España en la Segunda Guerra Mundial

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Europa al iniciarse la guerra en 1939.

Oficialmente, y durante todo el conflicto, la postura de España en la Segunda Guerra Mundial fue de neutralidad o de no-beligerancia activa. No obstante, hubo participación de soldados españoles en ambos bandos a lo largo de la contienda.

El régimen franquista durante la guerra

Las fuerzas armadas españolas en 1940

Ejército de tierra

Al acabar la Guerra civil española en 1939 se reorganizaron el Ministerio del Ejército y el de Marina, y se creó el del Aire. Se restablecieron las Capitanías Generales a base de ocho Cuerpos de Ejército en la península y dos en Marruecos. En torno a 1943 se crearon la IX Región Militar (Granada) y la Primera División Acorazada, dentro de las Fuerzas de la Reserva General.

Acostumbrado a una guerra de posiciones fijas, sin grandes cambios estratégicos, el Ejército de Tierra español carecía de la movilidad operacional de las unidades blindadas de los grandes ejércitos europeos, así como de experiencia en operaciones combinadas carros-infantería. Los carros más modernos usados en la Guerra Civil habían sido los soviéticos T-26, los germanos Panzer I y diversas tanquetas italianas Fiat, ya anticuados para 1940.

Al final de la Segunda Guerra Mundial en 1945, España contaba con los siguientes efectivos militares: 300000 soldados de tropa, 25000 suboficiales y 25000 jefes y oficiales. Su armamento había quedado, para estas alturas, muy obsoleto debido a la rápida evolución tecnológica que había ocurrido durante la guerra.

Armada

El núcleo de la Armada española estaba compuesto en 1940 por un crucero pesado, cinco cruceros ligeros, una veintena de destructores y cinco submarinos. Aunque suponía una fuerza naval significativa no era ni de cerca la que necesitaba España para proteger los intereses marítimos de una nación que salía de una guerra civil, que había destruido sus recursos y recibía por mar la casi totalidad de sus importaciones. Tampoco era mejor el estado de las bases navales desde donde operaban estas naves.

De los seis cruceros, solo cuatro eran operativos: el buque insignia, el crucero pesado Canarias, el crucero ligero Navarra, el crucero ligero Almirante Cervera y el ya obsoleto Méndez Núñez. Los otros dos, el crucero Galicia y el crucero Miguel de Cervantes (ambos cruceros ligeros de la clase Cervera), se encontraban en astilleros, sin dotación, en reacondicionamiento.

En cuanto a los destructores, una cuarta parte tenían una edad que se aproximaba a los veinte años, carecían de valor militar y cumplían funciones de escuela. Los destructores eran de las clases Churruca y Alsedo. En cuanto a la clase Ceuta y la clase Teruel eran viejos destructores cedidos por Benito Mussolini a Francisco Franco durante la Guerra Civil Española que ya solo servían como buques de instrucción.

Los submarinos eran muy anticuados respecto a los que desplegaban Alemania y otras grandes potencias: los C-1 ''Isaac Peral'', C-2 y C-4 de la clase C (aptos únicamente para funciones de vigilancia de costas y escuela), además del B-2 de la clase B, que por su nula utilidad militar y su antigüedad era usado como Escuela Naval de Mecánicos de Ferrol. Como ocurría en el caso de los destructores, Mussolini también cedió submarinos, los General Mola y General Sanjurjo, de la llamada clase General Mola.

Entre los buques menores se contaba con cuatro modernos cañoneros-minadores de la clase Júpiter, tres cañoneros de la clase Cánovas del Castillo y el poco marinero transporte-cañonero Calvo Sotelo. También se contaban con seis antiguos torpederos de la clase T, dos lanchas torpederas de la clase G-5 soviética, tres antiguas de la clase MAS italiana y tres más de los primeros prototipos de la clase Schnellboot alemana, estas últimas muy problemáticas por sus motores de gasolina. A ello se sumaba la lista habitual de buques auxiliares como petroleros, transportes, aljibes, remolcadores, lanchas, patrulleras y pontones.

La Aeronáutica Naval, que en 1936 tenía aproximadamente un centenar aviones, había desaparecido en aquel mismo año por la eliminación física de sus oficiales durante los primeros compases de la Guerra Civil. Unos meses antes de la sublevación había quedado fuera de servicio el portahidroaviones Dédalo, que fue definitivamente desguazado en 1940.

La carencia de oficiales, fruto de la Guerra Civil, la escasez de repuestos y de combustible y, como consecuencia, el bajo adiestramiento de las dotaciones, reducían aún más el valor práctico de la Armada.

El 8 de septiembre de 1939, el gobierno franquista promulgó una ley que establecía la construcción de cuatro acorazados, dos cruceros pesados, doce cruceros ligeros, cincuenta y cuatro destructores, treinta y seis torpederos, cincuenta submarinos, cien lanchas torpederas, buques auxiliares, pertrechos y repuestos. Este programa nunca se llegó a efectuar por su coste astronómico y por el devenir de los acontecimientos posteriores.

El programa se basaba en la ayuda técnica que habría de recibir España, ya que su industria no estaba en condiciones de construir por sí sola buques de guerra modernos de alguna importancia. No habían hecho más que iniciarse las conversaciones con los italianos para la construcción en España de acorazados de la clase Littorio, cuando se inició la Segunda Guerra Mundial. Quedó detenido el programa naval antes de nacer y el esfuerzo industrial, sin la cooperación extranjera, se centró en la modernización de las unidades existentes y la finalización de los buques iniciados antes de la Guerra Civil Española.

Ejército del Aire

Los aviones de las fuerzas armadas españoles en 1940 eran en general inferiores a los de la Luftwaffe alemana y la RAF británica de la época. Si bien durante la Guerra Civil Española muchos aviones habían dado un magnífico resultado, el continuo desarrollo en materia aeronáutica propiciado entre 1939 y 1945 los relegó a todos a un segundo plano.

La ley de 9 de noviembre de 1939 creó el Ejército del Aire, y el 17 de octubre de 1940 se organizó el funcionamiento de las diferentes regiones y zonas aéreas. En aquel momento España contaba con 1148 aviones de 95 tipos diferentes aunque gran parte ellos necesitaban de urgentes reparaciones, más otros 370 aparatos en fase de terminación en talleres o en proceso de compra en el extranjero. Sin embargo, la situación de bloqueo impidió la renovación del material existente, quedándose poco a poco unos inservibles y el resto anticuados.

