecia moderna, la Iglesia Ortodoxa Griega tiene el estatus de religión estatal y, en consecuencia, las religiones nativas como el paganismo helénico son sujetas a constantes ataques.
A La Sociedad Griega de Amigos Áticos, que declara que tiene 40,000 miembros, se les negó el reconocimiento como una religión legal, así como el derecho de construir un templo en Atenas y utilizar templos existentes para el culto.
En 2006, un tribunal de Atenas ordenó abolir la prohibición sobre el culto de los antiguos dioses griegos y el tribunal reconoció un lugar de culto. Refiriéndose a los seguidores, el padre Eustathios Kollas, que preside una comunidad de sacerdotes ortodoxos griegos, dijo: "Son un puñado de miserables resucitadores de una religión muerta degenerada que desean regresar a los monstruosos delirios oscuros del pasado".
Liga Antidifamación Judía
La Liga Antidifamación publica una lista de símbolos entre los cuales abundan los paganos europeos y a los que califica como "símbolos de odio"[13] ya que muchos grupos nacionalistas europeos, como los nacionalsocialistas, los han utilizado extensamente para reivindicar sus raíces nacionales.
Centro de Asuntos Públicos de Jerusalén
El judío Dr. Manfred Gerstenfeld, en un artículo titulado: El neopaganismo en la plaza pública y su relevancia para el judaísmo, escribe sobre el total antagonismo entre el judaísmo y el paganismo, entre las leyes judías y las leyes de la naturaleza, retratando al politeísmo bajo una visión muy sesgada:
David Greenberg
El libro del judío David Greenberg, La construcción de la homosexualidad, es un panfleto LGBT donde escribe sin ningún fundamento real que el dios nórdico Odín "bebe semen de los hombres colgados", atribuyéndole así rasgos homosexuales, por lo cual se trata de un texto difamatorio antipagano.
Este libro es citado frecuentemente como fuente por cristianos antipaganos de corriente "alt right" o extrema derecha para argumentar que la religión germánica es en esencia "degenerada".
El estudio y la investigación de las religiones paganas está prohibido por el judaísmo.[15]
Pagan Threat
En el libro Pagan Threat: Confronting America's Godless Uprising, el pastor Lucas Miles presenta un ataque a lo que considera un resurgimiento de "ideologías paganas" en la sociedad estadounidense, vinculando o identificando falazmente el paganismo con el progresismo o el wokismo. La obra fue promocionada por figuras como Charlie Kirk, quien en el prólogo describe a Miles como "un guerrero valiente por Cristo".
El libro ha alcanzado el puesto número uno en varias categorías de Amazon desde su lanzamiento en septiembre de 2025 y ha sido bien recibido en ciertos círculos neoconservadores.
El libro parte de la falsa premisa de que el paganismo representa un "relativismo moral" o rechazo de normas absolutas. Luego equipara esta "flexibilidad moral" con valores progresistas contemporáneos, como ideología de género, derechos LGTB+, ambientalismo o pluralismo cultural.
Se sugiere que un resurgimiento del interés en prácticas paganas o en espiritualidades alternativas está vinculado a la proliferación de los movimientos anticulturales woke, ignorando que el wokismo es un fenómeno que ha afectado múltiples ámbitos sociales, culturales, políticos y religiosos, incluyendo al paganismo tradicional dando origen a un falso paganismo.
Al equipararlos, el libro construye un “enemigo” fácil de demonizar: el pagano se convierte automáticamente en progresista, y el progresista se percibe como pagano lo que facilita la polarización, ignorando la complejidad de ambos fenómenos y distorsiona la realidad.
Por ello, existen serias preocupaciones entre la derecha pagana de que la retórica utilizada podría radicalizar a lectores cristianos que, de otro modo, mantendrían una postura moderada, y potencialmente incitar al acoso y la violencia contra los etnonacionalistas paganos, lo que en términos prácticos, está alineado a la agenda judía universalista del noajismo.
