Crítica al cristianismo

De Metapedia
(Redirigido desde «Críticos del cristianismo»)
Saltar a: navegación, buscar

Las críticas al cristianismo se extienden a las creencias, enseñanzas, historia, actividades y actitudes del cristianismo y sus seguidores. Varias áreas de estas críticas también incluyen las propias escrituras, la ética de las interpretaciones bíblicas que han sido usadas históricamente para justificar ciertas actitudes y comportamientos, la cuestión de la compatibilidad de esta religión con la ciencia y otras doctrinas. Las críticas provienen de distintos grupos religiosos y no religiosos, algunos de los cuales fueron cristianos.

Muchas críticas al cristianismo provienen también y en buena parte de sectores identitarios, nacionalsocialistas, y neopaganos, así como del Movimiento de la Creatividad. A diferencia del ataque represivo del marxismo cultural, esta oposición declara basarse en cuestiones mucho más profundas como por ejemplo aquellas ligadas al universalismo, al igualitarismo, al nihilismo o a sus raíces judaicas.

La respuesta formal de los cristianos a estas críticas se describe como apologética cristiana.

Critica intelectual y referentes principales

La crítica intelectual contra el cristianismo no necesariamente proviene de una postura antirreligiosa. Tampoco busca la persecución religiosa o la hostilidad contra los cristianos, al contrario, respeta la libertad religiosa, pero expresa las preocupaciones ante los problemas que surgen al considerar al cristianismo como "factor de unidad" y cuestiona seriamente su efectividad como "freno a la decadencia" y su compatibilidad con ideologías como el nacionalismo o el identitarismo. De este modo, es posible realizar una crítica al cristianismo desde un punto de vista identitario, nacionalista, religioso, o incluso "ultra-conservador", sin llegar a ser por eso un marxista cultural.

Antigüedad clásica

El filósofo griego Celso (s. II) fue, junto a Plinio el Joven, uno de los primeros críticos del cristianismo y escribió una serie de textos críticos contra éste. Su obra más conocida, el Discurso verdadero (Λόγος 'ΑληΘής) escrita entre el año 170 y 180, fue destruida, pero se conserva parte de ella en la respuesta del apologeta cristiano Orígenes titulada Contra Celso, escrita entre 70 y 80 años más tarde.

El filósofo neoplatónico griego discípulo de Plotino, Porfirio (c. 234-305), fue el más agudo de los adversarios del cristianismo en la época preconstantiniana. Escribió 15 libros de una obra titulada Contra los cristianos la cual Constantino ordenó quemar. Los sucesores de Constantino, Teodosio II y Valentiniano III, condenaron nuevamente a la hoguera, en 448, aquella obra polémica de Porfirio.

Friedrich Nietzsche

El filósofo anticristiano más destacado de la historia es Friedrich Nietzsche y el primero de los anticristianos intelectuales modernos cuyas ideas tendrán una notable influencia en los posteriores intelectuales anticristianos. Nietzsche, empapado sobremanera de las ideas de la Antigüedad clásica, considera que el cristianismo, de raíces judías, es una religión parasitaria y extraña a Europa, es internacionalista de masas, pacifista e igualitarista, análoga al marxismo-comunismo, por lo que ve en él el fermento de debilitación de Occidente. Según él, el cristianismo no ha hecho más que reanudar, disfrazándolo, los temas del judaísmo, el odio a las clases aristocráticas y el odio a las individualidades superiores, sirviendo como un "Caballo de Troya" contra Europa y envenenado su espíritu original.

Nietzsche fue el primero en identificar al cristianismo como "la forma decadente del mundo antiguo" y consideraba una cadena de herencias ideológicas incluso desde Sócrates, luego de éste al cristianismo, de éste a la Ilustración y la Revolución Francesa y de ésta al "socialismo" (comunismo), por lo que la 'decadencia', aunque venía en formas y ropajes diferentes, provenía de una misma estructura ideológica.