El Ejército del Aire español contaba con unos pocos cientos de cazas, principalmente de fabricación italiana o alemana: Fiat C.R.32, Heinkel He 112, Bf 109, Fiat G.50 y Heinkel He 51. Entre los bombarderos destacaban los SM.79, SM.81, Junkers Ju 52, Heinkel He 111, Dornier Do 17 y Fiat BR.20. Además, poseía aviones de fabricación soviética, principalmente Polikarpov I-15 y Polikarpov I-16, usados en la guerra civil por la Aviación Republicana y la Fuerza Aérea Soviética.

Política exterior entre 1939 y 1945


Neutralidad inicial

Estandarte de la Legión Cóndor

El 1 de abril de 1939 acabó la Cruzada de Liberación contra el judeo-bolchevismo en España y Francisco Franco se convirtió en el Caudillo del nuevo régimen en España. Apenas medio año después el 1 de septiembre, el Führer Adolf Hitler se vio forzado a intervenir militarmente en Polonia para acabar con el genocidio que los polacos estaban perpetrando contra los alemanes residentes en su territorio, lo que producirá que Francia y Gran Bretaña aprovechar este suceso para desencadenar la Segunda Guerra Mundial con el fin de destruir a Alemania. Frente a eso, Franco, que gobierna una nación en ruinas y con aún enfrentamientos entre fuerzas de seguridad y guerrilleros, tiene tres opciones: situarse como enemigo de la Alemania nacionalsocialista y/o de la Italia fascista, cosa que no quiso hacer, puesto que tiene gran afinidad política e ideológica con los gobiernos de esos países, que además colaboraron de forma importante en su victoria en la Guerra Civil. Tampoco puede situarse como enemigo de los aliados occidentales, al estar rodeado de Francia y sus colonias y tener el Reino Unido una poderosa flota que podría imponer un bloqueo. No le queda más remedio que imponer la neutralidad, coincidiendo con la misma posición que mantuvo España en la Primera Guerra Mundial. Pero las diferencias entre ambos casos eran claras. Mientras que en la Primera Guerra Mundial España se había mantenido neutral en la guerra debido al aislacionismo que había sufrido tras el desastre del 98, y por lo tanto, había desfasado su ejército, ahora se mostraba neutral debido a las consecuencias de la Guerra Civil, que había devastado los nudos de comunicaciones, industrias y ciudades. A pesar de que tenía un ejército con gran cantidad de experiencia acumulada en la Guerra Civil y material moderno de origen italiano, alemán y ruso. La única similitud que había entre ambos casos era la gran agitación interna.

No obstante, tras la entrada en guerra de Italia el 10 de junio de 1940, Franco cambió su posición de neutralidad a otra de no-beligerancia el 12 de junio de 1940.

Entrevista de Hendaya

Artículo principal: Entrevista de Hendaya


La famosa entrevista de Hendaya se produjo el 23 de octubre de 1940, donde Francisco Franco se entrevistó con Adolf Hitler, acompañados ambos de sus ministros de Asuntos Exteriores, Ramón Serrano Suñer (España) y Joachim von Ribbentrop (Alemania). El resultado fue que España finalmente no entró en la guerra como beligerante, aunque hoy en día se discute si esto sucedió porque Hitler no estaba dispuesto a ceder a las demandas formuladas por Franco como requisito para entrar a la guerra, si Franco elevó sus peticiones en forma excesiva e intencional para desalentar a Alemania y así lograr la neutralidad del país, o si ocurrió una mezcla de ambos factores.

También se discute hasta qué punto la información secreta que le pasó el traidor y saboteador Wilhelm Canaris (quien le aseguró a Franco, a espaldas de Hitler, que Alemania no ganaría la guerra), pudieron influir en las decisiones que posteriormente tomara Franco al respecto. Las demandas territoriales sostenidas como punto partida por ambos estadistas para afrontar las negociaciones eran:

Aun así, otros creen que si Adolf Hitler (o tal vez Benito Mussolini) hubieran ejercido realmente una firme presión sobre Francisco Franco, es de prever que tarde o temprano se habría conseguido la entrada de España en la guerra del lado del Eje. Pero Hitler cambió sus planes, tal vez agobiado por asuntos más urgentes (preparar la Operación León Marino o la Operación Barbarroja), o estimando que la entrada de España en la guerra no sería decisiva ni de importancia ineludible.

Cabe indicar que Hitler consideraba que el Lebensraum o "espacio vital" del Tercer Reich estaba en Europa Oriental y no en el Mediterráneo o el norte de África; esto impulsaba la expansión germana a costa de la Unión Soviética y por ello Hitler logró forzar exitosamente a países como Hungría, Eslovaquia o Rumania, para que se uniesen a la guerra en apoyo del Eje. España, por su posición geográfica periférica, pudo evitar las presiones alemanas en tal sentido.

Véase también: Entrevista de Bordighera


Política de los tres frentes

La política de los tres frentes es la posición estándar que tomó el gobierno franquista durante la Segunda Guerra Mundial. Esta posición era pro-nacionalsocialista en la guerra que sostenía Alemania contra la URSS, estrictamente neutral en la guerra entre Alemania y los aliados occidentales; y pro-aliada en la guerra que sostenían Estados Unidos y Gran Bretaña contra Japón.

La postura de Franco y su gobierno evolucionaría a lo largo del conflicto, siempre manteniéndose en una ambigua neutralidad cuando le era beneficioso para sus intereses. Así pues, tras la batalla de Francia en junio de 1940 y cuando parecía inevitable que el III Reich vencería al Imperio Británico, Franco se entrevistó con Hitler en Hendaya, España ofreció a Alemania la División Azul para apoyarla en la gran Cruzada de Liberación Europea contra el judeo-bolchevismo en la URSS, se permitió el repostaje y la presencia de submarinos alemanes en puertos españoles, la propaganda franquista adoptó una retórica marcadamente germanófila y pro-nacionalsocialista (aunque en realidad la tuvo desde un primer momento), los agentes alemanes de la Abwehr tenían gran libertad para trabajar en territorio español mientras se vigilaba a los agentes británicos y estadounidenses, etc. El 25 de noviembre de 1941, España firmó el Pacto Anti-Komintern revisado (había firmado la versión inicial el 25 de marzo de 1939), texto auspiciado por la Alemania nacionalsocialista y el Imperio del Japón, al que también se había sumado la Italia fascista y otros países próximos al Eje.

