Persecución de los paganos en la Roma Antigua

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Cada uno puede hoy, con pena, comprobar que, en la Antigüedad, mucho más libre, el primer terror espiritual se verificó con motivo de la aparición del cristianismo. Es efectivo el hecho de que el mundo, desde aquel tiempo, fue torturado y dominado por ese sectarismo fanático.
Adolf Hitler, Mein Kampf, Parte II, Capítulo V: Weltanschauung y Organización
Obra de Tommaso Laureti, Triunfo del Cristianismo.

Las persecuciones cristianas contra el paganismo en la Roma Antigua ocurrieron en un período de casi tres siglos, comenzando durante la decadencia del Imperio Romano y después de legalizarse e instaurarse el cristianismo como religión oficial, lo que condujo a un rápido deterioro de la sociedad romana, y finalmente al hundimiento del Imperio de Occidente dejándolo a merced de las invasiones germánicas.

Los sucesivos emperadores siendo títeres en las manos de la Iglesia, se comprometían de forma cada vez más intensa en la lucha contra el paganismo, lucha que la Iglesia ya había atizado vehementemente en el siglo IV y que condujo gradualmente al exterminio sistemático de las antiguas tradiciones. Los obispos más conocidos tomaron parte en este exterminio físico y cultural.

Los cristianos no solo destrozaron los templos, sino que también mutilaron las estatuas paganas y desfiguraron las inscripciones. La destrucción violenta de artefactos religiosos paganos está arqueológicamente bien atestiguada en el Levante y África, donde los iconoclastas cristianos estaban en su máxima actividad.

Este patrón de destrucción fue generalizado por todo el Imperio y se puede ver en lugares tan lejanos como el noroeste de Galia y Gran Bretaña. Además, la legislación imperial antipagana puso fin a todos los subsidios a los una vez prósperos cultos politeístas del imperio. Sin los subsidios del tesoro imperial, los paganos fueron incapaces de mantener y reparar sus monumentos religiosos. Esto fue reforzado por una legislación adicional ordenando el cierre de todos los santuarios y templos, amenazando a los paganos con la muerte si continuaban practicando sacrificios arusticos y de animales. Esto condenó las principales estructuras y monumentos artísticos del imperio a un deterioro permanente y a la ruina final.

Es este período de destrucción de la cultura europea al que los historiadores suelen denominar la "Edad Oscura" un período de transición entre el Bajo Imperio Romano y la Alta Edad Media (siglos IV al VII aproximadamente) caracterizado por una escasez o carencia de literatura latina y escritos históricos contemporáneos, disminución general de la población, y un limitado trabajo de construcción y cultura material en general.

Este proceso tuvo un carácter marcadamente étnico, que consistió en la rebelión de los esclavos cristianizados (procedentes de Asia Menor y Noráfrica) contra el paganismo indoeuropeo, que representaba las costumbres y tradiciones ancestrales de las aristocracias romana y helénica.

Roma contra Judea

La situación del Imperio Romano en el año 150, cuando la población total debía ascender a 60 millones. El rojo señala territorios en los que algunas ciudades (recordemos que se trata de una religión esencialmente urbana) tienen una población cristiana importante.

La diversidad cultural, la mezcla de razas, y con ello, la expansión de las religiones orientales en el seno del imperio, fueron factores que contribuyeron a su desintegración y decadencia.

El Imperio lentamente comenzó a ser carcomido desde dentro, como un tronco por termitas, a causa del primer movimiento globalizador, igualitarista y de corrección política de la historia: el cristianismo (superstitio iudaica, como era llamada por los patriotas romanos antes de su legalización), un movimiento sectario religioso de origen judaico y profundamente anti-romano, introducido hacia el año 40 por agitadores hebreos como Saulo Pablo de Tarso, Simón Pedro y otros predicadores que, por medio de sus enseñanzas intransigentes hacia las tradiciones ancestrales europeas y que sedujeron primeramente a los estratos sociales más bajos (mismos que se rebelaron contra las clases altas en un proceso muy semejante a la "lucha de clases" marxista y a las estrategias actuales del marxismo cultural), invirtieron los valores y envenenaron la elevada mentalidad romana de disciplina, fuerza, rectitud, patriotismo, pureza, grandeza y orgullo para convertirla en una mentalidad de esclavitud, apatía, corrupción, cobardía, resentimiento, apatridad y debilidad. El Imperio así comenzó a sufrir una división interna, que desembocó en una crisis finaciera y moral dada por una alta corrupción en el senado y las clases dirigentes ya cristianizadas, pérdida de valores e inestabilidad.

Pese a que los romanos eran conocidos por su tolerancia religiosa, varios emperadores romanos, advirtiendo el peligro que suponía hacia los valores que les fundaron, el cristianismo es inmediatamente perseguido de forma intermitente y esporádica, puesto que sus miembros se niegan a servir en las legiones y a rendir homenaje al emperador. Aunque las persecuciones romanas anticristianas han sido enormemente exageradas por los victimistas cristianos[1], éstas fueron esencialmente por motivos políticos y no religiosos: el Imperio Romano siempre toleró las diferentes religiones, pero sus autoridades percibían en el cristianismo una secta subversiva de predicación anti-romana, ya que entre otras cosas, los obispos locales hacían de caudillos de esta misma rebelión anti-romana en cuyos escritos apocalípticos (Libro de las Revelaciones), Roma es llamada "la Gran Ramera", "profetizan" su caída y la figura del emperador es denominada de forma críptica como "el Anticristo". Los políticos romanos de la época, además, no distinguían a cristianos y judíos, y no sin razón veían en el cristianismo una herramienta de la venganza de la judería contra Roma, y consideraban al cristianismo como un movimiento judío más entre otros como los saduceos, fariseos, zelotes, etc.

Una vez distinguido del judaísmo, el cristianismo deja de ser visto como una simple y extraña secta de una antigua religión, y en cambio empieza a ser visto como una superstitio. La superstición tenía para los romanos una connotación mucho más potente y peligrosa de lo que hoy la tiene el mundo occidental: para ellos, este concepto significaba un conjunto de prácticas religiosas que no eran sólo diferentes, sino corrosivas para la sociedad, "perturbar la mente de un hombre de tal manera que en realidad lo está volviendo loco" y que le hace perder la humanitas (humanidad). Las persecuciones de "sectas supersticiosas" eran apenas conocidas en la historia de Roma, por ejemplo, en 428 a.C. un culto extranjero no identificado fue perseguido durante una sequía, en 186 a.C. fueron ejecutados algunos iniciados de un culto báquico cuando se consideró fuera de control, e incluso se tomaron medidas contra los druidas durante el temprano Principado.

Las fuentes primarias romanas como Tácito (c. 55 - c. 120), Suetonio (c. 70 - c. 126), Plinio el Joven (61 - c. 112), Trajano (53 - 117) y Luciano (125 - 181), reflejan la grave preocupación romana ante el creciente movimiento cristiano, percibiéndolo como una enfermedad contagiosa extendiéndose entre las clases más bajas e ingenuas de la población.

Tácito dice respecto a los cristianos:

Christus, el fundador del nombre, había sufrido la pena de muerte en el reinado de Tiberio, a mano de uno de nuestros procuradores, Poncio Pilato, y la perniciosa superstición se detuvo momentáneamente, pero surgió de nuevo, no solamente en Judea, la raíz de la enfermedad, sino en la misma Roma.
Tácito, Anales, Libro 15, 44.

Asimismo, el historiador Suetonio hacia el año 120, menciona las revueltas causadas en Roma en tiempos del emperador Claudio (41-54), por un tal "Chrestus", cuyas doctrinas debían haber sido divulgadas por inmigrantes o esclavos judíos en Roma a quienes el emperador expulsó por sus hábitos escandalosos:

Los hebreos fueron expulsados de Roma, culpables de haber provocado tumultos bajo la instigación de un tal "Chrestus".
Suetonio, De Vita Caesarum. Vida de Claudio, XXV.

Y de ellos escribe:

Los cristianos: una clase de gente entregada a una nueva y perniciosa superstición.
Suetonio, Vida de Nerón, XVI.