Nietzsche fue más allá de los pensadores anticristianos de la Ilustración, quienes sentían que el cristianismo era simplemente falso. Él afirmaba que fue deliberadamente infundido por la judería como una religión subversiva (como un arma psicológica subversiva) dentro del Imperio Romano por Pablo de Tarso con el fin de cobrar venganza por la destrucción de Jerusalén y el Templo en manos de los romanos durante la Primera Guerra Judeo-Romana.

Su anticristianismo es a su vez antijudaísmo y proviene de una postura que reivindica una moralidad heroica y de señores, identificada con los pueblos europeos precristianos, en contraposición a la moral de esclavos del judeocristianismo.

Roger Pearson

El antropólogo y eugenista británico Roger Pearson en The concept of Heredity escribe:

La llegada del cristianismo sumió a la filosofía clásica en siglos de olvido, y chocó con la establecida y antigua creencia europea en la desigualdad de los hombres. Extendiéndose primero entre los esclavos y las clases más bajas del Imperio Romano, el cristianismo vino a enseñar que todos los hombres eran iguales ante los ojos de un Dios creador universal, una idea que era totalmente alógena al antiguo pensamiento europeo, que había reconocido una jerarquía de competencia entre los hombres —e incluso entre los dioses. Oponiéndose a las tradiciones de la filosofía clásica y de la indagación científica, el cristianismo introdujo el concepto de un "Dios de la historia" único y omnipotente, el cual controlaba todos los fenómenos del universo —siendo los hombres y las mujeres creaciones de tal dios. Ya que todos los hombres y mujeres eran "hijos de Dios", ¡todos eran iguales ante su Divino Creador! La fe en las interpretaciones de revelaciones supuestamente proféticas por parte de la Iglesia llegaron a ser más importantes que la investigación científica o filosófica; y cuestionar la visión de la realidad que tenía la Iglesia llegó a ser percibido como pecaminoso.
Roger Pearson, The concept of heredity, Parte 1.[1]

Julius Evola

En Imperialismo Pagano, Julius Evola considera al cristianismo la "causa principal de la decadencia de Occidente":

El cristianismo está en la raíz del mal que ha corrompido a Occidente. Esta es la verdad, y no admite incertidumbre. En su frenética subversión de cada jerarquía, en su exaltación de los débiles, de los desheredados, de aquellos sin linaje y sin tradición; en su llamado al "amor", a "creer", y para producir; en su rencor hacia todo lo que es fuerza, autosuficiencia, conocimiento, y aristocracia; en su fanatismo intolerante y proselitista, el cristianismo envenenó la grandeza del Imperio Romano. Enemigo de sí mismo y del mundo, esta ola oscura y bárbara sigue siendo la causa principal de la decadencia de Occidente.
Julius Evola, Imperialismo Pagano.[2]

Oswald Spengler

En 1933, en su obra Hora de Decisión el historiador alemán Oswald Spengler comparó el comunismo con el pensamiento social cristiano y declaró a éste como precursor del bolchevismo:

Todos los sistemas comunistas en Occidente se derivan del pensamiento teológico cristiano... El cristianismo es la abuela del bolchevismo.
Oswald Spengler, Hora de Decisión, 1933.

William Pierce

A finales de los años ochenta el editor del tabloide "Lealtad Racial" (Racial Loyalty), el periódico mensual de la organización de Ben Klassen encontró una carta de un miembro de la National Alliance que incluyó la siguiente cita del Dr. William Pierce dirigiéndose a los miembros de la National Alliance en febrero de 1989:

El mayor obstáculo para la supervivencia de nuestra raza es el cristianismo. Incluso con toda su malicia y astucia, los judíos no representarían una verdadera amenaza para la raza si no fuera por sus colaboradores cristianos. En los Estados Unidos, al igual que en Sudáfrica, los judíos pueden estar tirando muchas cuerdas entre bastidores, pero las tropas en la guerra contra la Raza Blanca son principalmente blancos cristianos llenos de culpa religiosa y obsesionados con la necesidad de expiar esa culpa sacrificando a su propia raza en el altar de la "igualdad".


