Antisemitismo

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Caricatura rotulada como "antisemita" porque ilustra las características físicas y personales comúnmente asociadas a los judíos. La expresión facial representa la codicia y el rostro presenta una nariz prominente, barba abundante, cabello rizado y escaso al frente.

El antijudaísmo o antisemitismo, acorde a su significado actual según los modernos diccionarios, es un fenómeno surgido desde la antigüedad que consiste en la oposición u hostilidad abierta hacia los judíos como colectivo religioso, racial o cultural. En general esta oposición se manifiesta contra la influencia judía, o el supremacismo judío. El término y sus derivados son aplicados también a diversas opiniones, críticas, hechos, individuos, organizaciones y acciones percibidas como políticamente incorrectas y negativas para los judíos.

La definición de antisemita es utilizada de forma demagógica y polìtica por judíos y gobiernos de ocupación sionista para calificar a aquellos que de alguna manera critican o cuestionan las acciones y opiniones de los judíos, y no únicamente a quienes los discriminan como comunidad, llegando incluso a ser considerado como delito según sea el caso. De esta manera los judíos, utilizando la victimización como constante herramienta mediática, convierten a su comunidad en intachable, incuestionable e intocable dentro de las sociedades donde se establecen.

Etimológicamente el uso del término "antisemita" carece de su significado real, pues la palabra "semita" en realidad engloba a todos los pueblos semíticos de los cuales los judíos serían tan solo una pequeña parte, aunque debido a las conversiones históricas muchos de ellos no descienden de los antiguos semitas. Los semitas son un conjunto de pueblos que habitan el Medio Oriente y comparten similitudes culturales. Según los gobiernos sionistas el término antisemita solo hace referencia a los judíos, cuando la realidad de la etimología de la palabra abarca a todos los pueblos semíticos en general.

El antisemitismo referido a los judíos, históricamente ha surgido como una respuesta ante el fundamentalismo político-religioso de la comunidad judía, o por lo menos de su cúpula dirigente.

Etimología y origen del término

La Solución Final habría consistido en la expulsión de los judíos y no su exterminio, según este afiche francés que el sionismo cataloga de "antisemita" como recurso para desacreditar su mensaje.

Aunque la etimología del término antisemitismo da a entender que se trata de una actitud contra los pueblos semitas en general, el término se utiliza en forma exclusiva para referirse a la oposición a los judíos.

Las definiciones tradicionales indican[1]:

  • Antisemitismo: Doctrina o tendencia de los antisemitas.
  • Antisemita: adj. y com. [Persona] hostil hacia los judíos, o hacia la cultura e influencia de estos.
  • Antisemítico: adj. Del antisemitismo o relativo a esta doctrina.

El término antisemitismo fue acuñado en 1879 por el periodista Wilhelm Marr en su libro Zwanglose Antisemitische Hefte basado en razones etnológicas y no religiosas, utilizándolo por primera vez en un panfleto antisemita que exhortaba a la hostilidad contra los judíos desprovisto de toda connotación religiosa. Este texto, publicado en Berna, tuvo mucho éxito (doce ediciones en el mismo año) y fundaría unos meses después la Liga de los antisemitas (Antisemiten-Liga). Wilhelm Scherer empleó ese mismo año el término Antisemiten en Neue Freie Presse

Con el fin de evitar confusiones en referencia a otros pueblos que hablan lenguas semíticas, algunos autores proponen, como es el caso del judío Gustavo Perednik, que el término "antisemitismo" es erróneo y debería ser reemplazado por el de "judeofobia", acuñado por León Pinsker en 1882, por considerarlo más apropiado. Otros prefieren el término "antijudaísmo", que es objetivamente más correcto en significado, ya que el término semita hace referencia a Sem, quien según los escritos bíblicos fue el primogénito de Noé del que, de acuerdo a la tradición, descenderían los hebreos, los asirios, babilonios, los elamitas, así como los árabes y otras comunidades de Oriente Próximo y Medio: libaneses, iraquíes, sirios, jordanos, egipcios modernos y palestinos, entre otros. Por extensión, el término semita se usa para designar a los pueblos hablantes de lenguas semíticas y sus culturas.

