Paganismo moderno

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El neopaganismo o paganismo moderno es el conjunto de diferentes movimientos religiosos y espirituales modernos inspirados en las antiguas formas de religiosidad politeísta anteriores al cristianismo. Aunque comparten ciertas similitudes entre sí, los movimientos religiosos neopaganos son múltiples y diversos, no existiendo creencias, prácticas o textos que sean compartidas por todos.

Los seguidores pueden basarse, en una variedad de grados, en fuentes precristianas, folclóricas y etnográficas, intentando reconstruir o revivir las religiones étnicas e indígenas como son descritas en fuentes históricas y folclóricas con la mayor precisión posible. Se estima que actualmente en el mundo hay un millón de neopaganos.[1]

Desde la década de 1990 en adelante, los estudiosos del movimiento Pagano moderno han establecido el campo académico de los estudios paganos. La investigación académica ha colocado al movimiento pagano moderno a lo largo de un espectro, con el eclecticismo en un extremo y el reconstruccionismo politeísta en el otro. Politeísmo, animismo y panteísmo son características comunes en la teología pagana. Los rituales se llevan a cabo tanto en entornos domésticos públicos como privados.

Terminología

El término "neopaganismo" es controvertido pues muchos, especialmente aquellos que se adscriben a criterios étnicos, cuestionan o rechazan el uso del término para sí mismos, puesto que si el argumento para distinguir a un neopagano de un antiguo pagano es que sus prácticas han cambiado con el tiempo, o bien que el neopagano no conoce en su totalidad las formas originales del culto, lo mismo podría argumentarse para otros cultos como el cristianismo, ya que el cristianismo moderno es marcadamente diferente a aquel que profesaban los primeros cristianos y muchas de sus prácticas originales han quedado en el olvido, por lo que siguiendo esta lógica, los cristianos actuales podrían ser llamados como "neo-cristianos".

Existe un considerable desacuerdo en cuanto a la definición precisa y el uso apropiado del término "paganismo moderno". Incluso dentro del campo académico de los estudios paganos, no hay consenso sobre cómo se puede definir mejor el Paganismo contemporáneo. La mayoría de los eruditos concuerdan en describir el paganismo moderno como una amplia gama de religiones diferentes en lugar de una sola religión singular en sí misma. La categoría del paganismo moderno podría compararse con las categorías de la religión abrahámica y la religión dhármica en su estructura. Una segunda definición, menos común, encontrada en los estudios paganos, que ha sido promovida por los estudiosos religiosos Michael F. Strmiska y Graham Harvey, caracteriza el paganismo moderno como una religión singular, en la cual los diversos grupos como Wicca, Druidismo y Odinismo son percibidas como "denominaciones". Esta perspectiva ha sido criticada y es errónea dada la falta de puntos en común en temas como la teología, la cosmología, la ética, la vida después de la muerte, los días sagrados o las prácticas rituales.

El paganismo contemporáneo se ha definido como "una colección de tradiciones religiosas, espirituales y mágicas modernas inspiradas conscientemente por los sistemas de creencias prejudaicos, precristianos y preislámicos de Europa, el norte de África y el Cercano Oriente". Por lo tanto, se ha expresado la opinión de que, aunque "es un fenómeno muy diverso", existe sin embargo "un elemento común identificable" que atraviesa el movimiento pagano. Strmiska también describió el paganismo como un movimiento "dedicado a revivir las religiones paganas politeístas, adoradoras de la naturaleza de la Europa precristiana y adaptándolas para el uso de la gente en las sociedades modernas". El erudito en estudios religiosos Wouter Hanegraaff caracterizó el paganismo como abarcador de "todos los movimientos modernos que están basados, primero, en la convicción de que lo que el cristianismo tradicionalmente ha denunciado como "idolatría y superstición" en realidad representa una cosmovisión religiosa profunda y significativa y, en segundo lugar, que una práctica religiosa basada en esta cosmovisión puede y debe ser revitalizado en nuestro mundo moderno".

Hablando de la relación entre las diferentes religiones paganas, los estudiosos religiosos Kaarina Aitamurto y Scott Simpson afirmaron que eran "como hermanos que han tomado caminos diferentes en la vida pero aún conservan muchas similitudes visibles". Sin embargo, al ver diferentes formas de paganismo como religiones distintas en sí mismas, ha habido mucha "fertilización cruzada" entre estas diferentes religiones. En consecuencia, muchos grupos han ejercido una influencia sobre otras religiones paganas y, a su vez, han sido influenciadas por ellas, lo que hace que las distinciones claras entre ellos sean más difíciles de realizar para los estudiosos. Las diversas religiones paganas han sido clasificadas académicamente como nuevos movimientos religiosos, con la antropóloga Kathryn Rountree describiendo el paganismo en su conjunto como un "nuevo fenómeno religioso". Varios académicos, particularmente en América del Norte, han considerado el paganismo moderno como una forma de religión natural.

Historia

Antecedentes

Obra del pintor italiano Sandro Botticelli, El Nacimiento de Venus (1484–1486), en el que representa el nacimiento de la diosa romana del amor y la belleza.

El Renacimiento, gestado durante los siglos XV y XVI, fue el primer movimiento que buscó, al menos de forma cultural, la recuperación y restauración de la cultura clásica europea con sus ideales, sus valores, su ciencia y su filosofía. Numerosos grandes artistas, como Sandro Botticelli, Tiziano, Giorgione, Leonardo da Vinci, Dosso Dossi, Rafael Sanzio, Miguel Ángel Buonarroti, tomaron inspiración en los antiguos mitos griegos para sus obras y el realismo clásico fue restablecido como criterio estético máximo. Pese a que se suele decir que sus obras no tenían ningún tipo de fin religioso y sólo tenían el propósito estético de establecer significados alegóricos, lo cierto es que la estrecha relación intelectual con estos símbolos y arquetipos no se diferenciaba mucho de la antigua contemplación europea de lo divino.

Los textos herméticos tuvieron una influencia muy importante en el desarrollo del mundo espiritual del Renacimiento, particularmente en las obras de autores como Pico della Mirandola y otros entusiastas de la alquimia y el neoplatonismo.

