Pueblos indoeuropeos
Los pueblos indoeuropeos, también llamados arios, son una familia de etnias que poseen un origen común, y por lo tanto, comparten similitudes culturales, tanto religiosas como lingüísticas, así como genéticas y raciales.
El término protoindoeuropeo se refiere a los individuos pertenecientes a una etnia o grupo de etnias de la Edad de Cobre y la primera Edad de Bronce, que hablaban variantes del idioma protoindoeuropeo, compartían una cultura material y patrones culturales similares y que representan el tronco común del que derivan los pueblos indoeuropeos. Las primeras manifestaciones protoindouropeas se dieron alrededor del 4000 a. C. y son identificados como el componente ancestral denominado pastores de la estepa occidental (WSH).
La cultura indoeuropea era patriarcal y desarrolló numerosas ventajas tecnológicas respecto a otros pueblos, como la ganadería equina, el carro o la agricultura del trigo, y se expandió hasta abarcar el espacio entre el Círculo Polar Ártico, el sur de Portugal y la India. Estos pueblos se expresaban en una lengua con características similares a las que se hablan hoy en la mayor parte Europa, Irán e India, incluyendo lenguas muertas como el latín o el hitita.
La falta de escritura durante el período protoindoeuropeo ha privado a los historiadores de evidencias directas, pero el análisis de las sociedades indoeuropeas, así como la evidencia arqueológica y lingüística, han podido revelar que eran un conjunto de gentes seminómadas que encontró sus fundamentos materiales en el caballo, la rueda, el desarrollo del metal, la agricultura y la ganadería. Poseyeron algunas ventajas intelectuales, físicas y tecnológicas que les permitieron expandirse a costa de otros pueblos.
La cultura comparada permite conjurar que poseían tradición poética, que usaron para cantar las hazañas de sus dioses y héroes que parece ser antiquísima. La cultura indoeuropea constituye la raíz de la civilización europea antigua, así como de la civilización indoirania antigua.
Aunque el término tiene un uso exclusivamente cultural y lingüístico, no debe desestimarse la evidencia genética que vincula directamente a los pueblos indoeuropeos con la raza caucasoide como sustrato biotípico originario.
Algunos de estos pueblos, unidos fuertemente por lazos raciales, lingüísticos y culturales, prosperaron y siguen vivos en mucha gente, a través de la genética, lengua, festivales, leyes y filosofía. Otros, como los hititas, florecieron durante varios siglos y luego desaparecieron.
Sumario
- 1 Origen
- 2 Expansión
- 3 Apariencia física
- 4 División
- 5 Protoindoeuropeo
- 6 Evidencias de la cultura protoindoeuropea
- 7 Lenguas indoeuropeas
- 8 Períodos comunes a los pueblos indoeuropeos
- 9 Preindoeuropeo
- 10 Indoeuropeización
- 11 Indoeuropeísmo o indoeuropeística
- 12 Importancia para la identidad europea
- 13 Bibliografía
- 14 Referencias
- 15 Artículos relacionados
- 16 Videos
Origen
Han existido distintas hipótesis sobre la ubicación inicial (Urheimat), en el tiempo y en el espacio (alrededor de 4000 AEC., en el entorno de la extensa zona esteparia entre Europa suroriental y el Asia central) de las que debieron ser las primeras manifestaciones de lo indoeuropeo: lo protoindoeuropeo; y con ellas, la denominada lengua protoindoeuropea (Ursprache), el pueblo o conjunto de pueblos que la hablaron (Urvolk) y la reconstrucción arqueológica de sus posibles rasgos culturales y sociales.
Aunque no ha podido ser verificada por la historiografía, la hipótesis de los kurganes es la teoría más completa, documentada y aceptada sobre el Urheimat indoeuropeo, es decir, el lugar de origen y expansión de los indoeuropeos.
Después de haber trabajado como arqueóloga en las estepas ucranianas, Marija Gimbutas desarrolló una teoría completa sobre el origen, desarrollo y evolución de los pueblos indoeuropeos, cuyo origen creyó haber encontrado en la zona que excavó, datada hacia el 5º o 6º milenio antes de nuestra era. Lo llamó "cultura de los kurganes", por el nombre que se le da a los túmulos o sepulturas antiguas en la región. Los pueblos de los kurganes habrían desarrollado la movilidad necesaria para ocupar vastas zonas a partir de su maestría en la equitación y su conocimiento y uso de los carros, vehículos que a menudo suelen aparecer enteros o desmontados bajo los túmulos. El proceso de expansión de ese pueblo nómada o seminómada se habría desarrollado a lo largo de milenios, unas veces a partir de migraciones en masa y otras veces a través de estaciones u ocupaciones intermedias.
Expansión
La expansión de los pueblos indoeuropeos desde su patria original en las estepas póntico-caspias al sur del río Volga (el horizonte Yamnaya) representa una de las migraciones más transformadoras de la historia de la humanidad. Este movimiento no fue un evento único, sino una serie de oleadas que transformaron el panorama genético y lingüístico de Eurasia.
Hacia oriente
Las ramas orientales tempranas (c. 3500- 3300 a. C.)
Desde su hogar original, alrededor del 3500 a. C., una primera rama oriental de los indoeuropeos llegó a la península de Anatolia a través de los Balcanes, rodeando el Mar Negro hasta entrar en Asia Menor desde el oeste, por lo que son deniminados en conjunto como los pueblos anatolios.
Allí florecieron pueblos como los hititas, los luvitas y los palaicos. La lengua hitita, escrita en cuneiforme, destaca por ser la lengua indoeuropea más antigua registrada en la historia, y su estructura arcaica ha sido fundamental para reconstruir la "lengua madre" mediante el método comparativo. Dentro del complejo luvita se encontraría la legendaria ciudad de Wilios (o Wilusa en hitita), es decir, Ilión mejor conocida como Troya, marcando el límite occidental de esta expansión.
Simultáneamente, otra rama oriental, antecesora de los tocarios, se separó del núcleo estepario alrededor del 3300 a. C. Asociados con la cultura de Afanasievo (c. 3500-2500 a. C.) en las montañas de Altái, se expandieron a través de Asia Central contribuyendo a la posterior presencia indoeuropea en la cuenca del Tarim, en el extremo occidental de China, hacia finales de la Edad del Bronce.
La expansión indoirania (2500 a. C.)
Posteriormente, en torno al año 2500 AEC. se desprendió otra rama oriental, la proto-indo-irania, asociada arqueológicamente con la cultura Sintashta (c. 2100-1800 a. C.), inventora del carro de guerra con ruedas de radios, y la posterior cultura Andrónovo (c. 2000–1200 a. C.) que dominaban los vastos territorios de Asia Central. Esta rama finalmente se dividió en dos subgrupos principales a medida que migraban más al sur:
Los indoarios fueron los primeros en desplazarse hacia el sur, cruzando el Hindu Kush y llegando al valle del Indo alrededor del 1500 a. C. Su llegada está marcada por la composición del Rigveda en sánscrito, que define el panorama espiritual de la India.
Los iranios permanecieron en Asia Central durante más tiempo antes de expandirse a la meseta iraní alrededor del año 1000 a. C. Para el año 550 a. C., se consolidaron en las potencias meda y persa, forjadoras del Imperio aqueménida. Este linaje incluye a los kurdos y a los escitas nómadas, quienes siguieron dominando las estepas septentrionales.
Hacia Europa
La ocupación de Europa por los indoeuropeos se produjo en oleadas sucesivas a partir de alrededor del 3000 a. C., a medida que las distintas ramas occidentales comenzaron a divergir.
Rama protobaltoeslava (c. 2900 a. C.)
