Ideología de género

De Metapedia

Género tienen la ropa y los sustantivos. Los seres humanos tenemos sexo.
Un manual de la Asociación Estatal de Familias de Menores Transexuales, en España, intenta enseñar que "hay niños con vulva y niñas con pene".

La ideología de género o teoría de género (llamado con el eufemismo de "estudios de género") es la doctrina anticientífica de ingeniería social según la cual las diferencias psicológicas y de comportamiento entre los machos y las hembras de los seres humanos no son producidas biológicamente sino condicionadas socialmente. Además, afirma que no existen dos géneros sino una multiplicidad de ellos, a los cuales victimiza.

Esta negación flagrante del sentido común más elemental es promovida por los movimientos igualitaristas, feministas y homosexualistas como si se tratase de un dogma, por lo que para ellos su verdad no puede ser cuestionada: aquel que critica a la teoría del género suele ser tildado de "ignorante", y calificado automáticamente de "machista" y "homófobo" para ser estigmatizado.

Contenido

Concepto de género

La palabra "género" no es usada aquí como sinónimo de "especie", "clase" o "tipo", sino como categoría gramatical. Es decir a los seres vivos se los agrupa como masculinos o femeninos tomando en cuenta sus órganos sexuales, en tanto que a las palabras también se las agrupa como masculinas o femeninas, pero considerando los fonemas que, por convención, denotan masculinidad o feminidad.

Pues bien, la teoría de género se basa en la idea de que lo social antecede a lo biológico, y que el lenguaje es ontológicamente más significativo que los cuerpos, por lo que aquello que realmente importa para determinar la masculinidad o feminidad de una persona es lo que esa persona dice sobre si misma (sexo psicológico), y no lo que esa persona carga o no carga sobre su cuerpo (sexo biológico).

De acuerdo a esta teoría, si una persona afirma ser mujer, entonces debe ser considerada socialmente como mujer, independientemente de si existe o no algún tipo de componente biológico en si misma que le permita validar su declaración (y lo mismo se aplica para alguien que afirma ser hombre).

Los principales beneficiados de esta doctrina son los transexuales y travestidos, aunque el resto de los aberrosexuales también obtienen ganancias, ya que de la ideología de género se deriva una relativización radical de la sexualidad humana. Inversamente, los principales perjudicados por la doctrina son aquellos jóvenes que no han terminado de vivenciar y comprender los límites de su sexualidad (es por ello que los ideólogos de género tienen tanto interés por colonizar los sistemas educativos de los diversos países en los que operan).

Historia

Como doctrina articulada, la ideología de género terminó de elaborarse a fines del siglo XX. Por ese motivo no se puede señalar a un único creador, sino que la misma es el producto de una confluencia de corrientes de pensamiento subversivas que han ido haciendo sus aportes a lo largo de los años.

Simone de Beauvoir, amante y discípula de Jean-Paul Sartre, escribió en su libro El segundo sexo (1949): "No se nace mujer: se hace"[1], fórmula que reelabora la tesis de la metafísica sartreana de que la existencia precede a la esencia. Según esto, el ser humano tendría un origen perfectamente indeterminado, lo que le permitiría escoger libremente luego qué ser o qué no ser.

El existencialismo ateo –invención izquierdista de la Europa devastada por la Segunda Guerra Mundial que precisaba del inagotable esfuerzo de sus habitantes para reconstruirse– dio paso luego a un pensamiento más sofisticado, cuyo eje era la crítica a las instituciones sociales. Se cuestionaba, básicamente, por qué se había reconstruido a Europa sobre sus bases tradicionales y no sobre otras diferentes. Allí se produjo una eclosión de subversión cultural, encabezada por el nuevo marxismo. Entonces el discurso intelectual de la izquierda pasó a enfatizar la idea de que las personas son lo que el medio social quiere que sean, por lo que para lograr autodeterminarse primero es necesario reconstruir la sociedad sobre instituciones que promuevan y no que coarten la libertad individual.

