Historia de los judíos

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Pintura de Maurycy Gottlieb, Judíos rezando en la sinagoga en Yom Kippur, 1878. Museo de Tel Aviv, Israel.

La historia de los judíos es la de la gente, la fe, y la cultura judías. Esta historia abarca casi cuatro mil años y a centenares de diversas poblaciones.

Primeros tiempos

Véase también: Hebreos


Si bien en el campo científico, la historia del antiguo Israel hasta comienzos del primer milenio antes de la era cristiana permanece desconocida en parte considerable,​ los investigadores suelen ubicar el establecimiento de los hebreos en Canaán hacia el año 1220 AEC.

Los judíos se originaron como un pequeño grupo (llamados "hebreos" y luego "israelitas") en el Medio Oriente durante el segundo milenio AEC en la parte del Levante conocida como Canaán. En esta zona ha habido, desde tiempos inmemoriales, flujos y reflujos procedentes tanto de Europa como de Asia y África, y que cristalizaron en la aparición del Neolítico y de las primeras civilizaciones del mundo. Este grupo fue formado legendariamente por doce tribus nómadas, clánicas y patriarcales que vivían en el desierto y cuya unidad era más religiosa y social que política y étnica. Carecía de importancia en número, riqueza, cultura material, poder militar e influencia política.

Los hebreos formaban una minoría ínfima en el seno de las poblaciones de la región. En ese territorio de tránsito, de luchas y de colonizaciones de tribus de los más diversos orígenes, reinaba el caos racial que estuvo marcado, al principio, por una influencia negroide, y luego por una influencia oriental procedente de Asia Menor. De este modo, los judíos terminaron componiéndose de la sangre de los pueblos africanos, asiáticos y europeos más diversos.

Los primeros períodos de la historia de los judíos coinciden con la del Creciente fértil, comienza con tribus que ocuparon el área comprendida entre los ríos Nilo en el oeste y el Tigris y Éufrates en oriente. Rodeado por los imperios de Egipto y Babilonia y por el desierto de Arabia, y las montañas de Asia Menor, la tierra de Canaán (conocida sucesivamente por Reino de Israel, Reino de Judá, Cele-Siria, Judea, Palestina, Levante y finalmente el Estado de Israel) era un punto de unión de civilizaciones. La zona estaba atravesada por antiguas rutas comerciales, como la vía Maris, el camino de los Reyes y el camino de Horus, que unían el golfo Pérsico con la costa mediterránea y Egipto con Asiria, lo que llevaba al Creciente fértil influencias de otras culturas

Se cree que la palabra 'hebreo' deriva del acadio habiru o apiru, la cual fue un nombre despectivo dado por varias fuentes sumerias, egipcias, acadias, hititas, mitanias, y ugaríticas (datadas, aproximadamente, desde antes de 2000 AEC. hasta alrededor de 1200 AEC.) a un grupo de gentes que vivían en las áreas de Mesopotamia nororiental y el Creciente Fértil desde las fronteras de Egipto en Canaán hasta Persia. Los habiru son descritos variadamente como nómadas o seminómadas, generalmente como trabajadores migrantes, ocasionalmente como mercenarios, eventualmente sirvientes o incluso esclavos, aunque también como gente rebelde y problemática. Documentos sumerios de alrededor del 2150 AEC. los describen como una clase de "gente desharrapada, que viaja, que destruye todo, cuyos hombres van donde quieren, establecen sus tiendas y campamentos, pasan su tiempo en el campo sin observar los decretos del rey".

Paul Johnson, en Historia de los judíos (1987), escribe que en el antiguo contexto mesopotámico y egipcio, 'habiru' fue al parecer un término despectivo aplicado a las gentes no urbanas difíciles y destructivas que se desplazaban de lugar en lugar. No eran tribus de hábitos regulares, que emigrasen periódicamente con los rebaños. Precisamente porque no era fácil clasificarlas, las tribus habiru desconcertaban e irritaban a las autoridades mesopotámicas y egipcias conservadoras, que sabían muy bien cómo tratar a los auténticos nómadas.

Yahvismo

Artículo principal: Yahvismo


Los datos arqueológicos sugieren que la cultura israelita se superpuso en gran medida con la cultura cananea y se derivó de ella, de manera que la cultura israelita era en gran parte de naturaleza cananea. Existen varias analogías entre las costumbres de los patriarcas hebreos y las instituciones sociales y jurídicas de Oriente Próximo. También se admite que los patriarcas conocieron y adaptaron numerosas y mucho más antiguas tradiciones mitológicas durante su estancia en Mesopotamia, tales como el mito de creación, el árbol de la vida o el diluvio universal.

La teología hebrea inicialmente no era monoteísta sino henoteísta: creían en los varios dioses del panteón cananeo, pero sólo adoraban al dios de su tribu, en una religión protojudía conocida como yahvismo. El motivo era supersticioso: si no adoraban al dios con el que "se aliaban", éste los aplastaría sin misericordia. El concepto de un único dios que con su poder alcanza a todo el universo es muy posterior, de la época de los profetas, época en la que el primitivo henoteísmo hebreo se transformó en el riguroso monoteísmo judío actual.

Al introducirse en Canaán, los patriarcas se encontraron con el culto del dios El, el cual terminó con identificarse con el dios tribal hebreo. Esta asimilacion permite conjeturar que existía una semejanza estructural. Una vez identificado con El, la deidad hebrea adquirió la dimensión cósmica que no podía tener como dios de unas familias o unos clanes.

Tradición judía

Moisés y los diez mandamientos

La tradición judía (Libro de Génesis) remonta el linaje de los hebreos al patriarca Abraham y los israelitas descienden de los doce hijos de Jacob que se trasladaron a Egipto y se infiltraron en su gobierno gracias a José, donde sus descendientes se dividieron en doce tribus que fueron supuestamente esclavizadas durante el reinado de un faraón egipcio, identificado a menudo de forma errónea como Ramsés II. En la tradición judía, la emigración de los israelitas desde Egipto a Canaán (el éxodo) conducidos por el profeta Moisés, marca la formación de los israelitas como pueblo.

Sin embargo, el consenso entre los estudiosos sostiene que las narraciones del Génesis, el Éxodo y otras, tal y como aparecen en la Biblia son mitológicas y legendarias y no describen con exactitud eventos históricos.

Los doce hijos de Jacob y sus descendientes son llamados israelitas o "hijos de Israel" (hebreo: בני ישראל, Bnei Yisra'el). Sus nombres fueron dados a las doce tribus de Israel: Rubén, Simeón, Leví, Judá, Dan, Neftalí, Gad, Aser, Isacar, Zabulón, José (representado eventualmente por sus hijos, Manasés y Efraín) y Benjamín.

La Torá narra que después de cuarenta y un años de vagar por el desierto los israelitas llegaron a Canaán y la conquistaron bajo el mando de Josué, que repartió la tierra entre las doce tribus. Durante un tiempo el pueblo fue regido por una serie de gobernantes llamados jueces, y luego por una monarquía establecida por Saúl.

División de la nación

Alrededor del año 930 AEC., tras el reinado de Salomón la nación se dividió en dos: Judá al sur, formado por las tribus de Judá y Benjamín e Israel al norte, con las diez tribus restantes

Estas diez tribus del norte. se habían negado a aceptar a Roboam, el hijo y sucesor de Salomón, como su rey. La rebelión contra Roboam surgió después de que él se negara a aligerar la carga de los impuestos y servicios que su padre había impuesto a sus súbditos.

Jeroboam, que no era de la descendencia de David, fue enviado a Egipto por los descontentos. La tribu de Efraín, y todo Israel levantó el grito de edad, "Cada uno a sus tiendas, oh Israel". Roboam huyó a Jerusalén, y en el año 930 AEC. (a veces datado 920 AEC.), Jeroboam fue proclamado rey sobre todo Israel en Siquem. Después de la revuelta en Siquem al principio sólo la tribu de Judá permaneció fiel a la casa de David. Poco después la tribu de Benjamín se unió a Judá. El reino del norte siguió siendo llamado Reino de Israel, mientras que el reino del sur fue llamado Reino de Judá.

Cautividad de Nínive

En el siglo VIII AEC, los israelitas del reino septentrional de Israel, regido en ese momento por Pekah, fueron deportados a Nínive tras la conquista de su territorio por el Imperio asirio bajo Tiglath-Pileser III (Pul) y Salmanasar V. Los posteriores reyes asirios Sargón II y su sucesor, Senaquerib, dieron fin al exilio, que duró veintidós años a partir del 740 AEC (o 733/2 AEC, según otras fuentes).