La rama protobaltoeslava permaneció en estrecho contacto con el corazón de la estepa durante más tiempo, manteniendo una proximidad lingüística y genética con el tronco indoeuropeo original. Asociados inicialmente con el horizonte de la cultura de la cerámica cordada (c. 2900-2350 a. C.) y posteriormente con la cultura Fatyanovo-Balanovo (c. 2900-2300 a. C.), actuaron como puente entre la estepa profunda y el interior europeo, consolidándose posteriormente durante la cultura Trzciniec (c. 1600-1200 a. C.). Esta prolongada interacción permitió un desarrollo lento y continuo en las llanuras boscosas de Europa Oriental. Su estructura social y su lengua conservaron rasgos arcaicos que finalmente divergieron en las identidades báltica y eslava.
Rama protogermánica (c. 2800)
Simultáneamente, los primeros grupos que darian origen a los pueblos germánicos avanzaron hacia el noroeste de Europa, asentándose en torno a Escandinavia, Dinamarca y las costas meridionales del Báltico. Este movimiento tiene sus raíces en la cultura del hacha de combate (c. 2800-2300 a.C) (la expresión escandinava de la cerámica cordada) y la cultura de la Tumba Única (c. 2800-2200 a. C.), que evolucionó hacia la peculiar Edad del Bronce nórdica (c. 1700-500 a. C.). En este entorno, el linaje germánico se especializó en habilidades marítimas y pastoriles. Su relativo aislamiento geográfico, combinado con un fuerte sustrato genético proveniente de agricultores megalíticos y cazadores-recolectores locales, consolidó los rasgos físicos y espirituales únicos que posteriormente definirían a las tribus de la cultura Jastorf (c. 600 a. C.) durante la Edad del Hierro, asociada a las primeras comunidades claramente germánicas. A partir de este momento puede hablarse con mayor propiedad de un periodo protogermánico, del cual emergerían posteriormente las distintas tribus germánicas históricas.
Rama italocelta (c. 2500 a. C)
El hipotético grupo italocelta se habría desarrollado en el contexto de las expansiones asociadas a la cultura del vaso campaniforme (c. 2500–1800 a. C.), la cual contribuyó a la difusión de poblaciones de ascendencia esteparia hacia Europa occidental y central. Estas poblaciones sentaron las bases de tradiciones culturales que más tarde evolucionarían en las culturas celtas y las itálicas.
Aproximadamente entre el 1300 y 1200 a. C., a partir de este sustrato común, los grupos que darían origen a los pueblos itálicos se desplazaron progresivamente hacia la península itálica donde más tarde surgirían pueblos como los latinos, sabinos y umbros.
Otros grupos permanecieron y evolucionaron en Europa central y occidental, dando lugar al ámbito celta, que alcanzó su apogeo cultural a través de una secuencia de etapas: primero con la cultura de los túmulos (c. 1600-1200 a. C.), caracterizada por sus distintivos túmulos funerarios y élites guerreras, y posteriormente con la cultura de los campos de urnas (c. 1250-750 a. C.), que marcó un profundo cambio ritual y social en todo el continente, introduciendo la cremación y la consolidación de sistemas metalúrgicos del bronce.
Estos procesos culminaron en la cultura de Hallstatt (c. 800–500 a. C.), centrada en la actual Austria y el sur de Alemania, y considerada plenamente proto-celta, y posteriormente en la cultura de La Tène (c. 450–1 a. C.), centrada en Suiza y el este de Francia y que representa la expresión clásica y definitiva de la identidad celta, caracterizada por su arte curvilíneo, su tecnología de hierro y una expansión desde las Islas Británicas hasta Galacia, en Asia Menor.
Rama paleobalcánica (c. 2000 a. C)
En la península balcánica surgieron otros grupos importantes, a menudo denominados paleobalcánicos por compartir un mismo ámbito geográfico, aunque no constituyen una rama lingüística definida, a diferencia de otros grupos indoeuropeos, por lo que no es posible reconstruir un grupo "protobalcánico".
Estas poblaciones se consolidaron entre el 2000 y el 1500 a. C., a medida que se estabilizaban las primeras oleadas indoeuropeas en la región, y se desarrollaron en asociación con diversos complejos arqueológicos locales, como la cultura de Ezero (c. 3300–2700 a C.), la cultura de Vučedol (c. 3000–2200 a. C.) y tradiciones posteriores de la Edad del Hierro como la cultura de Glasinac-Mati (c. 1100–300 a. C.).
Entre estos grupos destacan los tracios al este y los ilirios al oeste. Los tracios ocuparon amplias regiones al norte de Grecia, especialmente en la actual Bulgaria y zonas adyacentes, alcanzando su apogeo durante la Edad de Hierro (c. 1000–500 a. C.). Fueron conocidos por su refinada orfebrería y sus tradiciones guerreras.
Los ilirios se asentaron a lo largo de la costa adriática, desarrollando sociedades tribales con una notable actividad marítima desde finales de la Edad del Bronce.
Ambos grupos configuraron una importante zona de contacto cultural y genético entre las regiones del norte, con influencia de tradiciones esteparias, y el sur mediterráneo durante la transición de la Edad del Bronce al período clásico.
Rama helénica (c. 2000 a. C.)
La rama helénica, posiblemente vinculada al horizonte de la cultura de las catacumbas (c. 2800 – 2200 a. C.), se desplazó hacia el sur a través de los Balcanes, llegando a Grecia alrededor del 2000 a. C., marcando una de las últimas grandes formaciones indoeuropeas en el Mediterráneo.
Su llegada dio lugar a una interacción prolongada con las poblaciones preindoeuropeas del Egeo (pelasgos descendientes de EEF), lo que condujo al surgimiento de la civilización micénica (c. 1600-1100 a. C.). Estos primeros hablantes de griego desarrollaron sociedades de carácter guerrero y pastoral, adaptadas progresivamente al entorno marítimo del Egeo.
Su expansión y posterior reorganización tras el colapso de la Edad del Bronce sentarían las bases de la Grecia arcaica y clásica, exportando modelos lingüísticos y sociales indoeuropeos a través del Mediterráneo mediante el comercio y la colonización.
Causas
La expansión indoeuropea fue un proceso gradual de migraciones que probablemente fueron impulsadas por presiones demográficas, cambios climáticos y conflictos internos en sus lugares de origen. A medida que se movían hacia Europa y otras regiones, interactuaban con las poblaciones locales, a menudo asimilándolas o suplantándolas.
Es posible que la expansión lenta y gradual de los indoeuropeos en Europa se debiera más a una alta tasa de natalidad que a una conquista militar deliberada. La alta natalidad podría haber contribuido a un crecimiento demográfico sostenido entre los indoeuropeos, lo que les habría permitido expandirse gradualmente a lo largo del tiempo y establecer comunidades en nuevas áreas. Además, las interacciones con las poblaciones locales pueden haber sido más complejas que una simple conquista militar, involucrando matrimonios mixtos, intercambios culturales y procesos de asimilación cultural. Por lo tanto, aunque pudieron existir conflictos con las poblaciones locales, es probable que una combinación de factores haya contribuido a la expansión de los indoeuropeos.
Los indoeuropeos tenían un sistema económico basado en la ganadería móvil que, en condiciones óptimas, permitía un crecimiento poblacional más rápido que la agricultura sedentaria de la época ya que tenían acceso a una mejor nutrición producto del consumo constante de proteínas lácteas y cárnicas, lo que, junto a la mutación de la persistencia de la lactasa, redujo la mortalidad infantil y aumentó la estatura y fuerza física frente a los agricultores neolíticos, cuya dieta se basaba casi exclusivamente en cereales. Si una comunidad crecía demasiado, simplemente se dividía y una parte se movía con su ganado a un valle vecino. Los agricultores, atados a sus campos, tenían un límite de crecimiento mucho más rígido. Así, mientras los linajes masculinos autóctonos colapsaban, la élite de la estepa, beneficiada por una dieta superior y una estructura social patriarcal, se multiplicaba exponencialmente.