Y Plinio el Joven en su carta al emperador Trajano sobre el problema cristiano:

No pude descubrir más que una depravada y excesiva superstición (...)
El asunto me ha parecido digno de consultar, sobre todo por el número de denunciados: Son, muchos, de hecho de toda edad, de toda clase social, de ambos sexos, los que están o estarán en peligro. Esta superstición contagiosa no se limita sólo a las ciudades, sino que se ha extendido a las aldeas y distritos rurales; parece posible, sin embargo, contenerla y curarla.
Plinio el Joven, Cartas a Trajano, X, 96.

Las creencias de los cristianos no hicieron mucho por simpatizar a los funcionarios del gobierno: adoraban a un sedicioso, se negaban a rendir honores al emperador, atacaban a Roma en sus escritos sagrados, y sospechosamente llevaban a cabo sus ritos en secreto. A principios del siglo III un magistrado dijo a los cristianos: "No puedo tolerar el escuchar a quienes hablan mal de la forma romana de religión".

Según Celso (s. II) los cristianos habrían favorecido una suerte de Estado dentro del Estado: no participan en los cultos ni fiestas, niegan las tradiciones de los antepasados. Además serían gente de la peor clase: ignorantes, pobres, supersticiosos, vendidos, etc:

Hay una raza nueva de hombres, nacidos ayer, sin patria ni tradiciones, unidos contra todas las instituciones religiosas y civiles, perseguidos por la justicia, universalmente marcados de infamia, pero que se glorían de la execración común.
Celso, Discurso verdadero contra los cristianos, pág. 19.

Sin embargo, dada la situación del imperio, les invita a participar de una alianza política que permita un nuevo enriquecimiento del imperio.

Marco Aurelio (121 - 180), veía dos tipos de enemigos adversos a Roma: los externos, que asolaban las fronteras imperiales; y los internos, que acechaban, carcomiendo las instituciones y minando el orden establecido. Entre los primeros estaban los partos en el Este, los marcomanos y los cuados en el Danubio. Entre los segundos se encontraba la peste, los seguidores de Mitra y los cristianos.

Inicios de las persecuciones antipaganas

En 311, el emperador Galerio cesa la persecución al cristianismo mediante el Edicto de Tolerancia de Nicomedia, y edificios cristianos comienzan a ser construidos sin interferencia estatal. Los cristianos consiguen infiltrarse en las altas cúpulas, ejercer las presiones pertinentes y poner en marcha los resortes que necesitan para que Roma ceda más a ellas. Este emperador ha sido un partidario de la, en relidad, mediocre persecución anticristiana que llevó a cabo Diocleciano, quien quizás pensaba que, cediendo y otorgando tolerancia a los revoltosos cristianos, éstos cesarán sus agitaciones y sediciones. Se equivocó. Los cristianos hace tiempo que se han propuesto derribar Roma.

Persecución de Constantino

Escultura de Augusto, desfigurada y vandalizada con una cruz grabada en la frente.

En el año 313, mediante el Edicto de Milán, se proclama la "libertad religiosa" y la religión cristiana es legalizada en el imperio romano, por parte de Constantino I (llamado "el Grande" por los cristianos para dejar en claro cuál era su ideal de emperador) representando al Imperio Occidental, y Licinio representando al Oriental. Una vez legalizados, los cristianos comienzan a atacar sin cuartel a los paganos. Se puso así de manifiesto el espíritu antiguo-testamentario del odio: los cristianos exigieron la aplicación de las penas establecidas en las escrituras hebreas contra lo que denominaban "idolatría".

No sólo el pueblo romano original se ha entregado al lujo, a la voluptuosidad y a la opulencia, negándose a servir en las legiones, sino que el cristianismo se ha infiltrado en la élite burocrática, y ya numerosos personajes influyentes lo practican y defienden. El Edicto de Milán es importante, puesto que acaba de una vez por todas con la clandestinidad en la que estaba sumido el mundo cristiano. A partir de entonces, los cristianos exigen inmediatamente que a los "adoradores de ídolos" se les prescriban los castigos descritos en el Antiguo Testamento. En toda Italia, con la excepción de Roma, son cerrados los templos de Júpiter. En Didima, Asia Menor, es saqueado el santuario del Oráculo de Apolo, y sus sacerdotes son torturados hasta la muerte. Constantino hace expulsar a los paganos del Monte Athos (zona mística pagana en Grecia que luego se convertirá en importante centro cristiano-ortodoxo), destruyendo todos los templos paganos de la zona.

Entre 324 y 326, Constantino, influenciado por su cristiana madre Helena, ordena destruir el templo del dios Asclepio en Cilicia, así como numerosos templos de la diosa Afrodita en Jerusalén, Afaka (El Libano), Mambre, Fenicia, Baalbek, y otros lugares. En Dydima, Asia Menor, saquea el Oráculo del Dios Apolo y tortura a sus sacerdotes paganos hasta la muerte. También desaloja a los gentiles del Monte Athos y destruye todos los templos helénicos locales.

En 325, tras el Concilio de Nicea, el cristianismo alcanza una uniformidad doctrinaria que unifica las diversas facciones y adquiere un carácter legal administrativo, como un estado dentro del Estado. Constantino reúne 318 obispos, cada uno elegido por su comunidad, para debatir y establecer una "normalización cristiana", en vista de las diversas facciones y discrepancias en el seno de la religión. El resultado es el llamado "credo niceno".

Por esta época, el emperador necesita unificar al crisol de razas y creencias que ya existen en la decadente Roma. Existían bastantes "religiones de salvación" con ritos que se practicaban en secreto, y que forman parte, en su mayoría, de los cultos "subterráneos" y "de salvación" que surgen siempre en épocas de decadencia y degeneración. Está el culto de Mitra (culto de origen indo-iranio y de carácter militar, corrompido ya por las masas, aunque durante una época fue popular en las legiones romanas), el de Cibeles y el de Atya. El emperador elige el cristianismo, no por su valor como religión, sino porque su intolerancia semítica, su fanatismo, su experiencia de siglos como herramienta de intriga, sus redes de inteligencia y su proselitismo, lo convierten en la perfecta "religión de emergencia", puesto que las otras religiones, carentes de intolerancia, no se impondrán por violencia a la gente reacia, con ese efecto de rebaño que proporcionará el cristianismo. En 337, en su lecho de muerte, Constantino es bautizado, convirtiéndose en el primer emperador romano cristiano.

En 331 Constantino emitió un edicto que legalizaba la incautación de las propiedades de los templos. Esto fue utilizado para enriquecer las arcas de la Iglesia y adornar su ciudad de Constantinopla. Redirigió los fondos municipales de las curias al tesoro imperial. Las curias usaban estos fondos para la construcción y renovación de templos, así como para banquetes paganos, procesiones y festivales. La redirección de los fondos municipales disminuyó significativamente la influencia del paganismo en la esfera pública. Constantino también mostró preferencia por los cristianos al considerar posibles candidatos para puestos en el gobierno. Por primera vez en la historia del imperio, la conversión al cristianismo se consideró una propuesta políticamente atractiva.

Persecución de Constante y Constancio II

Los hijos de Constantino: Constante y Constancio II, que reinaron juntos, siguieron los pasos de su padre. En 341, el emperador Constante (reinó de 337 a 350) emitió un edicto que prohibió el sacrificio de animales. El emperador Constancio II (reinó de 337 a 361), proclama su intención de perseguir a "todos los adivinos y helenistas". Así, muchos paganos griegos son encarcelados, torturados y ejecutados. Por esta época, famosos dirigentes cristianos como Marcos de Arethusa o Cirilio de Heliópolis hacen de las suyas, particularmente demoliendo templos paganos, quemando escritos importantísimos y persiguiendo a los paganos que de algún modo amenazan la expansión de la incipiente Iglesia.

En 346, Constante y Constancio II aprobaron una ley ordenando el cierre de todos los templos. Estos emperadores fueron incitados por el fanático cristiano Julio Fírmico Materno quien, en una exhortación dirigida a ambos emperadores en ese año pidió la "aniquilación de la idolatría y la destrucción de los templos profanos". El hecho de que los paganos siguieran ocupando puestos importantes en la administración del imperio hizo difícil legislar la destrucción activa de templos, estatuas e inscripciones sin alienar a un gran segmento de la población. Sin embargo, los hijos de Constantino hicieron la vista gorda ante actos privados de vandalismo y profanación cristianos.