Contrariamente a esta narrativa, varios analistas y filósofos han señalado que el progresismo moderno puede entenderse en realidad como una manifestación y continuidad secular del cristianismo conocida como neocristianismo, ya que promueve valores éticos centrales del cristianismo como el igualitarismo, la justicia social, y la culpa por un pecado del pasado, aunque sus adherentes no compartan necesariamente la fe o la metafísica cristiana.
Cristianos alt right
Muchos cristianos de la alt right atacan la práctica del paganismo moderno. Su principal argumento consiste en la afirmación de que éste es una forma de larping (live-action role-playing) porque ven a estas prácticas como una supuesta "recreación romántica, idealizada o anacrónica de religiones antiguas" (o "muertas"), en lugar de una continuidad auténtica o "real" de esas tradiciones. Estos antipaganos argumentan que las tradiciones paganas antiguas fueron interrumpidas por la cristianización de Europa, lo que haría imposible una práctica auténtica y ven al paganismo moderno como una invención contemporánea más que una continuación histórica.
También acusan a los movimientos paganos actuales de estar fuertemente influenciados por ideas del romanticismo, la contracultura del siglo XX y la Nueva Era, en lugar de basarse en fuentes históricas fieles. Las religiones paganas antiguas generalmente no dejaron textos sagrados o una estructura formalizada como las religiones abrahámicas, lo que lleva a los antipaganos a pensar que los paganos modernos "inventan" prácticas para llenar los vacíos.
Debido a la popularidad de obras de ficción basadas en mitologías (como libros, videojuegos y películas), algunos asocian el paganismo moderno con un interés por el entretenimiento más que con una espiritualidad auténtica.
Sin embargo, los defensores del paganismo moderno argumentan que las religiones siempre evolucionan y que reinterpretar tradiciones para hacerlas relevantes en el presente es legítimo, como ha ocurrido con muchas otras religiones. Por ejemplo, muchas prácticas modernas del cristianismo, el judaísmo y el islam no existían en sus orígenes. Así, el hecho de que el paganismo moderno incluya interpretaciones nuevas o creaciones no lo invalida como una forma legítima de espiritualidad siempre que esten basadas en los valores históricos que representan.
También destacan que la autenticidad espiritual no requiere una transmisión ininterrumpida de prácticas, sino de la conexión personal y colectiva con los valores y prácticas de la tradición.
El paganismo moderno no es simplemente una invención sin bases, sino una reconstrucción fundamentada en estudios históricos, arqueológicos y antropológicos. Los practicantes investigan cuidadosamente fuentes antiguas, mitos y tradiciones para comprender sus prácticas con el mayor rigor posible. Pero en lugar de ser una simple imitación al pie de la letra, el paganismo moderno es una forma de honrar y mantener vivos los ideales de las antiguas tradiciones adaptándolos a su vida y realidad actual.
La espiritualidad no es algo objetivo como la ciencia, sino una experiencia profundamente personal y subjetiva. Los paganos modernos sostienen que si sus prácticas les brindan sentido, conexión con el mundo natural y un sistema ético, eso es suficiente para legitimarlas, independientemente de las críticas que simplemente no profundizan en el tema y se basan en prejuicios religiosos.
Además el término larper se aplica sólo a personas que no creen en lo que practican, sino que precisamente, se encuentran participando en un juego de rol. Quienes usan el término contra los paganos no están en posición de negar sus experiencias religiosas.
Crítica al paganismo y refutación
A lo largo de la historia, sobre todo desde perspectivas monoteístas abrahámicas (judaísmo, cristianismo, islam), se han formulado varias críticas recurrentes al paganismo.
Idolatría
El abrahamismo afirma que los paganos adoran imágenes de piedra, madera o metal, confundiendo la obra creada con la divinidad. Esta crítica se apoya en pasajes bíblicos como Salmos 115:4-8:
Obra de manos de hombres.
Tienen boca, mas no hablan;
Tienen ojos, mas no ven;
Orejas tienen, mas no oyen;
Tienen narices, mas no huelen;
Manos tienen, mas no palpan;
Tienen pies, mas no andan;
No hablan con su garganta.