Definido así el amplio significado del término "semita", se ve entonces que su contrapartida – "antisemita" – debiera definir a quiénes se oponen a la influencia y la cultura de los semitas. O sea, se trataría mayormente de los pueblos árabes y su mayoritaria religión islámica, y a solo un sector muy pequeño del pueblo judío (o sea, los sefardíes cuya ascendencia puede rastrearse a los hebreos bíblicos).

Dentro del marco de esta definición, las persecuciones y agresiones hoy se perpetran contra los pueblos semíticos en Irak, Líbano y Palestina deberían calificarse como genocidios antisemitas; o sea verdaderos casos de antisemitismo.

Pero cuando los multimedios mundiales y las organizaciones sionistas hablan de "antisemitismo", de ninguna manera se refieren a la violencia sistemática perpetrada contra los pueblos semíticos en Medio Oriente por las democracias occidentales. Incongruentemente, "antisemitismo" solo puede utilizarse para describir la oposición a las políticas y el accionar de la comunidad judía.

Orígenes y causas

El origen debe buscarse en la Diáspora (dispersión), y la consiguiente dificultad natural de adaptación o incompatibilidad tanto de los judíos entre otros pueblos, como de otros pueblos entre los judíos: la religión, las leyes y las costumbres propias (circuncición, descanso sabático, festividades, usura, supremacismo judío, etc.) han sido desde siempre un obstáculo para la asimilación e integración de las comunidades judías dentro de naciones extrañas a ellas. Estos problemas han ocasionado la expulsión de los judíos en innumerables regiones y Estados a lo largo de toda la Historia.

Las causas en que se basa esta oposición, común en todas las naciones y épocas, han variado a lo largo del tiempo, aunque las causas sociopolíticas y étnico-culturales se han mantenido más o menos invariables desde la Antigüedad, sin embargo, desde el siglo II comenzó a predominar propiamente una causa religiosa, relacionada al "mito del deicidio" que se extendió hasta entrada la Edad Media. En esta época, los motivos económico-sociales, se justificaron con los argumentos religiosos, mientras que en la Edad Contemporánea, parecieron adquirir mayor importancia las razones étnicas y culturales, aunque lo cierto es que éstas se relacionaban intrínsecamente con las sociopolíticas e ideológicas.

Historia

Antigüedad clásica

Antisemitismo griego

Si bien el antisemitismo se remonta a los mismos orígenes de la judería, en la Antigüedad tiene especial relevancia la escuela alejandrina, que, por tener la más importante población judía (casi la mitad de la total), tuvo también la más importante tradición antijudía. Alejandría era durante este período, el hogar de la mayor comunidad judía en la diáspora, y el lugar donde fue creada la Septuaginta, traducción griega de la Biblia hebrea.

Como una importante parte de la historia judía había tenido lugar en Egipto, los escritores egipcios helenizados la atacaron duramente. Además los griegos de Próximo Oriente llevaban ya tiempo conviviendo malamente con los judíos, y durante dicho tiempo se había desarrollado una verdadera animadversión entre ambos pueblos.

Un ejemplo de ello es un ataque en contra de los judíos de Alejandría en el año 38 en el cual murieron cientos de judíos, descrito por el filósofo judío Filón de Alejandría.

El primer ejemplo de antijudaísmo en este período se remonta a Hecateo de Abdera (en torno a 320 AEC), quien fue probablemente el primer pagano que escribió sobre la historia judía, y no lo hizo en buenos términos:

Debido a una plaga, los egipcios los expulsaron... La mayoría huyó a la Judea inhabitada, y su líder Moisés estableció un culto diferente de todos los demás. Los judíos adoptaron una vida misantrópica e inhospitalaria.

Manetón (siglo III AEC), sacerdote e historiador egipcio, en su Historia de Egipto (la primera vez que alguien escribía la historia de Egipto en griego), dice que, en la época del rey Amenofis, los judíos, a los que considera descendientes de los hicsos usurpadores y les llama como "una tribu de leprosos", partieron de Heliópolis al mando de un sacerdote de Osiris renegado llamado Osarsif, a quien él identifica con Moisés, que les habría enseñado costumbres contrarias a las de los egipcios, que les ordenó no relacionarse con el resto de pueblos y que hizo incendiar y saquear numerosos poblados egipcios del valle del Nilo antes de abandonar Egipto en dirección a Asia Menor. Escribe que fueron expulsados por sus sacrilegios y su impiedad, ya que fueron enseñados por Moisés a "no adorar a los dioses". Los describió como seres retardados, leprosos, a quienes los egipcios arrojaron de su país por el temor de que contaminasen su población.