No obstante, a partir de noviembre de 1942 se empieza a percibir en España que el conflicto dará un giro completo, tras el éxito de los desembarcos estadounidenses en Marruecos y Argelia, después de la victoria británica en la Batalla de El Alamein, y al ser detenido brutalmente el Heer en la Batalla de Stalingrado; en esos momentos Franco comprende rápidamente la nueva situación y repentinamente vuelve a practicar una estricta neutralidad y aunque el Generalísimo nunca dejó de apoyar al Tercer Reich, desde ese momento en adelante fue mucho mas moderado en su apoyo a las Potencias del Eje, viéndose obligado a ceder ante muchas presiones de los aliados.

Véase también: Incidente Laurel


Soborno a generales españoles

Según Robert Solborg, agente estadounidense en Lisboa en 1942, el primer ministro británico Winston Churchill estaba convencido de que debido a la adhesión de Francisco Franco a la Alemania nacionalsocialista y la Italia fascista, España entraría en algún momento en la guerra del lado de Adolf Hitler. Para evitarlo, decidió sobornar a los generales que estaban bajo las órdenes del Generalísimo y crear así toda una corriente militar de pensamiento en contra de la entrada de España en el conflicto. El agente elegido para efectuar el soborno sería el banquero Juan March Ordinas (que además había sido uno de los principales canales de financiación para el Alzamiento Nacional de 1936), que se encargó de convencerlos y distribuir entre ellos una suma inicial de diez millones de dólares americanos de la época. Según Ferrer, solo en 1942, los generales de Franco recibieron entre 3 y 5 millones de dólares para que presionaran al Caudillo para que este no entrara en la guerra.

Aspiraciones sobre Orán

El gobierno franquista aspiraba a reincorporar a España la ciudad norteafricana de Orán, por entonces parte de la Argelia francesa pero con una importante población de origen español. Para ello utilizó, entre 1940 y 1942, presiones diplomáticas y campañas de prensa. La campaña fue bautizada operación Cisneros por los servicios de contrainteligencia de la Francia de Vichy.

¿Declaración de guerra a Japón?

Se encuentra escrito en la revista Clio:

Es poco conocido que Franco quiso declarar la guerra a Japón cuando ya se advertía la derrota del Eje en 1945 y que incluso se concibió el envío de una nueva División Azul con tal fin. El episodio refleja el carácter zigzagueante de la diplomacia franquista –que pasó de admirar a Japón a convertirlo en enemigo– y cómo los clichés sobre los "bárbaros orientales" impregnaron la visión española del imperio nipón. «Parece como si fuéramos a declarar la guerra a Japón», espetó el ministro de Exteriores español José Félix de Lequerica al agregado militar británico en Madrid, Windam W. Torr, en una cena informal. Era marzo de 1945, cuando el Tercer Reich vivía sus últimos meses y era obvio que los Aliados ganarían la guerra.
Florentino Rodao. Guerra a los bárbaros de Oriente. Clio, junio de 2006.

Pero lo que ocurrió fue más complejo. Pese a que es poco conocido, la presencia española en el frente del Pacífico fue de vital importancia. Allí, soldados, misioneros, comerciantes, espías o inventores españoles se unieron bajo la bandera estadounidense con el objetivo de derrotar al Ejército Imperial Japonés.

Tras la derrota del bando republicano en la Guerra Civil Española, como sucedió en América, un número considerable de exiliados rojos emigraron a las antiguas colonias españolas de Oceanía, en especial Filipinas. Allí les pilló el estallido de la contienda entre Japón y Estados Unidos en diciembre de 1941. En un principio, la prensa franquista ensalzó las conquistas japonesas y pidió a los españoles que habitaban allí que ayudasen a los aliados japoneses. Pese a ello, los españoles ayudaron al bando estadounidense, haciendo una guerra de guerrillas a los japoneses.

Pero no todos los españoles confinados allí eran exiliados. Entre ellos se encontraba Andrés Soriano, fundador de Cervezas San Miguel, hombre más rico de Filipinas y que prestó ayuda al bando nacional durante la Cruzada de Liberación y héroe del Pacífico, fue además un amigo personal del general Douglas MacArthur. Otro gran héroe fue Leoncio Peña, que perteneció a una escuadra en la que solo quedaron dos supervivientes. Tras luchar en la batalla de Okinawa, fue trasladado a Estados Unidos, donde recibió la Estrella de Bronce por méritos de guerra, la Medalla del Corazón Púrpura y la del Racimo de Hoja del Roble. Cabe destacar, además, que los primeros soldados que desembarcaron en la Batalla de Guadalcanal fueron españoles. La ayuda prestada por los españoles a los Estados Unidos en la Guerra del Pacifico fue de crucial importancia para los aliados.

No obstante, esa ayuda la pagaron muy cara los españoles. Aparte de soldados, también había muchos misioneros, que sufrieron una gran persecución por su condición de religiosos. En la isla de Saipán, el gobernador militar llegó a decir: "La Iglesia Católica no debe ser algo bueno cuando Hitler en Europa la persigue tanto". Y es que los misioneros instalados en Saipán fueron de los que peor lo pasaron. Fueron aislados en domicilios con escasez de alimentos y medicamentos, y los japoneses los utilizaban de escudos, utilizando los conventos como almacén de municiones, sabiendo que los estadounidenses no los bombardearían. Muchas monjas estuvieron a punto de ser fusiladas, simplemente por encender un fuego para calentarse o por hablar entre ellas, pues los japoneses sospechaban que colaboraban con MacArthur. Ni siquiera la liberación estadounidense era de buen augurio para los misioneros mientras hubiese soldados japoneses cerca. Siete jesuitas desplazados a las islas Carolinas y Marianas fueron asesinados por las tropas niponas cuando se enteraron que Saipán había caído.

En 1944, con los aliados ya cerca de alzarse con la victoria, el siguiente paso era la conquista de Filipinas, que cortaría a los japoneses el envío de petróleo de Malaca y Sumatra. Tras el desembarco, los estadounidenses llegaron a Manila, donde los japoneses desataron la mayor masacre de toda la Guerra del Pacifico. Allí se encontraban 1700 españoles. Con la ciudad a punto de ser conquistada, los oficiales japoneses ordenaron sacar a cientos de civiles españoles y filipinos para ametrallarlos a sangre fría. Las mayores matanzas fueron en el barrio de Intramuros, donde los civiles se intentaron ocultar en los edificios religiosos. Pero entonces los japoneses prendieron fuego a los edificios con los ocupantes dentro y también lanzaron granadas al interior de los mismos, para disparar al que saliera al exterior. A otros se les enterró vivos o se les asesinaba sin más. Hubo un caso de una niña de cinco años, Ana María Aguilella, que sobrevivió a 16 bayonetazos. Un informe cifró en 12700 los civiles masacrados.