Semejantes a ellos son los que los hacen,
O Isaías 44:9-20, donde se denosta la veneración de imágenes.
En realidad, las estatuas o imágenes no son el fin de la adoración, sino vehículos y símbolos visibles que permiten conectar con lo invisible y facilitan la comunicación entre lo humano y lo sagrado. Son representaciones de las fuerzas o presencias divinas, no la divinidad en sí misma.
En ese sentido, el paganismo no incurre en idolatría, sino en una práctica profundamente antropológica: usar la materialidad como puente hacia lo inmaterial.
Adoración de la creación y no del Creador
Otro argumento que suele ser presentado por adherentes de religiones monoteístas es que el paganismo es la adoración de la creación y no del Creador. Este argumento a menudo se utiliza para afirmar la superioridad de estas religiones sobre el paganismo.
Este argumento es un ejemplo de falso dilema pues concluye que la adoración a la naturaleza y la adoración de un creador son mutuamente excluyentes, lo cual es erróneo ya que el paganismo reconoce y adora a una fuerza o entidad suprema, a menudo personificada en deidades principales y considera a la creación como una manifestación directa de la divinidad, por lo que la veneración a la creación es en sí misma una veneración a la divinidad creadora que se manifiesta a través de ella.
Varios dioses significa tener varias moralidades
Otro argumento dice que tener muchos dioses significa que cada quien tiene su propia verdad, su propia moralidad y cada quien pensaría y haria lo que quisiera y existiría un caos moral.
Esto es falso. En las religiones politeístas antiguas, la moralidad no se fragmentaba por concebir varios dioses. Aunque cada deidad tenía atributos o esferas de influencia (guerra, amor, justicia, comercio, etc.), dentro de una sociedad y cultura se compartía un marco común de valores, costumbres, normas y tradiciones éticas claras que daban cohesión social y, por tanto, evitaban el caos moral. La existencia de múltiples dioses no significa que cada uno represente una moral distinta, sino más bien, representan diferentes aspectos de una misma realidad y cosmovisión.
Solo entre pueblos diferentes hay sistemas y moralidades diferentes y eso está bien porque mantiene a cada raza separada y en su lugar. Lo contrario, es decir, tener una sola moral universal, conduce al caos étnico y racial que ya se vive en los estados multiculturales.
Además, se afirma sin fundamento que al tener múltiples dioses, los paganos debieron haber tolerado cualquier creencia o comportamiento.
La creencia de que el politeísmo conduce al relativismo moral absoluto es un malentendido. La multiplicidad de deidades no implicaba que todo estuviera permitido, sino que ofrecía diferentes perspectivas sobre la vida, reforzando valores y responsabilidades dentro de un marco común de convivencia.
Inmoralidad
Uno de los argumentos más repetidos contra el paganismo es que sus dioses no son moralmente ejemplares. En la mitología grecorromana, por ejemplo, se narran historias de dioses que engañan, se dejan llevar por los celos, castigan con crueldad, mantienen relaciones adúlteras o recurren al engaño. Según esta crítica, resulta incoherente adorar a seres que exhiben defectos y pasiones humanas, pues serían indignos de culto.
Este argumento parte de una interpretación literalista de los mitos. Las narraciones mitológicas no pretenden describir hechos históricos ni deben entenderse como biografías históricas de seres divinos, sino como relatos simbólicos que transmiten enseñanzas sobre la vida, la naturaleza y la condición humana. Tampoco son manuales de conducta y no deben ser juzgados según los parámetros de la escala de valores de turno, sino comprendidos dentro de su propio marco simbólico.
En el lenguaje mitológico, las acciones de los dioses trascienden los actos puramente terrenales y humanos, y poseen una dimensión simbólica o divina. En algunos mitos griegos, a Zeus se le representa adoptando diferentes formas para seducir a las mujeres, lo que sugiere que sus acciones no están limitadas por las fronteras de la identidad humana ni por las normas sociales.
Por tanto, la acusación de "inmoralidad" es en realidad una incomprensión del lenguaje mitológico. Pretender juzgar los mitos paganos con la vara de una moral rígida y lineal equivale a despojarlos de su función simbólica y cultural.