La élite guerrera indoeuropea no solo ocupó el territorio, sino que monopolizó el acceso a las mujeres. Los hombres locales fueron desplazados social y reproductivamente, mientras que los guerreros indoeuropeos practicaron una poliginia (tener varias mujeres) o una exclusividad que inundó la siguiente generación con su ADN.
La genética muestra que los hombres indoeuropeos se casaban con mujeres locales. Esto creaba una "indoeuropeización" desde el hogar, los hijos crecían hablando la lengua del padre (lengua de prestigio y poder) pero integrando las costumbres de la madre. Para un joven agricultor local, unirse a una banda de pastores guerreros con caballos y armas de bronce era una forma de ascenso social. Se asimilaban voluntariamente a la cultura dominante para participar de su éxito.
El brazo ejecutor de la expansión no fue un ejército regular, sino los Kóryos (del protoindoeuropeo *kóryos, 'ejército' o 'banda de guerreros'), hermandades de jóvenes guerreros que funcionaban como una vanguardia biológica y cultural. Estas bandas de "hombres-lobo" (ya que se vestían con pieles de lobo o de oso y que es el origen de las Männerbunde y los berserkers germánicos y los luperci romanos) canalizaban el exceso demográfico de la estepa hacia las periferias, donde su prestigio militar y su éxito reproductivo terminaron por asimilar a las poblaciones locales. Ellos fueron quienes sembraron el continente con los linajes de los futuros reyes y héroes de la Antigüedad.
Apariencia física
En 1935, el historiador alemán Wilhelm Sieglin analizó y recopiló testimonios antiguos sobre las características físicas de los pueblos indoeuropeos, especialmente en relación con el cabello rubio.[1]
Según el antropólogo Carleton Coon los protoindoeuropeos eran en gran medida del tipo racial nórdico:
Existen evidencias de que los indoeuropeos fueron los principales responsables de la difusión del cabello rubio y rojo, la pigmentación clara de la piel y los ojos en toda Europa y partes de Asia. Además, se ha rastreado la región del Mar Negro como el lugar donde se produjo la primera mutación del ojo azul. En 2008, el profesor Hans Eiberg de la Universidad de Copenhague señaló que:
Se encontró un elemento nórdico en restos esqueléticos indoeuropeos en varios sitios del período Harappa maduro, así como en Asia occidental.
Once muestras del horizonte cultural Andrónovo de la Edad del Bronce de la región de Krasnoyarsk, Rusia, determinaron un 55% de ojos azules o verdes y un 82% de cabello rubio, correspondiendo a un fenotipo coherente con la adaptación a la climatología euroasiática.[2][3] Este pueblo fue el que llevó las lenguas indoeuropeas a la India.[4]
División
Occidentales o europeos
- Baltos. Los pueblos bálticos son descendientes de un grupo de tribus indoeuropeas que se establecieron entre el bajo Vístula y el alto Dvina y Dnieper. Debido a su aislamiento geográfico, los idiomas bálticos mantuvieron muchas características arcaicas. Entre los pueblos bálticos se incluyen los modernos lituanos y letones, así como los prusianos, yotvingios, galindios, selonianos, semigalianos, escalvianos, latgalianos y curonios, la mayor parte de sus lenguas se extinguieron en la Edad Media.
- Celtas. Los celtas son un pueblo de origen continental. Son los antepasados de la mayoría de los europeos. Al principio estuvieron situados a la altura de la hoy Austria, en el seno de la Cultura de Hallstatt, primera manifestación celta, y posteriormente se expandieron por el continente habitando principalmente en España, Portugal, Francia, Reino Unido, Suiza, Bélgica y zonas de Alemania y Holanda. Algunas tribus celtas son los britanos, los pictos, los escotos, los celtíberos, los helvecios, los belgas y los galos.
- Eslavos. Los pueblos eslavos viven mayoritariamente en Europa. El núcleo de los pueblos eslavos se encontraba situado hasta el siglo VI al norte de los Cárpatos llamados antiguamente en el siglo I por Plinio el Viejo y Tácito, veneti o vénetos. Tras la caída del Imperio Romano y el abandono de varias tribus germánicas de las zonas que ocupaban para trasladarse al sur, junto a una explosión demográfica, las distintas comunidades que constituían esta etnia se trasladaron por todo el continente europeo. Se consideran a algunos países eslavos como Rusia, Ucrania, Polonia, Eslovaquia, República Checa, etc.
- Germanos. Conjunto de pueblos que pertenecían al grupo de las tribus que ocupaban la región ubicada al norte del Imperio Romano, conocida como Germania y la península escandinava. Las tribus germánicas más conocidas son los godos (divididos en ostrogodos y visigodos), los sajones, los anglos, los alamanes, los lombardos, los francos, los burgundios, los frisones, los vándalos, los jutos y los suevos. A pesar de constituir tribus separadas, los germanos poseían características muy similares. Los rasgos característicos de estos pueblos que los unen como familia etno-cultural son su lengua y sus tradiciones en la religión germánica. Actualmente se consideran como países germánicos a Alemania, Austria, Inglaterra, los países nórdicos y Holanda, si bien muchos países europeos tales como Francia (francos) y España (visigodos, vándalos y suevos) recibieron a lo largo de su historia grandes cantidades de sangre germana.
- Helenos. También denominados griegos, son un conjunto de pueblos que invadieron la península balcánica hacia el año 2000 AEC., habitada a su llegada por varios pueblos no indoeuropeos a los que denominaban pelasgos. Las tribus helénicas son los aqueos, dorios, jonios, eolios y arcadios.
- Ilirios. Son un pueblo indoeuropeo muy poco conocido pero que tuvo gran importancia en Europa Central. Descienden de los procesos culturales del eje Balcanes-Danubio y tuvieron una gran expansión durante la edad de los metales desde el norte del Épiro hasta las costas del mar Báltico y desde la actual Suiza hasta Polonia. Estaban divididos en numerosas tribus y confederaciones tribales de las que destacan los nóricos, panonios, parte de los réticos, vénetos, mesapios, istrios, yapigas, dálmatas, liburnios, autorietaii, tribalios, entre otros. Los albaneses representan la única cultura superviviente de los ilirios, habiendo preservado su lengua y herencia cultural de forma ininterrumpida a través de los siglos, a pesar de las presiones de la romanización y las migraciones eslavas posteriores.
- Ítalos. Son los diferentes pueblos, tribus y etnias que invadieron la península itálica en el siglo XIII AEC. en el contexto de la Cultura de los Campos de Urnas, Las tribus itálicas son los latinos, faliscos, umbros, oscos, sicanos, sabinos, vénetos, hérnicos, sículos (¿ilirios?).
- Tracios. Su civilización, aún mal conocida, se desarrolló desde el III milenio AEC. hasta el siglo III AEC. Su cultura, oral, hecha de leyendas y de mitos se diferencia de la de otros pueblos de esta época por la creencia en la inmortalidad (el "orfismo tracio" relatado por Heródoto). Los tracios se extendieron a lo largo de la historia por las siguientes regiones: Rumania, Moldavia, Bulgaria, noreste de Grecia, Yugoslavia, Turquía (parte europea), Austria, Hungría, Alemania, Chequia, Eslovaquia, Polonia, Ucrania (hasta el Dnieper), el Volga inferior y Tayikistán. Las tribus tracias fueron los besos, bisaltas, bistones, bitinios, botieos, brigios, cicones, crestoneos, dacios, apulios, carpianos, costobocios, derseos, díos, dólopes, droos, edones, getas, mariandinos, medos, moesios, odomantos, paneos, petos, sapeos, satras, tinios, trausos, tribalos, y se cree que también fueron tracios los agatirsos (tribu escita o mezcla de traco-escitas), dárdanos (mezcla de ilirios y probablemente peonios) y escordiscos, los cuales no está claro si eran una tribu iliria, céltica o tracia, o un grupo mixto.