Con la masacre de Manila, la prensa franquista cambió drásticamente de opinión, hablando de "vesania nipona". Ningún aliado podía hacer algo semejante a ciudadanos españoles. Ahora se les trataba como enemigos acérrimos. Fue ahí cuando el Generalísimo Franco se planteó la declaración de guerra a Japón. No había riesgo, ya que la guerra estaba prácticamente acabada, y sería un buen método para quedar bien con los aliados e intentar rebajar el odio que estos tenían a España debido a la afinidad ideológica y la ayuda prestada por el Caudillo al Eje. Aunque la idea fue finalmente desechada, el ministro de Asuntos Exteriores español, José Félix de Lequerica, comunicó al ministro plenipotenciario nipón en Madrid, Yakishiro Suma,​ la ruptura de las relaciones diplomáticas entre ambos países el 12 de abril de 1945.

  • Entre los españoles que sobresalieron en la Guerra del Pacífico, cabe destacar al inventor, aviador e ingeniero Heraclio Alfaro Fournier (nieto del fabricante de naipes), que proporcionó grandes innovaciones y mejoras en los aviones estadounidenses, se le puede considerar como el pionero en el campo de los motores voladores. También al jesuita Pedro Arrupe, que destinado en una misión de Nagatsuka (cerca de Hiroshima), socorrió junto a otros misioneros a los heridos y ayudaron a incinerar a los fallecidos que sufrieron la detonación de la bomba atómica.

El régimen franquista ante la derrota de la Alemania nacionalsocialista

Tras el fin de la guerra en Europa, el régimen franquista no se desligó de la visión de la Segunda Guerra Mundial de las potencias del Eje, a las que había apoyado, sobre todo en los primeros años de la guerra. Esto se puede comprobar en el tratamiento que dio la prensa y la agencia oficial de noticias Efe a la derrota alemana. La muerte de Adolf Hitler fue anunciada a toda página en portada por el diario Informaciones en su edición del 2 de mayo de 1945 exaltando su figura y sin mencionar que se había suicidado: "muerto cara al enemigo bolchevique, en el puesto de honor,defendiendo la civilización cristiana". Aunque en un tono más moderado, lo mismo hicieron (sin mencionar también que se había suicidado y afirmando asimismo que había muerto en combate) el monárquico ABC y el católico Ya. En este último diario el antijudío Julián Cortés Cavanillas escribió un panegírico del hombre excepcional que fue Hitler, calificando al Führer como defensor de las últimas murallas de la civilización occidental y que dedicó su vida a luchar contra todo lo viejo: el liberalismo, el socialismo, el marxismo, el judaísmo. Las primeras noticias sobre los campos de concentración alemanes aparecieron a finales de abril de 1945, pero sin mencionar a los judíos y atribuyendo las penosas condiciones en que se encontraban los reclusos al caos provocado por la derrota, y siempre acompañándolas de informaciones y reportajes sobre las consecuencias de los bombardeos terroristas aliados de las ciudades alemanas y sobre la matanza de Katyn, perpetrada por orden de Stalin. Además se equiparaba la persecución a los judíos con la brutal persecución y represión política a la que estaban siendo sometidos nacionalsocialistas y fascistas en todos los territorios ocupados por los aliados, destacando el cruel asesinato de Mussolini por los partisanos comunistas.

La prensa franquista solo comenzó a hablar con más claridad de las malas condiciones que hubo en los campos de concentración alemanes al final de la guerra (aunque sin mencionar que estas se debieran a una supuesta "política de exterminio" llevada a cabo por los alemanes contra los judíos y que se hubieran empleado en los KZ "cámaras de gas homicidas") después del giro estratégico que dio el Generalísimo Franco, para intentar sobrevivir a la derrota del Eje, con el nombramiento de un nuevo gobierno en julio de 1945 en el que la Falange fue relegada a segundo plano y en el que el protagonismo pasó al sector católico procedente de la CEDA que encabezaba Alberto Martín Artajo, nuevo ministro de Asuntos Exteriores. Pero se siguió aludiendo al terrible maltrato que los aliados dieron a los soldados y civiles alemanes y sobre todo, se criticaron los infames juicios de Núremberg, que Luis Carrero Blanco, el asesor más importante del Caudillo, calificó inequívocamente de venganza y de crimen en sus charlas de Radio Nacional de España, en las que ocultaba su identidad bajo el seudónimo de Juan de la Cosa. Asimismo se mantuvo la férrea censura de las imágenes de los campos de prisioneros alemanes, de los que nunca se dieron a conocer ni fotografías ni películas (en 1962 la censura suprimió las imágenes de los campos que aparecían en la repugnante película de Stanley Kramer Judgement at Nurenberg y obligó a cambiar el título de la misma por el de Vencedores o vencidos que ponía en un mismo plano a los alemanes y al criminal tribunal aliado que los juzgaba por supuestos "crímenes" que jamás tuvieron lugar). Los españoles tuvieron que esperar a la muerte de Franco en 1975 para ver las primeras imágenes del "Holocausto". Además en muchos libros y artículos se siguieron alabando las figuras de Adolf Hitler y de Benito Mussolini y la obra de sus respectivos regímenes (Carrero Blanco, de nuevo bajo el seudónimo de Juan de la Cosa, elogió en junio de 1946 la reacción anticomunista de los Estados fascistas alemán e italiano; y el propio Franco en uno de los artículos que escribió para el diario Arriba con el seudónimo de Jakin Boor afirmó que Mussolini y Hitler hicieron retroceder a la masonería y que esta se había cobrado su venganza urdiendo la caída del Duce y el miserable atentado contra el Führer, y con la criminal represión que siguió a la victoria aliada).