En ese mismo año de 346 hubo nuevas persecuciones a gran escala contra los paganos en Constantinopla. Acaece el destierro del famoso orador Libanio, acusado de "mago". El decreto del emperador Constancio del año 353 ordena la pena de muerte para toda clase de culto con sacrificios a los "ídolos". Para el año 354 un nuevo decreto ordena el cierre de todos los templos paganos. Algunos de ellos son profanados y se convierten en burdeles o salas de juego, con la consabida ejecución de los sacerdotes presentes.

Se presenta otro edicto de Constancio en 354, que ordena la destrucción de todos los templos paganos y la ejecución de los idólatras. Se produce la primera quema por fanatismo de muchas bibliotecas en muchas ciudades del Imperio. Se presentan las primeras fabricas de cal, al lado de los templos paganos cerrados. Una gran cantidad de la arquitectura sagrada pagana es convertida en cal para construcción.

El el año 356, los ritos paganos fueron declarados ilegales y bajo la pena de muerte a sus ejecutores. En el año 357 Constancio II proscribe todos los métodos de adivinación incluyendo la astrología.

En el año 359, en la ciudad de Escitópolis, Siria, los cristianos organizan el primer campo de concentración para la tortura y ejecución de los paganos arrestados en cualquier parte del Imperio. Con el tiempo, Escitópolis se convierte en toda una infraestructura de campos, mazmorras, celdas de tortura y salas de ejecución, a donde fueron a parar miles de paganos. Los horrores más grandes de la etapa tienen lugar aquí.

El último emperador pagano (361-363)

Después de la muerte de Constancio II, el sobrino de Constantino, Juliano fue nombrado emperador en 361 y bajo su gobierno, hasta 363, el paganismo vio un intento de restauración.

En su juventud fue educado por tutores paganos y desarrolló un profundo odio por la "locura galilea". Siendo niño fue testigo del asesinato de su familia en un motín militar promovido por su primo y emperador Constancio II en 337. Esto, como él mismo afirmó, dio inicio a su desconfianza hacia el cristianismo.

Juliano fue filósofo, asceta, artista, neoplatónico, estoico, estratega, hombre de letras, místico y soldado. En las guerras, acompañaba siempre a sus legiones, sufriendo las mismas privaciones y calamidades que un soldado raso de Infantería.

La adhesión al trono le permitió anunciar sin miedo su conversión al helenismo. Al ser proclamado augusto en el año 361, Juliano de inmediato declaró su fe a los antiguos dioses romanos y buscó un renacimiento pagano. Juliano se propuso revertir la legislación antipagana creada por primera vez por su tío. Volvió a abrir los templos, restauró sus fondos y devolvió los bienes confiscados; renovó los templos que habían sido dañados por los vándalos cristianos; derogó las leyes contra el sacrificio y prohibió a los cristianos enseñar a los clásicos.

Sin embargo, el renacimiento del paganismo llevado a cabo por Juliano fue interrumpido tan sólo dos años después, en 363, cuando en plena campaña contra el imperio sasánida del emperador Sappor II, Juliano sucumbió en una escaramuza alcanzado en la espalda por la jabalina de un soldado desconocido. Se ha planteado la posibilidad de que la jabalina proviniera de sus propias filas en razón de un complot del sector asiático del ejército, encabezado por oficiales cristianos, entre los cuales se ha sugerido la hipotética implicación de Valentiniano, futuro Emperador de Occidente.

Juliano escribió Contra los Galileos, obra posteriormente destruida por orden de Teodoro II y de la que sólo se conocen fragmentos a través del escrito del obispo Cirilo de Alejandría, Contra Julianum. En ella escribió:

Creo que conviene exponer a toda la humanidad los motivos por los que estoy convencido de que la fabricación de los galileos es una ficción de hombres motivados por la maldad. A pesar de que no tiene en sí nada de divina, mediante la plena utilización de esa parte del alma que ama la fábula y es infantil y tonta, ha inducido a los hombres a creer que el monstruoso cuento es verdad.
Juliano, Contra los Galileos.[2]

Se intensifican las persecuciones

Prosélitos de una doctrina religiosa foránea llamada "cristianismo" destruyendo el arte y la cultura europeos.

Persecución de Joviano

El último emperador patriota de Roma Juliano llamado "el Apóstata" por los cristianos y difamado por ellos, es sucedido por el emperador Joviano, cristiano integrista que vuelve a instaurar el terror, incluyendo los campos de Escitópolis. Revocó los edictos de Juliano y restableció el cristianismo como la religión más favorecida en el imperio.

En 364 ordena quemar la biblioteca de Antioquía, instalada y abundantemente abastecida por su predecesor Juliano. Mediante una serie de edictos, el emperador decreta la pena de muerte para todos los individuos que rindan culto pagano (incluso culto doméstico y privado) o practiquen adivinación, y hace confiscar todos los bienes de los templos paganos. En un decreto de 364, prohíbe a jefes militares paganos mandar sobre tropas cristianas.

Persecución de Valentiniano y Valente

Ese mismo año, Joviano es sucedido por el emperador Valentiniano I, otro cristiano fundamentalista. En la parte oriental, su hermano, Valente continuó con la persecución de paganos, siendo especialmente cruel en la parte más oriental del imperio. En Antioquía hace ejecutar al antiguo gobernador Fidustio y a los sacerdotes Hilario y Patricio. El filósofo Simónides es quemado vivo y Máximo, otro filósofo, es decapitado. Se persigue con saña a todos los neoplatónicos y leales al emperador Juliano. A estas alturas debía haber ya una fuerte reacción anticristiana y por parte de los sabios y todos los patriotas paganos en general. Pero era demasiado tarde, y lo único que les quedaba era preservar de algún modo su conocimiento.

En las plazas de las ciudades orientales se erigen inmensas hogueras donde arden los libros sagrados de los paganos, la sabiduría gnóstica, las enseñanzas egipcias, la filosofía griega, la literatura romana... El mundo clásico está siendo destruido, y no sólo en aquel presente, sino también en el pasado y en el futuro. Los fanáticos cristianos quieren, literalmente, borrar todo rastro de Egipto, Grecia y Roma, que nadie sepa que han existido y, sobre todo, qué han dicho, pensado y enseñado los egipcios, los griegos y los romanos.

En 372, el emperador Valentiniano ordena al gobernador de Asia Menor exterminar a todos los helenos (entendiéndose como tales a los griegos paganos de antigua estirpe helénica, es decir, arios, y sobre todo la antigua casta dirigente macedonia) y destruir todos los documentos relativos a su sabiduría. Además, al año siguiente vuelve a prohibir todos los métodos de adivinación. En 375 fue cerrado a la fuerza el templo del dios Asclepio en Epidauro, Grecia.

En 378 los romanos son derrotados por el ejército godo en la Batalla de Adrianópolis y en la que murió Valente, emperador de Oriente. Posteriormente, el emperador interviene y, mediante una sagaz diplomacia, hace aliados (foederati, o federados) a los godos, un pueblo germánico originario de Suecia y famoso por su belleza. Tiempo después, en 408, tras la caída de Estilicón (un general de origen vándalo que sirvió a Roma fielmente pero que fue traicionado por una chusma política cristiana y llena de envidia), las mujeres e hijos de estos germanos foederati son masacrados por los romanos, propiciando que los hombres, presos de la rabia, se unan en masa al caudillo germano Alarico.

Exterminio físico y cultural: Influencia de San Ambrosio

Relieve de Ceres tallado sobre marfil alrededor del año 400 y de una belleza inaudita. Los cristianos le destruyeron la cara y la arrojaron a un pozo en Montier-en-Der, una posterior abadía en el noreste de Francia. Es posible que no fuera arrojada al pozo por odio, ya que los cristianos eran más dados a la destrucción directa, sino que sus dueños se deshicieran de ella por miedo a que las autoridades religiosas la encontrasen. Imposible saber la cantidad de representaciones artísticas, incluso superiores a ésta en belleza, que fueron destruidas, y de las cuales no ha quedado rastro alguno.