Los posteriores estoicos Posidonio de Apamea (filósofo e historiador, 135-51 AEC) y Queremón de Alejandría (preceptor del emperador Nerón), complementaron lo dicho por Manetón.

Mnaseas de Patara (Siglo III AEC), discípulo de Erastótenes, fue el primero en decir algo que posteriormente sería recurrente en el antisemitismo griego y también en el romano: que los judíos, en el Templo de Jerusalén, adoraban una cabeza de burro de oro (a esto se le llama "onología").

Lisímaco de Alejandría (época desconocida) dijo que Moisés fue una especie de mago negro y un impostor, que sus leyes, equivalentes a las registradas en el Talmud, eran inmorales, y que los judíos eran enfermos:

Los judíos, enfermos de lepra y de escorbuto, se refugiaron en los templos, hasta que el rey Bojeris ahogó a los leprosos y mandó los otros cien mil a perecer en el desierto. Un tal Moisés los guió y los instruyó para que no mostraran buena voluntad hacia ninguna persona y destruyeran todos los templos que encontraran. Llegaron a Judea y construyeron Hierosyla (ciudad de los saqueadores de templos).

Agatárquidas de Cnido (181-146 AEC), en Historia de Asia, puso en ridículo las prácticas de los judíos mofándose de su ley mosaica y burlándose de la forma en que Ptolomeo I logró invadir a Jerusalén en el año 320 AEC como consecuencia de que sus habitantes estaban honrando el Sabbat.

Uno de los primeros decretos antijudíos fue promulgado por Antíoco IV Epífanes aproximadamente entre 167-170 AEC, provocando la revolución de los macabeos en Judea. El rey seléucida prohíbe literalmente el judaísmo, intentando extirpar el culto a Yahvé, suprimiendo cualquier manifestación religiosa judía, colocando la circuncisión fuera de la ley e incluso obligando a los judíos a comer alimentos considerados religiosamente "impuros". Los griegos impusieron un edicto por el cual un altar a los dioses griegos debería ser edificado en cada ciudad de la zona, y se distribuirían oficiales macedonios para que velaran por que en cada familia judía se adorara a los dioses griegos. Aquí, los macedonios demostraron simplemente torpeza y no conocer al pueblo judío. Antíoco sacrifica nada más y nada menos que un cerdo en el altar del Templo de Jerusalén, en homenaje a Zeus. Este acto fue considerado por los judíos como una doble profanación, por un lado porque se trataba de un cerdo (animal profano de los credos semíticos como el judaísmo y el islam), y por otro lado porque eso suponía el primer paso de consagrar el templo entero al Zeus olímpico y de convertir Jerusalén en ciudad griega. Según la tradición judía, al profanar el altar del Templo con la sangre de cerdo, el rey macedonio fue poseído por un demonio, el mismo que poseerá al Anti-Mesías o el "príncipe que vendrá" del que se habla en el libro de Daniel (9:26). Según el Antiguo Testamento (2 Macabeos y 4 Macabeos), Antíoco hizo quemar vivos a quienes seguían siendo fieles a la ley mosaica, y a los judíos ortodoxos que escaparon al desierto los persiguió y masacró. Estas afirmaciones deben ser tomadas con cautela pues pueden consistir en clásicas exageraciones bíblicas, pero lo que queda claro es que hubo una represión antijudía en general.

Las causas de esta persecución fueron que los soberanos griegos percibieron en el judaísmo una doctrina política que tendía a volver a los judíos subversivos contra los Estados paganos por los que eran dominados, y hostiles hacia los demás pueblos del planeta, y por lo tanto, una amenaza. En este contexto, es muy probable que las primeras manifestaciones de intransigencia religiosa vinieran por parte de la judería, entre otras cosas porque en primer lugar, la judería siempre demostró su antipaganismo y el odio a los dioses extranjeros (lo cual habría causado disgusto a los macedonios), y en segundo lugar, porque los antiguos griegos paganos nunca fueron religiosamente intransigentes ni intolerantes ante otras religiones.

Posidonio de Apamea, apodado "el atleta" (135-51 AEC) dice que los judíos son "un pueblo impío, odiado por los dioses"'.