Otras ramas occidentales son:
- Frigios. Eran una población indoeuropea de origen paleobalcánico que se asentó sobre el antiguo sustrato de agricultores de Anatolia (EEF). Su lengua estaba estrechamente emparentada con el griego. Procedían de los Balcanes (donde se les conocía como Bryges). Cerca del año 1200 a. C. cruzaron el Helesponto hacia Anatolia tras el colapso de la Edad del Bronce y la caída del Imperio Hitita.
- Armenios. Tradicionalmente se creía que los armenios eran parientes de los frigios que siguieron avanzando hacia el este hasta el Cáucaso, pero los estudios de ADN antiguo muestran que el pueblo armenio se formó a partir de una mezcla de migrantes indoeuropeos y poblaciones locales de la cultura Kura-Araxes del Cáucaso e Irán. A diferencia de otros grupos, los armenios muestran un aislamiento genético notable desde finales de la Edad del Bronce, lo que preservó su identidad única.
Orientales
- Anatolios. La rama anatolia es considerada la subdivisión más temprana que sufrió el protoindoeuropeo, en una etapa denominada Indo-Hitita o "Protoindoeuropeo Medio", que se encuadraría en la mitad del IV milenio AEC. En el marco de la hipótesis de los kurganes, hay dos posibilidades para explicar cómo estos pueblos llegaron a Anatolia: desde el norte por el Cáucaso, o desde el oeste por los Balcanes. De entre ellos, los que presentan mayor número de vestigios son los hititas. El Imperio hitita floreció en el segundo milenio. Los textos en hitita más antiguos datan del siglo XVII AEC. y los más recientes de c. 1200 AEC. Los hititas eran un grupo bastante pequeño numéricamente, y sus genes pronto fueron superados por los de la población indígena mucho más numerosa con la que se cruzaron, por lo que terminaron desapareciendo de la historia.
- Iranios. Los pueblos iranios viven principalmente en Oriente Medio, Asia Central, el Cáucaso y partes del subcontinente indio, aunque pueblos que hablaban las lenguas iranias fueron hallados en el pasado por toda Eurasia, desde los Balcanes hasta la China occidental. Algunos pueblos iranios son los persas, escitas, sármatas, alanos, kurdos, pastunes.
- Indoarios. Miembros de un pueblo indoiranio proveniente del noroeste que se asentó en India hacia el 1500 AEC donde establecieron la civilización védica, sometieron a los pueblos aborígenes numéricamente superiores y formaron un sistema de castas, el cual una vez abolido, sufrieron mestizaje. Las tribus indoarias son angas, kalingas, kamboyas, kasis, kurus, licchavis, gandharis, gangaridai, gupta, magadhis, mauria, nanda, pala, satavájanas, shakia y vanga (bengalíes)
- Tocarios. Poblaron la cuenca del Tarim en lo que hoy es la Región Autónoma Uigur de Xinjiang, en el oeste de la actual China. Su peculiar cultura se extendió desde cerca el 1800 AEC hasta finales del primer milenio de nuestra era. Introdujeron en China los caballos, el estribo y la metalurgia del hierro. Además de su lengua, los cabellos rubios y pelirrojos de las momias de Tarim son evidencia de su origen indoeuropeo. Los análisis genéticos realizados a estas momias han arrojado linajes paternos R1a, asociados a eslavos e indo-iranios.
Protoindoeuropeo
Cultura material
El léxico reconstruido del idioma protoindoeuropeo tiene términos para la mayoría de objetos conocidos por los pueblos de Europa central en la Edad del Cobre que vivían lejos de la costa. A partir de un análisis preciso de la distribución de ciertos animales y plantas, y un listado de objetos presentes en su cultural material, se ha intentado ubicar sobre el mapa el origen de los protoindoeuropeos. Sin embargo, actualmente existen diferentes propuestas incompatibles entre sí y a su vez compatibles con la evidencia lingüística disponible, lo que sugiere que la paleontología lingüística por sí misma no puede resolver adecuadamente la cuestión del origen de los indoeuropeos.
Tecnología
La evidencia de las lenguas indoeuropeas sugieren que los protoindoeuropeos conocían el cultivo de cereales y existen palabras para referirse al bronce (*h2éyos) en germánico, itálico e indo-iranio, mientras que no hay ninguna relación para el hierro que se pueda adjudicar a la protolengua. El oro y la plata eran conocidos. No existen demasiados términos comunes para conceptos marineros o de navegación, lo cual sugiere que se trató de una cultura que vivía en el interior del continente.
Un *n̥sis era un arma con filo, originalmente una daga de bronce o, en épocas tempranas, de hueso. Un *ik'mos era una lanza o un arma similar con punta. Palabras para hacha son *H₂égʷsiH₂ (germánico, griego, itálico) y *péleḱus (griego, indo-iranio); estas pudieron haber estado hechas de piedra o de bronce.
Se conocen los términos para rueda (*rótH₂eH₂ o *kweklos; círculo) y para carros tirados por animales (*wegh-). Los carruajes de caballos se desarrollaron después de la ruptura de la protolengua, originándose con los protoindoiranios alrededor de 2000 AEC.
Además de tener léxico relacionado con tareas agrícolas, existe un gran número de evidencias de sobre las técnicas textiles, siendo dos tejidos bien reflejados en el léxico la lana (*wlh2nā) y el lino (*linom) y la confección de vestidos (*wes-, *drap-). Las prácticas de tejeduría, costura, elaboración de nudos, etc., fueron importantes y bien desarrolladas, usadas tanto para la producción textil como para la producción de canastas, cercas, vallas, etc. La tejeduría también llevaba consigo una gran connotación mágica, y la magia siempre ha sido expresada y expuesta por medio de metáforas: los cuerpos de los difuntos parecen haber sido literalmente amarrados a sus túmulos para impedir su retorno.
Domesticación de animales
La sociedad protoindoeuropea dependía de la ganadería. El protoindoeuropeo cuenta con términos para denotar al ganado bovino: *gwow- 'vaca, buey' y *tauros 'toro', y al ganado ovino: *h2owi-. También conocían los caballos (*ekwos 'caballo') y los cerdos (para los que existen la denominaciones *porkos y *suw-). Además conocían animales salvajes como el oso (*h2rtkos > *h2rtkos) y el lobo (*wlkwos).
Los animales domésticos europeos descienden de:
- El ganado vacuno de los uros o auroch. Las vacas europeas son en general más robustas y producen más leche que las asiáticas y las africanas.
- El ganado porcino de jabalíes. Los cerdos europeos son en su mayoría alargados en comparación con otras razas de cuerpo más corto. La mayoría son blancas o rosadas, con algunas excepciones como el cerdo ibérico.
- El ganado ovino del muflón. Las ovejas europeas no presentan acumulación de grasa en el rabo, dan bastante lana y menos leche que otras subespecies de Asia.
Los bovinos eran los animales más importantes y la riqueza de un hombre podía ser medida de acuerdo a la cantidad de vacas que poseyera. Ovejas (*H₃ówis) y cabras (*gʰáidos) también eran mantenidas, presumiblemente por los menos ricos. La pesca (*písḱos) también era practicada.
La domesticación del caballo pudo haber sido una innovación de este pueblo y es a veces considerada como un factor que contribuyó a su rápida expansión.
Léxico doméstico
El léxico doméstico incluye la raíz *dem- / *dom- 'conjunto de familiares, casa', del que deriva el latín domus 'casa' y el griego demos 'pueblo' e incluso déspota de *dems-potis 'señor de la casa'. Se ha señalado que la organización política podría basarse en clanes, que compartirían un conjunto de casas woikos (latín vīcus, griego oikos).