Se impuso la idea de que toda jerarquía natural en realidad es una arbitrariedad creada con la intención de oprimir a alguien, cuyo éxito yace precisamente en que la gente no puede distinguir su carácter artificial. Llevado esto al campo de las relaciones entre los sexos, la propuesta novedosa era convencerse de que la naturaleza es insignificante para los hombres o las mujeres: un hombre puede ser mujer o una mujer puede ser hombre no sólo si se lo propone, sino sobre todo si el resto de la sociedad convierte en realidad su deseo, aunque eso signifique sustituir lo falso por lo verdadero y castigar a quien lo señale.

El crecimiento del Lobby Gay a partir de la década de 1970 y la multiplicación del feminismo en el ámbito académico, volvieron factible la teoría del género. Autores como John Money, Robert Stoller y Judith Butler le dieron un notorio sustento discursivo a la teoría, la cual fue consagrada en 1995 por la ONU en su Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer[2] celebrada en Beijing.

Negacionismo de la ideología de género

Actualmente quienes niegan rotundamente la existencia de la ideología de género son justamente aquellos que la promueven. Las feministas y los homosexualistas hablan de "estudios de género", para intentar mostrar que lo suyo no se trata de una construcción ideológica sino de una investigación científica: de ese modo todo lo vertido sobre la no determinación biológica de las identidades sexuales no sería un dogma, sino meramente una hipótesis. Según ellos, habrían sido los sacerdotes e intelectuales católicos los que habrían producido la confusión entre ciencia e ideología.[3]

Críticas

Ya en 1955 el italiano Julius Evola abordó el tema de la mujer que quería devenir hombre[4]. Según él, los seres humanos tenemos una dimensión externa (la máscara) y otra profunda (el rostro). La primera es adquirida, en tanto que la segunda es heredada. La civilización Occidental contemporánea, al darle preeminencia a lo práctico, magnifica la máscara y minimiza el rostro. Debido a ello las mujeres se han equiparado materialmente a los hombres, ejerciendo las mismas labores y cumpliendo los mismos roles sociales. Sin embargo Evola advertía que, con la renuncia a los rostros, la humanidad iba camino a construir una civilización de parias, donde nadie es fiel a sí mismo y todos intercambian funciones y vocaciones de acuerdo a los mandatos de los mercados.

La ideología de género es vista por otros autores como un producto del socialismo igualitarista y del liberalismo utilitarista, que tiende a ser impuesta de manera violenta a diversas culturas a través de la globalización. Para el sacerdote y psicólogo Tony Anatrella no caben dudas de que la doctrina es un arma que el Lobby Gay utiliza para materializar su agenda[5], y mientras que el Papa Benedicto XVI ha manifestado que el uso actual del término "género" aplicado a las personas sólo contribuye a promover la cultura de la muerte, el Papa Francisco ha destacado que la ideología de género representa una amenaza para la institución familiar.[6]

La ideología de género en acción

En 2012 el parlamento argentino aprobó la Ley de Identidad de Género, que permite que cualquier ciudadano del país modifique sus documentos oficiales para alterar su género con sólo manifestar su voluntad de producir dicho cambio ante una autoridad pertinente. La norma provocó toda clase de absurdos descalabros: presidiarios que pasaron de cárceles para hombres a cárceles para mujeres[7], problemas por la existencia de contratos a nombre de otro[8], reportes de la prensa sobre hombres dando a luz a sus hijos[9], etc.

En 2014 la empresa Facebook modificó su sistema para permitir que sus usuarios escojan entre más de cinco decenas de variantes de género, cuando antiguamente sólo permitía optar por identificarse sólo como hombre o mujer.[10] Ello constituye un claro ejemplo de propaganda a favor de la causa gay.