La imagen de la Segunda Guerra Mundial que el régimen franquista difundió cara al pueblo español desde 1945 hasta la muerte de Franco era la de que las potencias del Eje, aun con sus errores y diferencias con el régimen católico español, se habían enfrentado heroicamente al enemigo comunista, con el que se habían unido estúpidamente las democracias occidentales, favoreciéndole. La Alemania nacionalsocialista siguió siendo retratada de manera positiva, destacando de ella especialmente su contribución en el gran combate contra el bolchevismo. Esto es lo que explica que la censura cinematográfica se ejerció durante décadas contra todo aquello que significara crítica severa contra el régimen hitleriano. Nauseabundas producciones antialemanas como El gran dictador (1940), de Charles Chaplin, sólo se pudieron ver en España tras la muerte de Franco. Lo mismo ocurrió con Esta tierra es mía (1943) de Jean Renoir. La película Ser o no ser (1942) de Ernst Lubitsch, se pudo estrenar en 1970. Rommel, el zorro del desierto (1951), centrada en la conspiración contra Adolf Hitler de 1944, pudo verse en 1963. A Basilio Martín Patino la censura le modificó sustancialmente un guion cinematográfico, y una de las órdenes que recibió decía: Suprímase que mataron a los padres de Helga porque eran judíos. Durante el franquismo la mentira del "Holocausto" inventada por los enemigos de Alemania se ocultó deliberadamente todo lo que se pudo, que fue mucho, y en España, la campaña de lavado de cerebro, difamación y desinformación contra el nacionalsocialismo (que en resto de Occidente se ha difundido ad nauseam desde 1945) no pudo empezar hasta la muerte del Generalísimo Franco.

Acciones del régimen franquista

Ocupación de Tánger

El 14 de junio de 1940, cuando ya era clara la victoria alemana sobre Francia, las tropas españolas ocuparon la Zona Internacional de Tánger, en el norte del actual Marruecos. Esta violación del estatuto internacional de la Zona fue justificado por el régimen franquista argumentando que la caída de Francia hacía ingobernable esta ciudad. El 11 de octubre de 1945 el Ejército español abandonó la ciudad, volviéndola a declarar ciudad abierta.

División Azul

Artículo principal: División Azul


Uno de los acuerdos alcanzados en la entrevista de Hendaya entre el Führer Adolf Hitler y el Caudillo Francisco Franco fue la creación de un cuerpo de voluntarios españoles dispuestos a luchar en el bando alemán cuando se iniciara la invasión de la Unión Soviética. El general Agustín Muñoz Grandes fue el designado para mandar la división, sin embargo, posteriormente fue Emilio Esteban Infantes quien le sustituye. Luchó con gran heroísmo en el sitio de Leningrado y en la Batalla de Krasny Bor.

La mayoría de los 50.000 voluntarios fueron voluntarios falangistas (de ahí el nombre "División Azul"),​ pero también hubo divisionarios que fueron rojos que participaron a cambio de la conmutación de la pena de un familiar prisionero de guerra o preso político, como es el caso de Luis García Berlanga.

El 20 de agosto, tras tomar juramento (que se modificó especialmente para mencionar la lucha contra el comunismo), la División Azul fue enviada al frente ruso. Fue transportada en tren a Suwalki, Polonia, desde donde tuvo que continuar a pie. Después de avanzar hasta Smolensk, se desplegó en el asedio de Leningrado, donde pasó a formar parte del XVI Ejército alemán.

El número de bajas de la División Azul se elevó a 4954 muertos y 8700 heridos (siendo este tributo de sangre solo superado por algunas divisiones de élite de las Waffen-SS). Además, las fuerzas bolcheviques tomaron 372 prisioneros de esta división, de la Legión Azul o de la compañía de voluntarios de las SS 101 comandada por Miguel Ezquerra, conocidos como la Spanische Freiwilligen Kompanie. De estos, 286 fueron mantenidos en cautiverio hasta 1954, en que volvieron a España en la nave Semíramis, fletada por la Cruz Roja el 2 de abril de 1954.

Los aviadores españoles que se prestaron voluntarios en la Luftwaffe alemana formaron la Escuadrilla Azul, la cual, a bordo de aviones Messerschmitt Bf 109 y Focke-Wulf Fw 190, fue acreditada con 156 derribos de aviones soviéticos.

Principales batallas

Recursos y comercio

A pesar de la grave carencia de dinero, combustible, maquinaria, y otras provisiones, España fue capaz de suministrar algunos objetos de primera necesidad a Alemania, demostrando así el Caudillo que a pesar de no querer meter a su país en la guerra, simpatizaba con el Eje y deseaba su victoria. Había una serie de acuerdos secretos comerciales entre los dos países, que estaban en vigor desde que el Tercer Reich apoyaba al bando nacional durante la Cruzada de Liberación en 1936. El recurso principal era el wolframio (también conocido como tungsteno) extraído por empresas mineras alemanas en España. El wolframio era esencial a Alemania para su ingeniería de precisión avanzada y por lo tanto para la producción de armamento. A pesar de tentativas aliadas de comprar todo el stock disponible, produciendo un boom que elevó muchísimo los precios de los minerales, también hubo esfuerzos diplomáticos para influir en España, pero las materias primas españolas siguieron llegando de forma continua al III Reich hasta agosto de 1944, cuando el avance aliado por el sur de Francia cortó toda comunicación terrestre entre España y Alemania.

La venta libre de minerales españoles a los nacionalsocialistas fue justificada como resultado de una deuda del franquismo con el Tercer Reich, que se debía pagar debido al valioso apoyo militar y de suministros que los alemanes dieron al bando nacional durante la guerra civil. Otros minerales que también los españoles vendieron casi en su totalidad a los alemanes fueron hierro, el zinc, el plomo y el mercurio.

España también actuó como un conducto intermediario para que la Alemania nacionalsocialista obtuviese por un tiempo ciertos diversos bienes y mercancías de Sudamérica, por ejemplo, diamantes industriales y platino. Se alcanzaron acuerdos también en el área laboral, como en el caso del pacto suscrito el 21 de agosto de 1941 con el líder nacionalsocialista Robert Ley para enviar 100000 trabajadores españoles a Alemania, y que finalmente fueron reducidos a 15000.

Después de la guerra, fueron encontradas pruebas de transacciones significativas de oro entre Alemania y España, las cuales terminaron solo en mayo de 1945. Se creía que este oro fue consecuencia de lo que la propaganda judía llamó "saqueo nazi de países ocupados", pero las tentativas por parte de los aliados para obtener el control del oro y el retorno de este en gran parte fue frustrado por España, debido a la negativa del Generalísimo Franco.