Se cree que estos israelitas deportados desaparecieron al mezclarse con los asirios por lo que se suele referir a ellos como las diez tribus perdidas.

Este episodio no afectó a los judíos del reino del sur (Reino de Judá) ni a su capital, Jerusalén, que fue asediada, pero no tomada. Más tarde fueron objeto de la cautividad de Babilonia.

En el norte de Israel la ciudad de Samaria permaneció libre, y fue asediada por Salmanasar V, que no consiguió tomarla. Tres años después, en 722 AEC fue tomada por Sargón II.

Cautiverio de Babilonia

El Reino de Judá fue conquistado por el ejército babilónico a principios del siglo VI AEC. Entre el año 587 y el 537 AEC. sólo las clases altas hebreas, las élites políticas e intelectuales, estuvieron exiliadas en Babilonia, comenzando su deportación y exilio inmediatamente después de la toma de Jerusalén y la destrucción del Templo por Nabucodonosor II en el año 607 AEC. El resto de los habitantes, por su parte, no fue afectado por estos traslados forzosos. Finalizó con el supuesto edicto del rey persa Ciro de 538 AEC. que permitió el regreso de los judíos a sus tierras de origen en el año siguiente. A este período se denomina Cautiverio de Babilonia. Posteriormente una compañía de judíos, que incluía a sacerdotes y levitas, regresó a su patria y fue conducida por los profetas Esdras y Nehemías, cuando el rey persa Artajerjes I invadió Babilonia (457 AEC). La construcción del Segundo Templo se inició en el 537 AEC. De este encuentro decisivo con los cultos persas, nació realmente el monoteísmo judío.

Durante esta época, numerosos conceptos del zoroastrismo fueron transferidos al judaísmo, entre los que destacan la creencia en un estado futuro de premios y castigos (Paraíso e Infierno), la inmortalidad del alma, la resurrección de los muertos, el dualismo entre el bien y el mal y el juicio final. La figura del Mesías, derivó del Saoshyant iraní y la figura de Satanás, originalmente sirviente de Dios, asignado como su fiscal, se asemejó cada vez más a la de Ahriman, el enemigo de Ahura Mazda (Dios), como personificación del mal absoluto.

La Torá, se considera ampliamente como un producto del período persa o aqueménida (539–333 AEC.), probablemente compilada entre 450 y 350 AEC.

Leyes raciales de Esdras y Nehemías

Entre 450 y 400 antes de la era cristiana, los profetas Esdras y Nehemías establecieron severas leyes raciales que prohibían todo nuevo mestizaje con tribus extranjeras como los moabitas y los ammonitas. Anteriormente los judíos habían tomado esposas extranjeras y bajo orden de Esdras las expulsaron junto con sus hijos (Esd. 10.) Luego, nuevamente los judíos habían tomado esposas extranjeras, y por eso hubo la necesidad de excluir a dichas mujeres y a sus hijos de la comunidad nacional judía, y así del privilegio de adorar con el pueblo de Yahvé Elohím. (Neh. 13:23-31.) Además, ambos profetas hacen que quede sin efecto las distinciones raciales y religiosas entre Israel y las tribus del norte, a las que llama en conjunto con un único nombre ("Israel") para simbolizar con ello la unidad davídica y mesiánica, y remarca la homogeneidad lingüística, histórica y cultural que cohesiona al pueblo de Yahvé.

Es significativo que esas leyes raciales de los judíos orientales se hayan conservado hasta hoy y que la voluntad de separación persista en la judería más ortodoxa.

Imperio Seléucida y período helenístico

En el año 334 AEC Alejandro Magno comenzaba la conquista del Imperio persa, dominando el Oriente Medio en el 332 AEC. Cuando se dirigía a conquistar Egipto, pasó por Judea, y la comunidad judía, temerosa de que el conquistador arrasase Jerusalén, hizo con los macedonios lo que solía hacer siempre que venía un nuevo invasor triunfante: traicionar a sus antiguos señores y acoger al invasor con los brazos abiertos. Así, del mismo modo que habían traicionado a los babilonios con los persas, traicionaron a los persas con los macedonios. Agradecido, Alejandro les concedió amplios privilegios, por ejemplo, en Alejandría los equiparó jurídicamente a la misma población griega. El estatus legal de los judíos alejandrinos (que llegarían a constituir casi la mitad de la población de la ciudad) supuso después amargos recelos por parte de la comunidad griega, desembocando en disturbios étnicos.

A su fallecimiento en el año 323 AEC, toda la zona que había dominado, desde Egipto hasta Afganistán, recibió una fuerte helenización, que produjo el periodo llamado helenístico, para diferenciarlo del helénico clásico. Los generales macedonios, los llamados diádocos, insensatamente, lucharon entre sí para establecer sus propios imperios, dividiéndose en el imperio de los ptolomeos (centrado en Egipto) y el de los seléucidas (centrado en Siria). Israel se encontraba entre ambos y pasaría a formar parte del primero y finalmente, en 198 AEC, fue anexionado por los seléucidas. El Imperio Seléucida en una zona que abarcaba desde el Mediterráneo hasta la frontera con la India. Herederos de la cultura helenística que procuraron difundir, los reyes de la dinastía gobernaron al modo de sus antecesores asirios, babilonios y persas, haciéndose adorar como a dioses. Frecuentemente estuvieron en guerra con la dinastía Ptolemaica de Egipto.

A partir del siglo II AEC todos los escritores (Filón, Séneca, Estrabón) mencionan poblaciones judías en muchas ciudades de la cuenca del Mediterráneo. Bajo el paraguas de la protección alejandrina, los judíos se hallaban extendidos no sólo en Palestina y Próximo Oriente, sino por toda Roma, Grecia y Noráfrica. En estas zonas existían ya kahales judíos bien organizados, ricos y poderosos, todos ellos conectados con Judea, el núcleo del judaísmo. En la sociedad judía, algunos sectores sociales absorberían la helenización, lo que dio origen a un judaísmo helenístico, que se desarrolló notablemente a partir del siglo III AEC, primero en la diáspora judía de Alejandría y Antioquía, y luego se extendió a Judea. El principal producto literario de este sincretismo cultural es la traducción del Tanaj (Biblia hebrea) del hebreo y el arameo al griego koiné, conocida como la Septuaginta. El motivo de la producción de esta traducción parece ser que muchos de los judíos de Alejandría habían perdido la capacidad de hablar hebreo y arameo. Con el paso de los siglos, este sincretismo cultural produciría un caldo de cultivo cosmopolita que desembocaría en el nacimiento del cristianismo, del gnosticismo y de la Cábala. El más famoso representante de la simbiosis entre la teología judía y el pensamiento helenístico es Filón de Alejandría (c. 15 AEC – c. 45 EC).

Otros sectores judíos, los más multitudinarios, se aferraron a su tradicional xenofobia y comenzaron a reaccionar contra aquellos que, con Alejandro Magno a la cabeza, habían recibido como salvadores. A pesar de que Próximo Oriente era un hervidero de egipcios, sirios (también llamados caldeos o arameos, cuyo idioma era lingua franca en la zona, siendo hablado de forma regular por los judíos), árabes y otros, los judíos tradicionalistas veían con sumo desagrado que Asia Menor y Alejandría se estuviesen llenando de griegos que, naturalmente, eran paganos y, por tanto, en el pensamiento judío, infieles, impíos e idólatras, como lo habían sido los odiados egipcios, babilonios y persas antes que ellos.

Persecución de Antíoco IV Epífanes

Con el tiempo, al malestar de estos sectores de la judería, contrarios a asimilar la cultura griega, se sumó una serie de medidas decretadas por el rey seléucida Antíoco IV Epífanes. En el año 168 AEC, Antíoco comenzó una de las primeras persecuciones religiosas conocidas, fenómeno casi desconocido hasta entonces. A su vuelta de Egipto, organizó una expedición contra Jerusalén, destruyéndola y matando a muchos de sus habitantes. El deterioro de las relaciones con los judíos religiosos condujo a Antíoco a dictar decretos prohibiendo literalmente el judaísmo, intentando extirpar el culto a Yahvé, suprimiendo cualquier manifestación religiosa judía, colocando la circuncisión fuera de la ley e incluso obligando a los judíos a comer alimentos considerados religiosamente "impuros". Los griegos impusieron un edicto por el cual un altar a los dioses griegos debería ser edificado en cada ciudad de la zona, y se distribuirían oficiales macedonios para que velaran por que en cada familia judía se adorara a los dioses griegos. Aquí, los macedonios demostraron simplemente torpeza y no conocer al pueblo judío. Antíoco sacrifica nada más y nada menos que un cerdo en el altar del Templo de Jerusalén, en homenaje a Zeus. Este acto fue considerado por los judíos como una doble profanación, por un lado porque se trataba de un cerdo (animal profano de los credos semíticos como el judaísmo y el islam), y por otro lado porque eso suponía el primer paso de consagrar el templo entero al Zeus olímpico y de convertir Jerusalén en ciudad griega. Según la tradición judía, al profanar el altar del Templo con la sangre de cerdo, el rey macedonio fue poseído por un demonio, el mismo que poseerá al Anti-Mesías o el "príncipe que vendrá" del que se habla en el libro de Daniel (9:26). Según el Antiguo Testamento (2 Macabeos y 4 Macabeos), Antíoco hizo quemar vivos a quienes seguían siendo fieles a la ley mosaica, y a los judíos ortodoxos que escaparon al desierto los persiguió y masacró. Estas afirmaciones deben ser tomadas con cautela pues pueden consistir en clásicas exageraciones bíblicas, pero lo que queda claro es que hubo una represión antijudía en general.

