Yahveh

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El tetragrámaton en alfabeto hebreo. A veces al dios judío se le representa con las cuatro letras hebreas de su inefable nombre. De derecha a izquierda, las letras: Yod, He, Waw, He.

Yahveh (en hebreo יהוה), también conocido como YHWH o YHVH, es el nombre personal del Dios de los judíos y cristianos, aunque sus variantes representan una imposibilidad lingüística y nadie sabe su pronunciación, entre estas encontramos a Yahweh, Yahvé, Yavé, también se le intentó pronunciar con sus letras junto a las vocales de (Adonai = "Mi Señor") por lo que también se le conoce como Iehová, Jehovah y Jehová, sin que ninguna de las anteriores sea su pronunciación real.

El judaísmo prohíbe cualquier intento de pronunciar la palabra y se le atribuyen poderes mágicos a todo aquel que la pronuncie o la use correctamente. La palabra no tiene vocales lo que a su vez imposibilita cualquier intento de pronunciación.

Según el Antiguo Testamento, el nombre se le dio a conocer a Moisés en una visión en el monte Sinaí.

Se le conoce también como "Tetragrámaton", que significa las "Cuatro grandes letras".

Origen y descripción

Imagen del dios cananeo El venciendo a dos leones, tallado en el mango del cuchillo ceremonial de Gebel el-Arak. Se lo conocía como «padre de todos los dioses», el Dios supremo, «el creador», «el bondadoso». A veces se representa como un toro, con o sin alas. También se lo llamaba Eloáh o Elah. Muchos atributos de esta figura originaron al dios judío Yahvé. En ciertas ocasiones, los israelitas utilizaban el término El para referirse a Yahvé, dado que ese término significa "dios". A veces usaban la variante Elohim (אֱלׂהִים).

El término Yahveh procede del hebreo, una lengua semítica. Esta palabra proviene de la raíz de cuatro letras YHVH, en origen el nombre propio de Yahwi, una deidad edomita o madianita.

Yahvé era el dios nacional de los reinos de la Edad de Hierro de Israel y Judá. Sus orígenes exactos están en disputa, aunque se remontan a la Edad de Hierro e incluso al Bronce Tardío: su nombre puede haber comenzado como un epíteto del dios El, jefe del panteón cananeo de la Edad de Bronce, pero las primeras menciones plausibles se encuentran en textos egipcios que lo ubican entre los nómadas del sur de Transjordania.

En la literatura bíblica más antigua, Yahvé es un típico "guerrero divino" de Medio Oriente, que lidera el ejército celestial contra los enemigos de Israel; luego se convirtió en el principal dios del Reino de Israel y de Judá, y con el tiempo la corte real promovió a Yahweh como el Dios supremo de todo el cosmos, poseyendo todas las cualidades positivas previamente atribuidas a los otros dioses. Hacia el final del exilio babilónico (siglo VI AEC), se negó la existencia misma de dioses extraños, y Yahvé fue proclamado como el creador del cosmos y el verdadero dios de todo el mundo.

Casi no hay acuerdo sobre los orígenes y el significado del nombre de Yahvé; no está atestiguado más que entre los israelitas, y parece no tener ninguna etimología razonable. Una teoría sostiene que la palabra se basa en la raíz hebrea HYH/HWH, que significa "causa de existir", como una forma abreviada de la frase el dū yahwī ṣaba'ôt: "El que crea los ejércitos", es decir, la hueste celestial que acompaña a El cuando marchaba junto a los ejércitos terrenales de Israel. El argumento tiene numerosas deficiencias, que incluyen, entre otras, los caracteres disímiles de los dos dioses, y el hecho de que el dū yahwī ṣaba'ot no está comprobado en ninguna parte ni dentro ni fuera de la Biblia.

La mayoría de los estudiosos creen que el culto de Yahvé apareció primero en alguna zona del Levante sureño.