Compra de armas a Alemania

Artículo principal: Programa Bär


En enero de 1943, llegó a Berlín una Comisión Española con el objeto de negociar la adquisición de armamento en Alemania por parte de la Fuerzas Armadas Españolas. Ya desde el final de la Cruzada de Liberación contra el judeo-bolchevismo en España se había comprado en Alemania diverso armamento, pero no fue hasta que llegó la Comisión, llamada Comisión Extraordinaria para Material de Guerra, cuando estas adquisiciones tomaron verdadero auge. La balanza comercial era favorable a España y se propuso pagar la diferencia con Armamento por parte Alemana. La comisión la encabezó inicialmente el Capitán de Navío Santiago Antón Rozas, pero dado el nivel que estaban tomando las negociaciones, fue sustituido por el general del Ejército de Tierra, Carlos Martínez de Campos y Serrano, Duque de La Torre. La delegación española deseaba adquirir varios centenares de cazas y bombarderos, equipos de radio, cañones, ametralladoras, carros de combate, etc. Finalmente la cifra quedó reducida a mucho menos de lo que en un primer momento se pidió por los españoles.

Represión interna

En marzo de 1941 la policía franquista detuvo en Almería a un centenar de personas a las que acusaban de ser miembros de una organización clandestina que ayudaba a presos antifascistas y que estaba difundiendo las noticias que emitía la BBC británica sobre el desarrollo de la guerra. Ocho de los detenidos fueron condenados a la pena de muerte y fusilados el 11 de agosto de 1942.

Refugio de exiliados fascistas y nacionalsocialistas

Después de la guerra, el régimen franquista se mostró muy hospitalario con antiguos dirigentes, funcionarios y héroes de guerra de la Alemania nacionalsocialista y de otras naciones del Eje, que buscaban refugio en España para huir de la inhumana persecución a la que los aliados les estaban sometiendo, y en particular con algunos de los responsables de la deportación de los judíos. El estado español ayudó a huir a miles de jerarcas fascistas y nacionalsocialistas, dio asilo a exiliados como Maks Luburić, Otto Skorzeny o Ante Pavelic y a algunos hasta la nacionalidad española, como por ejemplo a León Degrelle.​ No obstante, viéndose obligado a ceder a la presión internacional, el gobierno franquista entregó a unos pocos a los Estados Unidos, para su posterior juicio. Sin embargo, casi todos los nacionalsocialistas exiliados en España reclamados por los aliados fueron protegidos y escondidos, algunos directamente por Francisco Franco o el almirante Luis Carrero Blanco. Clara Stauffer jugó una importante influencia en la campaña franquista para dar protección y auxilio a los exiliados nacionalsocialistas en España.

Españoles en el bando aliado

Combatientes con los aliados occidentales


Los excombatientes republicanos de la guerra civil que habían huido de España tras la victoria de la España Nacional, también combatieron a los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Principalmente en la defensa de los Países Bajos o como guerrilleros de la Francia "libre" o en unidades regulares como La Nueve, una compañía de la 2ª División Blindada francesa que fue la primera tropa en entrar en la ciudad durante la Reconquista de París. Incluso una unidad de españoles participó en el desembarco de Normandía integrados en regimientos de la Legión Extranjera Francesa o la Spanish Company Number One del Ejército Británico.

Francisco Franco no mostró interés alguno en recibir en España a dichos combatientes como prisioneros de guerra, permitiendo a Adolf Hitler su encarcelación en campos de concentración.

En agosto de 1944, muchos guerrilleros rojos españoles participaron en la ocupación aliada del territorio francés con la idea de que a continuación invadirían España para derrocar al régimen de Franco.​ En octubre, la antifranquista Unión Nacional Española lanzó desde Francia la invasión del Valle de Arán, primera etapa de la Operación Reconquista de España. Sin embargo, el ejército español repelió a los guerrilleros rojos causándoles fuertes bajas.

Combatientes en la Unión Soviética

Por otro lado, muchos comunistas españoles que se exiliaron en la URSS lucharon en las filas del Ejército Rojo en el Frente del Este. Como algunos se negaron a luchar, se dio la paradoja de que coincidieron en los Gulags y cárceles soviéticas con miembros de la División Azul que habían sido hechos prisioneros.

Planes y operaciones militares en territorio español

Planes militares de Franco

Las fuerzas armadas españolas hicieron planes para defender el país de ataques de cualquiera de los contendientes. Al principio, la masa del Ejército español fue colocada en la parte del sur del país para prevenir un eventual ataque aliado y se fortificó la zona de la bahía de Algeciras. Sin embargo, Franco ordenó que algunas divisiones se movieran hacia la frontera francesa en caso de que los alemanes también intentaran violar la neutralidad española.

Cuando, a partir de finales de 1942, el curso de la guerra se estabilizó y ya no estaba tan claro que los alemanes ganarían finalmente el conflicto, Franco desplazó tropas a la frontera francesa, recibiendo aseguramientos personales de los líderes de países aliados de que ellos no deseaban invadir España, sobre todo cuando los estadounidenses desembarcaron en el Marruecos francés. Aunque los soldados alemanes estuvieran bien preparados, la experiencia reciente de combate del Ejército franquista en la Guerra Civil Española y el terreno accidentado del norte de España presentarían un obstáculo significativo a cualquier gran invasión tanto de los aliados como del Eje.

De hecho Franco mandó construir una barrera defensiva a lo largo de los Pirineos, que nunca se terminó del todo y a la que se llamó Línea P. Se empezó a construir en 1944 (aunque no se terminó hasta 1948) y su objetivo final era conseguir que la frontera resultase impermeable.

Planes alemanes en España


Ya antes de la entrevista de Hendaya, hubo un plan hispano-alemán para un ataque por parte de tropas españolas equipadas con armamento alemán sobre el territorio de Gibraltar, que era una base militar británica y de suma importancia para el control de la salida occidental de Mediterráneo y las vías marítimas al canal de Suez y Oriente Medio, así como para patrullar el océano Atlántico. Los alemanes también apreciaban la importancia estratégica del noroeste de África para instalar bases militares y como plataforma para cortar cualquier futura participación bélica de los Estados Unidos. Por lo tanto, los proyectos alemanes incluyeron la ocupación de la región por sus tropas en cantidad suficiente para prevenir en el futuro cualquier tentativa de invasión aliada.