Las causas de esta persecución fueron que los soberanos griegos percibieron en el judaísmo una doctrina política subyacente que tendía a la subversión de sus seguidores contra los Estados paganos, y a la hostilidad hacia los demás pueblos del planeta, y por lo tanto, vieron a los judíos como una amenaza real. En este contexto, es muy probable que las primeras manifestaciones de intransigencia religiosa vinieran por parte de la judería, entre otras cosas porque en primer lugar, la judería siempre demostró abiertamente su antipaganismo y el odio a los dioses extranjeros (lo cual habría causado disgusto a los macedonios), y en segundo lugar, porque los antiguos griegos paganos nunca fueron religiosamente intransigentes ni intolerantes ante otras religiones.

Revuelta de los macabeos

El acto sacrílego de Antíoco trajo una fuerte reacción por parte de los sectores fundamentalistas de la judería. Los rabinos más celosos comenzaron a predicar una especie de guerra santa contra la ocupación griega, instando a los judíos a rebelarse, y entre 167 y 160 AEC, los judíos ortodoxos, bajo la dirección de los macabeos, se rebelaron contra el Imperio seléucida y la influencia helenística en la vida judía. Los tumultos étnicos que siguieron, desembocaron en lo que se denomina revuelta de los macabeos.

En la narrativa del Primer Libro de los Macabeos, un sacerdote judío rural de Modi'ín, Matatías el asmoneo, encendió la chispa contra el Imperio seléucida al rechazar la adoración de los dioses griegos. Matatías mató a un judío helenístico que se había prestado a ofrecer un sacrificio a un ídolo griego (quizás Zeus) en el pueblo de Matatías. Él y sus cinco hijos huyeron a las montañas de Judá.

La revuelta implicó muchas batallas, en las que las fuerzas macabeas alcanzaron notoriedad entre el ejército seléucida por su uso de la táctica de guerrilla.

Después de la muerte de Matatías, aproximadamente un año más tarde, en 166 AEC, su hijo Judas Macabeo dirigió un ejército de disidentes judíos, desarrollando una guerra de guerrillas, que al principio estuvo dirigida contra los judíos helenizados, de los que había muchos. Los macabeos finalmente se salvaron de ser arrollados cuando estalló una rebelión anti-griega en Antioquía, y aplastaron la influencia de los judíos helenizantes. Los Macabeos destruyeron los altares paganos en los pueblos, circuncidaron a los niños y forzaron a los judíos a la rebeldía.​ El término Macabeos, utilizado para describir el ejército judío está tomado de la palabra hebrea para "martillo".

Después de la victoria, los Macabeos entraron en Jerusalén en triunfo y limpiaron ritualmente el Templo, restableciendo el culto judío tradicional, e instauraron a Jonatán Macabeo como sumo sacerdote. Un gran ejército seléucida fue enviado a sofocar la rebelión, pero regresó a Siria tras la muerte de Antíoco IV. Los macabeos hicieron un pacto con Roma, y se convirtieron en aliados, previniendo que el imperio seléucida tomara la gran acción de reconquistar Palestina (así estaría en contra de un imperio más poderoso). Su comandante Lisias, preocupado por asuntos internos, apalabró un compromiso político que restauró la libertad religiosa. Para celebrar cada año su victoria, instauraron el festival judío de Hanukkah.

Dinastía asmonea

Las guerras macabeas, que coincidieron con la decadencia de los seléucidas, dieron lugar a una etapa de autonomía y expansión judía bajo el reinado de la dinastía asmonea, que tuvo numerosas campañas interiores, guerras fraticidas y lucha entre facciones religiosas.

Más preocupados que sus antecesores por el poderío militar, los asmoneos establecieron un reino desde el año 134 AEC hasta el advenimiento del Imperio romano en Israel en el 63 AEC. Con los asmoneos, las fronteras del reino judío llegaron a tener las dimensiones de los tiempos de David y Salomón, ya que anexionaron Samaria, Galilea e Idumea, y forzaron a los idumeos a convertirse al judaísmo, lo cual demuestra que, al contrario de lo que popularmente se cree, el judaísmo fue la primera religión proselitista de la historia. Partiendo de este reino "judeo­helenista", el judaísmo se propagó en todo Medio Oriente y en el Mediterráneo.

Facciones judías

Durante la época helenística, además de los judíos helenizados, se configurarían otras dos importantes facciones judías, también en amarga disputa y cuyos orígenes se atribuyen al período del cautiverio babilónico: por un lado, los fariseos, y por otro, los saduceos.

Los saduceos

También conocidos como zadokitas, son los descendientes del Sumo Sacerdote Sadoq, de la época de Salomón. El nombre de Sadoq significa «justicia» o «rectitud», por lo que 'saduceos' puede interpretarse como "justos" o "rectos".

Era un grupo de sacerdotes más "progresistas" que sus rivales los fariseos, también eran más "burgueses" y tenían mejores tratos con griegos, y que en el futuro serían víctimas de la "revolución cultural" que contra ellos llevaron al cabo los fariseos tras la caída de la judería en manos de Roma. Sus escritos fueron destruidos por los romanos, de modo que la visión que tenemos hoy del panorama es más bien gracias a los fariseos. La dinastía asmonea, a pesar de numerosos vaivenes y cambios, sería esencialmente pro-saducea.

Flavio Josefo ha proporcionado la mayor información disponible sobre los saduceos. Escribió que eran un grupo belicoso, cuyos seguidores eran ricos y poderosos, y que les consideraba groseros en sus interacciones sociales. Sabemos también algo de ellos por discusiones en el Talmud, el corazón del judaísmo rabínico, fundamentado en enseñanzas del judaísmo farisaico.

Los saduceos manejaban el soborno, la coacción y toda clase de trapacerías económicas. Comenzaron a usar el dinero no sólo para enriquecerse, sino también para influir en la política de aquel momento. Tenían habilidad para descubrir oportunidades especulativas con frío oportunismo materialista.

Se dice de sus rivales, los fariseos, que originaron en el mismo periodo, pero que sobrevivieron como las posteriores formas de Judaísmo Rabínico.

Los fariseos

Los fariseos eran un sector integrista que contaba con el apoyo de las multitudes. Existieron hasta el segundo siglo de la presente era. El grupo atribuía su inicio al período de la cautividad babilónica (587-536 AEC). Algunos sitúan su origen durante la dominación persa o los consideraban sucesores de los hasidim (devotos). De los fariseos surgieron los linajes de rabinos ortodoxos que completarían el Talmud.

En el Nuevo Testamento se menciona a los fariseos en los evangelios de Mateo y de Juan, describiéndolos como un grupo que no cumple los mandamientos de Yahvé; se los llama hipócritas, mentirosos, falsos judíos, "raza de víboras", ya que según el evangelio de Mateo, eran judíos sólo de palabra y estaban lejos de las enseñanzas de Isaías y de Moisés. En el evangelio de Juan, Jesús decía a los fariseos:

Ustedes tienen por padre al demonio y quieren cumplir los deseos de su padre. Desde el comienzo él fue homicida y no tiene nada que ver con la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando miente, habla conforme a lo que es, porque es mentiroso y padre de la mentira.
Juan, 8:44.

Los esenios

Una tercera facción fueron los esenios, una congregación judía, cuyo origen se remonta al hijo adoptivo de Moisés, llamado Esén, aproximadamente 1.500 años AEC. El Talmud los llamó "bautistas matinales" (tovilé shahrit). Escritos árabes se refieren a ellos como magaritas, "de las cuevas".