Apolonio Molón (hacia 70 AEC), de Creta, gramático, retórico, orador y maestro de Julio César y de Cicerón en una academia de Rodas, en el Siglo I AEC, dedicó un trabajo entero a la judería, tachándolos de ateos disfrazados de monoteístas (quizás porque no podía concebir una religión sin ídolos) y de misántropos.

Son los peores de entre los bárbaros, carecen de cualquier talento creativo, no han hecho nada por el bien de la humanidad, no creen en ningún dios... Moisés fue un impostor.

Diódoro Sículo (c. 50 AEC) historiador griego de Sicilia, dice en Biblioteca histórica:

Los judíos trataban a las otras gentes como enemigos e inferiores. La "usura" es su práctica de prestar dinero con excesivas tasas de interés. Esto ha causado durante siglos la miseria y la pobreza de los gentiles, y ha supuesto una fuerte condena para los judíos.
Ya los consejeros del rey Antíoco le decían que exterminara a la nación judía por completo, porque los judíos como único pueblo en el mundo se resistieron a mezclarse con otras naciones. Juzgaron a todas las otras naciones como sus enemigas y pasaron esa enemistad como herencia a las generaciones futuras. Sus libros santos contienen reglas aberrantes e inscripciones hostiles a toda la humanidad.

Estrabón (64 AEC-25 EC), geógrafo griego, en su "Geografía", admira la figura de Moisés, pero piensa que los posteriores sacerdotes tergiversaron su historia e impusieron sobre los judíos un estilo de vida antinatural. En esta cita queda claro que los judíos, ya en la época, constituían una poderosa mafia internacional.

Los judíos han penetrado en todos los países, por lo que es difícil encontrar algún lugar del mundo en el que su tribu no haya entrado y donde no estén poderosamente establecidos.

Damócrito (s. I AEC) dijo que: "Cada siete años toman un no-judío y lo asesinan en el templo..." Quizás aquí comenzó a extenderse la acusación más grave contra la judería, es decir, que sacrificaban no-judíos a Yahvé (Asesinato ritual judío). Esta acusación, conocida como "libelo de sangre", fue recurrente durante la Edad Media tanto en Europa como en Asia, y también posteriormente en el Tercer Reich.

Apión, escritor egipcio y principal promotor del pogromo de Alejandría del año 38 EC, que culminó en una masacre de 50.000 judíos a manos de los militares romanos. Dijo que los judíos estaban obligados por un pacto mutuo a no ayudar jamás a ningún extranjero, especialmente si era griego.

Los principios del judaísmo obligan a odiar al resto de la humanidad. Una vez por año toman un no judío, lo asesinan y prueban de sus entrañas, jurándose durante la comida que odiarán a la nación de la que provenía la víctima. En el Sacta Sanctorum del templo sagrado de Jerusalén hay una cabeza de asno dorado que los judíos idolatran. El Shabat se originó porque una dolencia pélvica que los judíos contrajeron al huir de Egipto, los obligaba a descansar el séptimo día.

Plutarco (50-120), dice en sus Charlas de sobremesa que los judíos ni matan ni comen al cerdo o al burro porque los adoran religiosamente, y que en el Sabbat, se emborrachan.

Filóstrato, sofista del siglo II dice:

Los judíos son un pueblo que se ha alzado contra la humanidad misma... han hecho su vida aparte e irreconciliable, y no pueden compartir con el resto de la humanidad los placeres de la mesa, ni unirse a sus libaciones o rezos o sacrificios... están separados de nosotros por un golfo mayor que el que nos separa de las más lejanas Indias.

Filón de Biblos (64-141), fenicio helenizado que escribió sobre la historia fenicia, la religión fenicia y los judíos, habla de sacrificios humanos de los primogénitos.

El filósofo anticristiano Celso (s. II), escribe:

Los judíos son fugitivos de Egipto que nunca han realizado nada de valor y nunca se los tuvo en estima o tuvieron buena reputación.

El filósofo estoico Éufrates (s. I) dice:

Los judíos hace tiempo que están en rebelión, no sólo contra Roma, sino contra toda la humanidad.