Cultura espiritual
Nombres
Los nombres propios antroponímicos indoeuropeos testimoniados en diversas lenguas antiguas, refleja el uso frecuente de palabras compuestas como nombres personales. Estos nombres parecen tener la misma estructura que los compuestos duales del sánscrito llamados bahuvrihi (बहुव्रीहि). Aunque hay ejemplos de nombres glorificantes, no siempre es el caso que el nombre tenga connotaciones nobles o heroicas para su portador. Estos nombres son muy frecuentes en muchas ramas, algunos ejemplos, pueden ser encontrados en lenguas celtas (Dumnorix: "rey del mundo"; Kennedy: "cabeza fea"), en lenguas indo-iranias (Asvaghosa: "domador de caballos"), en griego (Sócrates: "buen gobernador"; Hiparco: "amo de caballos"; Cleopatra: "de linaje famoso"), en lenguas eslavas (Vladimir: "gobernador pacífico" (Vladimir puede analizarse como volodi-mirom, "dominador del mundo") y en lenguas germánicas (Alfred: "elfo-consejero"; Godiva: "don de Dios").
Patronímicos como Gustafson ("hijo de Gustavo"), McCool, o Mazurkiewicz también son hallados en las lenguas indoeuropeas.
Poesía
Sólo pequeños fragmentos de poesía protoindoeuropea han podido ser recuperados. Lo que sobrevive son proverbios de dos o tres palabras, como fama eterna (*ḱléwos n̥dʰgʷʰitom) o dioses inmortales, que fueron encontradas en diversas fuentes antiguas. Estas parecen haber sido bloques constructores de letras de músicas.
Deduciendo principalmente de los Vedas, debieron haber existido himnos sacrificiales, mitos creacionistas e historias sobre héroes (la muerte de una serpiente o dragón (*kʷr̥mis) a manos de un hombre o dios mítico).
Probablemente fueron de gran importancia para los protoindoeuropeos las canciones que enaltecían las obras de grandes guerreros. Además de perpetuar su gloria (*ḱléwos), estas canciones templaban el ánimo de los guerreros ya que cada uno de ellos llegaría a considerar si su fama eterna sería gloriosa o vergonzosa.
Filosofía
Algunas palabras relacionadas con el concepto del mundo que tenían los protoindoeuropeos son:
- *gʰosti- se refería a las obligaciones mutuas entre personas y entre los fieles y los dioses. De ella derivan los vocablos ingleses guest "invitado" y host "anfitrión".
- *h₁r̥-tu-, h₁r̥-to- "correcto, ordenado, apropiado", y también "momento cierto", relacionadas con el orden del mundo (avéstico asha; védico ritá o ritú).
Religión
La existencia de similitudes entre los dioses, mitologías y prácticas religiosas entre los diversos pueblos indoeuropeos sugiere que todas se derivaron de una religión protoindoeuropea encabezada por una triada de dioses supremos. La religión de los indoeuropeos es politeísta y está relacionada con el culto a la Naturaleza, y su religiosidad tiene el carácter del culto solar, donde se rendía devoción especialmente a las fuerzas celestes.
El léxico reconstruido sugiere que uno de los dioses o fuerzas naturales divinizadas más importantes en la cultura de los antiguos indoeuropeos era un "Dios Padre" del Cielo Dyeus Patēr (el dios védico Dyaus Pitar, derivado a Dyu-Piter (Iupiter) y Iovis Pater: 'Padre Cielo'; Deus Pater: 'Dios Padre'.) Esta expresión sobrevive tanto a través del griego Zeus, como a través del latín Iupiter (Júpiter) . De hecho la palabra para el 'cielo diurno' y 'resplandor del día', así como la designación para un adjetivo que significaba 'celestial' o 'brillante' derivan de la misma raíz protoindoeuropea: *dyew-, *deywó-, el cual es un derivado de la raíz *dyw-, que significa ‘brillar’ (especialmente el cielo iluminado por el día). Asimismo, las deidades en el hinduismo védico son denominadas devas.
La palabra en inglés, god y en alemán, gott, se derivan del protogermánico *ǥuđan[5], y la mayoría de los lingüistas coinciden en que la forma protoindoeuropea reconstruida *ǵhu-tó-m estaba basada en la raíz *ǵhau(ə)-, que significa "llamar" o "invocar".
Organización social
Debido a la inexistencia de fuentes escritas, las características de la sociedad protoindoeuropea son una reconstrucción razonable basada tanto en el análisis de las posteriores sociedades indoeuropeas como en la evidencia arqueológica y lingüística. La sociedad protoindoeuropea habría sido preeminentemente patriarcal y semi-nómada, siendo la ganadería una de las actividades económicas más importantes. Contaba además con una organización social, militar y religiosa estricta y disciplinada.
El nombre nativo con el cual este pueblo se denominó a sí mismo como una unidad étnica de tribus relacionadas, no puede ser reconstruido con seguridad. Sin embargo, Max Müller y otros lingüistas del siglo XIX teorizaron que el término arya ("noble" en sánscrito) era usado como una autodescripción de los protoindoeuropeos. Muy probablemente un cognado de esta palabra fue usada en la lengua protoindoeuropea tal como *heryos ('familiar', 'pariente').
Hay evidencia de "realeza sagrada", dando a entender que el jefe tribal asumía al mismo tiempo el papel de sumo sacerdote. Algunas sociedades indoeuropeas todavía muestran signos de una triple división social en una casta clerical (PIE *bhlāmn, latín flāmen, sánscrito brahmana), otra casta de guerreros y una casta de productores, agricultores o cazadores. Una división de este tipo fue sugerida por Georges Dumézil para la sociedad protoindoeuropea. Al respecto, es célebre su Teoría de las tres funciones: Soberanía mágica y jurídica (sacerdocio), función guerrera (aristocracia militar), y función productiva. Esta estructura social se reencuentra desde Islandia hasta la India, pasando por Roma y Persia. La mayoría de culturas a las que no se atribuye raíz indoeuropea, como las sociedades antiguas de Arabia y China, tienen una estructura marcadamente diferente, con menos o más estamentos y de notable diferencia en cuanto a su significado y organización (por ejemplo, los chinos entremezclaban la casta guerrera con la sacerdotal)
Si hubo una clase separada de guerreros, probablemente consistía de hombres jóvenes. Ellos debieron haber seguido un código guerrero propio, inaceptable fuera de un grupo tribal único. Rastros de ritos de iniciación en algunas sociedades indoeuropeas sugieren que este grupo se identificaba a sí mismo con lobos (Ver: Männerbund y Berserker).
La gente estaba organizada en aldeas (*weiḱs; 'villa'), probablemente cada una con su propio jefe (*H₃rēǵs). Estas aldeas o pueblos estaban divididas en casas (*domos), cada una liderada por un patriarca (*dems-potis; griego despotes, sánscrito dampati).
Existe un ensayo notable de Georges Dumézil, partiendo de nuevo de su especialidad, el estudio comparado de las religiones, considerando el mito de Heimdall, dios primordial, pero no supremo. Creó a los humanos en sus diferentes roles: un esclavo, un cultivador: Karl, y un guerrero: Jarl. De Jarl nacerá un rey que dispone de la potencia mágica. Es la diferencia de los germanos, que no tienen casta de sacerdotes, de brahmanes o druidas. La primera función es ejercida por el rey solo. Esta diferencia con los otros pueblos indoeuropeos muestra bien que la estructura de las tres funciones no es inmutable sino que constituye un esquema que ha evolucionado según los lugares y el tiempo, como lo muestra también el hecho de que lo que se traduce como 'historia' en Roma, permanece como 'mito' en otro lado. Nótese también que el rol de la magia en los escandinavos revela la influencia del chamanismo siberiano o finés, como se aprecia en el Kalevala.