Algunos han postulado que Jesús de Nazaret y Juan el Bautista tenían vínculos con ellos o que incluso pertenecían a la congregación. Se ha pensado que en los esenios se encuentra el origen del cristianismo y Renan llegó a escribir que "el cristianismo fue en gran medida el esenismo triunfante".

Ocupación romana

Conquista de Pompeyo

En Israel, a la muerte del rey de la dinastía asmonea, Alejandro Janeo en 76 AEC, su mujer Salomé Alexandra reinó como sucesora suya. A diferencia de su marido —que, como buen pro-saduceo, había reprimido duramente a los fariseos—, Salomé se entendió bien con la facción farisea. Cuando ella murió, sus dos hijos, Hircano II (asociado a los fariseos y apoyado por el sheikh árabe Aretas de Petra) y Aristóbulo II (apoyado por los saduceos) guerreraron por el poder. En el año 63 AEC, ambos asmoneos pidieron apoyo al caudillo romano Cneo Pompeyo Magno, cuyas legiones victoriosas estaban ya en Damasco tras haber depuesto al último rey macedonio de Siria (el seléucida Antígono XIII Asiático) y se proponían ahora conquistar Fenicia y Judea, quizás para incorporarlas a la nueva provincia romana de Siria. Pompeyo, quien recibió dinero de ambas facciones, se decidió finalmente a favor de Hircano II —quizás porque los fariseos representaban la masa popular mayoritaria de Judea. Aristóbulo II, negándose a aceptar la decisión del general, se atrincheró en Jerusalén con sus hombres.

Los romanos, por tanto, asediaron la capital. Aristóbulo II y sus seguidores aguantaron tres meses, mientras los sacerdotes saduceos, en el templo, rezaban y ofrecían sacrificios a Yahvé. Aprovechando que en el sabbat los judíos no combatían, los romanos minaron las murallas de Jerusalén, tras lo cual penetraron rápidamente en la ciudad, capturando a Aristóbulo y matando a 12.000 judíos.

El mismísimo Pompeyo entró en el Templo de Jerusalén, curioso por ver al dios de los judíos. Acostumbrado a ver numerosos templos de muchos pueblos distintos, y educado en la mentalidad europea según la cual un dios debía representarse con forma humana para recibir el culto de los mortales, parpadeó perplejo cuando no vio ninguna estatua, ningún relieve, ningún ídolo, ninguna imagen… sólo un candelabro, vasijas, una mesa de oro, dos mil talentos de "dinero sagrado", especias y montañas de rollos de la Torá. ¿Acaso no tenían dios? ¿Eran ateos los judíos? ¿Rendían culto a la nada? ¿Al dinero? ¿Al oro? ¿A un simple libro, como si el alma, los sentimientos y la voluntad de un pueblo dependiesen de un rollo de papel inerte? La confusión del general, según relata Flavio Josefo, debió ser mayúscula. El romano se había topado con un dios abstracto.

Para la mentalidad judía, Pompeyo cometió un sacrilegio, pues penetró el recinto más sagrado del templo, que sólo el sumo sacerdote podía ver. Además, los legionarios hicieron un sacrificio a sus estandartes, "contaminando" de nuevo la zona.

Tras la caída de Jerusalén, todo el territorio conquistado por la dinastía asmonea o macabea fue anexionada por el Imperio Romano. Hircano II quedó como rey cliente de Roma bajo el título de "etnarca" (algo así como "jefe nacional"), dominando todo lo que Roma no se anexionó, es decir, los territorios de Galilea y Judea, que en adelante tributarían a Roma pero conservarían su independencia. Pompeyo repartió el territorio en cinco distritos, los puso bajo la jurisdicción de un Sanedrín y nombró sumo sacerdote a Hircano II, pero en la práctica, el poder de Judea fue a parar a manos de Antipater de Idumea, como recompensa por haber ayudado a los romanos. A partir de entonces, el Sumo Sacerdote fue siempre nombrado por los romanos.

Bajo el punto de vista étnico y cultural, la conquista romana presagiaba nuevos y profundos cambios en esa zona tan conflictiva que es Próximo Oriente. Primeramente, a los estratos étnicos judío, sirio, árabe y griego, se iba a sumar ahora una aristocracia romana ocupadora de carácter militar. Para los griegos, esto era un motivo de alegría: la decadencia del Imperio Seléucida les había dejado de lado, y además tenían a Roma literalmente en el bolsillo, puesto que los romanos sentían una profunda y sincera admiración por la cultura helenística, sin contar que muchos de sus emperadores tuvieron una educación griega que los predisponía a ser especialmente indulgentes con las colonias macedonias. Además, en Alejandría, era de esperar que, en vista de los disturbios con la judería, los romanos arrebatasen a los judíos los derechos que Alejandro Magno les había concedido, con lo cual dejarían de ser ciudadanos en pie de igualdad con los griegos, y la influencia que ejercían a través del comercio y de la acumulación de dinero, se vería arrancada. Por estas razones, no es de extrañar que la Decápolis (conjunto de ciudades helenizadas en las fronteras del desierto que además conservarían bastante autonomía, y entre las cuales se encontraba Filadelfia, la actual capital de Jordania, Amán), rodeada de tribus sirias, judías y árabes consideradas bárbaras, recibiese a los romanos con los brazos abiertos y empezase a contar los años desde la conquista de Pompeyo.

Craso

En el siglo I AEC, los judíos tenían gran poder político en la mismísima Roma, y tenían una importante capacidad de movilización social en contra de sus adversarios políticos, que bajaban la voz por miedo: la presión de los lobbies, tal como el patriota romano Cicerón había declarado en su discurso defendiendo a Lucius Valerius Flaccus contra los cargos de extorsión:

Yo sé cuán numerosa es esta camarilla (los judíos), cómo permanecen unidos y qué poder ejercen a través de sus uniones.
Cicerón, Pro-Flacco.

En 54 AEC, Marco Licinio Craso (que aplastó la revuelta de Espartaco en el año 74 AEC), entonces gobernador romano de la provincia de Siria, y miembro del Triunvirato, mientras pasa el invierno en Judea, decreta sobre la población un "impuesto de guerra" para financiar su ejército, y además saquea el Templo de Jerusalén, robando sus tesoros (por valor de diez mil talentos) y causando un enorme revuelo en la judería. Craso y la inmensa mayor parte de su ejército serían masacrados en la batalla de Carras del año 53 AEC por los partos pueblo iraní que luchaba contra Roma en aquella época.

Lucio Casio Longino, uno de los mandos de Craso que había logrado escapar de la masacre de Carras con sus 500 jinetes, volvió a Siria para prepararse para un contraataque parto y reestablecer el hundido prestigio romano en la provincia. Tras expulsar a los partos, Casio tuvo que hacer frente a una rebelión de la judería, que se había alzado en cuanto supo que el odiado Craso había sido muerto. Se alió con Antípater y con Hircano II y, tras tomar Tariquea y hacer ejecutar a Pitolao (uno de los cabecillas de la rebelión, que se había entendido con Aristóbulo), Casio capturó a 30.000 judíos y, en el año 52 AEC, los vendió como esclavos en Roma. Puede decirse que éste es el verdadero comienzo de la subversión en el seno de la Roma misma, ya que estos 30.000 judíos, liberados luego por Marco Antonio, y sus descendientes, dispersados por el Imperio, no cesarían en adelante de promover la agitación en contra de la odiada autoridad romana, y tendrían un importante papel en la construcción de las catacumbas y sinagogas subterráneas, que fueron posteriormente el primer ámbito de predicación del cristianismo. Casio sería posteriormente designado gobernador de Siria.

En el 49 AEC, muerto Craso y roto por tanto el Triunvirato, estalla la guerra civil entre Pompeyo y Julio César, uno de los cuales, inevitablemente, iba a erigirse en dictador autocrático del Imperio entero. Hircano II y Antipater decidieron tomar partido por César, pero éste puso a Antipater de regente. Julio César no tardaría en hacerse dueño de la situación, y Pompeyo fue asesinado en Egipto por conspiradores.

En 48 AEC, mientras las flotas romana y ptolemaica estaban enzarzadas en una batalla naval, tuvo lugar un acontecimiento destinado a tensar aun más las relaciones entre judíos, griegos y egipcios: el incendio de la biblioteca de Alejandría. Puesto de un modo sencillo, de todos los grupos étnicos que había en la ciudad, ninguno podía tener nada en contra de la biblioteca. Los griegos la habían fundado, los egipcios habían contribuido mucho en ella, y los romanos admiraban sinceramente este legado helenístico. Los judíos, sin embargo, veían en la biblioteca un cúmulo de sabiduría "profana", "idólatra" y "pagana", de modo que si hubo un grupo sospechoso de la primera quema de la biblioteca, por lógica era la judería, o los sectores más ortodoxos y fundamentalistas de la misma. Al menos así debieron pensar los habitantes de Alejandría.