Los grandes médicos de la época como Paracelso (quien escribió un tratado sobre criaturas míticas del folclor europeo[2]), eran alquimistas, y astrónomos como Tycho Brahe, Johannes Kepler o Galileo, también practicaron la antigua astrología, y de la mano de una gran cantidad de filósofos aparecieron numerosos textos de sabiduría hermética.

Siglos XVIII y XIX

Los orígenes del paganismo moderno se encuentran en los movimientos que se desarrollaron en Europa hacia fines del siglos XVIII y la primera mitad del siglo XIX[3] inspirándose y nutriéndose de la casi totalidad de los romanticismos e idealismos filosóficos-literarios de este período que surgieron de la mano de personajes como Hölderlin, Schelling, Fichte, Goethe en Alemania; Leconte de Lisle en Francia, Lord Byron y William Blake en Inglaterra, por nombrar sólo a algunos.

Las publicaciones de estudios sobre las costumbres, el folclor y las culturas populares europeas realizadas por eruditos como Johann Gottfried Herder y Jacob Grimm resultaron en un mayor interés en estos temas y en un crecimiento en la autoconciencia cultural. Todas esas costumbres populares eran supervivencias del período precristiano. Estas actitudes también serían exportadas a América del Norte por inmigrantes europeos en estos siglos.

El movimiento romántico del siglo XVIII condujo al redescubrimiento de la literatura y la poesía del gaélico antiguo y del nórdico antiguo. El siglo XIX vio un aumento del interés en el paganismo germánico con el renacimiento vikingo en la Gran Bretaña victoriana y en Escandinavia. En Alemania, el movimiento völkisch estaba en pleno apogeo. Uno de los ensayos que se hicieron sobre el paganismo nórdico durante este período fue El Secreto de las Runas de Guido von List. Estas corrientes paganas coincidieron con el interés del romanticismo en el folclore y el ocultismo, la aparición generalizada de temas paganos en la literatura popular y el surgimiento del nacionalismo.

Siglo XX

El auge del paganismo moderno se vio favorecido por la decadencia del cristianismo en muchas partes de Europa y América del Norte, así como por la disminución concomitante de la conformidad religiosa forzada y la mayor libertad religiosa, permitiendo a las personas explorar un rango más amplio de opciones espirituales y formar organizaciones religiosas que podrían operar libres de persecución legal.

El historiador Ronald Hutton ha argumentado que muchos de los motivos del neopaganismo del siglo XX se remontan a los movimientos místicos de los períodos tardío-victoriano y eduardiano, a través de las obras de folkloristas, autores populares y poetas.

Antes de la difusión del movimiento neopagano del siglo XX, un ejemplo notable de paganismo autoidentificado fue en el ensayo del escritor sioux Zitkala-sa, Why I Am A Pagan, publicado en el Atlantic Monthly en 1902, y en el cual el autor describió su rechazo al cristianismo (al que se refiere como "la nueva superstición") a favor de una armonía con la naturaleza encarnada por el "Gran Espíritu".

El Tercer Reich (1933-1945), principalmente de la mano de personajes como Alfred Rosenberg (ideólogo del NSDAP) y Heinrich Himmler (Comandante de la SS), propuso un retorno a un universo espiritual propiamente ario, utilizando una multitud de símbolos e ideas de origen pagano que impactaron notablemente en la psicología europea. Este retorno se haría de forma gradual hasta llegar a deshacerse de toda influencia abrahámica. En 1934, fue fundado en el seno del nacionalsocialismo el Movimiento de la Fe Germánica por Jakob Wilhelm Hauer, que intentó reemplazar al cristianismo con la religión germánica.

Pasada la Segunda Guerra Mundial, hacia la década de los 70 hubo un despertar del neopaganismo nacionalista asociado a los movimientos identitarios de tercera posición, en gran parte parte por pensadores como Alain de Benoist, fundador de la Nueva Derecha francesa, el cual se encargó de reivindicar el pensamiento cultural nativo de Europa como forma de enfrentar la decadencia de Occidente.

Sociología del neopaganismo europeo

El paganismo europeo moderno reivindica los valores e ideales aristocráticos del mundo precristiano restaurando el culto de los dioses de las antiguas religiones nativas europeas que son los legítimos arquetipos del inconsciente colectivo europeo. Propone el retorno espiritual a esa cosmovisión anterior a la llegada del invasor judeocristiano; y reivindica el carácter local, no universal, de todo fenómeno auténticamente religioso.

El neopaganismo no es una religión sino un conjunto de diferentes expresiones religiosas. Lo neopagano, hoy en día, representa una mirada moderna sobre esas antiguas religiones que resistieron al cristianismo y que conservaron, en esencia, lo más propiamente tal del ser europeo. De ese modo, puede interpretarse el neopaganismo como una actitud ante la vida que reivindica a Europa, frente a la colonización espiritual de Judea y Medio Oriente.

Pese a que está referido al mundo antiguo y a la antigua tradición, el neopaganismo no es un fenómeno de la antigüedad, sino una expresión religiosa del mundo moderno. No obstante, el neopaganismo surge en el mundo moderno como una manifestación de protesta contra todo lo que este mundo moderno representa. Y es en ese sentido que el neopaganismo recoge y reivindica las primitivas formas de la religiosidad europea de antes del advenimiento del cristianismo.

Frente a la industrialización y planetarización del mundo moderno, el neopaganismo propone el retorno a las virtudes del campo, la sacralización de la tierra a través de la filosofía de la sangre y el suelo; y la oposición de lo local frente a lo universal.

Todas estas ideas comienzan a ser el común denominador de ciertos círculos de filósofos, poetas y escritores de fines del siglo XVIII y siglo XIX. Hacia medidados del siglo XIX la añoranza de un pasado idílico que contrastaba con la idea de ciudad moderna y todo lo que ella había llegado a representar con la revolución industrial (democracia en lo político, capitalismo en lo económico, burguesía en lo social, cristianismo protestante en lo religioso) profundizó aún más el sentimiento y las ansías de retorno hacia ese pasado natural y heroico que fue la Europa de antes del cristianismo.

El neopaganismo opuso entonces el campo a la ciudad, la aristocracia a la democracia, el intercambio simple a la prepotencia del Capital, la antigua nobleza guerrera a la acomodaticia y ramplona burguesía, la antigua religión, del camino del bosque, (conocida también como Holzwege), a los predicamentos de la religión protestante más cercana todavía a los orígenes judíos del cristianismo.