Además, esta crítica suele pasar por alto que las narraciones bíblicas tampoco están exentas de comportamientos moralmente problemáticos. En la Biblia, los patriarcas, profetas y hasta el mismo Dios realizan acciones que contradicen la moralidad que supuestamente defiende. Yahvé ordena el asesinato de inocentes, genocidios y se muestra celoso ante la adoración de otros dioses. Personajes como David, Salomón o Jacob también engañan, mienten o traicionan. Pero, a diferencia del paganismo, en el pensamiento bíblico esas historias son interpretadas de forma literal pues se considera que los acontecimientos narrados ocurrieron realmente en la historia.
Por otro lado, se afirma que solo el judaísmo, el cristianismo o el islam, dependiendo de la perspectiva, proporcionan un marco moral verdadero. Sin embargo, valores como justicia, honestidad, hospitalidad y solidaridad ya estaban plenamente presentes en el paganismo. La moralidad no depende de la revelación abrahámica: el paganismo ofrece una ética coherente, centrada en la armonía con la comunidad y con el cosmos.
Hedonismo
Una de las acusaciones más recurrentes contra el paganismo es la del hedonismo. Se afirma que la vida del pagano se centra en el placer, que su moral se reduce a la autoindulgencia, y que carece de principios trascendentes capaces de frenar el impulso de los deseos. Esta acusación hunde sus raíces en la tradición cristiana, que desde sus orígenes identificó al mundo grecorromano con la lujuria, la vanidad, los excesos y la corrupción de los sentidos. Esta visión, sin embargo, es profundamente reduccionista y una distorsión histórica.
En primer lugar, las religiones paganas históricas nunca exaltaron el placer desmedido y desenfrenado como principio rector de la existencia. Al contrario, la ética pagana promovía la moderación y la responsabilidad. Su cosmovisión estaba marcada por la disciplina y el deber hacia la comunidad y los dioses.
Ciertamente existieron manifestaciones de excesos dentro de algunas prácticas paganas, pero eran excepcionales y casi siempre enmarcadas en un contexto ritual, social o simbólico. Banquetes, festivales y ceremonias que hoy podrían parecer desbordes de placer cumplían funciones concretas, como reforzar la cohesión comunitaria, honrar a los dioses o marcar ciclos de renovación. Lejos de ser la norma, estos episodios eran regulados por la tradición, subordinados al honor y a la responsabilidad, y no representan el principio moral central del paganismo.
De hecho, en la Antigua Roma, las Bacanales llegaron a prohibirse en el 186 a.C., por un senado alarmado ante los excesos, la disolución del orden social y los rumores de conspiraciones durante estas celebraciones.
Además, muchos relatos sobre estos excesos provienen de fuentes externas, especialmente cristianas, que tendieron a exagerar o demonizar dichas prácticas.
El disfrute del cuerpo y de la belleza no era entendido como licencia para la autocomplacencia ilimitada, ni para la búsqueda egoísta e individualista de sensaciones pasajeras, sino como parte del orden natural y la celebración de la vida.
Por el contrario, siglos de represión cristiana del goce natural del hombre, al negar la naturaleza, terminó generando un efecto de válvula de presión, desembocando en la explosión de un hedonismo decadente en las sociedades post-cristianas. El paganismo, en cambio, al integrar la vitalidad y el placer dentro de un marco de deber y pertenencia, evitaba tanto la represión neurótica como la disolución nihilista.
El verdadero hedonismo desordenado, centrado en el consumo, la trivialidad y la autoindulgencia, es producto de la modernidad desarraigada carente de un cuerpo de valores concreto, no del paganismo ancestral.
Superstición e irracionalidad
Otro argumento contra el paganismo es que estaría lleno de supersticiones y prácticas irracionales: sacrificios, augurios, ritos de fertilidad, consultas a oráculos, uso de amuletos y ceremonias religiosas que, desde una mirada moderna o monoteísta, carecerían de lógica y fundamento. Según esta crítica, el paganismo sería una espiritualidad primitiva y poco razonable.