Antisemitismo romano

Los judíos, en muchos sentidos, eran la exacta antítesis de los romanos, pero tenían algo en común con ellos: la rigidez ritual y la lealtad a las costumbres. En el caso judaico, este rasgo estaba teñido de cierto fanatismo, dogmatismo e intransigencia. Esto dio origen a un gran conflicto entre dos sistemas de valores exactamente opuestos el uno al otro y que influirá de manera descomunal en la Historia. El choque entre la rigidez romana y el dogmatismo del desierto provocó en Roma un auténtico movimiento de rechazo al judaísmo. Los romanos, pueblo indoeuropeo marcial y viril, herederos de los griegos y de una disciplina militar superior, fueron sin duda, hasta entonces, los que más hostilidad manifestaron hacia los judíos. Puede decirse que, hasta el triunfo de los romanos, ningún pueblo había sido tan consciente del reto que planteaba el judaísmo.

Cicerón (106-43 AEC), condena hostilmente a la judería, considerando que su mentalidad de trapicheo y cobardía es incompatible con la mentalidad altruista de los mejores de Roma. Consideraba que la usura era la más despreciable de las ocupaciones.

Los judíos pertenecen a una oscura y repulsiva fuerza. Yo sé cuán numerosa es esta camarilla, cómo permanecen unidos y qué poder ejercen a través de sus uniones. Son una nación de mentirosos y de engañadores.

En 62-61 AEC, el procónsul Lucio Valerio Flaco (hijo del cónsul del mismo nombre y hermano del cónsul Cayo Valerio Flaco) confiscó el tributo de "dinero sagrado" que mandaban los judíos al templo de Jerusalén. Cuando esto sucedió, los judíos de Roma levantaron al populacho contra Flaco. El patriota romano Cicerón defendió a Flaco contra el acusador D. Laelio (un tribuno de la plebe que posteriormente apoyaría a Pompeyo contra Julio César) y se refirió a los judíos de Roma:

Llegamos ahora al asunto del oro de los judíos y esa imputación tan odiosa. Es por causa de esta concreta acusación por lo que habéis buscado este local, Laelius, y esta muchedumbre de judíos que nos rodean. Conocéis su número, su unión y su poder en nuestras asambleas. Hablaré bajo para no ser oido sino por los jueces. Como no faltan individuos entre esos que actúan contra mí y contra los mejores ciudadanos que protegéis, no quiero proveer aquí de nuevas armas a su maldad. Había sabiduría en acabar con una bárbara superstición, y firmeza en barrer, por el bien de la República, a esta multitud de judíos que turban nuestras asambleas.
Cicerón, Pro Flacco, XVIII.

Horacio (65-8 AEC), en el Libro I de sus Sátiras, se burla del Sabbat o descanso sabático, mientras que Petronio (muere en 66 EC), en su Satiricón, ridiculiza la circuncisión.

En el año 19, estando la judería en proceso de adquirir influencia en la misma Roma, el emperador Tiberio expulsa a los judíos de la ciudad, instigado por el Senado. Preocupado por la popularidad del judaísmo entre los esclavos libertos, prohíbe los ritos judíos en la capital del Imperio, considerando a la judería como "un peligro para Roma" e "indigna de permanecer entre los muros de la Urbs" (según Suetonio). Ese año, con motivo de una hambruna en la provincia de Egipto, Tiberio les niega a los judíos alejandrinos reservas de grano, ya que no los considera ciudadanos suyos.

Plinio el Viejo (23-79) en su Historia Natural, habla sobre la "impiedad judía", y dice que "los judíos, muy conocidos por su desprecio a los dioses".

Séneca (4-65) llamó a la judería:

la nación más malvada, cuyo despilfarro de un séptimo de la vida (se refiere al Sabbat) va contra la utilidad de la misma… Esta gente perversísima ha llegado a extender sus costumbres en el mundo entero; vencidos han dado leyes a los vencedores.

Quintiliano (30-100) dice en su Institutio oratoria que los judíos "son un escarnio para el resto de los hombres, y que su religión es la encarnación de la superstición".

Marcial (40-105), en sus Epigramas, cree a los judíos seguidores de un culto cuya verdadera naturaleza es secreta para esconderla a los ojos del resto del mundo, y ataca la circuncisión, el Sabbat (o Sábado, es decir, no hacer nada el séptimo día de la semana, lo cual les daba imagen de perezosos) y su abstinencia de la carne de cerdo.