Todos estos rasgos dan al neopaganismo una fisonomía del tipo romántica e idealista que en esencia busca restaurar la continuidad de la tradición y espiritualidad europea legítima, sofocada e interrumpida abruptamente por la imposición de esa religión extraña y extranjera que es el cristianismo. El neopaganismo reconoce en el cristianismo una forma de judaísmo solapado; o lo que es peor, un tipo de judaísmo para gentiles. En el neopaganismo se plasma la creencia de que Europa tiene que reivindicar el derecho a tener su propia espiritualidad, nacida de su propia cosmovisión y de su relación particular con el suelo que habita y la sangre que corre por sus venas.

División

Reconstruccionismo y criterios étnicos

Los paganos modernos tradicionalistas basan su cosmovisión en las religiones étnicas históricas, apoyadas en el reconstruccionismo. Se subdividen de acuerdo a un criterio étnico, por ejemplo el indoeuropeo, el semítico, el amerindio, etc. Aunque suelen ser mucho más puristas, pueden existir grupos que admitan sincretismos entre tradiciones del mismo origen, como de hecho sucedió en la Antigüedad, ya que las religiones se consideran, al igual que las lenguas, algo "vivo" y que están continuamente evolucionando.

Se denominan "reconstruccionismos" aquellas formas de neopaganismo que aspiran a una recuperación de las religiones antiguas de la humanidad, particularmente las de Europa, Oriente Medio y Egipto. Destacan principalmente en Europa el odinismo (germánico), el dodecateísmo (helénico), el romanismo, el druidismo (celta), el rodismo (eslavo), las religiones precristianas de los países bálticos como la romuva (Lituania) o dievturība (Letonia), así como, en menor medida, los cultos a Mitra, el tengrismo (monoteísmo húngaro-altaico) y distintas formas de neochamanismo (como el suomenusko finlandés).

También se encuentran el neopaganismo egipcio (kemetismo), el neopaganismo semítico y el reconstruccionismo de las religiones amerindias.

Los seguidores de cada uno de los distintos reconstruccionismos suelen reunirse (por lo general de manera separada) en grandes festivales anuales donde algunos incluso se visten de acuerdo a la época histórica que buscan recrear y realizan distintos rituales inspirados en aquellas tradiciones, aunque suelen evitar los aspectos más crueles y sangrientos de las mismas, como los sacrificios. Desde 1998 existe un Consejo Mundial de Religiones Étnicas cuya sede central se encuentra en Lituania.

Sincretismo y eclecticismo

Véase también: Sincretismo


Algunos autores consideran como formas de neo-paganismo a las creencias sincréticas afroamericanas de vudú, candomblé y santería (orishá), generalmente originadas por la confluencia de religiones tribales de África Occidental con manifestaciones populares de base o imaginería cristianas.

Falso paganismo

Artículo principal: Falso paganismo


Reunión de pseudopaganos en Stonehenge. Una muestra de la ridiculización y caricaturización del paganismo hoy en día a cargo de estos sectores decadentes y de corte neo-hippie.

El falso paganismo o pseudopaganismo es un conjunto de pseudorreligiones que engloba a la wicca o "brujería", el movimiento neomatriarcal (eufemísticamente llamado "de la Diosa"), y otras manifestaciones sincréticas y eclécticas, generalmente influenciadas por la masonería, Nueva Era, el marxismo cultural y el universalismo. Algunas aproximaciones sincréticas o eclécticas a veces están inspiradas en tradiciones históricas, pero no poseen identificación estricta con ninguna religión o cultura histórica. Los movimientos eclécticos y sincréticos combinan libremente elmentos de múltiples tradiciones religiosas dispares. Otros movimientos intentan ser reconstruccionistas pero caen en el universalismo como en el caso del falso odinismo.

Anteriormente a los grandes avances actuales de los estudios arqueológicos y comparativos de las religiones, la capacidad de obtener un conocimiento fidedigno sobre las religiones precristianas era muy limitada por la escasez de fuentes escritas de primera mano, y mucho de lo que se conocía provenía casi exclusivamente de fuentes cristianas y por lo tanto sesgadas a favor del cristianismo.

Para promover y glorificar la nueva fe, los apologistas cristianos tenían el mal hábito de elevarse a través de la denigración de otras creencias. Usualmente existía un consciente y a veces sistemático desprestigio y tergiversación de casi todas las tradiciones, doctrinas y religiones tempranas, que eran agrupadas bajo el término de "paganismo". Para este fin, los apologistas obviamente hicieron un esfuerzo premeditado por subrayar aquellos aspectos de las religiones y tradiciones pre-cristianas que carecían de un carácter normal o primordial, pero que eran claramente formas marginales o que habían caído en plena decadencia. Por ejemplo, el obispo Procopio de Cesarea (ca. 500-560) en De Bello Gothico' intentó asociar el paganismo a prácticas deshonrosas y aberrantes como forma de propaganda y difamación contra los hérulos, afirmando que éstos practicaban entre los guerreros, rituales sexuales de toda índole imaginable, como el homosexualismo, pederastia y bestialismo.

Este "paganismo" imaginario, que nunca existió, sino que fue inventado por los apologistas cristianos, desafortunadamente ha servido de punto de partida para algunos auto-nombrados círculos "neopaganos", quienes proclaman una cosmovisión tendenciosa y artificial que raramente corresponde a la realidad histórica de lo que el mundo pre-cristiano siempre fue en sus manifestaciones normales.