El 12 de noviembre de 1940, Adolf Hitler ordenó el inicio de los preparativos de la Operación Félix. Se trataba de la Directiva nº18 que establecía las medidas políticas para inducir la pronta entrada de España en la guerra y que el objetivo de la intervención alemana en la Península Ibérica (llamada en clave Félix) era expulsar a los ingleses del Mediterráneo Occidental. También se menciona la posible invasión de Portugal (aliado histórico de Gran Bretaña) y la ocupación posible de las Azores y Madeira. El plan preveía que dos cuerpos de ejército alemanes entrarían en España por los Pirineos.

El 7 de diciembre de 1940 el almirante Canaris le transmitió a Franco la petición de Hitler de que el 10 de enero de 1941 permitiera el paso por territorio español de las divisiones alemanas que iban a atacar Gibraltar pero el Caudillo no dio su acuerdo por temor a que al permitirle al Führer que las tropas alemanas pasaran por toda España para invadir Gibraltar desencadenara en una declaración de guerra contra España por parte de los aliados. El almirante Canaris a su regreso a Alemania informó de que Franco le había explicado que España podía entrar en guerra solamente en el momento en que Inglaterra estuviera al borde del colapso. En febrero de 1941, el OKW (alto mando alemán) anunció que la Operación Félix estaba cancelada por el momento, y que las tropas enmarcadas dentro de la operación quedaban libres para ser utilizadas en cualquier otro teatro de operaciones.

A estas alturas, los recursos militares alemanes estaban siendo destinados a la Operación Barbarroja para invadir la Unión Soviética. A petición de Adolf Hitler, el OKW trazó en 1941 planes para una nueva operación, que se llamaría Félix-Heinrich, que era similar a la Operación Félix pero con unidades diferentes y que sería realizada una vez se alcanzasen ciertos objetivos en Rusia. A medida que la guerra fue desarrollándose en contra del Eje, los alemanes pasaron a planificar varias operaciones militares no ya para conquistar Gibraltar sino para rechazar un posible ataque aliado por España. Hubo tres proyectos sucesivos, cada vez menos agresivos según la capacidad alemana disminuía:

  • Operación Isabela o Isabella. Este esquema fue planificado en abril de 1941 como una reacción alemana a un hipotético desembarco británico en la península ibérica. Tropas alemanas entrarían masivamente en España para apoyar a Franco y expulsar a los británicos.
  • Operación Ilona o Gisela. Una versión reducida "de Isabela", posteriormente rebautizada como "Gisela". Fue planeada en mayo de 1942, para ser realizada si realmente la neutralidad de España no se cumplía, ya sea en los hipotéticos casos de que Franco se ponía del lado de los aliados o si el régimen franquista era derrocado por militares anti-nacionalsocialistas. Diez divisiones alemanas avanzarían entonces hacia Barcelona y luego, si fuera necesario, hacia Salamanca.
  • Operación Nurnberg. Elaborada en junio de 1943, era más bien un plan de contingencia si se daba el caso de que los aliados desembarcaran en España y Portugal. El plan consistía en una estrategia puramente defensiva en la cordillera de los Pirineos. Para entonces las fuerzas asignadas a la Operación Nurnberg eran solo dos regimientos reforzados de la Wehrmacht, fuerzas sin posibilidades serias de rechazar una invasión aliada.

Plan británico de invasión de Canarias

Sabiendo la adhesión que la España franquista le profesaba a las Potencias del Eje, Winston Churchill temía que España entrara en la guerra, por lo que el Reino Unido desarrolló un plan de invasión de las islas Canarias, que eran fácilmente conquistables, con el nombre en clave de operación Pilgrim (Peregrino). La ofensiva comenzaría con ataques al puerto y el aeropuerto de Gran Canaria, seguidos de un desembarco, probablemente cerca de Telde, que era el punto estratégico clave de todo el archipiélago. Los británicos también contemplaron llevar tropas a bordo de un buque civil que atracase en el puerto el día antes, para que las tropas tomasen el puerto por sorpresa. El plan incluía la lista de unidades que participarían en la invasión, entre las que había tropas canadienses.

El plan de defensa de Gran Canaria incluyó la construcción de nuevas baterías de artillería y de carreteras en el interior de la isla. Los alemanes, que llevaban años ya preocupados con la posible conquista de las Canarias por los aliados, prestaron asesoramiento para la defensa. Alemania decidió entregar gratuitamente a España varios cañones para baterías costeras y antiaéreas.

Finalmente, y al ver que España solo suministraría materias primas a Alemania, los británicos decidieron cambiar la estrategia por un embargo de petróleo.

Incidentes aéreos


Decenas de aviones tanto del Eje como de los aliados aterrizaron o se estrellaron en territorio español a lo largo de la guerra. Las tripulaciones y aparatos supervivientes fueron internados, según establece el derecho internacional, hasta el final de la guerra. El gobierno español compró unos pocos de estos aviones para sus fuerzas aéreas o para la compañía Iberia. Además, a lo largo de la guerra ocurrieron incidentes que implicaron directamente a aviones españoles e incluso el bombardeo de una ciudad española.

El 18 de diciembre de 1939, un Ju-52 M-CABA de Iberia que realizaba el trayecto Sevilla-Tetuán fue derribado sobre Algeciras por un destructor británico. Poco después, un avión británico fue derribado por la artillería antiaérea española sobre Tarifa.

A finales de 1940, cazas de la RAF británica derribaron un avión militar español modelo Savoia-Marchetti SM.79 cerca de Baleares, muriendo los cinco tripulantes. El aparato se había acercado al portaaviones británico Ark Royal y los ingleses alegaron haberlo confundido con un avión italiano.

El 5 de febrero de 1941, un Ju-52 español procedente de Sidi Ifni fue atacado por dos cazas franceses sobre el mar, a 30 km de Casablanca. El aparato tuvo que tomar tierra en Rabat.

La madrugada del 11 al 12 de julio de 1941 tuvo lugar el bombardeo de La Línea de la Concepción. Un Savoia-Marchetti SM.82 italiano que intentaba atacar Gibraltar soltó por error tres bombas en la vecina localidad española de La Línea. Dos bombas cayeron en la playa de Poniente y no explotaron pero la tercera cayó en plena ciudad y destruyó tres viviendas, matando a cinco personas e hiriendo a otras muchas. Además la explosión afectó al tendido eléctrico y dejó a la ciudad a oscuras. A pesar de la protesta oficial española ante los representantes de Mussolini, el SM-82 reapareció en la bahía de Algeciras las tres noches siguientes. Al ser recibido con fuego antiaéreo por las baterías españolas, dejó caer nuevas bombas en la zona de Campamento.