Tácito (56-120), el famoso historiador que elogió a los germanos, habló también sobre los judíos, pero en términos muy distintos. Dice que descienden de leprosos expulsados de Egipto y que bajo los asirios, medos y persas fueron el pueblo más despreciado y humillado. Entre los términos con los que califica a la judería, tenemos "perversa, abominable, cruel, supersticiosa, ajena a toda ley de religión, malvada y facinerosa" entre muchos otros:

Los judíos son una raza que odia a los dioses y al género humano. Sus leyes están en oposición a las de los mortales. Desprecian lo que para nosotros es sagrado. Sus leyes les incitan a cometer actos que nos horrorizan.
Las costumbres judías son tristes, sucias, viles y abominables, y si han sobrevivido es gracias a su perversidad. De todos los pueblos esclavizados, los judíos son los más despreciables y repugnantes...

Para los judíos es despreciable todo lo que para nosotros es sagrado, y para ellos es lícito lo que a nosotros nos repugna.
Los judíos revelan un terco vínculo los unos con los otros, que contrasta con su odio por el resto de la humanidad...
Aunque son propensos a la lujuria, se abstienen de tener relaciones sexuales con mujeres extranjeras...

Entre ellos, nada es ilícito. Adoptaron la circuncisión para distinguirse de otros pueblos por esta diferencia. Aquellos que se convierten a sus caminos siguen la misma práctica, y la primera lección que reciben es despreciar a los dioses, a olvidar el patriotismo y considerar que sus padres, hijos y hermanos tienen poca importancia".
Historia, capítulos 4 y 5.

Refiriéndose al decreto de Antíoco IV Epífanes, escribió:

Cuando los macedonios tomaron el poder [en Judea], el rey Antíoco procuró extirpar sus supersticiones e introducir los hábitos griegos para transformar a esa raza inferior.
Tácito, Historia.

Juvenal (55-130), en las Sátiras, critica a los judíos por el Sabbat, por no adorar imágenes, por circuncidarse, por no comer carne de cerdo, por ser escrupulosos con sus leyes mientras desprecian las de Roma, y que sólo a los "iniciados" les revelan la verdadera naturaleza del judaísmo. Además, culpa a los orientales en general y a los judíos en particular por la degeneración del ambiente en la misma Roma.

Marco Aurelio (121-180) pasó a través de Judea en su viaje a Egipto, siendo sorprendido por los modos de la población judía local. Dirá que "Encuentro a este pueblo peor que los marcómanos, los cuados y los sármatas" ("Historias", Amiano Marcelino)

Uso político

El rótulo de antisemita se utiliza como un recurso político y legal, para lograr la censura de quien critique a Israel o a los judíos.

En la actualidad la acusación de ser antisemita es utilizada con fines políticos para acallar, silenciar, censurar y descalificar a quienes se oponen a sus intereses. Ya sea que tenga bases o no, la simple acusación es una efectiva herramienta del Lobby judío para anular el derecho de un individuo a la libertad de expresión incluso en países donde la libertad es altamente valorada. Quienes utilizan tales recursos suelen estar íntimamente ligados al sionismo internacional como es el caso de la ADL en los Estados Unidos.

Una famosa frase atribuida a Voltaire sintetiza la relación entre la censura y el control político, ya que solo aquellos grupos con fuertes vínculos en el poder son capaces de acallar toda crítica en su contra.

Para saber quien gobierna sobre ti, simplemente investiga a quién no te esté permitido criticar[2].
Voltaire, filósofo francés del Siglo XVIII.

Incluso, mientras que por un lado se utiliza abusivamente esta etiqueta, "antisemitismo", para describir, señalar e identificar a toda persona que se opone al accionar del sionismo y del Estado de Israel, no existe, sin embargo, ningún vocablo de similar potencia e impacto negativo que describa, señale e identifique las agresiones perpetradas por el sionismo y el Estado de Israel contra diversos pueblos, personas y organizaciones.

Algunos extremistas sionistas incluso utilizan la palabra antisemita contra otros judíos, como Norman Finkelstein, David Cole, Haviv Schieber, Hayo Meyer, Israel Shamir o miembros de la comunidad de judíos ortodoxos. Sin embargo al ser estos también de origen judío, utilizando el mismo insidioso razonamiento, los sionistas bien podrían ser tildados de antisemitas por el acoso y vilificación de otros judíos. No obstante esto parece tenerles sin cuidado, admitiendo unicamente la acusación de antisemita contra aquellos que contravengan los particulares intereses del sionismo, con lo cual no hacen mas que exponer el falso uso que hacen del rótulo de antisemita.