Otro error común, a falta de un conocimiento profundo sobre las religiones precristianas, es tomar como modelo ético o moral al cristianismo y su moral de esclavos. Por ejemplo, el universalismo, que es propiamente un fenómeno cristiano y completamente ajeno al paganismo, es adoptado por estas corrientes, perpetuando con ello un "cristianismo moral y cultural". Por ello, los cristianos suelen atacar sin miramientos a todo paganismo moderno en base a las claras inconsistencias que presentan este tipo de movimientos degenerados y distorsionados. El escritor Kerry Bolton explica así el cristianismo cultural que se encuentra en movimientos pseudopaganos:

El dualismo moral judeo-cristiano está ahora tan profundamente enraizado en la psique europea que incluso los paganos que piensan que están fuera del contexto cristiano están tan dualizados como cualquier cristiano. Estos “neo-paganos” han hecho internacionalistas y pacifistas a los dioses tribales de la guerra. Donde los atributos guerreros no pueden ser ignorados, han sido transformados en "el camino del guerrero pacífico". Tyr, Thor y Odín han sido castrados. Los neo-paganos simplemente han hecho de los Antiguos Dioses, reflejos de sus propias mitades dualizadas. Han reprimido como “malignos” los aspectos oscuros. Estos neo-paganos son peores que inútiles; son otro aspecto de la dualidad que está impulsando al pueblo europeo a la autodestrucción.
Kerry Bolton, Dualismo y los ciclos del tiempo

Estas corrientes han sido promovidas por la masonería y el judaísmo, especialmente en el contexto del New Age, adhiriendo ideas del marxismo cultural como el hedonismo, igualitarismo, antiblanquismo, feminismo, mesticismo y el homosexualismo. Intentan imitar al paganismo antiguo, pero lo hacen únicamente en la forma y la estética, apropiándose de sus símbolos y fiestas, y en el fondo adquieren ideas muy acordes con los dogmas de la modernidad y la corrección política.

Teología

Politeísmo

Todas las expresiones modernas del paganismo, sean tradicionalistas, evolucionistas o reconstruccionistas son politeístas, por lo tanto, la pluralidad de dioses es lo primero que suele distinguir a una religión pagana. El politeísmo es una concepción polifacética del Cosmos, donde cada principio o fuerza natural está animada y posee características divinas. Un infinito concierto de fuerzas primales, de energías y potencias; fluyendo y refluyendo, interactuando entre sí.

Aunque a lo largo de la historia han existido "episodios" monoteístas dentro del paganismo (Akhenatón, Heliogábalo, etc…), en general, el concepto de "un solo y único dios" es privativo del tronco ideológico abrahámico: judaísmo, cristianismo e islam.

Algunas escuelas han sintetizado o simplificado a los diversos aspectos o manifestaciones de los dioses masculinos, en una sola figura genérica o arquetípica, "El Dios" (por lo general, el "Padre Cielo" indoeuropeo con atributos solares y sin un nombre específico o, en otros casos, vinculado con dioses astados como Cernnunos -celta- o Pan -griego-) y a todas las formas y concepciones divinas femeninas, en "La Diosa" (en general, relacionada al culto lunar y de la "Madre Tierra").

Todos los dioses se pueden representar a través de "El Dios" y todas las diosas, a través de "La Diosa". La Wicca, aunque degenerada, ha sabido servirse de esto como una manera de simplificar el culto y de sortear la necesidad de un profundo conocimiento de los atributos teológicos y mitológicos de las divinidades ancestrales, para poder abordarlas, de cara a una visión actual y operativa de la religión. No porque tal "resumen", en sí mismo, sea más avanzado o evolucionado que la multiplicidad original y mucho menos, porque se crea que, en un pasado remoto, existió un "culto dual" que luego derivó en múltiple, como algunos despistados pseudopaganos afirman.

En este contexto, el politeísmo se puede reducir a un dualismo, o biteísmo, pero jamás se convierte en monoteísmo, porque tal dualidad es irreductible.

Es importante tener presente, que no se debe confundir la dualidad conceptual universal que todo lo genera, con el dualismo simplificado antes descrito, el cual no es en sí el origen de la multiplicidad de deidades masculinas y femeninas, sino sólo su síntesis (es una falsa creencia, la idea de que alguna vez existió un culto global de una "Gran Diosa Madre Prehistórica", sólo existieron enésimas manifestaciones del mismo, generalmente desconectadas entre sí -vale decir, muchas diosas diferentes).

Toda idea peregrina, sobre que "por encima" o "detrás" de esta pareja divina (o de los dioses en general), existe un "Gran Espíritu", un "Absoluto", un ser trascendente y ulterior, no es un concepto propiamente pagano, sino (en el mejor de los casos) una elucubración filosófica tardía, como ciertos conceptos neoplatónicos e hinduístas (Brahman) o (en el peor) una fantasía new-age o bien una extrapolación tomada desde el sistema de creencias judeocristiano.

Cabe decir que Brahman no es una idea "incorrecta", sino extremadamente peligrosa o engañosa cuando se convierte en un conocimiento profano y de las masas. Su condición obliga a que permanezca como una doctrina esotérica y secreta para prevenir la muerte de los dioses en la India.

Género

La noción de dos géneros en todo proceso, evento o creación es uno de los puntos más significativos del paganismo.

Existe un principio masculino y un principio femenino, no son opuestos sino complementarios. Sin la participación de ambos géneros o aspectos de la realidad nada es fecundo, nada se crea, surge o manifiesta. Ninguno es más significativo o importante que el otro. Ambos son necesarios y primordiales en todo el acontecer cósmico. Sin la creencia en la dualidad de géneros divinos, el paganismo no puede existir. En el paganismo no se puede adorar a la Naturaleza y pensar en ella como una entidad "asexuada" o "unisexual", así como tampoco en principios (dioses) homosexuales, porque lo asexuado, unisexual y lo homosexual es infértil. En el Universo sólo existen dos géneros y de la unión de estos dos géneros se crean las cosas.

Como en todas sus demás creencias, el paganismo tiene en claro que sus símbolos, estructuras y modelos son inherentes a la propia naturaleza (humana y de los demás seres tangibles que conviven con ella). Por esta razón, el pensar en que todo en el Cosmos tiene dos géneros, es en cierta medida una proyección (antropomórfica) y, a la vez, una metáfora de sentido. Sin embargo, lo que pueda haber de subjetivo en tal apreciación está relacionado sólo con la representación o "figuración" (los símbolos, los mitos y el lenguaje que se use para definirla), y no con la existencia objetiva de la dualidad en sí misma.

De esto surge, la obvia noción de dioses y diosas, la necesidad de personificar a las fuerzas del Cosmos con ambos géneros (también los simbolismos de las parejas divinas y sus mitos maritales y la copulación de éstos para fertilizar el mundo y crear la Vida).

No se niega una Unidad última en la esencia de las cosas, pero dicha “unidad”, no se manifiesta en el Universo, está más allá de su acontecer, no tiene ningún atributo o forma, no es un dios, mucho menos es “Dios” (como en el abrahámico) sino sólo el Caos indiferenciado y primal. Por esa razón, todo lo que existe, lo manifestado, lo fenoménico, es dual, tanto en su esencia como en su naturaleza.