Herodes el Grande

En el año 43 AEC, los partos irrumpieron en la zona, conquistando Judea. Instauraron a Antígono II, el último asmoneo, como rey de Judea, en calidad de marioneta de los partos, mientras que a Hircano II le cortaron las orejas (para ser sumo sacerdote uno no podía tener imperfecciones físicas) y lo mandaron a Babilonia cargado de cadenas. Así pues, los judíos volvían a caer bajo el dominio de un pueblo iraní. Pero la situación fue breve. Marco Antonio, cuyo ejército estaba apoyado por la reina de Egipto, Cleopatra (descendiente del macedonio Ptolomeo Sóter, general de Alejandro Magno), reconquistó Jerusalén en el 37 AEC,

El Senado romano nombró como rey de los judíos a Herodes I el Grande, hijo de Antipater. Antígono II fue hecho ejecutar (crucificado según Dión Casio, decapitado según Plutarco) por orden de Marco Antonio.

En 31 AEC, año de un fuerte terremoto en Israel que mata a 30.000 personas, Cleopatra y Marco Antonio se suicidan ante su caída en desgracia. Un año después, Herodes, quien ha jurado lealtad a Octavio Augusto, sucesor de Julio César, es reconocido por éste como rey de Israel (títere de Roma).

Herodes era un líder capaz, brutal, competente y sin escrúpulos, además de excelente guerrero, cazador y arquero. Expulsó a los partos de Judea, protegió Jerusalén del pillaje, persiguió a los bandidos y salteadores de caminos e hizo ejecutar también a los judíos que habían apoyado el régimen marioneta de los partos, consolidándose como rey de Judea en 37 AEC.

Aunque es retratado por la historia como un rey despiadado, cruel y egoísta, la realidad es que, por duro que pudiese ser, como soberano fue de los mejores que esa tierra jamás tuvo. Incluso en el año 25 AEC, sacrificó importantes riquezas personales para importar grandes cantidades de grano de Egipto, con el objetivo de luchar contra una hambruna que estaba extendiendo la miseria por su país. A pesar de ello y de todo lo que hizo por Israel, Herodes es contemplado con antipatía por los judíos, por haber sido un soberano pro-romano, pro-griego y, sobre todo, porque se cuestionaba su judeidad: Herodes descendía por parte paterna de Antipater (el que apoyó a Casio), quien a su vez descendía de idumeos (o edomitas) forzados a convertirse al judaísmo cuando Juan Hircano, un rey asmoneo, conquistó Idumea (o Edom) en torno al 135 AEC. Por parte materna descendía de árabes, cuando la transmisión de la condición de judío era matrilineal. Por ello, aunque Herodes se identificaba como un judío y era considerado judío por la mayoría de autoridades, las masas del pueblo judío, especialmente las más ortodoxas, desconfiaron sistemáticamente del rey, especialmente en vista del opulento y lujoso estilo de vida que impuso en su corte, y sintieron por él un gran desprecio. Por su educación y sus inclinaciones grecorromanas, lo más probable es que este rey se sintiese poco judío, aunque sin duda quería contentar a la judería y ser un soberano eficaz por la cuenta que le traía. Más racional que sus súbditos fundamentalistas, comprendió que enfurecer a Roma no era buen negocio.

Herodes le dio a Israel un esplendor que no había conocido jamás, ni siquiera bajo David o Salomón. Embelleció Jerusalén con arquitectura y escultura helenísticas, llevó a cabo un ambicioso programa de obras públicas y en 19 AEC demolió y reconstruyó el mismo Templo de Jerusalén, por considerarlo demasiado pequeño y mediocre. Esto enfureció a los judíos, que odiaban a Herodes por ser un protegido de los romanos, a los que odiaban con más cordialidad aun. Sin duda los sectores más ortodoxos de la judería estaban contentos con el templo tal y como estaba, y debieron ver mal su conversión en un edificio de aspecto más romano (especialmente cuando el rey ordenó decorar la entrada con un águila imperial dorada).

Herodes se veía continuamente envuelto en conspiraciones por parte de su familia, gran parte de la cual (incluyendo su propia mujer y dos de sus hijos) fue ejecutada a instancias suyas. Según fue madurando, la enfermedad se fue apoderando del soberano, que sufría de úlceras y convulsiones. Murió en 4 AEC, a la edad de 69 años. Con el tiempo se llegó a decir que había "ascendido al trono como un zorro, regido como un tigre y muerto como un perro".

El movimiento zelote

Artículo principal: Movimiento zelote


En ese mismo año, 4 AEC, dos judíos fariseos llamados Zadok (o Sadoq) y Judas el Galileo (llamado también Juan de Gamala) hicieron un llamamiento para no pagar tributo a Roma. Hubo un levantamiento fariseo, y los rabinos ordenaron destruir la imagen "idólatra" del águila imperial que Herodes había colocado a la entrada del templo de Jerusalén. Herodes Arquelao (el hijo de Herodes) y Varo (caudillo romano) sofocaron la revuelta duramente, e hicieron crucificar a casi 3.000 judíos. Esta primera revuelta es el origen del movimiento zelote. Arquelao, a pesar de haber sido proclamado rey por su ejército, no asume el título hasta que, en Roma, tras haberle presentado sus respetos a César Augusto, es hecho etnarca de Judea, Samaria e Idumea, a despecho de los judíos, que le temían por la crueldad con la que había reprimido el levantamiento fariseo.

En el año 6 EC, tras las quejas de los judíos, Augusto destituye a Arquelao, mandándolo a la Galia. Samaria, Judea e Idumea son anexionadas formalmente como provincia del Imperio Romano, con el nombre de Judea. Los judíos pasan a ser gobernados por "procuradores" romanos, una suerte de gobernadores que debían mantener la paz, romanizar la zona y ejercer la política fiscal de Roma cobrando impuestos. También se arrogaban el derecho de nombrar al sumo sacerdote de su elección.

Los judíos odiaban a los reyes títeres a pesar de que impusieron orden, desarrollaron la zona y, en suma civilizaron el país. Paradójicamente, desde el principio, la judería también se muestra altamente hostil a los romanos, cuya intervención había prácticamente suplicado. Ahora, además del tributo al templo, tenían que pagar también tributo al César —y, por tradición, el dinero no era algo que los judíos prodigasen alegremente. Ese mismo año 6, el cónsul Quirino llega a Siria para hacer un censo en el nombre de Roma, con el objetivo de establecer los impuestos. Puesto que Judea había sido anexionada a Siria, Quirino incluye a los judíos en el censo. A consecuencia de esto y de la nueva irrupción de cultura europea en la zona, floreció el movimiento terrorista fundamentalista de los zelotes. Flavio Josefo considera a los zelotes como la cuarta secta judía además de (de menor a mayor extremismo religioso) los esenios, los saduceos y los fariseos. Los zelotes eran los más integristas de todos, se negaban a pagar impuestos al Imperio Romano y, para ellos, todas las demás facciones judías eran heréticas; cualquier judío que colaborase mínimamente con las autoridades romanas era culpable de traición y debía ser ejecutado. La lucha armada, la militarización del pueblo judío y la expulsión de los romanos, eran el único camino para lograr la redención de Sión. El apóstol Simón el Cananeo o Simón el Zelote, uno de los discípulos de Jesucristo, pertenecía a esta facción según el Nuevo Testamento (Lucas, 6:15).

Dentro de los zelotes se distinguieron los sicarii o sicarios, una facción aun más fanatizada, sectaria y radicalizada, llamados así por la sica, un puñal que podía ocultarse fácilmente, y que utilizaban para asesinar a sus enemigos. Los zelotes y los sicarios conformarían el núcleo duro de la Gran Revuelta Judía. También fueron el elemento más activo del judaísmo de la época, ya que, por aquel entonces, es probable que la mayor parte de la judería, aunque detestaba cordialmente tanto a griegos como a romanos, quisiera simplemente vivir y enriquecerse en paz, pactando con quien hiciese falta para ello.

Como no podía ser de otra manera, los sicarios y los zelotes también se peleaban a menudo. Y es que había un total de 24 facciones judías que generalmente luchaban unas contra las otras, en un marco muy representativo de lo que los rabinos denominaban sinat chinam (es decir, "odio sin sentido", de judío contra judío —quizás porque ya se sabe que odiar a los no-judíos sí que tiene sentido).