Por su parte el profesor judío Hayo Meyer ha dicho que "Hoy en día un antisemita no es alguien que odia a los judíos, sino alguien que es odiado por los judíos extremistas". Para Meyer por lo tanto, la etiqueta de "antisemita" ha cambiado completamente de significado y ha llegado a ser una insignia de honor ya que es usada contra aquellos que se atreven a decir la verdad y que pagan un alto precio por exponer al público el odio y el extremismo judíos, pues "ser odiado por quienes hacen tanto daño en el mundo es un honor".

Ya el padre del movimiento universal sionista, Theodor Herzl, decía en su obra fundacional de 1896, "El Estado Judío", que "el antisemitismo moderno no debe ser confundido con la persecución religiosa de los judíos que existió antaño. De vez en cuando toma ribetes de discriminación religiosa en algunos países pero la corriente principal de este movimiento agresivo hoy ha cambiado. En los principales países en los que prevalece el antisemitismo, el mismo es resultado de la emancipación de los judíos".

Bibliografía

  • Carter, Jimmy – Palestine: Peace or Apartheid? Simon & Schuster, Nueva York, 2006
  • Dunlop, Douglas Morton – Profesor de Historia de Medio Oriente, Columbia University, "The History of the Jewish Khazars" (1954, Princeton Uiversity Pres.)
  • Finkelstein, Norman – profesor de teoría política en la City University of New York, Hunter College, "The Holocaust Industry: Reflections on the Exploitation of Jewish Suffering" (Nueva York, 2000) – Hay versión en castellano: La industria del Holocausto: reflexiones sobre la explotación del sufrimiento judío. (Siglo Veintiuno de Argentina Editores, Buenos Aires, 2002).
  • Herzl, Theodor, "The Jewish State" – Doubleday, Nueva York, 1988
  • Koestler, Arthur - The Thirteenth Tribe: The Khazar Empire and its Heritage" – Picador Books, Londres 1977
  • Lazare, Bernard - "El Antisemitismo. Su Historia y sus Causas", Ediciones La Bastilla, Buenos Aires, 1974
  • Mearsheimer, John y Walt, Stephen – "The Israel Lobby and US Foreign Policy" - Farrar, Straus and Giroux, New York, 2007
  • Poliak, Abraham N – Catedrático de Historia del Medio Oriente, Universidad de Tel-Aviv – "The Khazar Conversion to Judaism" (1941, en el periódico hebreo "Zion").
  • Salbuchi, Adrian – "Bienvenidos a la jungla: dominio y supervivencia en el Nuevo Orden Mundial" – Editorial Anábasis – Córdoba, 2005
  • Salbuchi, Adrian – "El cerebro del mundo: la cara oculta de la globalización" – Ediciones del Copista, 4ta edición, Córdoba, 2003.

Artículo de opinión

Judas, el buen vecino

(autor anónimo)

Me mudo a un nuevo barrio y al poco tiempo tengo problemas con un vecino. Discuto, me hostiga, lo denuncio, me discrimina... es un mal vecino... y lo peor es que hay otros vecinos, también muy pero muy malos, que lo apoyan...

Me mudo a otro barrio y otra vez lo mismo. La plaga de los malos vecinos. Me envidian, pienso, son estúpidos y soberbios, están enfermos.... y mientras digo que soy el elegido de dios, me voy mudando de barrio en barrio, cambio de clima, de regiones, cruzo oceános, desiertos, bosques.... pero más tarde o más temprano... en todos lados lo mismo... esos malditos malos vecinos que no me entienden y que me acusan falsamente.

Pasan los años y los años, pasan los siglos, soy el eterno errante... pasan miles de años. No importa las regiones, ni el color de piel o la religión, ni la lengua que hablen mis vecinos, ni el régimen político que los sustente... siempre acabo teniendo problemas... y a los cuatro vientos proclamo y escribo en sagrados papiros mi papel de víctima.

Milenios de malos vecinos que jamás me entendieron... por lo que concluyo, según mi sana e irrefutable lógica, que el problema está en los vecinos, no está en mi.... malditos vecinos...

Referencias

  1. Ver Diccionario de la lengua española Espasa-Calpe S.A., Madrid, 2005)
  2. Voltaire: To Learn Who Rules Over You…

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Enlaces externos