Polaridad

Todo lo que existe tiene dos aspectos opuestos. A cada característica, aspecto o atributo que una entidad o cosa pueda tener, se le “opone” una proporcionalmente diferente.

Los polos son sólo los extremos de un mismo espectro. En ese sentido, sirven para referenciar la realidad, pero no tienen existencia absoluta (contrariamente a como la polaridad y la dualidad son interpretadas por las religiones reveladas), lo que realmente existe es una continuidad. Por ejemplo, el frío y el calor (polos opuestos) son designaciones subjetivas en base al grado de temperatura (cosa en sí). No hay blanco ni negro, hay una infinita variedad de grises. El "Bien y el Mal", la "Luz y la Oscuridad", "Frío y Calor" son dos caras de una misma cosa, y no pueden concebirse la una sin la otra.

El único camino válido es el equilibrio, el balance, la moderación. Por lo que no se valoriza un opuesto por sobre el otro. Como en la concepción china del Yin y el Yang, ambos polos son igualmente necesarios para el balance universal. El volcarse hacia uno u otro extremo, es violentar la armonía natural del Cosmos y por tanto una conducta indeseable, o un punto de vista desequilibrado, para la visión pagana.

Panteísmo

Aunque existen algunos modernos cultos panenteístas, el paganismo ha sido esencialmente panteísta, ya que percibe la existencia de una realidad última o principio divino que impregna todo lo existente, lo genera por emanación y se manifiesta a través de la naturaleza. Los dioses y diosas son representaciones y manifestaciones arquetípicas de esta realidad última.

A diferencia de, por ejemplo, algunos grupos gnósticos cristianos, de los sufíes musulmanes o de la filosofía Vedanta Advaita de India, no se trata de un "pan-theos" único, de una UNIDAD, sino de la intuición de que los dioses están detrás y "en" todas las cosas, o mejor aún: Los dioses son la Naturaleza en sí (incluidos nosotros mismos).

Se percibe a “lo divino” (esto puede ser a un aspecto de un dios particular, a ese dios en sí, a un grupo de dioses o la manifestación de todos los dioses en general) detrás de toda vida, de todo proceso del Cosmos; inmanente en todo acontecimiento y en toda la Naturaleza en sí.

El Caos es un estado previo a la existencia. Tal como era Nun el "Océano Cósmico" en el Antiguo Egipto o la idea del Χάος (Caos, de la raíz proto-indoeuropea: ghen = “hueco” o “abismal”) original, entre los griegos. Del mismo modo que el Ginnungagap nórdico, en los orígenes del Mundo o el Apsu sumerio-babilónico. No se trata entonces de un Ser, sino de un No-Ser, de una No-Entidad. Por tanto, jamás ha recibido culto.

Al ser un sistema de creencias naturalista, no hay lugar para deidades "inescrutables" o "inefables". Los dioses son la personificación de las fuerzas del Cosmos, de las energías que dan origen a todas las cosas y que las conforman. Por tanto, todo lo impregnan, todo es parte de ellos y ellos son parte de TODO.

Lo espiritual y divino, lo compenetra todo, pero los dioses y diosas del paganismo son “mensurables”, no siempre pueden ser comprendidos enteramente, debido a que la mente humana es limitada, finita. Pero los mismos, siempre son identificables, resultan evidentes ante una observación atenta de la Naturaleza.

El pagano adora a la Naturaleza, por tanto no necesita tener fe en sus dioses, porque la Naturaleza demuestra su existencia de manera explícita, su realidad y trascendencia son evidentes.

La básica noción de que la Naturaleza lo es todo y que nada existe fuera de ella (incluso, de existir multiversos, otras dimensiones físicas o realidades paralelas, no dejarían de estar dentro del “mundo natural”), deja fuera de toda consideración a cualquier creencia o escuela religiosa sobre lo “absoluto”, el panenteísmo o lo divino de carácter extra-cósmico.

Inmanencia

Existen dos tipos básicos de religiones, partiendo de una categorización quizás más importante que la diferencia básica entre monoteísmo y politeísmo.

Por un lado, tenemos a los sistemas que plantean que la Divinidad es trascendente. Esto significa que Dios o los dioses están "por fuera" del Universo, que son extra-cósmicos y ajenos por completo a la Naturaleza, que han creado a la misma y que, por tanto, el mundo natural, profano, no merece ser sacralizado ni venerado. También, que los dioses son (por lo general) preexistentes a la misma, sin haberse dado nunca una teofanía (o sea, un momento en que "apareciera" lo divino, que fuera creado o surgiera del caos o de la nada). A esta concepción se le llama "trascendencia".

Por otro lado, están las creencias que vislumbran a los dioses como parte inherente, inextricable e íntima de la Naturaleza, como inmanentes en el Cosmos. En este caso, no tiene sentido pensar en algo "fuera" del Cosmos, del Todo, de la Totalidad, porque si se establece que existen otros universos, otros planos o dimensiones, se concluirá que no son más que aspectos, hasta ese momento, desconocidos de la realidad cósmica. A esta concepción se le llama "inmanencia" y es una creencia profesada por la mayoría de las tradiciones paganas, desde los comienzos de la historia hasta el presente.

El paganismo rechaza la idea de una deidad extra-cósmica, de un ser ajeno al propio Universo. Con base en que el Cosmos es "Todo lo que ES", que fuera de la Totalidad no hay nada, se asume que los dioses son parte del mismo, que no son ajenos a éste.

De la creencia de que los dioses son inmanentes en el Cosmos, deriva la sacralización de lo natural, en la divinización de cada fuerza o principio de la Naturaleza y, por lo tanto, en su culto. Este es un punto de irreconciliable discrepancia, respecto de las doctrinas de las "religiones reveladas".

Así mismo, la creencia en la inmanencia, deja fuera de consideración a toda noción salvífica o dhármica. Tanto a la declaración cristiana de “… mi reino no es de este mundo…” (Juan, 18:36), como la budista de considerar que todo lo material, físico e incluso psíquico, es parte de Maya o "la ilusión" y que es la fuente de todo sufrimiento (y por ende, de todo mal).