Esto desconoce el contexto y el sentido profundo de estas prácticas. Lejos de ser “irracionales”, muchas de ellas se basan en la observación racional de los ciclos naturales, el movimiento de los astros y la necesidad de crear cohesión social a través de rituales compartidos.
Todas las tradiciones religiosas, monoteístas o politeístas, desarrollan símbolos y prácticas rituales que, fuera de su marco de referencia, pueden ser interpretadas como "superstición".
Quienes acusan al paganismo de supersticioso olvidan que en las religiones monoteístas también existen prácticas que, desde una mirada externa, podrían ser vistas de la misma manera, tales como, el uso de reliquias y objetos sagrados con supuestos poderes protectores, la creencia en milagros asociados a imágenes, estatuas o lugares específicos, ritos de purificación con agua bendita o el trazo de la señal de la cruz para alejar males, o la práctica de oraciones repetitivas como fórmulas de protección.
Sacrificios cruentos
Se acusa al paganismo de prácticas sangrientas como los sacrificios humanos o animales, lo cual lo haría cruel, primitivo y moralmente inferior a las religiones monoteístas que, según esta visión, habrían superado esas costumbres. Sin embargo, también en las religiones monoteístas hubo sacrificios sangrientos.
En el judaísmo antiguo, el Templo de Jerusalén funcionaba como centro de sacrificios animales (corderos, toros, palomas, etc.).
En el cristianismo, la crucifixión de Cristo es presentada como el sacrificio supremo, sangriento y violento, que da sentido a la redención.
En el islam, la festividad del Eid al-Adha incluye el sacrificio ritual de animales en recuerdo del ofrecimiento de Abraham.
Este argumento simplifica y exagera la realidad histórica ya que en la mayoría de las culturas paganas predominaban ofrendas no sangrientas: alimentos, flores, vino, incienso, cantos o danzas. Incluso los sacrificios animales eran vistos como parte de un intercambio simbólico con lo sagrado.
El sacrificio animal en el paganismo tenía un carácter de respeto y sacralización que hoy en día suele estar ausente en la forma actual de consumir carne. No era un acto mecánico de matanza, sino una ceremonia en la que se agradecía a la divinidad y al propio animal por entregar su vida. La comunidad reconocía así la dimensión sagrada de la muerte, al tiempo que compartía la carne en banquetes rituales. De este modo, el animal no era reducido a un simple recurso, sino elevado a mediador entre lo humano y lo divino.
Paradójicamente, en el mundo moderno se matan animales de manera masiva e industrial para el consumo, sin ningún reconocimiento simbólico ni agradecimiento, lo cual podría considerarse más “deshumanizado” que el sacrificio ritual pagano.
Aunque hubo sacrificios humanos en ciertos pueblos (como los celtas o algunos mesoamericanos), esto no implicaba matar inocentes al azar. En varios casos se daban como ofrenda heroica donde personas sometidas a una preparación espiritual, ofrecían voluntariamente su vida a la divinidad como el acto supremo de entrega y devoción y que garantizaba la prosperidad de la comunidad y fortalecía el vínculo con lo sagrado. En otros casos, el sacrificio consistía en la ejecución de criminales o prisioneros de guerra, integrando la administración de justicia a un marco religioso. Así, el sacrificio no solo eliminaba una amenaza percibida para la comunidad, sino que se interpretaba como un acto que restauraba el orden cósmico y social.
En ciertas culturas se sacrificaban esclavos o sirvientes para acompañar a un rey o líder fallecido en su tumba. La idea era que el muerto, generalmente un gobernante, continuara su vida en el más allá con compañía y servicio. Los esclavos y sirvientes eran considerados propiedad de sus amos, por lo que desde ese marco, su vida estaba sujeta a los criterios legales que regulaban esas sociedades.
Es importante destacar que el paganismo actual no implica necesariamente un retorno a prácticas fuera del marco legal. Como toda tradición viva, evoluciona y se adapta a las condiciones de su tiempo. Los rituales modernos se centran en la espiritualidad, el simbolismo y la conexión con la naturaleza, sin reproducir prácticas que hoy serían inaceptables o ilegales.