La aparición más antigua registrada de Yahvé, es como nombre de lugar: "Tierra de Shasu de YHW", en una inscripción egipcia desde la época de Amenhotep III (1402-1363 AEC). Este registro describe grupos de nómadas cananeos conocidos como shasu, siendo los shasu nómadas de Midian y Edom en el norte de Arabia. En este caso una etimología plausible para el nombre podría ser la de la raíz HWY, que significaría "él sopla", apropiado para una divinidad del clima. Existe un apoyo considerable pero no universal para este punto de vista, pero plantea la pregunta de cómo se dirigió al norte. La ampliamente aceptada hipótesis cenea sostiene que los comerciantes llevaron la palabra Yahvé a Israel a lo largo de las rutas de caravanas entre Egipto y Canaán. La fuerza de la hipótesis cenea es que ata juntos varios puntos de datos, tales como la ausencia de Yahvé desde Canaán, sus vínculos con Edom y Madián en las historias bíblicas, y lazos ceneos o madianitas de Moisés. Sin embargo, aunque es completamente plausible que los ceneos y otros puedan haber introducido el nombre a Israel, es poco probable que lo hicieran fuera de las fronteras de Israel o bajo la égida de Moisés, como lo dice la historia del Éxodo.

Posible deidad metalúrgica

De acuerdo con el investigador de estudios bíblicos en la Universidad Ben-Gurion, Nissim Amzallag, la Biblia contiene pistas que apuntan a una identidad original para Yahvé como una deidad metalúrgica-volcánica. Su teoría no es ampliamente aceptada, pero recientemente ha estado ganando terreno.

Hace unos 3.200 años, los grandes imperios que rodean el Mediterráneo y el Medio Oriente de repente implosionaron. Los egipcios se retiraron de Canaán y las minas de cobre de Timna en el Negev, regresando a las orillas del Nilo. Y en los desechos áridos del sur de Canaán, surgió un nuevo poder.

Las minas de Timna fueron tomadas por tribus seminómadas que establecieron una operación minera que empequeñeció a la industria egipcia anterior.

Este nuevo reino del desierto dejaría su marca en el edificio principal de Timna: el templo egipcio de Hathor, protector de los mineros. Los nuevos maestros destrozaron la efigie de la deidad egipcia, cuyos fragmentos fueron encontrado más de 3.000 años más tarde, y establecieron sobre las ruinas del templo un santuario de tiendas de campaña, a juzgar por los restos de la pesada tela roja y amarilla que se encontraron en los años setenta.

Ese dios de los mineros, según Amzallag, no era otro que la deidad conocida por las cuatro letras hebreas YHWH, que se convertiría en el Dios de los judíos y, por extensión, de los cristianos y musulmanes.

Mucho antes de convertirse en la deidad de los israelitas, Yahvé era un dios de la metalurgia en el antiguo panteón cananeo, adorado por fundidores y trabajadores metalúrgicos en todo el Levante, no sólo por los hebreos.

En la Biblia, la apariencia de Yahvé suele ir acompañada de fenómenos volcánicos. Cuando él desciende sobre el monte Sinaí revelando la Torá a los judíos, la montaña estalla en fuego, arrojando lava y ondulantes nubes acompañadas de terremotos y tormentas eléctricas (Éxodo 19: 16-19).

En la antigüedad, las deidades metalúrgicas como el griego Hefesto o su equivalente romano Vulcano, se asociaron con descripciones volcánicas, que reflejan el humo, el fuego, la escoria negra y el metal rojo fundido producidos en el proceso de fundición.

La metáfora poética a lo largo de la Biblia describe a Yahvé como una deidad ardiente que hace que las montañas fumen (Salmos 144: 5) y las derrite (Isaías 63: 19b), al igual que las fundiciones funden el mineral para obtener cobre y otros metales, señala el investigador. De hecho, en el Salmo 18:18 Yahvé está representado como un horno antropomorfizado: “el humo se levantó de sus narices; el fuego consumido salió de su boca, quemando carbones ardiendo fuera de ella.

Para la gente antigua, el proceso de derretir rocas para extraer metal "habría aparecido completamente preternatural y requería una explicación divina", dijo Amzallag a Haaretz.

Los atributos metalúrgicos de Yahweh también se exhibieron en la columna de fuego y humo por la cual guía a los hebreos en el desierto (Éxodo 13:21) y la nube que acompaña sus visitas a la Carpa de la reunión (Éxodo 33: 9-10) una versión más simple del Tabernáculo en la que Moisés habla cara a cara con Dios.

La descripción de esta tienda de campaña guarda notables similitudes con el santuario de Timna, y sugiere que hace 3.000 años, este lugar puede haber estado dedicado a la adoración de Yahvé, sostiene Amzallag.