Entre los términos reconstruidos está la raíz *rēg- (< *h3rēg-) interpretado como 'rey', aunque la raíz originalmente podría haber significado simplemente 'gobernante' o bien 'poder, fuerza', ya que en sánscrito védico aparece esa acepción.
Entre los conceptos abstractos está el de *h2yw- 'prosperidad, orden, ley' que aparece en latín como iūs 'ley [humana]', en avéstico como yaoš 'salud, prosperidad' y en sánscrito āyu (nominativo)/yós (genitivo).
Según autores como F. X. Dillmann, gran conocedor del dominio nórdico, los paralelismos entre relatos sobre enfrentamientos de los respectivos dioses de las tres castas, en distintas culturas consideradas de raíz indoeuropea, podrían confirmar la Teoría de las tres funciones de Georges Dumézil.
Evidencias de la cultura protoindoeuropea
Evidencias lingüísticas
La principal evidencia de la existencia de una lengua protoindoeuropea hablada por un grupo étnico concreto procede del vocabulario compartido por las lenguas indoeuropeas referente a la cultura material (tecnología, plantas y animales domésticos, instituciones culturales). La paleontología lingüística es la disciplina que trata de reconstruir aspectos parciales de la cultura de ciertos pueblos prehistóricos sobre la base de la comparación del vocabulario heredado de la protolengua común.
La relación idiomática se considera corroborada. Desde principios del siglo XIX, numerosos lingüistas arribaron a la tesis de un tronco común repartido en diversas familias. Trabajando cada uno por su cuenta, dos investigadores, el danés Rasmus Christian Rask y el alemán Franz Bopp, llegaron a la misma conclusión, que hubo una sola lengua matriz en el área de expansión de los indoeuropeos. Rask demostró la relación del islandés y las lenguas germánicas con el griego y el latín. Bopp demostró el parentesco entre algunas lenguas orientales, como el sánscrito de la India, con las occidentales griego y latín. Bopp comparaba la gramática, mientras que los esfuerzos de Rask se centraron en la fonética. Entre ambos fundaron la Lingüística comparada y, tras ellos, a mediados del siglo XIX pudo asegurarse científicamente que todas las lenguas europeas modernas, salvo cinco —vasco, finés, estonio, húngaro y lapón, distintas por su léxico y por su estructura como lenguas— proceden de un idioma primigenio común, fuente asimismo de numerosas lenguas orientales. Este idioma fue llamado «indogermano» por sus primeros analistas, que eran alemanes, y después, respondiendo a su ámbito de difusión, indoeuropeo.
Basándose en la paleontología lingüística, se ha intentado averiguar cuál podría ser la cultura originaria de los indoeuropeos. Al principio se situó en la India, pero luego se demostró que el sánscrito era una lengua más reciente, y el origen se fue desplazando paulatinamente hacia el mar Báltico y el río Danubio. Más tarde se trabajó a partir del lenguaje y las palabras con raíces indoeuropeas, deduciendo que el paisaje por el que se movía aquel pueblo primigenio estaba integrado por una flora y fauna dominada por hayas y abedules, así como ciervos, caballos, lobos, osos, jabalíes y gansos, con frecuentes lluvias y tormentas, lo que descartaba la posibilidad de zonas climáticas excesivamente calurosas y secas para aquella cultura.
Evidencias arqueológicas
La arqueología y el estudio de las religiones arcaicas revelan coincidencias entre sociedades muy alejadas que podrían ser consecuencia de una conquista del territorio por los pueblos indoeuropeos, con la consiguiente imposición de su cultura. En cambio, la gran diversidad cultural que se aprecia entre los pueblos indoeuropeos apunta la posibilidad de que su lengua y patrimonio se estableciera por transmisión, sin desbancar las culturas originales, aunque las diferencias también pudieron surgir de la adaptación a los sucesivos territorios durante la expansión, resultando en variantes de una misma cultura indoeuropea.
La hipótesis que ha gozado de más aceptación es la hipótesis de los kurganes de Marija Gimbutas que identifica el origen en la cultura de los kurganes, situada en la estepa rusa y sur de Ucrania. La base de dicha identificación se basa en que la cultura material atribuible a los pueblos indoeuropeos a partir de las especulaciones de la paleontología lingüística es similar a la cultura material de los kurganes. Los rasgos culturales que se les atribuyen son la domesticación del caballo y el uso de carros, junto con la ganadería y la agricultura.
Evidencias genéticas
En términos genéticos, el subclado R1a1a (R-M17 o R-M198) es el más comúnmente asociado con hablantes indoeuropeos. El haplogrupo paterno R1a1 se cree que se originó en la estepa eurasiática (norte del Mar Negro y el Mar Caspio). Las mutaciones que caracterizan al haplogrupo R1a ocurrieron 10.000 años antes del presente. Su mutación definitoria (M17) se produjo hace unos 10.000 a 14.000 años. Se propone una propagación postglacial (Holoceno) del haplogrupo R1a1 desde el norte del Mar Negro, o bien del sur del Mar Báltico, durante el tiempo del Último Máximo Glacial, que subsecuentemente fue magnificado por la expansión de la cultura de los kurganes hacia Europa y hacia el Este. Los datos recogidos hasta el momento indican que hay dos zonas muy distantes de alta frecuencia, una en Europa del Este, alrededor de Polonia, Ucrania y el núcleo de Rusia, y el otro en el sur de Asia, alrededor del norte de la India. Las razones históricas y prehistóricas posibles para esto son objeto de discusión y de atención entre los genetistas de poblaciones y genealogistas genéticos.
De 10 restos humanos masculinos asignados al horizonte Andrónovo de la región de Krasnoyarsk, nueve resultaron tener el haplogrupo R1a del cromosoma Y y uno el haplogrupo C-M130 (XC3). Los haplogrupos de ADN mitocondrial de nueve individuos asignados al mismo horizonte Andrónovo y la misma región fueron los siguientes: U4 (dos personas), U2E, U5a1, Z, T1, T4, H y K2b. Por otra parte, el 90% de los haplogrupos maternos de la Edad de Bronce eran de origen euroasiático occidental y el estudio determinó que al menos el 60% de los individuos en general (de 26 muestras de restos humanos de la Edad de Bronce y de Hierro) tenía el cabello rubio y ojos azules o verdes, correspondiendo a un fenotipo nórdico coherente con la adaptación a la climatología euroasiática.
Un estudio de 2004 también estableció que durante el período de la Edad de Bronce y del Hierro, la mayoría de la población de Kazajstán (parte de la cultura Andrónovo durante la Edad de Bronce), era de origen euroasiático occidental (con haplogrupos maternos como U, H, HV, T, I y W), y que antes de los siglos XIII–VII AEC, todas las muestras de Kazajstán pertenecían a linajes europeos.
El genetista italiano L. L. Cavalli-Sforza llevó a cabo un análisis de componentes principales de la frecuencia de ciertos marcadores genéticos del ADN de los europeos, determinando que prácticamente toda la variación encontrada podía ser explicada a partir de cinco componentes principales. El factor o componente principal más importante parece relacionado arqueológicamente con las fechas de la expansión de la agricultura neolítica en Europa hace entre 10 mil y 6 mil años. Este componente no muestra correlación con lo que probablemente pudo ser la expansión de las lenguas indoeuropeas en el continente. Se ha apuntado que el tercer componente principal podría estar correlacionado con la expansión de las lenguas indoeuropeas en el continente. El segundo componente muestra un gradiente norte sur y se ha relacionado con expansión de pueblos urálicos, ya que es un gradiente norte sur, aunque es difícil asegurarlo.