Persecución de Graciano el Joven

Aunque el emperador Graciano el Joven, por continuar la política religiosa de su padre Valentiniano I, -quien trató de evitar conflictos religiosos por razones puramente oportunistas- había prometido tolerancia a casi todas las confesiones del imperio mediante un edicto promulgado en 378, en la práctica siguió una conducta más bien opuesta a ello, pues estaba fuertemente influido por el obispo de Milán, San Ambrosio, quien vivía de acuerdo con su lema: "Pues los "dioses de los paganos no son sino demonios", como dice la Sagrada Escritura. Así pues, todo el que sea soldado del Dios verdadero no ha de dar pruebas de tolerancia y de condescendencia, sino de celo por la fe y la religión".

En el año 382, Graciano emitió un decreto que puso fin a todos los subsidios a los cultos paganos, se apropió de los ingresos de los sacerdotes paganos y de las vírgenes vestales, confiscó las posesiones de los colegios sacerdotales y ordenó retirar el Altar de la Victoria. Los colegios de sacerdotes paganos también perdieron todos sus privilegios e inmunidades. Graciano declaró que todos los templos y santuarios paganos debían ser confiscados por el gobierno y que sus ingresos debían ser propiedad del tesoro real. Además repudió la insignia del Pontifex Maximus.

Persecución de Valentiniano II (375-392) y Teodosio (380-395)

En 380, el emperador de Oriente, Teodosio I ("el Grande" para el cristianismo), siguiendo la misma política del obispo Ambrosio, proclama mediante el Edicto de Tesalónica como religión de Estado al cristianismo, haciéndola la única religión legal y acabando con el apoyo del Estado a la religión romana tradicional y prohibió la "adoración pública" de los antiguos dioses y la adivinación fue prohibida bajo pena de muerte. Teodosio llama a los paganos "locos", además de "repugnantes, herejes, estúpidos y ciegos".

El obispo Ambrosio de Milán inicia una campaña de demolición de los templos paganos de su zona. En Eleusis, antiguo santuario griego, los sacerdotes cristianos lanzan a una muchedumbre hambrienta, ignorante y fanática contra el templo de la diosa Deméter. Los sacerdotes paganos Nestorio y Priskos casi son linchados por la turba. Nestorio, un venerable anciano de 95 años, anuncia el fin de los misterios de Eleusis y prevé el sumergimiento de los hombres en la oscuridad por siglos.

En 381 son prohibidas las visitas a los templos helénicos, y se siguen sucediendo las destrucciones de templos y los incendios de bibliotecas en toda la mitad oriental del imperio. La ciencia, la técnica, la literatura, la historia y la religión del mundo clásico son así quemadas. Las masas de esclavos ignorantes cristianos iniciaron así la destrucción de todo aquello que pueda ser considerado ario: obras de arte, bibliotecas, templos, dioses, palacios, artistas, científicos, nobles y filósofos. En Constantinopla, el templo del dios Helios es convertido en un edificio de viviendas, el de la diosa Afrodita en un burdel y el de la diosa Artemisa en una casa de juegos. Teodosio persigue y clausura los misterios de Delfos, los más importantes de Grecia, que tanta influencia tuvieron sobre la historia de la Antigua Grecia.

Tras el Concilio de Constantinopla en 381, este exterminio cultural, se recrudece especialmente, siendo Roma y Oriente, sobre todo Egipto, los campos de batalla más señalados de la contienda entre paganos y cristianos.

En 382, la fórmula judía Hellelu-Yahweh o 'Aleluya' ("Gloria a Yahvé"), es instaurada en las misas cristianas. En 384, el emperador nombra como Prefecto pretoriano a Materno Cinegio (tío del emperador y uno de los hombres más poderosos del imperio) y le ordena a que coopere con los obispos locales en la destrucción de templos paganos en Macedonia y en Asia Menor —cosa que él, cristiano integrista, hace de buena gana. Entre 385 y 388, Materno Cinegio, azuzado por su esposa Acantia, y junto con el obispo San Marcelo, organiza unas bandas de asesinos "paramilitares" cristianos que recorren todo el Imperio de Oriente para predicar la "buena nueva" —esto es, arrasar templos, altares y relicarios paganos. Destruyeron algunos de los sitios más sagrados en el este griego. Muchos de estos edificios albergaban los mayores tesoros artísticos de la antigüedad: entre muchos otros, el templo de Edesa, el Kabeireion de Imbros, el templo de Zeus en Apamea, el templo de Apolo en Didima y todos los templos de Palmira. Miles de paganos son arrestados y mandados a las mazmorras de Escitópolis, donde se les encarcela, tortura y asesinaba en condiciones infrahumanas. Y por si a algún amante de las antigüedades o del arte se le ocurre restaurar, preservar o conservar los restos de los templos saqueados, destruidos o clausurados, en 386 el emperador prohíbe específicamente el cuidado de los mismos.

La evidencia arqueológica, obtenida de los sitios del este del Mediterráneo, revela una destrucción y profanación significativas de los templos. Esto se puede fechar en el período de la actividad de Cinegio en el este. Fuentes hagiográficas contemporáneas, como la Vita Porphyrii, son testigos de la espectacular violencia religiosa dirigida contra los santuarios paganos y los templos del Levante.

En 386, Libanio, el ya viejo orador pagano de Constantinopla, un abierto crítico de la iconoclastia cristiana y antaño acusado de mago, dirige a Teodosio su desesperada y humilde epístola Pro Templis ("A Favor de los Templos"), intentando así conservar los pocos templos y santuarios paganos restantes. Habló de ejércitos de "monjes vestidos de negro", glotones y borrachos, que:

se apresuraban a atacar los templos con palos, piedras y barras de hierro, y en algunos casos, desdeñarlas, con las manos y los pies. Entonces sigue la desolación absoluta, con la destrucción de los techos, la demolición de las paredes, el derribo de las estatuas y el derrocamiento de los altares, y los sacerdotes deben callarse o morir. Después de demoler uno, se escabullen a otro, y a un tercero, y el trofeo se acumula en trofeo, en contravención de la ley. Tales ultrajes ocurren incluso en las ciudades, pero son más comunes en el campo. Muchos son los enemigos que perpetran los ataques por separado, pero después de sus innumerables crímenes, esta chusma dispersa se congrega y están en desgracia a menos que hayan cometido el ultraje más horrendo ...

En 388, el emperador prohíbe las charlas sobre temas religiosos, probablemente porque el cristianismo no se pueda sostener en debates. Entre 389-391 el emperador proclama los infames "decretos de Teodosio", que abolieron los festivales paganos y se prohibieron todas las fechas festivas no-cristianas. En 391 Teodosio envía un decreto de prohibición contra el paganismo en Egipto, en respuesta a la petición del obispo Teófilo, patriarca de Alejandría, y prohíbe específicamente mirar a las estatuas paganas destrozadas. El obispo Teófilo, convierte el templo de Dionisio en una iglesia, destruye el templo de Zeus, quema el Mitreo y profana las imágenes de culto. Los sacerdotes paganos son humillados y torturados públicamente antes de ser lapidados. Hacia el final de su reinado, la legislación que proscribía la religión helenística se volvió cada vez más dura. Este programa imperial de genocidio cultural descendió a una orgía de violencia y destrucción en las últimas décadas del siglo IV.

El incendio de la Biblioteca de Alejandría en 391. Ilustración de Hutchinsons History of the Nations, c. 1910.

Ese mismo año, se cierran los templos y santuarios del dios greco-egipcio Serapis en Alejandría, patrón de la ciudad, y el obispo Teófilo ordena a su vez la destrucción del Serapeum, el templo consagrado al dios, que es uno de los centros más importantes del culto pagano de Alejandría. Los paganos se refugiaron allí para defenderlo de las muchedumbres de cristianos que les superaban enormemente en número. Tras asediar el edificio, la turba cristiana, al mando del patriarca Teófilo, irrumpe en el templo, asesina a todos los presentes, profana las imágenes de culto, saquea los bienes e incendia su famosa biblioteca. Es la famosa "segunda destrucción" de la Biblioteca de Alejandría, joya de la sabiduría antigua en absolutamente todos los ámbitos, incluyendo filosofía, mitología, medicina, gnosticismo, matemáticas, astronomía, arquitectura o geometría. A todas luces, una verdadera catástrofe espiritual para la herencia de Occidente. La defensa del templo no se quedó sin la muerte de varios cristianos. El conflicto se resolvió con un edicto del emperador que ordenó a los paganos a abandonar el templo y entregarlo a la Iglesia, declarando "mártires" a los cristianos fallecidos. Los cristianos, al conseguir el templo, lo demolieron y sobre sus restos se edificó una iglesia. Teófilo destrozó él mismo, hacha en mano, la colosal estatua de Serapis labrada por el gran artista ateniense Bryaxis.