Evolución

Henoteísmo

Los hebreos primitivos no creían en un único dios. Su teología no era monoteísta sino henoteísta: creían en varios dioses, pero sólo adoraban al dios de su tribu. El motivo era supersticioso: si no adoraban al dios con el que "se aliaban", éste los aplastaría sin misericordia.

Las evidencias textuales del henoteísmo hebreo inicial son patentes. Algunas muestras de esto se pueden observar en fragmentos del Antiguo Testamento como los siguientes:

  • "¿Quién como tú, Jehová, entre los dioses? ¿Quién como tú, glorioso y santo, terrible en tus hazañas, autor de maravillas?" (Éxodo 15:11).
  • "El mal que hicieron se volvió contra ellos y, en esto, reconozco que es el Dios más grande" (Éxodo 18:11).
  • "No tengas otros dioses delante de mí" (Éxodo 20:3).
  • "No te postres ante esos dioses, ni les des culto, porque Yo, Jehová, tu Dios, soy un Dios celoso. Yo castigo hijos, nietos y bisnietos por la maldad de los padres cuando se rebelan contra mí" (Éxodo 20:5).
  • "No adorarás a ningún otro dios, ya que el Señor, cuyo nombre es Celoso, es Dios celoso." (Éxodo 34:14).
  • "Porque grande es el Señor, y digno de suprema alabanza; terrible sobre todos los dioses." (Salmos 96:4).
  • "Porque Tú eres el Señor, el Altísimo sobre toda la tierra, Muy excelso sobre todos los dioses." (Salmos 97:9).
  • "Alabad al Dios de los dioses, porque para siempre es su misericordia." (Salmos 136:2).
  • "¿Qué Dios como tú, que perdonas la maldad, y olvidas el pecado del resto de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque es amador de misericordia." (Miqueas 7:18).

Textos como "Dios se levanta en la reunión de los dioses; en medio de los dioses juzga" (Salmo 82,1) presentan a Yahvé como la deidad principal en una asamblea de dioses menores. En la misma línea, y a pesar de los intentos de los traductores modernos para camuflarlo, el primer mandamiento tiene una perspectiva perfectamente henoteísta: "No tendrás dioses ajenos delante de mí" (Éxodo 20,3).

En la misma línea está: "No vayáis detrás de dioses ajenos, de los dioses de los pueblos que están en vuestros contornos, porque Jehová, tu Dios, que está en medio de ti, es un Dios celoso; su furor se inflamaría contra ti y te haría desaparecer de sobre la tierra" (Deuteronomio 6:14-15). Aquí no sólo no enseña la inexistencia de otros dioses, sino que los acepta pero advierte sobre no seguirlos pues Yahvé es el dios de un solo pueblo y es celoso y vengativo.

Los dioses eran territoriales, su poder cubría un territorio determinado así como el de los reyes sobre la Tierra. El concepto de un único dios que con su poder alcanza a todo el universo es muy posterior, de la época de los profetas, quienes denostaron a los otros dioses como ídolos que "tienen ojos y no ven, tienen boca y no hablan". En ese período, el primitivo henoteísmo hebreo se transformó en el riguroso monoteísmo judío actual.

Entre muchos de los nombres que aparecen en el Antiguo Testamento o Tanaj para nominar al dios hebreo se encuentra el nombre Elohim (אֱלֹהִ֔ים), siendo una palabra en plural de El (אֵל) o Elohá (אֱלהַּ), que se traducen como "Dios". Es de notar que ambas palabras son utilizadas tanto en referencia a dioses paganos como a un solo dios pagano, sin discriminar su uso para el dios hebreo al mismo tiempo. Su uso para referirse a Yahvéh ha llevado a los eruditos a indicar que dicha expresión es utilizada en los textos como un plural mayestático, o el superlativo de Dios.​ A veces, la misma expresión es utilizada para referirse al conjunto de entidades consideradas divinas, pero distintas de Yahvé, como en Éxodo 20:3.