La mutación de la piel clara fue propagada por los indoeuropeos
La mutación rs1426654 en el alelo A111T del gen SLC24A5 está relacionada con la pigmentación de la piel clara en las poblaciones de Europa, Oriente Medio y Asia Central y del Sur.[6][7] y es responsable del 40% de las variaciones del color de la piel entre europeos. Estas mutaciones parecen haber sido propagadas a Europa inicialmente por agricultores neolíticos del Cercano Oriente y luego especialmente por los protoindoeuropeos de la estepa póntica durante la Edad del Bronce. La distribución de este alelo A111T muestra una fuerte asociación con las lenguas indoeuropeas extendidas y los linajes paternos (R1a y R1b), y hay una correlación particularmente fuerte con el haplogrupo Y R1b, mostrando picos en las frecuencias A111T en el noroeste y centro de Europa, la cuenca del Danubio, el Cáucaso, Anatolia, Irán y Turkmenistán.
Se estima que esta mutación pudo haber surgido durante el Paleolítico Superior terminal al período Neolítico Medio, aproximadamente hace 20,000 años, o bien entre algunas tribus europeas durante el Paleolítico tardío, poco antes del final de la última glaciación (quizás hace 18 a 12 mil años) entre los linajes de ADNmt U5 de personas R1 en Europa del Este o sur de Rusia, coincidiendo con el período durante el cual se ha estimado que el haplogrupo R1b se estableció alrededor del Kurdistán moderno, domesticaron ganado y luego migraron a la estepa póntica. Aunque es muy probable que haya surgido entre los portadores de R1, también podría haberse detectado en otra población y transmitido a los hombres R1a y R1b a través del lado materno. En cuanto a su lugar de origen, podría haber sido en Anatolia, Kurdistán o alrededor del Cáucaso.
Lenguas indoeuropeas
El estrecho parentesco entre las lenguas indoeuropeas nos obliga a deducir que todas ellas derivan de una única lengua originaria (Ursprache) que habría sido hablada por un único pueblo (Urvolk) en una antiquísima patria de origen (Urheimat), para ser difundida posteriormente en el curso de una serie de migraciones por el inmenso espacio que se extiende entre el Atlántico y el Ganges.
Para buena parte de la comunidad científica, la idea de un tronco común a las familias de lenguas indoeuropeas está probada, muy especialmente por los trabajos de Rasmus Christan Rask y Franz Bopp, que relacionaron en un tronco común las lenguas germánicas con las mediterráneas clásicas a través de la gramática, así como con las lenguas indo-iranias por estudios sobre la fonética, especialmente en el nombre de sus respectivos dioses. Dicha tesis viene además avalada por los estudios del experto en religiones comparadas Georges Dumézil, especialmente tras el descubrimiento del Juramento de Mattiwaza, tratado de paz entre el reino Mitanio y el imperio Hitita, en el que se ponen por testigos tanto a los dioses hititas, sirios y babilonios, como a los dioses indoiranios (Mitra, Indra, etc.).
Por otra parte, según los eruditos más escépticos a la hipótesis indoeuropea, las principales divisiones dentro de la familia de lenguas indoeuropeas se remontan a variedades dialectales mutuamente inteligibles o cuasi-inteligibles que existían en el último período indoeuropeo. Esto se refleja en el hecho de que, varias de las ramas o subfamilias indoeuropeas comparten isoglosas comunes incompatibles con un modelo de árbol genealógico. Así el protobalto, el protocéltico, el protoeslavo y el protogermánico comparten ciertos rasgos, que los diferencian de otras ramas de la familia, aun cuando probablemente nunca existiera un tronco común y anterior a los idiomas bálticos, eslavos y germánicos.
Las innovaciones comunes a ramas diferentes del indoeuropeo, sugieren que la situación precedente a la diversificación de las lenguas indoeuropeas, era la de un conjunto de dialectos en los que ocasionalmente una innovación o cambio fonético traspasaba las fronteras dialectales y se producía también en los dialectos adyacentes.
Si se toma en consideración la existencia de innovaciones que afectaron a dos ramas: proto-A y proto-B, sin que ello presuponga que existió un proto-AB permite explicar las similitudes entre lenguas itálicas sin presuponer la existencia de un protoitálico, o las similitudes entre lenguas eslavas y bálticas sin presuponer la existencia de un protobaltoeslavo.
Períodos comunes a los pueblos indoeuropeos
Los expertos han establecido tres periodos distintos para comprender mejor la evolución conjunta de las culturas indoeuropeas, en su vertiente institucional, fuertemente ligada a sus creencias religiosas:
- Período Neolítico o Mesolítico, del que tratan las conjeturas sobre su origen común, como la hipótesis de los kurganes y otros trabajos. A este período apuntan los dioses de nombres más antiguos, vinculados a la astrología y la naturaleza: el Cielo diurno, los Gemelos divinos, la Aurora, etc. (véase: Religión indoeuropea)
- Período Intermedio o de las Tres funciones, del que se dispone de cierta documentación. Aunque ya presenta una riquísima y considerable diversificación, permite reconstruir algunas estructuras sociales comunes, como son los cuatro círculos esenciales del mundo indoeuropeo: familia, clan, linaje y tribu. En este período se asienta la división de la sociedad en tres funciones, divinizando sus respectivos estamentos al adjudicarle a los dioses la misma estructura social.
En este período, mientras que algunas sociedades desarrollan una casta sacerdotal propia, y exclusivamente dedicada al servicio de los dioses, como los bramanes indios, los athravanos iranios o los druidas celtas, en otras, la función sacerdotal es hereditaria y se entremezcla con la política y la guerra, resultando el sacerdote jefe del círculo correspondiente: el rey de la tribu, el jefe del linaje, del clan, y el padre de familia en el culto doméstico.
Por otra parte, en ambas variantes, la función sacerdotal se transmitía por el linaje, siendo en su seno como se desarrollaron el culto doméstico a los antepasados y los dioses del hogar, lo cual derivó, según Fustel de Coulanges en las instituciones de la ciudad antigua que dan lugar al siguiente y último período. - Período final. Caracterizado por lo que Meillet llama "divinización de los hechos sociales", y otros autores, "religión de la verdad". En este último período de las culturas indoeuropeas, ya en pugna con las filosofías (budismo, neoplatonismo) y el monoteísmo (mitraísmo, cristianismo, mazdeísmo), los indoeuropeos desarrollan una nueva forma de solidaridad: la «fidelidad» recíproca entre el jefe y sus hombres, el respeto a los pactos, el deber de asistencia mutua, el reparto equitativo, etc.
Se diferencia claramente de concepciones anteriores, la de la sociedad de cuatro círculos y tres funciones, que primaba a la casta.
En esta época se generaliza la ciudad antigua como médula espinal de un quinto círculo vital: el Estado que aúna las tribus bajo una nación (comenzará como ciudades-Estado al final del período Intermedio, terminando como focos de poder de inmensos reinos e imperios en este período final) La ciudad antigua, el más alto grado de desarrollo, progreso y civilización del mundo indoeuropeo, prolonga no obstante la sociedad de los linajes y, sin repudiar sus valores, abolió las instituciones de la sociedad heroica -2º período; se refiere al clan y la tribu-, al igual que la aristocracia guerrera, que le estaba vinculada, y que los «tiranos» habrían intentado instaurar para su beneficio, cediendo finalmente su poder a un monarca.