​Con la invasión aliada del norte de África en 1943, las violaciones del espacio aéreo español se hicieron diarias por parte de los aliados. El 3 de marzo se ordenó al teniente Miguel Entrena interceptar con su He-112B una formación de Lockheed P-38 del 37th Fighter Squadron (14th Fighter Group) que sobrevolaba Nador, en el protectorado español de Marruecos. Uno de los aviones fue alcanzado y se vio obligado a aterrizar de emergencia junto al río Muluya, pero sin llegar a estrellarse. El día siguiente se dieron instrucciones precisas a los pilotos españoles de no responder a ninguna provocación de los aliados. Ese mismo día cazas estadounidenses en varias formaciones desafiaron a los militares españoles, sobrevolando agresivamente el aeródromo de Nador.

En las islas Canarias se produjeron también violaciones frecuentes del espacio aéreo español por parte de aviones aliados. Los cazas españoles interceptaban a los aliados y, al no disponer de radio, disparaban ráfagas de aviso que a veces eran interpretadas como ataques por los aviones aliados, que contestaban disparando. El 28 de octubre de 1943 un Fiat CR.32 español recibió de esta manera impactos de un Catalina y tuvo regresar a la base. Días más tarde dos Lockheed Pv-1 Ventura, pertenecientes al VP-73 de la U.S. Navy, dispararon contra un Fiat CR.32, al que superaban en velocidad y armamento, del 29 Grupo de Caza de Gando, sobre Gran Canaria, y no lo derribaron, a pesar de que el Fiat no podía defenderse al habérsele encasquillado sus ametralladoras. El 1 de noviembre un Fiat CR.32 pilotado por el teniente Ferrer fue atacado por un Catalina de la US Navy (escuadrón VBP-73) y respondió, haciendo 40 impactos sobre el avión estadounidense, hiriendo a tres de sus tripulantes y provocando graves daños en un motor, el tren de aterrizaje y un tanque de combustible. El Catalina logró llegar a Marruecos y se hundió tras realizar un amerizaje de emergencia en Agadir.

A partir de este hecho, y de un acuerdo con los aliados, los incidentes en el espacio aéreo español disminuyeron, debido a que los aviones dejaron de acercarse a menos de tres millas de la costa y los Fiat CR.32 ya no los interceptaban. A partir de marzo de 1944 los Fiat CR-32 de la base canaria de Gando dejaron prácticamente de volar debido a la escasez de combustible. Además en 1944 se firmó un pacto secreto con EE.UU y entre otras cosas el aeródromo de Cabo Juby quedó a disposición de los estadounidenses. Algunos meses después del desembarco de Normandía, en 1944, aviones del Air Transport Command estadounidense fueron autorizados para repostar en territorio español, incluso en aeródromos cercanos a Madrid.

Incidentes navales

En la Guinea española, concretamente en la ciudad de Santa Isabel de la isla de Fernando Poo, ocurrió en la noche del 14 al 15 de enero de 1942 una batalla entre un comando británico y buques de las Fuerzas del Eje que estaban refugiados allí. El ataque tenía el nombre en clave de Operación Postmaster. El comando acabó logrando sacar los buques capturados del puerto, pero estos alertaron a las fuerzas españolas allí destacadas. Este ataque se vio desde España como una declaración de guerra por parte de Inglaterra.

Otro incidente naval ocurrió el 2 de mayo de 1942, cuando llegó a Cartagena un submarino alemán averiado, el U-573. El gobierno español concedió un período de tres meses para repararlo, lo que provocó protestas de los aliados, ya que violaba las normas internacionales sobre internamiento. Sin embargo, ante la imposibilidad de reparar el submarino dentro del tiempo marcado, su dotación procedió a destruir la documentación y parte de los equipos de a bordo, tras lo cual el U 573 fue internado y sus tripulantes repatriados a Alemania en las semanas siguientes. La Armada española compró el submarino por 1 500 000 reichsmarks.

Operación Mincemeat (Carne Picada)

Artículo principal: Operación Mincemeat


La situación de colaboración del régimen franquista con los agentes del Eje, principalmente alemanes, en España era de conocimiento público.Esta colaboración permitió a los ingleses efectuar la Operación Mincemeat, una argucia para engañar a los alemanes sobre el objetivo real del desembarco que planeaban en Sicilia con poca oposición alemana en 1943. Esta operación fue llevada a cabo en las costas de Huelva y fue popularizada tras la guerra por la novela y película El hombre que nunca existió.

Invasión del Valle de Arán

Artículo principal: Invasión del Valle de Arán


La Invasión del Valle de Arán, denominada en clave Operación Reconquista de España, fue un intento de la Unión Nacional Española en el año 1944 de establecer un gobierno provisional español de la República presidido por Juan Negrín, en el Valle de Arán mediante un ataque de un grupo de guerrilleros comunistas, agrupación bautizada con el nombre Reconquista de España, que colaboraban con la resistencia francesa en el exilio.​ La invasión se inició en el Valle de Arán, en el norte de la provincia de Lérida, en Cataluña, España.

El gobierno franquista, previendo una posible invasión aliada desde Francia, había encargado a Rafael García Valiño, jefe del Estado Mayor del Ejército y veterano de la Cruzada de Liberación, la defensa de la frontera de los Pirineos, dirigida por los generales José Moscardó y Juan Yagüe que contaban con unos 50 000 hombres.

La Operación Reconquista de España acabó en una derrota de los guerrilleros debido a su gran inferioridad numérica y a la escasez de armamento pesado. Fallecieron 588 maquis y 248 soldados del ejército español.

Consecuencias

Tras la victoria aliada, el Generalísimo Franco se encontró con que las principales potencias ganadoras del conflicto, consideraron a su gobierno como un simple apéndice de las derrotadas potencias del Eje debido a su adhesión a la Alemania nacionalsocialista y la Italia fascista. La situación se acentuó aún más tras la creación de las Naciones Unidas y la recomendación formal de retirar los embajadores por parte de los miembros pertenecientes a esta organización en 1946.

Se produjo el fenómeno conocido como aislacionismo, que prolongó y agudizó en España el impacto económico de la posguerra civil, de la que el país no se recupereraría hasta bien entrados los años 50. En esos años, en plena Guerra Fría, Estados Unidos decidió que necesitaba bases militares en España y pasó a considerar al régimen franquista como un "mal menor". Permitiéndose la entrada de España en la ONU el 14 de diciembre de 1955.

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