Monoteísmo

La monolatría hebrea primitiva con el tiempo evolucionó en un monoteismo estricto (hacia el siglo VII AEC), que consideraba falsos a los demás dioses que otrora reconocía. Esta fase del concepto hebreo de Dios es la más conocida y hay centenares de textos que la demuestran. Esta divinidad era todopoderosa: todo ocurría según su deseo; bien y mal eran creados por él. Un residuo textual de esta fase teológica se encuentra en un texto de Isaías muchas veces "suavizado" por los traductores modernos: "Yo formo la luz y crío las tinieblas, hago la paz y crío el mal. Yo Jehová que hago todo esto" (Isaías 45:7). A partir de esta fase, la religión judía y sus descendientes cristianas e islámicas, han buscado constantemente explicar el bien y el mal en el mundo. Siguiendo los lineamientos básicos de Bart Ehrman[1], las fases siguientes de este proceso explicativo quedaron plasmados en la Torá y la Biblia cristiana.

Tras sus triunfos militares iniciales con David, el pueblo de Israel creía que una deidad todopoderosa los había elegido como protegidos y los había librado de su esclavitud en Egipto[2]. Después de asentarse en la "tierra prometida", establecieron su reino alrededor del Templo en la época de Salomón, pero con el paso del tiempo, Israel fue víctima de tremendos reveses militares, siendo el Exilio en Babilonia tal vez el mayor de ellos. Al buscar explicación de por qué el pueblo elegido era víctima de sus enemigos, apareció otra fase de desarrollo teológico: el movimiento profético.

Movimiento profético

En esta ridícula concepción, los males experimentados por Israel eran el resultado de su idolatría: al abandonar la fe verdadera, Yahvé mismo habría enviado castigos para regresar a su pueblo por el camino recto. A esta mentalidad, poco importaba que niños inocentes fueran estrellados contra el piso, que mujeres embarazadas fueran asesinadas haciéndolas abortar a punta de espada, que bebés de pecho murieran de inanición y sed, y que mujeres justas del pueblo idólatra terminaran cocinando y comiéndose sus propios hijos,[3] la "bondad" de Yahvé era incuestionable, pues lo que a primera vista "parecían" actos abominables enviados por un demonio celeste aborrecible e injusto, en realidad eran "Justicia Divina" para corregir la idolatría de su pueblo.

Movimiento sapiencial

Luego de la deportación, los hebreos comenzaron a experimentar otro tipo de mal: adversidades terribles debidas a su observancia de la Ley de Dios. Por ejemplo, dos siglos antes del nacimiento de Jesús, el gobernador Sirio de Palestina persiguió a los hebreos por seguir la Ley de Yahvé. ¿Cómo era posible entonces que siguieran sufriendo, si cumplían con su parte del pacto, y si Dios había prometido bendiciones por ello? La respuesta por primera vez fue medianamente inteligente y dio origen a una nueva fase teológica: el movimiento Sapiencial. En éste se reconoció que el mal del mundo no siempre era un castigo sino que era inherente a la existencia: los ricos abusaban de los pobres, los ejércitos extranjeros aniquilaban pueblos, la adversidad diezmaba sin contemplaciones.

¿Pero cómo se podía entender esto si Yahvé era bueno? La respuesta aún subsiste en nuestra cultura: el mundo estaba en guerra debido a un ser malvado, opositor a Yahvé: Satán. Esto limpió la faceta negativa de Dios como creador de la maldad[4] pero puso un nuevo aprieto teológico: ¿Cómo podría ser que Dios permitiera estos males si era justo? La respuesta fue una evasiva desesperada: seguro la situación injusta de ese entonces no iba a durar para siempre. Yahvé intervendría muy, muy pronto para acabar para siempre el mal y restaurar la perfección en la Creación, arruinada por el Opositor.

El cristianismo y el movimiento apocalíptico

Ese fue el origen del pensamiento apocalíptico, del cual Jesús de Nazaret fue el exponente más famoso. De las pocas predicciones atribuibles con seguridad a él, están los pequeños apocalipsis sinópticos en los que pronosticó fallidamente un fin del mundo inmediato. Pablo de Tarso hizo eco a estas ideas apocalípticas del Nazareno y garantizó incluso en "Palabra de Dios" que él no moriría antes del fin.

Es claro que el fin inminente nunca llegó, y que el falso profeta de Nazaret y su émulo de Tarso estaban equivocados (Mateo 24:34; Marcos 13:30; Lucas 21:32 y 1 Tesalonicenses 4:13-18). Entonces, ¿cómo se podría interpretar esto? ¿Por qué el buen Dios no arreglaba su creación perfecta? Una actitud fue la que siguió el cristianismo actual: estableció Iglesias, mantuvo su adoración, deificó a Jesús, y siguió creyendo que algún día llegará el Reino de Dios, así sea post-mortem.