Muchos cristianos y otros pretenden usar los sacrificios en Mesoamérica como argumento contra las religiones étnicas europeas pese a que son culturas de pueblos de diferente origen y que lo único que tienen en común es el politeísmo y algunos relatos mitológicos de origen paleosiberiano.
Esas prácticas mesoamericanas no reflejan en absoluto las prácticas del paganismo europeo ni una mayor comprensión de lo divino, como la que se encuentra en Europa, Asia y las religiones indoeuropeas.
De hecho, muchos estudios y teorías demuestran que los habitantes de Mesoamérica tenían una fe mucho más antigua que la de sus propios habitantes, y que alababan a dioses en templos que no construyeron ni sabían construir, y a dioses que ni siquiera comprendían del todo.
Tenían mitos y expresiones culturales interesantes pero esto no implica que sus dioses, la cantidad de sacrificios humanos, el canibalismo, etc., tengan relación con los europeos.
De hecho, ni siquiera los cristianos documentaron que los sacrificios humanos en Europa alcanzaran la magnitud de los que realizaban los aztecas. Ni en la forma, ni en el razonamiento, ni en la cantidad.
A pesar de todas las calumnias de figuras como César o los asociados a las campañas de Carlomagno, nunca se mencionó que practicaran sacrificios humanos de su propia gente de una forma comparable a la de los aztecas o al culto a Moloc de Fenicia, Cartago o Israel.
Infanticidio
Una de las críticas más severas al paganismo es que algunas culturas politeístas practicaban el infanticidio, especialmente en contextos de crisis económicas o demográficas, presentando esto como prueba de “barbarie moral” de los paganos.
La acusación de infanticidio es exagerada ya que los casos históricos documentados fueron limitados y muy localizados. No representa una característica general del paganismo y, en los casos que existió, estaba vinculada a normas rituales específicas o criterios de supervivencia social.
El infanticidio ritual estaba prácticamente limitado a ciertas culturas semitas de Medio Oriente, tales como las cananeas y fenicias, en los cultos asociados a Moloch e incluso dentro del propio yahvismo, también era practicado por varias culturas en Mesoamérica. No constituye una característica general del paganismo, al menos en Europa.
En algunas sociedades paganas europeas, como en Esparta, y en tribus germánicas y celtas, la eliminación de recién nacidos no estaba motivada por la religión, sino por criterios eugenésicos de supervivencia comunitaria. La idea era evitar que la comunidad se debilitara al permitir la vida a individuos con defectos físicos o enfermedades graves cuya salud comprometiera los recursos colectivos. El objetivo era mantener una población fuerte y preparada para las condiciones adversas de la vida.
Este tipo de práctica, aunque chocante desde nuestra perspectiva moderna y cristiana, se enfocaba en preservar la estabilidad social y garantizar que los nacimientos contribuyeran al bienestar general de la comunidad.
Además, la crítica cristiana conservadora intenta establecer un paralelismo directo entre el infanticidio eugenésico con el aborto moderno promovido por las ideologías woke, a pesar de constituir dos fenómenos distintos y con contextos muy diferentes. Es una estrategia de demonización, que busca generar rechazo emocional, más que para ofrecer un análisis ético o histórico riguroso.
De las prácticas mencionadas, a veces se deduce que la vida individual no tenía ningún valor en las sociedades paganas, lo cual, de haber sido así, habría sido contraproducente para el funcionamiento de cualquier sociedad. La supervivencia, cohesión y estabilidad de las comunidades dependían precisamente de que cada individuo fuera valorado y respetado dentro de un marco de normas sociales y responsabilidades compartidas. La vida individual era considerada esencial para la armonía social y el bienestar colectivo.
Falta de trascendencia
Se afirma que el paganismo estaría limitado a lo terrenal y cíclico, centrado en la naturaleza, los astros y los rituales de la vida cotidiana, sin ofrecer promesas de salvación eterna o un “más allá” trascendente como las religiones monoteístas. Según esta visión, el paganismo sería superficial y limitado espiritualmente, equiparando espiritualidad con la expectativa de vida eterna o salvación personal.