En el año 19, estando la judería en proceso de trepar para adquirir influencia en la misma Roma, Tiberio expulsa a los judíos de la ciudad, instigado por Senado. Preocupado por la popularidad del judaísmo entre los esclavos libertos, prohíbe los ritos judíos en la capital del Imperio, considerando a la judería como "un peligro para Roma" e "indigna de permanecer entre los muros de la Urbs" (según Suetonio). Ese año, con motivo de una hambruna en la provincia de Egipto, Tiberio les niega a los judíos alejandrinos reservas de grano, ya que no los considera ciudadanos suyos.

Sucesores de Herodes

Las relaciones entre judíos y romanos se deterioraron seriamente durante el reinado de Calígula (r. 37-41), que ordenó colocar una estatua suya en el Templo, aunque su muerte calmó la situación.

En el año 39, Claudio (r. 41-54) designó como rey de los judíos a Herodes Antipas (41-44), a Herodes de Calcis y posteriormente a Herodes Agripa II, (48-100), séptimo y último rey de la familia Herodes.

Guerras judeo-romanas

Primera guerra judeo-romana

En el año 66 estalló la primera guerra judeo-romana, cuya causa fue la orden de Nerón de adorar a los dioses romanos. Vespasiano y después su hijo Tito fueron enviados a sofocar la revuelta, destruyendo Jericó en 68, Jerusalén, cuyo Templo fue arrasado y destruido en el 70 y Masada en el 73. Se nombró un pretor y la X legión fue encargada de mantener el orden, quedando anulada la monarquía, y el Sanedrín, que fue trasladado a la ciudad de Yavne, encargado de los aspectos religioso, político y judicial de la vida judía.

Diáspora del año 70 y el origen del Talmud

Véase también: Talmud


Originalmente, la ley judía era oral y transmitida de una generación a la siguiente. Los rabinos debatían la Torá (la Torá escrita expresada en la Biblia hebrea) y discutieron el Tanaj sin el apoyo de obras escritas (aparte de los libros bíblicos mismos), aunque algunos pueden haber tomado notas privadas (megillot setarim), por ejemplo, de decisiones judiciales. Esta situación cambió drásticamente a partir de la destrucción de la mancomunidad judía y del Segundo Templo en el año 70, pues trajo consigo un trastorno de las normas sociales y legales judías. El judaísmo sin un templo como centro de enseñanza y estudio y Judea, la provincia romana, sin al menos una autonomía parcial, hubo una ráfaga de discurso legal y no se pudo mantener el sistema de tradición oral, por lo que la autoridad religiosa de los sacerdotes del templo pasó a los rabinos. Es durante este período que el discurso teológico comenzó a ser registrado por escrito y que se conoce como Talmud, donde los rabinos recogieron sus propias interpretaciones sobre el Tanaj. Aquellos que permanecieron en Judea escribieron su exégesis en el Talmud de Jerusalén (Talmud Yerushalmi), mientras que los exiliados dejaron su impronta en el Talmud de Babilonia (Talmud Bavli), oportunamente redactado en la homónima ciudad.

Segunda guerra judeo-romana

En 115 estalló una segunda guerra judeo-romana, esta vez generalizada entre los judíos de todo el oriente del Imperio, comenzando en Cirene. En el 118 el emperador Adriano prometió autorizar la reconstrucción del Templo, lo que calmó la revuelta.

Tercera guerra judeo-romana

Entre 132 y 136 estalló una tercera guerra judeo-romana iniciada por la rebelión de Bar Kojba, cuyas causas fueron las leyes de Adriano, que prohibió el Brit Milá, la celebración del Shabat y las leyes de pureza en la familia, así como por el rumor de que se iba a construir un templo en honor a Júpiter en el solar del templo judío.

La revuelta terminó en la derrota total de los judíos, grandes pérdidas por el ejército romano, una aniquilación a gran escala de la población de Judea por las tropas romanas y la supresión de la autonomía religiosa y política judía. Jerusalén pasó a llamarse Aelia Capitolina y la provincia fue nombrada Syria Palaestina (Siria Palestina) en lugar de Judea. Adriano dictó varias normas para evitar nuevas sublevaciones. Se prohibió a los judíos vivir en Aelia Capitolina y la religión judía quedó prohibida.​ Los judíos permanecieron en Galilea, en los Altos del Golán, en el sur del antiguo reino de Judá y en alguna otra zona. A partir de ese momento, los judíos se dispersaron por todo el Imperio romano y durante la decadencia de éste, los judíos llegaron a adquirir la posición de ciudadanos del Imperio.

Hay quienes afirman que a partir de este período de "dispersión", los israelitas comenzaron a llamarse propiamente como "judíos" ('habitantes de Judea', del hebreo: יהודי, Yehudi; de Judá -o Yehuda, en hebreo-, uno de los doce hijos de Jacob) para poder identificarse plenamente de forma étnica y religiosa en tierras extranjeras y evitar así la asimilación y la consiguiente extinción.

El historiador israelí Shlomo Sand, en su libro La invención del pueblo judío niega la veracidad de un exilio total forzado por los romanos tanto en el año 70 como en el año 136, afirmando que «los romanos no exiliaron a ningún pueblo en el Mediterráneo oriental. Con excepción de los judíos hechos esclavos, los residentes de Judea siguieron viviendo en sus tierras». El Imperio Romano no solía exiliar a naciones enteras pues tal cosa habría sido tremendamente costosa y difícil de realizar para los recursos de la época, y habría requerido una inversión de recursos imposible para los romanos. Es probable que los romanos hubieran exiliado a la aristocracia judía y a los líderes de las rebeliones y sus familias, se estima que el número de exiliados estaría a lo sumo en el rango de las decenas de miles, pero la mayoría de los judíos habrían permanecido en sus tierras. Una parte de estos judíos se convirtió al cristianismo en el siglo IV, y cuando los árabes conquistaron Palestina en el siglo VII, la gran mayoría de los judíos se habría convertido al islam y asimilado dentro del pueblo árabe, por lo que los modernos campesinos musulmanes de Palestina son los descendientes directos de los habitantes de la antigua Judea.[1][2]

Cristianismo e islam


El sincretismo judeo-griego de la época helenística había incubado el germen de una nueva teología que terminó adoptando conceptos filosóficos paganos como el Logos (la palabra o verbo) de Heráclito y motivos de deidades de vida, muerte y resurrección populares en los cultos mistéricos.

Según el Talmud babilonio (tratado Yoma), en el año 30 EC., cuarenta años antes de la destrucción del templo de Jerusalén (70 EC.), el ritual del Yom Kipur comenzó a decaer. Ese mismo año se considera que Jesús de Nazaret comenzó su ministerio, el cual tuvo como finalidad convertirse en el reemplazo para el culto en el templo mediante un "Nuevo Pacto". Esta teología pretendía reemplazar los ritos más importantes del templo como el Pesaj o Pascua, y el ritual del Yom Kipur o día de la expiación, así como expandirse por todo el imperio por lo que sus escritos fueron escritos en la lingua franca de la época: el griego.

La victoria del cristianismo a comienzos del siglo IV, no puso fin a la expansión del judaísmo, sino que, de hecho, la labor del fariseo Saulo de Tarso devino, si no en una conquista militar, al menos sí en una conquista hebrea cultural y religiosa sobre el pagano y odiado Imperio romano. La gradual colonización cultural judía sobre la Antigua Roma y posteriormente, sobre toda Europa, se vio expresada desde los valores y creencias hasta los numerosos nombres propios de origen hebreo que los europeos y otros países de la esfera occidental han adoptado. De hecho, los judíos han proclamado con orgullo que pese a la existencia del antisemitismo cristiano, los cristianos "nunca pueden negar la verdad de la Torá".

El filósofo y comentarista religioso del siglo XII, Moisés Maimónides, considerado uno de los principales cimientos de la ley judía moderna y la autoridad más ampliamente aceptada en filosofía judía, veía a las dos religiones principales, el cristianismo y el islam, como preparativos necesarios para la venida del Mesías y la adoración universal del dios judío que "seguirá en el futuro". En su obra jurídica Hayad Hachazaka, Maimónides afirma que:

Gracias a estas dos religiones el mundo se ha llenado de las ideas del Mesías, las ideas de la Torá y las ideas de los mandamientos, de modo que estas se han extendido a islas lejanas y a muchas naciones tímidas, y ahora discuten estas ideas y los mandamientos de la Torá.[3]

Marcus Eli Ravage, biógrafo de la familia Rothschild, expresó una idea similar en A Real Case Against the Jews:

De vosotros hemos hecho los portadores inconscientes de nuestra misión al mundo entero, a las razas bárbaras del mundo, a las incontables generaciones por nacer. Sin una comprensión completa de lo que os hemos estado haciendo, vosotros os habéis convertido en los agentes de nuestra tradición racial, llevando nuestro evangelio a los confines inexplorados de la tierra.