La parte final de esta historia es bien conocida: a punta de sangre y fuego, las facciones cristianas originales lucharon por posicionarse, y la versión triunfadora del mito declaró "hereje" a las versiones restantes (la historia la escriben los triunfadores), los gnósticos terminaron exterminados en la hoguera por sus "amorosos" hermanos cristianos a lo largo de todo el medioevo. La promesa de Jesús de un reino de Dios con justicia, paz, amor, y bienestar para toda la humanidad, se transformó en una Institución Eclesial policial, que seguiría eternamente, en un mundo cada vez más podrido, injusto e inhumano. Y la venida inminente del Reino que se daría en el Siglo I, siguió demorándose durante dos mil años, y seguirá atrasándose "per secula seculorum". Por último, de la versión Paulina del cristianismo, emanaron el catolicismo, la ortodoxia y protestantismo) y centenares de ramas secundarias. Cada una de estas innumerables ramas de la doctrina del desierto reclama el privilegio que sólo su dios es el verdadero, el auténtico, el indiscutible, el único, y todos los demás dioses son falsos dioses, y es un obra piadosa el luchar contra ellos y aplastarlos.

Lecturas Rabínicas

La palabra también fue usada en abundancia tanto por los Rabinos como los Cabalistas. Ya que el nombre de YHVH es considerado como el único verdadero, en un principio en los textos rabínicos se le conoció sólo como "El nombre" como "Shem ha-Meyuḥad" (El nombre extraordinario) como "Shem ha-Meforash" (El nombre distinguido) como "Shem ben Arba' Otiyyot" (tetragramatón o Nombre Quadriliteral) o como "Yod He Waw He" (Deletreando las letras de la palabra).

Según los Judíos la pronunciación del nombre sólo se realizaba dentro del templo de Israel, afuera de esté era usada la palabra Adonaí.

YHVH y Jesús como Mago

En el talmud se sostiene que Jesús se las ingenió para encontrar la pronunciación de la palabra. Como ésta estaba custodiada por dos perros guardianes que asustaban al perpetrador y le hacían olvidar la palabra, Jesús se hace una cortada y se introduce la palabra en un pedazo de papel, luego la pronuncia y su herida sana. Éste es asustado por los perros, pero luego de volver a abrir su herida encuentra el pedazo de papel donde había escrito la palabra.

Es así como Jesús es catalogado como una especie de brujo o mago y sus poderes provenían de prácticas oscuras y el uso de YHVH.

Uso Cabalístico

Los cabalistas le dan gran importancia al YHVH y agregaron otras variantes siendo la más importante "En Sof" (Infinito o Interminable) que está más allá del Sefirot.

El nombre de las 42 letras, fue añadido por los cabalistas a su vez como equivalente en valor a (YHVH=45).

Identificaciones con el Diablo

Algunas interpretaciones tienen la noción de que el dios bíblico, Yavé, es él mismo el Diablo o la misma persona. Varios autores religiosos a lo largo de la historia han propuesto la noción del 'Dios de Abraham como el Diablo'. Dan la razón de que el "dios" bíblico es una fuerza divina que causa sufrimiento, muerte y destrucción y que tienta o dirige a la humanidad a cometer violencia y genocidio.

Muchos de los autores cristianos critican sólo el concepto de dios que se encuentra en el Tanaj, en contraste con el "verdadero dios" que aseguran ver en el Nuevo Testamento. Sin embargo, otros autores aplican su condena a la deidad entera del judaísmo, el cristianismo y el islam.

Los autores afirman sus críticas al hacer referencia a ciertos pasajes en la escritura bíblica describiendo acciones de Dios que dicen que son malvadas o diábolicas.

El filósofo estadounidense del siglo XVIII Thomas Paine escribió en The Age of Reason:

Cada vez que leemos las historias obscenas, la corrupción voluptuosa, las ejecuciones crueles y tortuosas, la venganza implacable, con lo que más de la mitad de la Biblia está llena, sería más consistente que la llamáramos la palabra de un demonio, antes que la Palabra de Dios.