Preindoeuropeo
Ambos términos (indoeuropeo y protoindoeuropeo) se usan especialmente en oposición al de preindoeuropeo, que designa al sustrato étnico anterior ("no-ario") al de la llegada de los indoeuropeos, tanto en India como en Europa o en Anatolia. Para el caso de la protohistoria de España, el término "preindoeuropeo" identifica al área del sur y el este peninsular (Tartessos y el área cultural de los iberos), mientras que el término "indoeuropeo" identifica al área del centro, oeste y norte (identificado a grandes rasgos con el área cultural de lo celta), con la notable excepción de los vascones, de lengua preindoeuropea (el antecedente del euskera).[8]
Los pueblos preindoeuropeos que habitaban en Europa antes de la llegada de los indoeuropeos, entre el VI y el IV milenio AEC. eran un conjunto de sociedades agrícolas formadas por los primeros agricultores europeos (EEF) contrario a las sociedades ganaderas (WSH) propias de los indoeuropeos.
Estos pueblos preindoeuropeos escogían llanuras fértiles para asentarse y no lugares elevados de difícil acceso, como en cambio sí hacían los indoeuropeos. Al parecer, inventaron alguna forma de escritura en épocas tan remotas como el V milenio AEC. Pero no conocían el bronce con el que los indoeuropeos forjaban sus armas.
En algunas zonas como la India, cuando los indoeuropeos se enfrentaron con culturas no indoeuropeas éstas sucumbieron a su empuje, no sin asimilarse algunos con sus conquistadores en una proporción indeterminada.
Indoeuropeización
Por similitud con los conceptos de romanización o arabización, se utiliza el concepto de indoeuropeización para designar a la aculturación que se produjo como consecuencia del contacto con los pueblos indoeuropeos o protoindoeuropeos.[9]
Indoeuropeísmo o indoeuropeística
Entre los más importantes indoeuropeístas (los dedicados a los estudios indoeuropeos, especialmente la filología indoeuropea) están William Jones, Rasmus Rask, Franz Bopp, Friedrich Schlegel, Jakob Grimm, Hans F. K. Günther, Georges Dumézil[10], Max Müller, Ferdinand de Saussure;[11][12], Adriano Romualdi, Tom Rowsell, James P. Mallory y Douglas Q. Adams; y entre los hispanohablantes Francisco García Ayuso, Antonio Tovar, Francisco Rodríguez Adrados y Francisco Villar Liébana.[13]
Diversas instituciones se han dedicado a los estudios indoeuropeos:
- Ahnenerbe, una organización científica nacionalsocialista del aparato de Estado del Tercer Reich, fundada el 1 de julio de 1935 por Heinrich Himmler, Hermann Wirth y Richard Walther Darré para realizar y divulgar investigaciones sobre arqueología e historia de los indoeuropeos.
- The Journal of Indo-European studies ("Revista de estudios indoeuropeos"), desde 1973.[14]
- Encyclopedia of Indo-European Culture ("Enciclopedia de la cultura indoeuropea"), de 1979.
- El Institut d'études indo-européennes ("Instituto de estudios indoeuropeos") es una institución universitaria de la Universidad de Lyon III, que edita la revista Études indo-européennes desde 1982.[15]
- El Círculo de Estudios Indoeuropeos fue una organización española dedicada a estudiar e investigar los orígenes, cultura e identidad de los pueblos indoeuropeos, así como la recuperación de las tradiciones europeas, entre otras cosas.
Importancia para la identidad europea
La conciencia respecto al parentesco entre los pueblos indoeuropeos, sus religiones y lenguas, así como su derivación de un mismo tronco común, posee en sí una serie de elementos tendentes a constituir el fundamento de una gran idea unitaria y aglutinante de la raza blanca. Esta idea puede y debe contribuir a una toma de conciencia significativa para la Europa contemporánea, en la medida en la que el «mito ario» forme parte de una visión del mundo revolucionaria y a la vez tradicional. Contra la marea subversiva mundial que amenaza con sumergir Europa y a su gente, la idea indoeuropea constituye un punto de referencia para las energías europeas supervivientes. Esta "idea aria" no debe referirse única y simplemente al sentido de pertenencia a la raza blanca, sino también a la aceptación consciente de los valores que encarna la tradición indoeuropea en la historia.
El hecho es que a pesar de las diferencias de lenguaje y las distancias geográficas, existió una unidad racial y espiritual desde la Islandia germánica hasta la India védica, una unidad que deja su fuerte impronta en monumentos épicos como la Ilíada, el Mahâbhârata y el Nibelungenlied. En el interior de esta unidad florecen la Hélade y Roma, los valores aristocráticos, cualitativos y agonísticos del mundo clásico. La conciencia de esta tradición de sangre y de espíritu y su contraposición a las formas de moralidad y religiosidad abrahámica infiltradas durante el ocaso del mundo clásico y que hoy vuelven a manifestarse como fuerzas disolventes, es de vital importancia para la definición de una cosmovisión específicamente europea.
Pese a que suele señalarse al cristianismo como el factor supremo de cohesión europea durante la Edad Media, éste jamás ha logrado una unidad semejante, y en cambio, ha generado a largo plazo una serie de divisiones y fragmentaciones sectarias en conflicto mutuo a causa de su propia naturaleza dogmática y fundamentalista, que no han hecho sino hundir a la raza blanca en una crisis étnica y espiritual, y su naturaleza universalista ha propiciado la disolución de las identidades étnicas.
Así, la idea indoeuropea, la Arianidad, se nos presenta como la clave del origen de Europa, aspirando además a ser un instrumento revolucionario en la comprensión de la historia que nos permita entender que no todos los elementos que surgen o se desarrollan en Europa poseen el mismo valor y de qué forma se distinguen en la historia de Europa corrientes centrales y periféricas, corrientes europeas y corrientes antieuropeas.
Bibliografía
Referencias
- ↑ Wilhelm Sieglin, Die blonden Haare der indogermanischen Völker des Altertums : eine Sammlung der antiken Zeugnisse als Beitrag zur Indogermanenfrage (El cabello rubio de los pueblos indoeuropeos de la antigüedad: una colección de evidencia antigua como contribución a la cuestión indoeuropea). München : Lehmann, 1935.
- ↑ Keyser, C., Bouakaze, C., Crubézy, E., et al. (2009). Ancient DNA provides new insights into the history of south Siberian Kurgan people. Human Genetics, 126(3), 395-410.
- ↑ Allentoft et al., Population genomics of Bronze Age Eurasia, Nature (2015).
- ↑ Anthony, David W., The Horse, the Wheel and Language (2007).
- ↑ Probablemente relacionado también con los nombres Woden, Wotan y Odin, aunque actualmente se ha negado esto optándose en cambio por la raíz óðr y wōþ
- ↑ Victor A. Canfield et. al., Molecular Phylogeography of a Human Autosomal Skin Color Locus Under Natural Selection
- ↑ The Light Skin Allele of SLC24A5 in South Asians and Europeans Shares Identity by Descent
- ↑ Área indoeuropea en los pueblos prerromanos de Hispania
- ↑ GEA
- ↑
- Marco García, Dumézil y los estudios indoeuropeos en Georges Dumézil, Madrid, Orto, 1999
- José Javier Esparza. Dumézil y los estudios indoeuropeos en Los Indoeuropeos. La memoria de Europa, Punto y Coma, noviembre-enero de 1987.
- ↑ Los estudios indoeuropeos
- ↑
- Leiden Studies in Indo-European, desde 1991
- Copenhagen Studies in Indo-European, desde 1999
- Leiden Indo-European Etymological Dictionary Series, desde 2005
- ↑ José Jacinto García, Grandes indoeuropeístas españoles (localiza algunos autores de mediados del siglo XIX que se aproximaron a los estudios indoeuropeos, o al menos demostraron tener noticia de ellos: Gustavo Adolfo Bécquer y Francisco de Paula Canalejas).
- ↑ Primer número, en Google books. Web de la revista.
- ↑ BBF
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- Ario
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- Teoría de las tres funciones
- Estudios indoeuropeos