Artículo de opinión

Ideología de género: ¿dictadura internacional?, por Agustín Laje


El pasado 9 de enero conocimos que la Corte Interamericana de Derechos Humanos emitió una Opinión Consultiva apoyando con determinación la ideología de género. La opinión fue peticionada por Costa Rica, con claros objetivos políticos: el oficialismo es consciente de que le costará imponer la ideología de género en su estructura legal sin apoyo externo. Hace algunas semanas, valga recordar, miles de ciudadanos costarricenses —pueblo de escasa efervescencia política— salieron a las calles a marchar contra la ideología de género.

En resumidas cuentas, la Corte manifestó que la llamada "identidad de género" es "la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente, la cual podría corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento", para luego insistir en que existe un "derecho a la identidad de género". Sabemos bien que, en este contexto, "derecho" no significa libertad de vivir su sexualidad e identidad como le plazca a cada quien, sino obligación para los demás de ser partícipes de lo que es, en rigor, una fantasía personalísima.

Así por ejemplo, la Corte nos dice que es un “derecho humano” que el Estado modifique los registros y documentos de identidad de las personas, sin considerar nada más que su “auto-percepción”: ya no se le puede exigir a nadie siquiera acreditaciones médicas, quirúrgicas o psicológicas. Si la auto-percepción de un individuo pasa a condicionar la percepción estatal entera, esto significa que, por añadidura, condiciona la percepción de la sociedad toda. ¿Por qué un equipo de hockey femenino, por ejemplo, debería a excluir de su plantel a un hombre que, en virtud de su auto-percepción, el Estado lo ha consagrado como mujer?

Por otra parte, la Corte establece del mismo modo que cualquier unión constituye familia y, por lo tanto, que de cualquier unión entre personas, independientemente del género y la orientación sexual de sus partes, derivan los mismos derechos inherentes al matrimonio. ¿Qué es esto si no la imposición externa del “matrimonio” homosexual y la consiguiente adopción de menores por parte de éste?

En efecto, aquello de “Opinión Consultiva” es eufemístico. La “opinión” de la Corte tiene efectos jurídicos, políticos y administrativos en todos los Estados que son parte de la Convención Americana: 22 en total. La Corte lo deja muy en claro cuando, a colación de su apoyo a la ideología de género, sentencia que “se estima necesario que los diversos órganos del Estado realicen el correspondiente control de convencionalidad aplicando los estándares establecidos en esta Opinión Consultiva”. Por ello, el Tribunal insta “a esos Estados a que impulsen realmente y de buena fe las reformas legislativas, administrativas y judiciales necesarias para adecuar sus ordenamientos, interpretaciones y prácticas internos”.

El poder en la sociedad posmoderna, al decir de Toni Negri, está descentrado. La soberanía de los Estados-nación es cosa del pasado. Las realidades nacionales son hoy un producto de la doble determinación de un poder interno y otro internacional. En este caso, el poder no se divide: se multiplica. En virtud de su dimensión internacional, se vuelve ineludible.

No se trata, desde luego, de un poder democrático. Si el ideal democrático puede definirse a partir de un régimen político que hace emanar el poder desde el pueblo para gobernar al pueblo, y que en la práctica se traduce en la determinación de la voluntad ciudadana con arreglo al uso de instrumentos electorales, el actual orden internacional carece de todos estos componentes. Todavía más: destruye los regímenes democráticos de los Estados que han optado por ellos, en la medida en que las decisiones de las Organizaciones Internacionales se imponen sobre nuestras sociedades en un movimiento que va de arriba abajo, no de abajo arriba.

¿Qué rol puede tener un Congreso Nacional en la cuestión del “matrimonio” homosexual, después de esta “Opinión Consultiva” de carácter imperativo? ¿Qué facultades tendrá en otros asuntos como la adopción homoparental? Ninguno. Estas cuestiones fueron ya resueltas y decididas no por aquellos connacionales que la ciudadanía eligió como representantes del pueblo, sino por 9 personas extranjeras que tienen poder sobre 22 Estados americanos y sus respectivas sociedades.