Estados judíos conversos

Por otra parte, el cristianismo empujó el proselitismo judío a los márgenes del mundo cultural cristiano. En el siglo I, el reino de Adiabene (en el actual Kurdistán) se convirtió al judaísmo, y no fue el último reino en "judaizarse": otros lo hicieron más tarde. En el siglo V apareció así, en el actual territorio de Yemen, un reino judío vigoroso con el nombre de Himyar, cuyos descendientes conservaron su fe tras la victoria del islam y hasta los tiempos modernos. Del mismo modo, los cronistas árabes dan cuenta de la existencia, en el siglo VII, de tribus bereberes judaizadas: frente al avance árabe, que alcanza África del Norte a fines de ese mismo siglo, aparece la figura legendaria de la reina judía Dihya­el­Kahina, quien intentó frenarlo. Bereberes judaizados participaron de la conquista de la casi isla ibérica, y establecieron allí los fundamentos de la particular simbiosis entre judíos y musulmanes, característica de la cultura hispano­árabe.

La conversión masiva más significativa se produjo entre el mar Negro y el mar Caspio: y comprendió al inmenso reino jázaro en el siglo VIII. La expansión del judaísmo del Cáucaso a la Ucrania actual engendró múltiples comunidades, que las invasiones de los mongoles del siglo XIII rechazaron en gran medida hacia el este de Europa. Allí, con los judíos provenientes de las regiones eslavas del sur y de los actuales territorios alemanes, sentaron las bases de la cultura yidish. Según Shlomo Sand, estos judíos conversos son los antepasados de los judíos ashkenazim.

Edad Media

Inglaterra

En el año 1066 llegó a Inglaterra un pequeño grupo de extranjeros cosmopolitas, dispuestos a hacer riqueza. Su sagacidad tomó por sorpresa a los habitantes de la isla, quienes fueron presa de las habilidosas transacciones de los mercantiles. En pocos años los recién llegados controlaban la cuarta parte de la riqueza nacional.

Después de algunos años comenzó a operarse una reacción contra esta tribu. El rey Ricardo Corazón de León logró calmar los ánimos, pero el malestar volvió a estallar bajo el reinado de Eduardo I quien los expulsó de Inglaterra en 1290.

Durante todo el resto de la Edad Media, varios grupos de estas sectas de judíos comerciantes serían echados de todas partes: En 1147 los Judíos son atacados en Francia y sur de Alemania por las poblaciones de Rouen, Treves, Ratisbona, y en 1198 se proclama un decreto contra la "Infiltración Hebrea".

Maimónides

El Talmud se terminó de escribir hacia el año 500, pero en la Edad Media se siguió modificando. Los primeros comentarios fueron escritos por los Geonim, rabinos de los primeros siglos posteriores a la redacción del Talmud. En algunas ocasiones hicieron enmiendas al texto de la Gemará que se incluyen en las ediciones modernas. En la Edad Media aparecen los comentaristas denominados Rishonim (en hebreo, "los primeros") entre los cuales figuran sabios de España, Francia, Italia y Alemania. Quizá el más conocido de ellos fue el rabino Shlomo Itzjaki (Rashi), originario de Troyes, Francia, cuyos comentarios cortos son casi indispensables para entender el texto talmudico y que figuran en los margenes de todas las ediciones del Talmud. También en los márgenes de todas las ediciones del talmud se encuentran los comentarios denominados Tosafot escritos por los alumnos de Rashi y que consisten frecuentemente de discusiones paralelas a las de la Guemará. Entre los más famosos talmuidistas medievales españoles figuran Abraham Ibn Daud, el rabino Moisés Maimónides originario de Córdoba, el rabino Shelomó ben Alashvili también conocido como Rashbá, el rabino Moisés Najmánides de Gerona, y el rabino Yoná ben Abraham. Los talmudistas post-medievales se les denomina Ajaronim (en hebreo, los últimos)y frecuentemente sus obras consisten de metacomentarios de obras medievales.

Maimonides interpretaba el "no robarás" o el "no matarás": sólo a judíos, no a los demás, porque, según el tradicional antigentilismo, los no judíos no son personas sino bestias.

Renacimiento

Durante el Renacimiento y la Ilustración hubo cambios en la comunidad judía. La Haskalá fue paralela a la Ilustración, pues los judíos comenzaron en el 1700 a hacer campaña para integrarse en la sociedad europea. La educación secular y científica se agregó a la instrucción religiosa tradicional, y comenzó el interés por una identidad judía nacional, así como por el estudio de la historia judía y del hebreo. La Haskalá dio a luz tanto a movimientos reformistas como conservadores, y plantó las semillas del sionismo al mismo tiempo que animaba a la asimilación cultural dentro de los países en los cuales residían los judíos.

Al mismo tiempo surgía el judaísmo jasídico, predicado por el rabino Israel ben Eliezer, que reclamaba el seguimiento estricto de los preceptos de la Toráh. Estos dos movimientos, haskalá y jasidismo, formaron la base de las divisiones modernas dentro de la sociedad judía.

Masonería y Revolución Francesa

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Marx y los banqueros judíos

Karl Marx, nacido con el nombre judío de Kissel Mordechai, descendía tanto de parte del padre como de la madre de viejas generaciones de rabinos, Nació en Tréverís (a orillas del Mosela) en el año 1818. Fue desterrado en 1845 y nuevamente en 1849, y desde entonces vivió en Londres.

Este hebreo creó la ideología y el movimiento marxista. Y desde que escribió los libros El Capital, Critica de la Economía Política y El Manifiesto Comunista, el mundo ha sido azotado y envenenado por las ideas del marxismo.

Con ello hemos aclarado lo primordial: un judío "gana" innumerables masas de no judíos para sus finalidades. Y lo hace con su programa, el "Manifiesto Comunista", donde escribe al final:

"Los comunistas desdeñan ocultar sus opiniones e intenciones. Ellos declaran abiertamente que sus finalidades sólo podrán ser alcanzadas por medio de una revolución forzosa de todas las clases sociales existentes. Las clases soberanas tendrán que temblar ante la revolución comunista. Los proletarios no tienen nada que perder más que sus cadenas".

Los proletarios creyeron, a ese "profeta judío". Ellos no se daban cuenta que estas doctrinas no servían a las finalidades suyas, sino a las de la raza judía. Ellos no reconocieron y no reconocen tampoco, que estas doctrinas fueron tomadas del Talmud y que el fin que se persigue con la revolución forzosa de las clases sociales existentes", es el dominio por la fuerza del pueblo judío sobre todas las demás razas del universo. Para aquél que conoce la "cuestión judía" es completamente inconfundible y clara la doctrina marxista y el fin que con ella se persigue.

Mikhail Bakunin era un socialista imbuido en el anarquismo teórico, se unió en 1842 en París al grupo de Karl Marx y Pierre-Joseph Proudhon, siendo cofundador de la Primera Internacional. El gran hecho es que rompe su relación con Marx al descubrir la trama oculta y la finalidad oscura y soterrada del socialismo marxista, abría así no solo una disputa política sino una enemistad manifiesta. Su revelación fue hecha pública en su "Carta a los internacionales de Bolonia" de diciembre de 1871 (Instituto Internacional de Historia Social de Ámsterdam) exponiendo a Marx como lo que realmente era, un representante oculto de los intereses judeo-mesiánico-racistas. Bakunin señala entre otras cosas la relación entre éste con los Rothschild y los judíos en general, "…Como son los judíos en todos los lugares, agentes de comercio, académicos, políticos, periodistas, en una palabra correctores de literatura, a la vez que intermediario de las finanzas, ellos se apoderan de toda la prensa de Alemania comenzando por los periódicos de los monárquicos mas absolutistas hasta de los periódicos absolutistas radicales y los socialistas, y desde hace mucho tiempo reinan en el mundo del dinero y de las grandes especulaciones financieras y comerciales: de esa forma, teniendo un pie en el banco, acaban de colocar en estos últimos años el otro pie en el socialismo, así apoyando su posterior en la literatura cotidiana de Alemania. Usted puede imaginarse que literatura nauseabunda debe salir de esto".