Animismo

Casi toda tradición pagana se fundamenta en el animismo. No obstante existe un rango que va desde la creencia en "espíritus" temibles, insondables o misteriosos -en el “tremendum”, de algunas culturas primitivas-, pasando por el chamanismo, el manismo (culto a los espíritus de los muertos) y el totemismo; las creencias en diversas clases de genios tutelares (como los lares y penates romanos) y hasta las ideas elaboradas de ciertas filosofías ocultistas, como las categorías de seres elementales de Paracelso, los paganos tienden a creer que existen planos de la realidad no accesibles a los sentidos o al empirismo "normal".

Para los paganos, todo tiene vida; la vida lo compenetra todo, no sólo lo orgánico. Incluso lo inorgánico, tiene un nacimiento, una evolución y un final. Todas las cosas tienen alma o están hechas de "energía", por tanto están "animadas" (del latín: ánima y este del griego: ánemos, “soplo”, por extensión: “aliento” o “fuerza vital”).

Según la escuela o tradición, esta idea se interpreta de diferentes formas: Ya sea a través del animismo natural o chamánico (que postula que todas las cosas naturales tienen un “espíritu”); el manismo (culto a los antepasados, que asume que todo está animado por los ancestros, es decir, los seres que nos precedieron en la vida -muy extendido en las culturas nativas del África y del Extremo Oriente); el moderno concepto de "Gaia" (que concibe a todo el planeta como un ser viviente y "animado" en sí mismo), etc…

Cosmología

La cosmología es uno de los puntos de encuentro entre varias religiones neopaganas.

Hablando de la creación en el ámbito pagano, emerge el hecho que la diferencia de cuanto viene en los cultos judíos y cristianos, la creación no tiene un inicio preciso para poder parar una vuelta completamente, pero en realidad no está conclusa, porque la creación es un acto, hecho constantemente y perennemente en el universo.

La creación pagana, por tanto, corresponde a un proceso de desarrollo natural, cambio, mutación y evolución de la existencia, este proceso es causado por un Dios supremo, pero no originado, porque es un mecanismo derivado de la emancipación misma de la divinidad en el mundo, y su manifestación.

El motor que causa el nacimiento, el crecimiento y la muerte de las cosas o bien los eternos ciclos de la vida, es el espíritu divino mismo, permanente en el cosmos. Son las divinidades que están en el universo, las que lo plasman, modelan y modifican, dando la vida. Los dioses son conceptos junto a las fuerzas creadas que hacen que la materia se agregue y forme todas las cosas que existen en la naturaleza, son perceptibles en el mundo que el hombre habita.

La fuerza creativa se identifica, en esta óptica, con la naturaleza misma, el vehículo a través del cual se cumple el misterio divino de la vida, caracterizada por el eterno movimiento cíclico, en la cual las fuerzas místicas se reforman, renuevan y reencarnan continuamente.

La dualidad es otro concepto importante: el principio que emana del cosmos y anima la creación no es la única, son dos. El Dios y la Diosa, encarnados en el principio masculinos y femenino, personifican las dos fuerzas cósmicas cuya alternancia —en eterno intercambio la una con la otra— dan origen a la existencia y son base de todas las cosas. En esta óptica de unión mística, las relaciones sexuales entre hombre y mujer son sagradas porque respetan el proceso infinito de manifestación de la divinidad en el mundo.

Aunque la cosmología del neopaganismo intenta dar una explicación a eso que existe antes del origen de todo: antes de la creación estaba el caos, llamado de diferentes formas según las religiones, en el caos estaba presente una identidad primordial inactiva y eterna, la divinidad.

La creación tuvo inicio cuando la divinidad pasó de un estado de inactividad a otro, que se manifestó como una luz en la oscuridad infinita, energía cósmica.

Esta energía no creó, en el sentido literal del término, pero comenzó a poner en orden al interior del caos, comenzó a determinar: su espíritu, dar forma a la materia inanimada y sin dar forma, dándole armonía, ordenándola.

Prácticas

Ritual y liturgia

Los sistemas rituales neopaganos se diferencian de una tradición a otra. El ritual puede tener lugar tanto en un entorno público como privado. Existe todavía un hilo conductor que pasa a través del contacto con la naturaleza. La mayor parte de los ritos envuelven la presencia de elementos y símbolos naturales. En los rituales se utilizan símbolos y elementos naturales como fuego, agua y rocas. Los elementos naturales son considerados catalizadores del contacto entre el mundo divino y el mundo humano. Los neopaganos creen que el mejor modo de estar en contacto con los dioses es vivir y meditar en el universo que ellos habitan.

Los lugares naturales son, en la situación actual que ve una escasa presencia de templos estables, las mejores zonas en las cuales se puedan celebrar los ritos, prácticas y misterios divinos.

El ritual Pagano Contemporáneo está típicamente orientado a "facilitar estados alterados de conciencia o cambios de mentalidad". Para inducir tales estados alterados de conciencia, los paganos utilizan elementos tales como tocar música, visualizar, cantar, bailar y meditar. La folklorista estadounidense Sabina Magliocco llegó a la conclusión, basada en su trabajo de campo etnográfico en California, de que ciertas creencias paganas "surgen de lo que experimentan durante el éxtasis religioso".

La socióloga Margot Adler destacó cómo varios grupos paganos, como los Druidas Reformados de Norteamérica y el movimiento Erisiano, incorporan una gran cantidad de juego en sus rituales en lugar de tener que ser completamente serios y sombríos. Señaló que hay quienes argumentarían que "la comunidad pagana es una de las únicas comunidades espirituales que está explorando el humor, la alegría, el abandono, incluso la tontería y la extravagancia como partes válidas de la experiencia espiritual".

En algunas tradiciones o grupos el legado espiritual se renueva cada año y se puede elegir si seguir con la misma pareja (renovar el matrimonio) o divorciarse.

La adoración doméstica generalmente se lleva a cabo en el hogar y es llevada a cabo por un grupo individual o familiar. Por lo general, se trata de ofrendas, como pan, pasteles, flores, frutas, leche, cerveza o vino, que se entregan a imágenes de deidades, a menudo acompañadas de oraciones y canciones, y del encendido de velas e incienso. Las prácticas devocionales paganas comunes se han comparado con prácticas similares en el hinduismo, el budismo, el sintoísmo, el catolicismo romano y el cristianismo ortodoxo, pero en contraste con el protestantismo, el judaísmo y el islam. Aunque el sacrificio de animales era una parte común del ritual precristiano en Europa, rara vez se practica en el paganismo moderno.