Si las dictaduras modernas se caracterizan por constituir regímenes políticos que operan con autoritarismo al margen de la voluntad de la ciudadanía, es evidente que estamos en presencia de la formación de una dictadura internacional. El margen de maniobra de los Estados-nación es cada vez más reducido. A partir de ahora por ejemplo, un Estado que no reconozca la adopción homosexual podrá ser denunciado por el lobby LGTB en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y de ahí tener luego un problema en la propia Corte. ¿Qué gobierno querrá ganarse un problema de este calibre para el Estado bajo su gestión?

En las dictaduras modernas, la última evasión que un individuo tenía al alcance frente a los tentáculos del poder era el exilio. Escapar al poder suponía escapar del lugar donde ese poder tenía centro. La actual desterritorialización del poder supone, no obstante, la imposibilidad del exilio. La internacionalización borra todo límite territorial; el espacio se modifica quedando todo determinado por él, lo cual significa que paulatinamente se va borrando toda posibilidad de auto-determinación. ¿Cómo eludir un poder que, a partir de la opinión de 9 personas, condiciona el marco regulatorio, jurídico y administrativo de 22 Estados?

Todavía queda, empero, una esperanza. Dijimos anteriormente que las realidades nacionales son en este momento el producto de dos fuerzas que a veces colisionan y a veces se retroalimentan: el poder interno y el internacional. En un sistema democrático, el poder interno se estructura a partir del voto popular. Los políticos que se lanzan a la carrera democrática, si quieren ganar, necesitan adecuarse a lo que piensan que la ciudadanía piensa. Si se lograra generar movilizaciones de tal magnitud que los políticos percibieran que el precio a pagar por someterse a la Corte Interamericana es mayor al precio de tener eventualmente problemas de derecho internacional con ella, el poder interno podría barrer con el internacional.

Las movilizaciones ciudadanas son de vital importancia como mecanismo de información: en la masa de gente movilizada el político recibe el mensaje de qué tiene que hacer y decir si quiere seguir siendo votado. Allí donde la ciudadanía no se moviliza, los medios de comunicación, los grupos de género y las organizaciones internacionales son los que informan al político.

Hay razones para guardar todavía esperanzas. Lo que no hay son razones para pensar que, de no actuar con urgencia, esa esperanza pueda mantenerse por mucho tiempo más.

Referencias

  1. Simone de Beauvoir. El segundo sexo. Cátedra: Madrid, 1998
  2. Informe de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer (pdf). Naciones Unidas: Nueva York, 1996
  3. Sara Mateos Sillero. La "ideología de género". ¿Sólo una alusión despectiva? Mujeres en Red. El periódico feminista. 01/12/12
  4. Julius Evola. "La mujer trata de valer tanto como el hombre". Roma, 1955.
  5. Tony Anatrella. La teoria del "gender" e l'origine dell'omosessualità: una sfida culturale. San Paolo: Cinisello Balsamo, 2012
  6. Miguel Cuartero Samperi. "Teoría de género: ¿Qué opinan los papas Francisco y Benedicto XVI?". Aleteia. 25/06/15
  7. "Quiso volver a prisión con su marido, pero la Corte no la dejó". El Tribuno. 07/09/13
  8. "Denuncian que una empresa de sepelios de Jujuy se negó a dar servicio a una mujer transexual". La Gaceta. 25/11/14
  9. "Nació en Entre Ríos la hija del primer hombre embarazado". minutouno.com, 19/12/13
  10. "Las 50 opciones de identidad sexual según Facebook" BBC Mundo - Tecnología. 14/02/14

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Enlaces externos

Videos

Diputado alemán ridicula a la Ideología de género.

Diputado alemán del AfD ridiculiza la ideología de género citando las 60 identidades sexuales.


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