"Bien, todo este mundo judío que forma una única secta explotadora, una especie de sanguijuela de la gente, un parásito colectivo devorador y organizado, no solo a través de las fronteras de los estados, sino a través mismo de todas las diferencias de opiniones políticas, este mundo esta actualmente, en gran parte por lo menos, a disposición de Marx por un lado y de los Rothschild por el otro. Yo sé que los Rothschild, como reaccionarios que son y que deben ser, aprecian mucho los méritos del comunista Marx y, a su vez, el comunista Marx se siente inevitablemente arrastrado, por una atracción instintiva y una admiración respetuosa, en la dirección del genio financiero de los Rothschild. La solidaridad judía, esta solidaridad tan fuerte que se mantuvo a lo largo de toda la historia, los une".

"Esto debe parecerse extraño. ¿qué pueden tener en común el socialismo y el gran banco? Es que el socialismo autoritario o comunismo de Marx busca una fuerte centralización del Estado, y allí, donde exista la centralización del Estado, debe haber necesariamente un Banco Central del Estado, y allí, donde existe tal Banco, los judíos siempre estarán seguros de no morir de frío o de hambre". Esto no lo dice un nazi, ya que ni siquiera existía el nazismo, lo dice nada menos que un anarquista teórico afín a ideas del socialismo histórico.

Así Bakunin, que fue cofundador de la Primera Internacional, se manifestó y puso en relieve la actitud conspirativa, despótica, autoritaria y pro-judaica de Marx que en la Primera Internacional socialista (1864) se convertía en el encargado de exponer y redactar los estatutos y objetivos de la futura lucha comunista, los proletarios también significaban una fuerza de choque que demostró ser entre otras cosas fácilmente manipulable.

Sionismo

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En 1879 Theodor Herzl funda el Sionismo Internacional como organización política del judaismo mundial. El fín del sionismo sería conseguir una patria al pueblo judío. La inmigración judía a Eretz Israel se inició en 1882. La denominada Primera Aliyá vio la llegada de alrededor de 35.000 judíos en el término de unos veinte años. La mayoría de los inmigrantes procedían de Rusia, donde el antisemitismo era rampante. Ellos fundaron una serie de asentamientos agrícolas con el apoyo financiero de filántropos judíos de Europa occidental. La Segunda Aliyá comenzó en 1904.

Los Protocolos de los Sabios de Sión

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Revolución comunista

León Trotsky según una acertada satira de la época

A principios de 1919, el servicio secreto de los EEUU entregó al alto delegado de la República Francesa en ese país un memorial en el que se señalaba la participación de los principales capitales banqueros en la preparación de la revolución comunista rusa:

"A principios de 1917 el poderoso banquero Jacobo Schiff comenzó a proteger a Trotsky, judío y francmasón, cuyo verdadero nombre es Bronstein; la misión que se le encomendaba era dirigir en Rusia la revolución social. El periódico de Nueva York "Forward", cotidiano judío y bolchevista, también le protegió con el mismo objeto. También le ayudaban financieramente los grandes bancos: Casa judía Max Warburg, de Estocolmo; el Sindicato "Westphalien-Rhenan", por el judío Olef Aschberg de la Nye-Banken de Estocolmo y por Jivotovsky, judío, cuya hija se casó con Trotsky y de este modo se establecieron las relaciones entre los multimillonarios judíos y los judíos proletarios…" "La firma judía Khun, Loeb and Co., está en relación con la Sindical "Westphalien-Rhenan", firma judía de Alemania; lo mismo los hermanos Lazare, casa judía de París, lo está con la Gunzbourg, casa judía de Petrogrado y Tokio y París; si observamos además que todos los precedentes negocios judíos mantienen estrechas relaciones con la casa judías Speyer and Co., de Londres, Nueva York y Francfort-sur-le-Mein, y lo mismo con las casas Nye Banken, que es la encargada de los negocios judíos-bolchevistas de Estocolmo, podremos deducir que la relación que tiene la Banca con todos los movimientos bolchevistas, debe pensarse que en la práctica representa la expresión verdadera de un movimiento general judío, y que ciertas Casas Bancarias judías están interesadas en la organización de esos movimientos"

Ya lo advirtió Henry Ford en su libro El judío internacional: "El Sóviet no es una institución rusa, sino judía... el 90 % de los comisarios eran judíos. Al triunfar la revolución bolchevique, el nuevo régimen fue integrado en su mayoría por judíos y en estos porcentajes:

  • Consejo de comisarios populares, 77% de judíos
  • Comisión de guerra, 77%
  • Comisariado de asuntos exteriores, 81%
  • Comisariado de hacienda, 80%
  • Comisariado de gracia y justicia, 80%
  • Comisariado de educación pública, 79%
  • Comisariado de socorro social, 100%
  • Comisariado de provincias, 91%
  • Periodistas (dirigentes) 100%

Bajo este régimen judío fueron masacrados y asesinados millones de seres humanos inocentes, saqueos, pillajes, incendios de iglesias, fusilamientos masivos, mientras que no tardarían en llegar los campos de exterminio judeocomunistas, los otrora famosos y hoy silenciados Gulag. Si bien se popularizaron con Stalin, su existencia se conoce desde la temprana subida al poder por parte de los judíos bolcheviques; fueron legalizados por decretos promulgados en septiembre de 1918 y en abril de 1919.

Mientras millones de alemanes morían en el frente de batalla en la Primera Guerra Mundial, una pandilla de judíos liderados por Kurt Eisner aprovechaba el desconcierto para sabotear mediante huelgas la moral de los soldados del frente y la nación alemana, esto fue coronado con la toma del poder el 7 de noviembre de 1918. Luego entre el 6 y el 15 de abril de 1919 otro grupo de inmigrantes judíos provenientes de Rusia liderados por Leviné-Nissen, Axelrod y Levien toma el poder en Alemania proclamando la República Soviética de Baviera, inspirada en el ejemplo de Béla Kun en Hungría (también de la misma tribu). Es decir los alemanes caían bajo el yugo de un gobierno tiránico de judíos formado por inmigrantes de origen ruso que habían participado también en actividades revolucionarias en Rusia (1905). Apenas establecido este nuevo gobierno judeo-tiránico en República de Weimar, comenzó un imperio de terror que se veía mitigado solamente por su ineficiencia. Se había nombrado gran cantidad de judíos en distintas áreas de gobierno, muchos de ellos fueron los soldados del "Ejército Rojo" que corrían borrachos por las calles, saqueando y pillando.

Resumiendo, vemos por un lado algunos de los más prominentes banqueros y financistas judíos: los Rothschild, los Warburg, Kuhn, Loeb, Olef Aschberg, Schiff, Lazare, Hirsch, Gunzbourg, Speyer, Wallenberg, Guggenheim, Breitung, etc., todos promoviendo revoluciones socialistas-marxistas y anarquistas lideradas por judíos como Trotsky (Bronstein), Kamenyev, Ederer, Rosenthal, Goldenrudin, Merzvin (Merzwinsky), Furstemberg (Ganetsky), etc. en Rusia; Béla Kun en Hungría; Karl Liebknecht y Eisner en Alemania, otros judíos fueron Ernst Toller, Erich Mühsam, Leviné, Levien, Axelrod, Rosa Luxemburg entre los más destacados.

Quienes liderarían las "revoluciones" sabían perfectamente que la doctrina marxista no era sino un "cheque en blanco" para que una raza -la judía- asaltara el poder por la fuerza bruta sin poner en riesgo los exorbitantes capitales de los grandes banqueros judíos, logrando una soberanía jamás imaginada en un contexto racista, no-revolucionario y no-igualitario.

Los reinados del terror judío, recubiertos de una apariencia y fundamentación clasista proletaria, eran en realidad golpes de Estado.

Holocausto

Artículo principal: Holocausto y Revisionismo del Holocausto

Actualidad

Víctimas del Holocausto palestino.

El 29 de noviembre de 1947 las Naciones Unidas aprueban la creación de un estado judío y otro árabe en el Mandato Británico de Palestina, y el 14 de mayo de 1948 el estado de Israel se declara independiente, representando la primera nación judía desde la destrución de Jerusalén. Andréi Gromyko, embajador de la URSS en la ONU, propone que Israel sea aceptado como miembro de pleno derecho. El pleno de la ONU lo aprueba.

El día siguiente, 15 de mayo de 1948, comienza la guerra árabe-israelí, debido a que veían a los judíos como un cruel invasor . Fue la primera de las subsecuentes guerras entre Israel y sus vecinos árabes, que han traído el éxodo de los palestinos y la persecución de los casi 900.000 judíos que vivían en países árabes. Las guerras nunca acabaron, y el holocausto palestino no cesaría: en los últimos tiempos (principios de 2009) 1300 palestinos murieron en un bombardeo seguido por una incursión terrestre del ejército israelí contra la Franja de Gaza entre los meses de diciembre y enero.

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