Existe una serie de rituales no codificados o simples expresiones de espiritualidad individual que cada pagano desarrolla personalmente tras los muros domésticos. La devoción personal también prevé la utilización de un altar sobre el cual se ponen iconos de la divinidad y se la ofrece incienso, agua, fruta. Cerca del altar, que puede ser de cualquier forma y dimensión, el celebrante reza, medita y recita oraciones como símbolo de devoción a los dioses.

Magia y esoterismo

El neopaganismo aparece como una religión llena de significados ocultos y misteriosos. El simbolismo es un componente esencial. Detrás de una fachada que pueda parecer simple y fácilmente interpelable, se oculta un significado místico y profundo.

Es esta tendencia de tipo esotérico, que distingue a las religiones neopaganas del cristianismo y del mundo abrahámico en general. Estas últimas religiones, de hecho, son exotéricas, tendiendo a no enfatizar los significados profundo y filosóficos de la teología.

El neopaganismo es mayoritariamente esotérico porque propone a sus fieles un encuentro directo con la dimensión oculta de la naturaleza, enfatizando el significado estático y subrayando la emanación del poder divino que destaca la transcendencia. De esta idea de interacción directa entre el hombre y lo divino, el neopaganismo basa todos sus rituales en la divinidad de la naturaleza, ricos en devociones votivas y elementos prácticos, sin olvidar los elementos meditativos.

Algunas corrientes neopaganas adoptan la magia como elemento de la doctrina. Las prácticas mágicas no son todavía mayoritarias, pero se utilizan como elemento ritual que canaliza la energía cósmica para favorecer el contacto con las fuerzas divinas. La práctica mágica puede utilizarse para guarecerse, como en el chamanismo.

En otras religiones en las cuales está incluido el concepto de magia, como el druidismo, es considerada únicamente como algo de los órdenes sacerdotales de los druidas; paralelamente, la mayor parte de las religiones neopaganas, en particular el gentilismo, kemetismo, dodecateísmo romanismo y Asatru no consideran la magia como parte de su propia doctrina y, por lo tanto, no es practicada por los fieles.

Festividades

Los días considerados sagrados por las religiones paganas son muchos, todavía hay fiestas que todos los paganos celebran en el mundo, especialmente de origen celta y germánico. Los rituales públicos del paganismo son generalmente calendáricos, aunque los festivales precristianos que los paganos usan como base varían en toda Europa. Sin embargo, común a casi todas las religiones paganas existe un énfasis en un ciclo solar, un ciclo lunar-agrícola y el respeto por los muertos. Los festivales paganos comunes incluyen los que marcan el solsticio de verano y el solsticio de invierno, así como el comienzo de la primavera y la cosecha.

Ejemplos:

Fiestas célticas:

Fiestas germánicas:

  • Yule (solsticio de invierno)
  • Ostara (equinoccio de primavera)
  • Litha (solsticio de verano)
  • Mabon (equinoccio de otoño).

Ética y moral

Todas las religiones neopaganas tienen en común un sentido ético similar, el cual pone el acento sobre el respeto a las leyes de la naturaleza.

La naturaleza en tanto es generada por la divinidad, es sagrada y venerada. El respeto por la naturaleza puede traducirse en un respeto ecológico ya que en muchas tradiciones la Diosa Madre es identificada con la propia naturaleza.

El neopaganismo en cada una de sus formas reconoce el rol central de la naturaleza en el proceso que ha portado el hombre a envolverse, a conocer el mundo, a desarrollar sus peculiaridades, a descubrir cuál es la belleza de la existencia.

El hacer lo correcto, el buscar el bienestar de otros seres, no obedece a ningún temor a sufrir castigos o condenaciones o por la motivación de una recompensa. Tal conducta, deviene de la empatía que sentimos por otros seres, por el mundo y por nuestros semejantes.

Pero el pagano que realmente lleva adelante su filosofía de vida, va mucho más allá: Busca el ἀρετή, areté ('autosuperación'), el ejercicio pleno de su propia voluntad de poder. Busca controlar su destino, lograr su trascendencia y la de los suyos.

Características doctrinales

Esencialmente todas las religiones neopaganas se fundamentan en una serie de concepciones.

El más relevante es la ciclicidad del tiempo: la diferencia de las religiones abrahámicas en las que el tiempo es concebido como una línea recta en la que se hace la voluntad de Dios que conducirá al hombre hacia el juicio final. En cambio en el neopaganismo (como en el hinduismo) el tiempo es concebido como un proceso circular.

Esta concepción cíclica es perceptible por las más breves expresiones de tiempo de las grandes eras. La misma vida de hoy, por los creyentes neopaganos, es circular: atraviesa tres fases, el nacimiento, el crecimiento y la vejez. La muerte es vista como un paso de un círculo a otro, cosa con la que termina la edad senil y pone fin a la vida biológica, dando lugar a un nuevo periodo de vida, análogo al precedente.

La vida después de la muerte es un concepto de renacimiento, en realidad, un paso de una vida a la otra. En el neopaganismo es vista como un futuro natural, necesario al verificarse de la regeneración de la vida, al nuevo de la existencia.

Es a partir de esta concepción cíclica que, a fin de cuentas, es común en todas las religiones indoeuropeas, que las corrientes neopaganas han asimilado el concepto de reencarnación, mientras que no estuviera presente ya en la forma antica de la religión. La reencarnación es común en prácticamente todas las religiones neopaganas (aunque porque es un trato distintivo del sistema interno de tradiciones indoeuropeas; sin embargo, en religiones como el druidismo el concepto era ya individual en la forma arcaica, en las otras religiones neopaganas no estaba presente, o por lo menos era una creencia difundida únicamente entre los órdenes sacerdotales, iniciados en los más altos misterios. Efectivamente, el mito kemético de la muerte y la resurrección del dios Osiris opera en un contexto que podría ser considerado afín a ese de la reencarnación propiamente dicha.

La libertad y tolerancia religiosa es una característica del neopaganismo. Ésta es expresada firmemente la multiplicidad de experiencias que podrían conducir a la comprensión de lo divino y, por tanto, cada religión es considerada válida y justificada en relación cada individuo o colectivo determinado.