Rostro de Afrodita, desfigurado y con cruz en la frente.

El emperador de Occidente, Valentiniano II, aconsejado también por el obispo Ambrosio, y a pesar de las peticiones de los senadores paganos, se negó a restaurar el Altar de la Victoria de la Cámara del Senado y de sus ingresos a los sacerdotes y las vírgenes vestales. En el año 391, Valentiniano II emitió una ley que no sólo prohibía los sacrificios sino también prohibió las visitas a los templos. Esto causó turbulencia nuevamente en Occidente. Valentiniano II siguió rápidamente esta ley con una segunda, que ordenaba cerrar los templos paganos.

En 392 se produjo un nuevo pero breve intento de restauración pagana con el "usurpador" Eugenio, que aunque teóricamente era cristiano apoyaba la causa pagana. El conflicto se resolvió en el río Wippach entre Teodosio y su general Arbogastes y Eugenio, resolviéndose en favor de la causa cristiana. El paganismo quedó así derrotado. Al morir Valentiniano II ese año, Teodosio se convierte en emperador de todo el imperio. Desde este momento hasta el final de su reinado en 395, autorizó el asesinato de los sacerdotes paganos, la destrucción de muchos templos, los principales sitios sagrados, imágenes y objetos de reverencia por todo el imperio.

En 392 el emperador prohíbe todos los rituales paganos, llamándolos "gentilicia superstitio", eso es, "supersticiones de los gentiles". Vuelven entonces, de nuevo, las persecuciones a paganos. Los misterios de Samotracia se clausuran sangrientamente y todos sus sacerdotes son asesinados. En Chipre, el exterminio espiritual y físico de los paganos está dirigido por los obispos San Epifanio (judío nacido en Judea y criado en un entorno judío) y San Ticón. El mismo emperador da carta blanca a San Epifanio en Chipre, al establecer que "aquellos que no obedezcan al padre Epifanio no tienen derecho a seguir viviendo en esa isla". De este modo amparados, los eunucos cristianos exterminan a miles de paganos y destruyen casi todos los templos paganos de Chipre. Los misterios de Afrodita locales, basados en el arte del erotismo y con una antiquísima tradición, son erradicados.

Este fatídico año de 392 hay insurrecciones paganas contra la Iglesia y contra el imperio romano en Petra, Aerópolis, Rafia, Gaza, Baalbek y otras ciudades orientales. En 394 Teodosio prohíbe los Juegos Olímpicos, los juegos pitios y los juegos de Aktia y todos los gimnasios de Grecia son cerrados. A su vez, el Templo de Vesta, uno de los más antiguos de Roma, fue clausurado, su antiguo fuego sagrado, que siempre había estado encendido, fue extinguido y las Vírgenes Vestales fueron disueltas.

Amiano Marcelino, último gran historiador de Roma (que murió en el año 395) se lamentaba:

Esas pocas mansiones que una vez sirvieron para el cultivo serio de los estudios liberales, ahora están llenas con diversiones ridículas de torpe indolencia... Las bibliotecas, como tumbas, son cerradas para siempre.

Persecución de Arcadio (395-408)

Otra escultura desfigurada y con cruz en la frente.

En 395 muere Teodosio, siendo sucedido por Arcadio. Este año, dos nuevos decretos vuelven a vigorizar la persecución antipagana. Rufino, eunuco y primer ministro de Arcadio, hace que los godos invadan Grecia, pues sabe que, como buenos bárbaros, destruirán, saquearán y asesinarán. Entre las ciudades saqueadas por los godos están Dion, Delfos, Megara, Corinto, Argos, Nemea, Esparta, Mesenia y Olimpia. Los godos, ya cristianizados en la herejía del arrianismo, matan a numerosos griegos, incendian el antiguo santuario de Eleusis y queman en su interior a todos sus sacerdotes, incluyendo a Hilario, sacerdote de Mitras.

En 396 otro decreto del emperador proclama que el paganismo se considerará como alta traición. La mayoría de los sacerdotes paganos que quedan son encerrados en mazmorras por el resto de sus días. En 397, el emperador ordena demoler todos los templos paganos que queden en pie.

En 398, durante el Cuarto Concilio Eclesiástico de Cartago (Norte de África, actual Túnez), se prohíbe a cualquiera (incluyendo a los mismos obispos) el estudio de obras paganas. El obispo San Porfirio de Gaza, donde ha habido revueltas paganas, derriba todos los templos de la ciudad excepto 9.

En 399, el emperador Arcadio vuelve a ordenar la demolición de los templos paganos que sigan en pie. A estas alturas, la mayoría de ellos se encuentran en las profundas zonas rurales del imperio.

En 400, el obispo Nicetas destruye el óráculo de Dionisio en Vesai, y hace bautizar a la fuerza a todos los paganos de la zona. Para ese año, se ha establecido ya una jerarquía cristiana definida que incluye sacerdotes, obispos, metropolitanos (o arzobispos de ciudades mayores) y patriarcas (arzobispos responsables de ciudades más importantes, a saber, Roma, Jerusalén, Alejandría y Constantinopla).

En 401, una muchedumbre de cristianos lincha a los paganos en Cartago, destruyendo templos e ídolos. En Gaza, los paganos son linchados a instancias del obispo San Porfirio, que, además, ordena la destrucción de los 9 templos que aun quedaban en pie en la ciudad. Ese mismo año, el 15° Concilio de Calcedonia ordena la excomunión (incluso tras su muerte) de cristianos que mantengan buenas relaciones con sus parientes paganos.

San Juan Crisóstomo, "Santo y Padre de la Iglesia", recauda fondos con la ayuda de mujeres cristianas ricas, y lleva a cabo una labor de demolición de templos griegos. Una multitud cristiana liderada por Crisóstomo, arruinó el inmenso Templo de Artemisa en Éfeso.[3]

En 406, el obispo San Eutiquio, discípulo de San Epifanio, prosigue en Salamina, Chipre, las destrucciones de templos y los asesinatos de paganos.

En 407, el emperador Arcadio vuelve a lanzar un decreto en el cual prohíbe todos los cultos no-cristianos, lo cual significa que aún en esas fechas el paganismo persiste.

Persecución de Honorio y Teodosio II

En 408, el emperador Honorio del imperio occidental y el emperador Arcadio del imperio oriental ordenan juntos que todas las esculturas paganas sean destruidas. Vuelve a haber destrucciones de templos, masacres de paganos e incendios de sus escrituras. Por esta época, el famoso africano San Agustín, obispo de Hipona, "Santo, Padre y Doctor de la Iglesia" ordena masacrar a cientos de paganos en Calama, Argelia. Se establece también la persecución de los jueces que muestren piedad para con los "idólatras". Ese mismo año, muere el emperador Arcadio, siendo sucedido por el emperador Teodosio II quien ordenó ejecutar a niños por jugar con trozos de estatuas paganas destrozadas. Según los mismos historiadores cristianos, Teodosio II "seguía fielmente las enseñanzas cristianas".

Hipatia en el Cesáreo antes de ser ultrajada y asesinada, imaginada por el pintor prerrafaelista inglés Charles William Mitchell (1885).

Este mismo año de 408, un jefe romano de origen germánico que había defendido valerosamente las fronteras del imperio, el vándalo Estilicón, es ejecutado por un grupo de romanos decadentes envidiosos de sus triunfos. Tras su injusta muerte, este grupo da una suerte de "golpe de Estado" y las mujeres e hijos —un mínimo de 60.000 personas— de los germanos foederati (federados a Roma, residentes dentro de sus fronteras y fieles defensores de las mismas) son masacrados en toda Italia por los cristianos. Tras este acto, los padres y esposos de estas familias (30.000 hombres que habían sido fieles soldados de Roma) se pasan a las filas del rey visigodo Alarico, enfurecidos y clamando venganza contra los asesinos.