Las religiones paganas entienden la divinidad como imbricada en todos los niveles de la realidad: el cosmos, la naturaleza y la vida humana. La trascendencia no está separada del mundo, sino integrada en él. La espiritualidad pagana busca armonía con el orden cósmico, la continuidad de la vida y la participación en ciclos universales de nacimiento, muerte y renacimiento.
A través de los mitos, los rituales y la observancia de los ciclos naturales, el paganismo ofrece una comprensión de la existencia y del destino humano que no depende de la promesa de un cielo o infierno, sino de la integración consciente en el flujo de la vida y en la comunidad.
Aunque las religiones monoteístas prometen salvación eterna, eso no necesariamente equivale a una mayor profundidad espiritual. La visión monoteísta es rígida y centrada en la obediencia y la fe en doctrinas abstractas, mientras que la espiritualidad pagana enfatiza la experiencia directa, la relación con el mundo y la conexión con fuerzas mayores de manera simbólica y tangible.
Falta de continuidad
Una objeción común contra el paganismo es que, tras siglos de persecución y prohibición, sus cultos originales fueron interrumpidos, sus rituales perdidos y sus mitos olvidados, lo que impediría que constituya hoy una tradición viva. Sin embargo, esta crítica ignora la naturaleza misma de la tradición y la resistencia cultural. Las tradiciones no se reducen a la repetición exacta de prácticas antiguas; son cuerpos vivos de memoria, sentido y adaptación, capaces de reconstituirse incluso tras interrupciones históricas.
En ese sentido, ni siquiera las religiones abrahámicas han permanecido intactas, pues han experimentado profundas transformaciones y adaptaciones a lo largo del tiempo, distando mucho de sus formas originales.
El paganismo en su forma moderna, no se presenta como una copia exacta de lo que existió en la antigüedad, sino como una restauración consciente, que retoma principios esenciales y los reintegra dentro de un nuevo contexto.
Su supervivencia misma es prueba de su profundidad, ya que puede verse como parte de la psicología natural del ser humano, un conjunto de instintos, símbolos y narrativas arquetípicas que perduran en la memoria colectiva, más allá de las rupturas históricas. Los mitos, aun cuando algunos detalles se hayan perdido, mantienen su fuerza como relatos fundacionales, transmiten valores, visiones del mundo y arquetipos que no dependen de la precisión histórica, sino de su capacidad de inspirar y ordenar la vida comunitaria.
Por tanto, que el paganismo moderno se reconstruya a partir de fragmentos y reinterpretaciones no es ilegítimo, sino una prueba de su vitalidad. La tradición no reside únicamente en la fidelidad al pasado, sino en la voluntad de revivirlo y adaptarlo a las condiciones de cada época, preservando su esencia frente al olvido.
Referencias
- ↑ Avodah Zarah 53a.3 Sefaria.org
- ↑ Avodah Zarah 52b:14 Sefaria.org
- ↑ Shenei Luchot HaBerit, Torah Shebikhtav, Bo, Torah Ohr.10 Sefaria.org
- ↑ Mishneh Torah: Culto extranjero y costumbres de las naciones 8.6 Sefaria.org
- ↑ Mishneh Torah: Culto extranjero y costumbres de las naciones 8.8 Sefaria.org
- ↑ Mishneh Torah: Culto extranjero y costumbres de las naciones 8.9 Sefaria.org
- ↑ Mishneh Torah: Culto extranjero y costumbres de las naciones 8.10 Sefaria.org
- ↑ Soferim 15.10 Sefaria.org
- ↑ Sermón 24:35
- ↑ Corán; 9:28
- ↑ Corán, 9:5
- ↑ Sura Al-Bayyinah 98:6
- ↑ ADL: Hate Symbol Database
- ↑ Dr. Manfred Gerstenfeld, El neopaganismo en la plaza pública y su relevancia para el judaísmo
- ↑ No estudiar los cultos idólatras (“Limud Avoda Zara”) Chabad.org