La intolerancia religiosa es vista como una degeneración de la moral, una incapacidad de percibir la existencia como caracterizada por unos múltiples puntos de vista, algunos más válidos y respetables que otros. Eso no significa la aceptación indiscriminada de todas las ideas espirituales, sino sólo aquellas que no perjudican o subvierten el orden social.

En esta óptica, el neopaganismo se opone a la intolerancia de las religiones abrahámicas las cuales se consideran detentoras de la verdad única. En el universo neopagano hay muchas concepciones y cada una tiene una interpretación de la experiencia religiosa.

El bien y el mal son categorías morales establecidas por el hombre quien tiende a etiquetar las cosas como positivas o negativas dependiendo de su utilidad social o colectiva. De esto nace un código de comportamiento que establece una ética natural colectiva y cooperativa, garantía de la buena sociedad.

La sexualidad y el progreso científico no son vistos como una impiedad o violaciones de la naturaleza, la ciencia es vista como un medio a través del cual se pueden conocer las leyes que gobiernan el cosmos.

Simbología

Las religiones neopaganas siempre han sido ricas en símbolos de mucha variedad y de antiguos orígenes. Cada tradición neopagana tiende a tener sus propios símbolos, puesto que son herederas del patrimonio cultural de las antiguas religiones paganas de donde están radicadas.

El kemetismo tiende a tener como símbolo propio el Anj, que representa el misterio de la vida y la manifestación de lo divino. También tienen el Ojo de Horus (o udjat) y el disco solar del dios Atón, en el cual la divinidad tiende a manifestarse en el cosmos.

En ásatrú tiende a tener como símbolo propio el Mjolnir, que representa protección, la consagración, la justicia.

También se usa el valknut simboliza el viaje de Odín por los Nueve Mundos de Yggdrasil, que culmina con su momentánea muerte y regeneración, en el que obtiene el saber rúnico, no se recomienda el uso del valknut

En el druidismo es de particular importancia la Triskel y el awen. Entre ambos representan la triple naturaleza de la divinidad: la triquetra, como todos los símbolos paganos, es el más difundido pero no se conoce su origen.

El Triskel representa los 3 caminos evolutivos del ser humano: Cuerpo, mente y alma.

El Awen es el espíritu inspirado: la repentina llama de lucidez que inflama los pensamientos de los hombres y les da sabiduría, facilidad de palabra y energía en medio de la batalla.

El pentáculo, que proviene de la religión grecorromana y el pitagorismo, está formado por un pentagrama metido en un círculo es considerado un símbolo de fuerte significado; esto representa, de hecho, una suerte de reproducciones esquematizadas de los procesos vitales que rigen el universo y, por tanto, el cosmos. Los cinco vértices de los ángulos contituídos de la estrella simbolizan los cinco elementos base con los que se organiza la vida: aire, agua, tierra, fuego y espíritu. Este último es la energía emanada de la divinidad, sobre la cual está fundado todo el orden del cosmos: ella, mediante las fuerzas ocultas creadas, se condensa formando los átomos de la materia y, por consiguiente, la materia misma, la cual sería otra cosa que la manifestación física del Dios. Los otros elementos representan, generalizando, la fuerzas divinas que hacen perennemente el universo, forjándolo y dando origen a la vida. Son las divinidades, emancipaciones del Uno, permanentes en el cosmos en cada uno de sus aspectos.

Críticas

Desde la óptica cristiana y antipagana se ha argumentado que el surgimiento del neopaganismo en los siglos XVIII y XIX es parte del plan de la masonería para acabar con el cristianismo (al que consideran pilar básico de la civilización occidental) en consonancia con las revoluciones liberales, pues en ese período es cuando la masonería, de corte sincrético, entra en actividad especialmente con la Revolución Francesa, y que tal fenómeno es consecuencia de la descristianización de Europa llevada a cabo por los poderes sionistas y masónicos.

Se debe reconocer que ciertamente la masonería y el judaísmo han buscado la caída del cristianismo, por representar éste un reducto de valores occidentales, sólo para sustituirlo con un conjunto de ideologías debilitantes como el marxismo cultural y el nihilismo moral. También es verdad que la masonería y el judaísmo han activado un "neopaganismo" impostor lleno de estas ideologías debilitantes, para que sirva de sustituto espiritual, aprovechando el vacío que ha dejado el cristianismo durante los últimos siglos y ocupando su lugar, pero eso se ha hecho con el único fin de que los auténticos valores europeos y paganos, que sin duda alguna podrían desafiarles bajo un estado de total renovación, sean eclipsados y no tengan oportunidad de resurgir y ser restaurados en su justa forma. De este modo, mediante la promoción de este falso paganismo, apropiándose de sus símbolos, el paganismo también ha sido atacado, distorsionado, caricaturizado y ridiculizado por el judaísmo y la masonería. Los valores y tradiciones de Occidente, bajo cualquier forma que ellos adopten, son el objetivo real a destruir y no una sola religión en particular.

También se acusa al neopaganismo de hacer una especie de "idealización" de un "paganismo" que poco tendría que ver con el original, y que más que una religión, sería simplemente un "cúmulo de creencias y símbolos culturales". Esta supuesta idealización se expresaría en el deseo de un "retorno hacia un pasado supuestamente maravilloso y bello que fue la Europa de antes del cristianismo". Aunque increíblemente esto puede llegar a ser cierto en el caso de ese "neopaganismo" impostor, la auténtica idealización que se halla en el neopaganismo consiste simplemente, como ya se ha mencionado, en su búsqueda por la restauración de la continuidad de la tradición y espiritualidad europea legítima y de ninguna manera en un "retorno al pasado" nostálgico y hasta cierto punto retrógrada, asimismo, el verdadero pagano comprometido es uno de los pocos individuos que actualmente puede entender que, primero, no se puede regresar al pasado, sino que se debe evolucionar y mirar al futuro afrontando los cambios, y segundo, que la vida es una lucha constante. Si se busca criticar al paganismo moderno por esta supuesta idealización, con mucha mayor razón se podría acusar a los cristianos de idealizar al cristianismo por entronizarlo como "pilar fundamental de Occidente" y querer retornar a ese pasado cristiano "maravilloso", que ya tampoco existe.

Referencias

  1. Adherents.com - Neo-Paganism.
  2. Tratado de las ninfas, silfos, pigmeos y otros seres
  3. Strmiska 2005, p. 42.

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Enlaces externos