En 409, se vuelve a decretar la prohibición de los métodos de adivinación. El imperio romano se desmorona en crisis, en corrupción y arrollado por los germanos, mientras que las clases altas romanas están más preocupadas por escalar socialmente en el nuevo sistema cristiano, delatarse unos a otros a la Iglesia o entregarse a orgías que les hagan olvidar lo que se avecina. En este punto, los únicos que siguen fieles a Roma como idea incluso a pesar de las injusticias cometidas contra ellos, son los soldados germanos que sirven en las legiones.

En 415, una turba de cristianos comandados por Pedro el Lector secuestran a la filósofa y matemática Hipatia mientras regresaba en carruaje a su casa. La golpearon, la desnudaron y la arrastraron por toda la ciudad, hasta llegar al Cesáreo, magno templo edificado por Augusto tras su victoria sobre Marco Antonio y convertido en catedral de Alejandría. Allí la violaron varias veces, la golpearon con piedras y después le desollaron la piel, arrancaron la carne con conchas de ostras afiladas y descuartizaron su cadáver. Después pasearon sus trozos como trofeos por la ciudad hasta llegar a un lugar denominado el Cinareo, donde finalmente fueron quemados. El ataque fue inducido por el arzobispo Cirilo de Alejandría (370-444) "santo de la Iglesia".

En 416, un famoso dirigente cristiano conocido como "Espada de Dios" extermina a los últimos paganos de Bitinia, Asia Menor. Ese año, en Constantinopla se despide a todos los funcionarios públicos, mandos del ejército y jueces que no sean cristianos.

En 423, el emperador Honorio decreta que el paganismo es "un culto al Diablo" y ordena que todos aquellos que lo sigan practicando sean encarcelados y torturados.

En 429, los paganos atenienses son perseguidos, y el templo de la diosa Atenea (el famoso Partenón de la Acrópolis) es saqueado.

El 14 de noviembre de 435 un nuevo edicto del emperador Teodosio II ordena la pena de muerte para todos los herejes y paganos del Imperio. Asimismo, el judaísmo es abiertamente proclamado como la única religión no-cristiana legal en Roma. Este fue el final de las guerras judeo-romanas lo que marca el principio de la caída del Imperio Romano, transformándose en un Imperio Judeo-Cristiano.

Entre 440 y 450, los cristianos demuelen los monumentos paganos de Atenas, Olimpia y otras ciudades griegas.

En 448, Teodosio II manda quemar todos los libros no-cristianos y en 450, en Afrodisias (Ciudad de Afrodita), todos los templos son destruidos y todas las bibliotecas quemadas. La ciudad es rebautizada con el nombre de Stavroupolis (Ciudad de la Cruz).

Persecución de Marciano y León

Entre 450 y 474, diversas leyes antipaganas fueron instauradas por los emperadores Marciano (450-457) y León I el Tracio (457-474)

Período posterior a la caída del imperio occidental

Extensión del cristianismo en el año 485. El Imperio Romano de Occidente ha caído, han surgido reinos germánicos en su lugar, el Imperio Romano de Oriente aun subsiste e Inglaterra ha vuelto al paganismo con la invasión anglosajona. En rojo, las zonas sometidas a una fuerte influencia cristiana. En rosa, las zonas menos sometidas a la Iglesia.

Persecución de Zenón

Entre 474 y 491 continúan las persecuciones antipaganas en el imperio oriental bajo el reinado de Flavio Zenón. En 484, el general Illus se rebeló contra Zenón y levantó su propio candidato, Leoncio, al trono. Leoncio espera reabrir los templos y restaurar las antiguas ceremonias, por lo cual, muchos paganos se unieron en su revuelta contra Zenón. Illus y Leoncio se vieron obligados, sin embargo, a huir a una fortaleza remota en Isauria, donde Zenón los sitió durante cuatro años. Zenón finalmente los capturó en 488 y fueron ejecutados.

Tras el fracaso de la revuelta de Leoncio, Zenón instauró una dura persecución hacia los intelectuales paganos y son exterminados la mayoría de paganos de Asia Menor. A su vez, muchos paganos llegaron a ser cristianos, o fingieron hacerlo, con el fin de evitar la persecución. El filósofo Gesio es ejecutado. Severiano, Herestios, Zosimo, Isidoro y muchos otros sabios, son torturados y asesinados. El predicador cristiano Conon y sus seguidores exterminan a los últimos paganos de la isla de Imbros, en el nordeste del Mar Egeo. También se extermina en Chipre a los últimos creyentes del dios Zeus Lavranio.

En 486, en Alejandría, se descubren a más sacerdotes paganos que permanecían ocultos. Son humillados públicamente, luego torturados y ejecutados.

En 493, Teodorico el Grande, un rey germano, asume el control de Italia. Admirador de la Roma clásica que él nunca conoció, intenta preservar lo que queda de la arquitectura, de la escultura y del aparato estatal, y ordena poner fin a las destrucciones cristianas.

En el imperio oriental, y ya en el Siglo VI, se declara que cualquier pagano carece de derecho alguno.

Persecución de Justino

En 525 el bautismo se hace obligatorio hasta para los que se declaren ya cristianos. El emperador Justino I manda destruir el templo del dios local Teandrites y ordena una masacre de paganos en la ciudad de Zoara.

Persecución de Justiniano

En 528, Justiniano I prohíbe los llamados "juegos olímpicos alternativos" de Antioquía. Ordena ejecutar a todo aquel que practique "la hechicería, la adivinación, la magia o la idolatría" y prohíbe todas las enseñanzas paganas.

En 529, el emperador cierra la Academia de Atenas fundada por Platón y confisca sus bienes. Así, se pone fin a la existencia de uno de los principales centros de cultura europea desde el período clásico, prohibiendose la enseñanza de toda la filosofía griega.

En 532, Juan Asiaco, monje integrista y fanático que cuenta con la bendición del emperador, organiza una cruzada contra lo que queda de los maltrechos paganos de Asia Menor. A base de mucha sangre, "cristianiza" Frigia, Caria, y Lidia. 99 iglesias y 12 monasterios son construidos sobre templos paganos destruidos. En 546, Juan Asiaco condena a muerte en Constantinopla a cientos de paganos.

En 553, en el II Concilio de Constantinopla, se decreta que: "Todo aquel que sostenga la mística idea de la preexistencia del alma y la maravillosa opinión de su regreso, será anatematizado". Se trata de una ilegalización de las creencias sobre la reencarnación.

En 556, el emperador manda a otro comisario cristiano, Amancio, a Antioquía, para exterminar a los últimos paganos y quemar cualquier biblioteca privada que quede.

En 562 hay una ola de persecuciones en la que son humillados, arrestados, encarcelados, torturados y ejecutados paganos de Atenas, Antioquía, Palmira y Constantinopla.

Persecución de Tiberio II

Entre 578 y 582, durante el reinado de Tiberio II, se torturan y crucifican paganos en todo el imperio oriental, exterminando a los últimos paganos de Heliópolis y Baalbek.

En 580, agentes cristianos descubren en Antioquía un templo secreto dedicado a Zeus. El sacerdote pagano se suicida para evitar la tortura, y el resto de paganos son detenidos por los cristianos. Los prisioneros, que incluyen, sorprendentemente, al vice-gobernador Anatolio, son torturados y mandados a juicio a Constantinopla. Se les condena a ser devorados por las fieras, pero las fieras no les atacan (cosa que nunca había pasado con los cristianos arrojados a las fieras durante las antiguas persecuciones romanas). Por tanto, son crucificados. Después, la paganofóbica muchedumbre cristiana arrastra sus cadáveres por las calles y los tira a un vertedero.

Persecución de Mauricio

En 583, el emperador Mauricio renueva las persecuciones antipaganas.

En 590 vuelve a haber otra fiebre antipagana. Para entonces, el paganismo organizado en el sur de Europa ha sido prácticamente erradicado. Lo que queda es un montón de tristes ruinas salpicadas de sangre y tradiciones de significado olvidado. Los helenos y latinos originales han sido perseguidos en todo el mediterráneo des-europeizándolo gravemente, y permanece una enorme masa de mestizos sin herencia, que adoptan el cristianismo muy apropiadamente. Por encima de ella se yergue una casta de pastores: la Iglesia y el clero cristiano.

Entre 590 y 604, el papa Gregorio I "El Grande" ordena quemar los contenidos de la biblioteca Palatina de Roma, debido a los escritos "paganos" que albergaba.