En el gnosticismo, especialmente entre los marcionistas y los ofitas, el dios de los judíos es visto como una deidad maligna, creadora de la materia y del universo físico, a la cual denominan Demiurgo o Yaldabaoth, mientras que el verdadero Dios es Abraxas. Según esta doctrina, la materia creada por el Demiurgo funge como una prisión para el espíritu. Entre los ofitas, se consideraba que la serpiente del Edén había dado a Adán y Eva la facultad del conocimiento a través del fruto que Yahvé les había prohibido puesto que éste deseaba mantenerlos en la ignorancia. Por ello, los ofitas tenían a la serpiente como un símbolo de sabiduría e iluminación. El hecho de que el nombre de Lucifer significara "Portador de la luz" y que esta figura del panteón grecorromano fuese presentada como antagonista del dios judeocristiano, también contribuyó a considerar a Yahvé como "el dios de la oscuridad".

Yahvé también ha sido asociado con Moloch, dios mesopotámico adorado por diferentes pueblos semíticos como fenicios, cananeos y hebreos. A Moloch se le adoraba sacrificándole niños vivos que eran lanzados en una imagen de metal de él que era encendida al rojo vivo por una hoguera. Los niños y bebés eran lanzados a su enorme bocaza y morían lentamente. El aspecto de Moloch era el de un toro, animal asociado a antiguos cultos lunares-telúricos semíticos como el del dios Sin en la ciudad de Ur. Los romanos asociaron a Moloch con Saturno, dios-titán devorador de niños de carácter predominantemente maléfico. Saturno (el Cronos griego) a su vez, es asociado por los gnósticos con el Diablo. El día de Saturno es el sábado, mismo día del dios judío, a quien estos consagran el Sabbath.

Además, existen escrituras del Antiguo y Nuevo Testamento que pueden interpretarse de manera en que Yahvé no es otro más que el Diablo. Así por ejemplo en varios libros del Tanaj se afirma que varios patriarcas vieron a Dios cara a cara:

Y Jacob se quedó solo. Luego un hombre luchó con él hasta el amanecer. Este, viendo que no lo podía vencer le dio un golpe a Jacob en la ingle, mientras luchaban, y le dislocó la cadera. Dijo el hombre: Suéltame, que raya el alba. Y Jacob contestó: No te dejaré hasta que me hayas bendecido. El otro preguntó: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. Y él dijo: En adelante ya no te llamarás Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido. Entonces Jacob le dijo: Dime ahora tu nombre. Pero él respondió: ¿Para qué quieres saberlo? Y lo bendijo allí. Jacob le puso a aquel lugar el nombre de Penuel (פְּנוּאֵל), es decir, Cara de Dios, pues dijo: He visto a Dios cara a cara, y mi vida ha sido preservada. Al amanecer, cojeando, dejó este lugar.
Génesis 32:25-32
YHVH habló a Moisés para decirle: "Yo soy YHVH, que me aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Todopoderoso, pero en cuanto a mi nombre YHVH, no lo di a conocer a ellos".
Éxodo 6:2-3
YHVH hablaba con Moisés cara a cara, como habla un hombre con su prójimo.
Éxodo 33:11

Pero el evangelio de Juan contradice todo ello afirmando:

A Dios nadie le ha visto jamás.
Juan 1:18

A su vez mientras en 2 Samuel 24:1 se cita a Yahvé como quien ordena a David a hacer un censo de Israel, en 1 Crónicas 21:1 relatando el mismo hecho se cita a Satanás como el que da dicha orden:

YHVH se enojó de nuevo contra los israelitas e incitó a David a que hiciera el censo de Israel.
2 Samuel 24:1
Satanás se levantó contra Israel e incitó a David a que hiciese el censo de Israel.
1 Crónicas 21:1

Finalmente se encuentra lo que dice Jesús contra los fariseos:

Vosotros sois de vuestro padre el Diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es Mentiroso, y Padre de la Mentira.
Juan 8:44

Referencias

  1. Ehrman, Bart. Cristianismos Perdidos: los credos proscritos del Nuevo Testamento. Ares y Mares, 2004. p 176ss.
  2. La leyenda de la Liberación de Egipto es un mito fundacional que carece de evidencia arqueológica y posee tremendos anacronismos históricos
  3. Véase un ejemplo de estas barbaries en: Oseas 13,16; Deuteronomio 28,54-58, y compárese éste con Lamentaciones 4,10-11.
  4. Pese a que en Isaías, 45:7 se lee: "Yo formo la luz, y creo las tinieblas; hago la paz y creo el mal. Yo soy el Señor, que hago todo esto."

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