En 692, durante el Concilio de Constantinopla, se prohíben celebraciones de origen pagano como las Calendas, las Brumalias, las Anthesterias, etc.

Un caso notable fue el de una población laconia de Mesa Mani, Cabo Tainaron, en Grecia. En pleno año de 804, los helenos paganos resistieron con éxito un intento por parte de Tarasio, patriarca de Constantinopla, de cristianizarlos. Su resistencia duraría hasta que, entre 850 y 860, el armenio San Nikon, por la violencia, les convierte al cristianismo. Recordemos que Laconia era el antiguo reino del que Esparta era capital.

Entre 950 y 988 sucede una violenta conversión de los últimos helenos de Laconia conducida por el "santo" armenio Nicon el Metanoeite.

La destrucción del mundo clásico

Los asaltos violentos de este periodo no fueron terreno exclusivo de chiflados y excéntricos. Hombres que estaban en el corazón mismo de la Iglesia Católica alentaron y lideraron los ataques contra los monumentos de los “locos”, “malditos” y “demoníacos” paganos. Agustín de Hipona afirmó ante una congregación en Cartago: "¡Dios quiere la extirpación de toda superstición de paganos y gentiles, lo mandó, lo predijo, comenzó ya a llevarlo a efecto, y en muchos lugares de la Tierra ya lo ha realizado en gran parte!"[4]. San Martín, todavía hoy uno de los santos franceses más populares, arrasaba los campos galos destruyendo templos y consternando a los lugareños a su paso. En Egipto, san Teófilo demolió uno de los edificios más hermosos del mundo antiguo. En Italia, san Benito destruyó un santuario dedicado a Apolo. En Siria, despiadados grupos de monjes aterrorizaban las zonas rurales, derribando estatuas y arrancando los techos de los templos.

Esta fue una época de genocidio y lavado de cerebro que la Iglesia intentó ocultar a toda costa durante los siglos posteriores. En ella se dieron la adulteración, quema, falsificación, manipulación y desfiguración de la literatura clásica. De este modo, el cristianismo profanó la antigua sabiduría europea, erradicando la memoria de los dioses ancestrales y saboteando la misma civilización europea durante siglos. Por ejemplo, los Anales de Tácito fueron corregidos y censurados por los monjes copistas en todo aquello que pudiese manchar la memoria sobre los orígenes del cristianismo. Plinio el Viejo afirma haber recogido en su Historia Natural 20.000 hechos teúrgicos o mágicos de las obras de 100 diferentes autores griegos y romanos, pero no hemos podido recibirla íntegra. De la Historia del Imperio Romano empezada por Aufidio Baso y ter­minada por el mismo Plinio sólo quedan fragmentos. De Tito Livio sólo restan algunas Décadas de su obra histórica. Los libros de Herodoto, Suetonio y Plutarco están llenos de adulteraciones. De Euclides se conservan sus Elementos de Geometría, pero los demás escritos suyos, en especial los Porismas, han desaparecido. A Porfirio le quemaron casi to­da su producción, en la cual había un Tratado sobre los oráculos, un Tratado sobre las Imágenes de los dioses, un Tratado sobre el retor­no del alma a Dios, un Tratado sobre la abstinencia, una Historia de la filosofía, unas Cuestiones homéricas y los quince libros de su obra Contra los cristianos cuyos títulos ni siquiera se conocen y de los cuales sólo se conservan escasos fragmentos. Los diversos comentarios de Proclo a los Diálogos de Platón se es­fumaron en el aire, y sus Elementos de teología fueron retocados y resumidos por los cristianos en un Libro de las causas, que se atri­buyó a Aristóteles.

La obra de Arquímedes llamada El Método de los Teoremas Mecánicos originalmente se pensó perdida hasta que en 1906 fue redescubierta en el célebre Palimpsesto de Arquímedes, única copia conocida de este trabajo (hecha hacia el siglo X por un escriba anónimo). Dicha obra contenía leyes matemáticas aplicadas como la ley de la palanca con la que podía encontrar el área y volumen de cuerpos geométricos, y que 2000 años antes que Isaac Newton estuvo muy cerca de derivar el cálculo infinitesimal. En el siglo XIII los cristianos borraron el contenido de esta copia y utilizaron sus hojas de pergamino para escribir un libro de salmos y plegarias de un convento. Muchos de los resultados obtenidos por Arquímedes no fueron obtenidos por los sabios sino hasta 500 años después, dando pie a la discusión de en qué estado de avance estaría la civilización actual si este manuscrito hubiera estado al alcance de los sabios medio siglo antes de su desaparición.

Los palimpsestos (manuscritos sobre los que se grababa de nuevo) aportan indicios de los momentos en que desaparecieron las obras antiguas. Agustín sobrescribió el último ejemplar de Sobre la República de Cicerón para anotar encima sus comentarios de los 'Salmos'. Una obra biográfica de Séneca desapareció bajo otro 'Antiguo Testamento' más. Un códice con las Historias de Salustio se raspó para dar lugar a más escritos de San Jerónimo... De acuerdo con Catherine Nixey, en su obra La Edad de la Penumbra, sólo un 1% de la literatura latina sobrevivió a los siglos. El 99% se perdió.[5]

Además, se produjo otra pérdida definitiva, aún menos recordada que las demás, pero a su modo, casi tan importante. La memoria de que existió una oposición al cristianismo desapareció. La idea de que los filósofos pudieron haber luchado con vehemencia, con todo lo que tenían, contra el cristianismo fue, y aun es, ignorada. El recuerdo de que muchos se alarmaron por la expansión de esta religión violentamente intolerante desaparece del paisaje. La idea de que muchos no estaban entusiasmados sino disgustados por la visión de sus templos en llamas y demolidos se dejó -y se deja- de lado. La idea de que los intelectuales estaban consternados -y asustados- por la visión de los libros ardiendo en piras ha caído en el olvido. El cristianismo contó a las generaciones posteriores que su victoria sobre el viejo mundo fue celebrada por todos, y las siguientes generaciones lo creyeron. El 'triunfo' del cristianismo era completo.

A excepción de la literatura oficial más reciente que pretende concluir que los europeos simplemente se convirtieron y aceptaron la "nueva fe" con pocas resistencias, por lo menos durante los últimos 200 años la investigación histórica siguió la interpretación de que la persecución contra el conjunto de religiones no-cristianas que ahora denominamos "paganismo" es el resultado de la intolerancia religiosa inherente al monoteísmo abrahámico. Por la propia naturaleza de su creencia en un solo Dios todopoderoso, los cristianos eran incapaces de tolerar las creencias existentes en una variedad de dioses. Ya desde la célebre obra de Edward Gibbon, The History of the Decline and Fall of the Roman Empire (1776–89), de la cual se han realizado numerosos esfuerzos por desacreditarla, el cristianismo es equiparado con la "intolerancia" y el paganismo con la "tolerancia".

Como ya se dijo anteriormente, el Imperio fue tolerante con diversas creencias, pero percibió en las actividades y predicaciones judeocristianas una motivación completamente anti-romana, por lo cual actuó en defensa propia con su inicial persecución. El cristianismo, sin embargo, se caracterizó desde sus inicios por su intolerancia e intransigencia, y por considerarse a sí mismo como la única vía de salvación para todos los hombres del planeta; estas características fueron heredadas del judaísmo, del cual procedía y al cual imitaba. Demostró que, paradójicamente, el considerar iguales a todos los seres humanos es la mayor forma de intolerancia, pues se asume como dogma de fe que la misma religión o moral es válida y obligatoria para todos los hombres, y por tanto se les impone, aun en contra de su voluntad. Este aspecto se renovó después con las siguientes grandes y virulentas doctrinas igualitaristas: la de la Revolución Francesa y el comunismo.

Los paganos, al aceptar la diferencia de pueblos, aceptaban también que éstos adoraran a dioses distintos a los suyos y tuvieran costumbres distintas, y nunca hubieran pensado en predicar su religión o su moral fuera de su propio pueblo. Les hubiera parecido ridículo predicar la adoración de Odín entre los negros, por ejemplo, y era indiferente para ellos que los semitas adoraran a Moloch. La táctica del pagano europeo siempre fue dominar mediante el triunfo militar, no convertir a la fuerza o manipular los pensamientos. La reacción del cristianismo, en cambio, fue arrasar con todo aquello que pudiera recordar a las antiguas creencias y tradiciones paganas. Cualquier tipo de conocimiento no judeocristiano era tachado de herejía y perseguido. El terrorismo espiritual había hecho su aparición en el mundo antiguo, irrumpiendo sangrientamente en Europa.

La decadencia de la salud y la higiene

La censura eclesiástica y la supresión de los conocimientos científicos y técnicos occidentales facilitaron también la propagación y transmisión de enfermedades en toda Europa. Esto funcionó en conjunto con la denigración cristiana del cuerpo humano como un vehículo para el pecado. La sexualidad humana, por ejemplo, se consideraba como un mal necesario, que debía evitarse, excepto para la procreación en el matrimonio.

En la antigua Europa pagana, los baños públicos eran muy comunes, al igual que el público en general tomaba regularmente tiempo para bañarse de una manera u otra. En la Grecia clásica, el baño se consideraba parte de la actividad deportiva: tenía que tomarse con agua fría y rápidamente, para dar más energía que placer. En tiempos arcaicos, los romanos solían lavarse los brazos y las piernas todas las mañanas, y cada nueve días, durante el día de mercado, lavaban el resto de sus cuerpos. Debido a la influencia oriental, para los griegos, pero aún más a menudo para los romanos, el baño tomó principalmente los propósitos de relajación, descanso y bienestar físico. Se introdujeron el baño de vapor y el sauna: estos dieron una sensación de bienestar y placer que explica su extraordinario éxito.

En la "Europa cristiana" las prácticas de higiene cambiaron drásticamente. Aunque estuvo muy cerca, la Iglesia no prohibió oficialmente la higiene personal, pero comenzó a desaprobar una indulgencia "excesiva" en el hábito de bañarse. Con la victoria del terror cristiano, la limpieza y la higiene eran en sí mismas sospechosas porque la preocupación por el cuerpo se veía como un obstáculo para la salvación. La Iglesia condenó el baño público como "sensual", "mundano", "inmoral" y "pecaminoso". El cristianismo condenó el modo de concebir esos placeres del cuerpo que, en la antigüedad greco-romana, se consideraban valores positivos, incluso hasta el punto de verlos como actos sexuales degenerados. Las autoridades eclesiásticas medievales proclamaron que el baño público "conducía a la inmoralidad, el sexo promiscuo y las enfermedades" y alentaban el cierre de los baños que tanto habían contribuido a preservar la salud pública en las grandes ciudades del mundo romano. Los cristianos de la época evitaban bañarse específicamente porque consideraban la limpieza frecuente como un signo de vanidad, que era "pecado". La gente se bañaba y se cambiaba de ropa, a lo sumo, dos veces al año: una en el otoño y otra en primavera, coincidiendo con la llegada del frío o el calor, el momento de cambiarse de ropa por una más fresca o más cálida según el caso. La Iglesia en España, por ejemplo, animaba regularmente a los creyentes a evitar el baño para distinguirse mejor de los odiados moros y judíos.

San Jerónimo dijo una vez: "El que se ha bañado en Cristo no tiene necesidad de un segundo baño". Este axioma fue tomado en serio por los ascetas cristianos. Practicaron la mortificación ritual de la carne al negarse a lavarse. Llevaban las mismas prendas todos los días hasta que quedaron reducidos a harapos. El hedor que se producía era conocido por los cristianos como 'alousia' o el "olor de la santidad". Santos como Agnes y Margarita de Hungría eran venerados por los cristianos debido a su rechazo a la higiene física. En la Regla de San Benito de Nursia, sólo a los monjes que estaban enfermos se les concedió permiso para bañarse. Los monjes en buena salud y los jóvenes fueron alentados a revolcarse en su propia suciedad y excremento. La Regla de San Benito fue la más influyente en la historia del monaquismo occidental, siendo adoptado por miles de comunidades religiosas medievales como un texto monástico fundacional.

Este desagradable hábito cristiano de no bañarse eventualmente propició la Peste Negra, la pandemia más devastadora en la historia de la humanidad, resultando en la muerte de entre 75 y 200 millones de personas y alcanzando su punto máximo en Europa entre los años 1346 y 1353. Los daños de esta enfermedad siempre fueron significativamente más altos en las regiones y entre las poblaciones donde el cristianismo pasó a ser la religión dominante. Por ejemplo, aunque la peste redujo en un tercio la población del mundo musulmán, esta fue aún menor que los dos tercios estimados para Europa. Estas diferencias macrorregionales en la mortalidad también se reflejan en escalas geográficas mucho más pequeñas. Inglaterra bajo los Plantagenet perdió la mitad de su población a causa de la peste, mientras que Egipto perdió sólo un tercio. Las diferencias en la limpieza física entre regiones geográficas enteras y poblaciones enteras mitigaron o exacerbaron los estragos de la peste bubónica. Entre las poblaciones, los musulmanes y judíos tenían incluso tasas de mortalidad más bajas que los cristianos. La aparente inmunidad de los judíos a la enfermedad despertó las sospechas de sus contemporáneos cristianos quienes les acusaron de envenenar los pozos y fueron perseguidos como resultado, bajo falsas causas.

Los cristianos que gobernaron Europa dejaron que la gran red de baños públicos que una vez poseía el Imperio, incluidos los acueductos que les proporcionaban agua, cayera en un estado de deterioro permanente. La caída del Imperio romano y la decadencia de las obras destinadas a mejorar el suministro de agua de la ciudad provocaron una crisis en el uso de las termas. Los campos se vaciaron y en las ciudades, los hábitos como la cría de animales domésticos, de pollos, gansos y cerdos, chocaban con las normas higiénicas más elementales. La ropa se lavaba en las aguas de los ríos, donde con frecuencia se descargaban los desechos, se encontraban cadáveres de animales, así como líquidos sucios provenientes de curtiembres y tintorerías. Las murallas que rodean las ciudades medievales limitan su desarrollo y obligan a sus habitantes a vivir en espacios cada vez más reducidos. Las calles, estrechas y tortuosas, sin pavimento hasta los siglos XII-XIV, a menudo son invadidas por lodo y escombros.

La crisis ideológica que comprometió profundamente a la civilización greco-latina fue favorecida por los filósofos del último período clásico y por las religiones, principalmente de origen oriental, que fomentaron una actitud de resistencia pasiva de las adversidades terrenales y de desapego de la vida física. Tanto fue así que entre los cristianos más fanáticos se llegó a difundir la práctica de la emasculación, como método de salvación. Todo esto contribuyó, por un lado, a la difusión de la idea de que el cuerpo es el enemigo del espíritu y, por el otro, al nacimiento de un cierto escepticismo respecto de la utilidad del estudio de la naturaleza y del conocimiento científico. Incluso la medicina perdió credibilidad y nació una convicción de que la enfermedad puede ser vencida recurriendo a la divinidad mediante la oración en lugar de recurrir a los médicos y las medicinas. La victoria de los fanáticos religiosos señaló el cierre inminente de las academias de estudio secular y con ello, el fin de la formación formal de los médicos. Cualquier conocimiento residual de la antigua sabiduría médica, transmitido por los practicantes, fue condenado como "hechicería" o "brujería" y esta censura se extendió a los ataques contra los remedios herbales. En lugar de buscar las causas naturales de la enfermedad, como alguna vez lo hicieron los escritores hipocráticos, la doctrina oficial de la Iglesia desalentó la práctica de la medicina al atribuir todas las dolencias corporales a los resultados del pecado y la posesión diabólica. Este progreso retardado en las artes curativas dejó a Europa a merced de la enfermedad durante cientos de años.

Referencias

  1. Candida Moss, The Myth of Persecution: How Early Christians Invented a Story of Martyrdom, 2013.
  2. Julian the Apostate, Against the Galileans: remains of the 3 books, excerpted from Cyril of Alexandria, Contra Julianum (1923) pp.319-433
  3. Una de las siete maravillas del mundo antiguo. Construido en el Siglo VI a.C. sobre una zona considerada sagrada desde, al menos, la Edad de Bronce. Su construcción tardó 120 años.
  4. Sermón 24:35
  5. Catherine Nixey, La Edad de la Penumbra: Cómo el cristianismo destruyó el mundo clásico, Taurus, 2017. ISBN 9788430619542

Bibliografía

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