Nunca olvidemos ... que el cristianismo mismo es un credo extranjero, hostil, racialmente destructivo de origen judío, y en el futuro la mayoría de aquellos que han caído bajo su hechizo seguirán siendo nuestros enemigos y enemigos de nuestra raza.
Dr. William Pierce.[3]

Alain de Benoist

Véase también: Nueva Derecha


La "Nueva Derecha" de Alain de Benoist aportó una crítica muy extensa e intensa de la civilización contemporánea. Su objetivo era el de reactualizar las formas pre-cristianas de pensar lo espiritual en relación con lo social. La ND no intentó restaurar el culto a los antiguos dioses, sino recuperar la estructura mental pre-cristiana, que es interpretada como una estructura esencialmente pluralista y diversificadora, y oponerla a la estructura mental judeocristiana, monista y homogeneizadora. El contexto de esta recuperación no era de carácter propiamente religioso (sustituir a unos dioses por otros), sino identitario: recuperar una forma de pensamiento específicamente europea. En ese contexto, como sucedió en el Renacimiento, la rehabilitación estética de formas paganas –desde la columna griega hasta el entrelazado celta- no tiene una función teológica, sino simbólica: se trata de manifestar la vigencia de un mundo cultural arraigado, específicamente europeo.

Alain de Benoist denomina al cristianismo como un proto-bolchevismo, el "comunismo de la antiguedad" [4] y que considera matriz del igualitarismo y el universalismo. Considera que Europa debe redescubrir sus raíces nacionales, identitarias, paganas y comunitarias y alejarse de estos conceptos típicamente modernos. El factor fundamental en la disolución cultural europea para de Benoist no es ni el comunismo ni el liberalismo ni la democracia sino la ideología igualitaria que anidando en el cristianismo dio vida a estas ideologías decimonónicas. Es el espíritu igualitario el germen de estas ideas y de un pensamiento en el que ninguna diferencia o diversidad tiene cabida.

Coincidiendo con Spengler al considerar al cristianismo como precursor del comunismo, afirmó:

Las patologías del mundo moderno son genuinas, aunque ilegítimas, hijas de la teología cristiana.
Alain de Benoist

Crítica identitaria del cristianismo


La decadencia de Occidente

La decadencia de la civilización occidental ha sido un proceso que por diversos factores ha ocurrido a la par de la decadencia de las creencias cristianas, lo cual ha generado una falsa percepción entre los sectores ultra-conservadores cristianos o "pro-cristianos" de que "el debilitamiento del cristianismo ha ocasionado el debilitamiento de Occidente" en la forma de la falacia post hoc ergo propter hoc.

Esto es completamente falso ya que como antecedentes de justo lo contrario tenemos al Renacimiento y la Revolución Científica, que sólo fueron posibles debido al colapso de la autoridad eclesiástica en el período medieval tardío. Esto erosionó el dominio cristiano sobre la difusión del conocimiento, reemplazando la fe ciega con los valores epistémicos paganos de la antigüedad clásica.

Si, según los propios ultra-conservadores cristianos, el cristianismo es el antídoto a esta decadencia, cabría esperarse que la hubiera frenado desde el principio, pero no ha sido así. El debilitamiento de Occidente ha sido causado por la introducción intencional de ideologías autodestructivas que le han despojado de su identidad y también despojado de una cosmovisión ascendente que preserve su voluntad, pero el cristianismo no sólo no ha podido hacer nada contra esto, sino que parece que dichas ideologías autodestructivas se incuban y prosperan mejor en países cristianos o de pasado cristiano.

El reciente declive del Occidente moderno que comenzó en la década de 1960, de hecho ha coincidido con la creciente influencia de una ética neocristiana en la esfera pública, así como la decadencia del mundo antiguo coincidió con el triunfo del cristianismo sobre las fuerzas del paganismo.

Aunque el cristianismo es en esencia y en teoría opuesto al marxismo cultural, en la práctica se puede observar que éste ha ganado su enorme influencia en buena parte porque la gente ignorante, en vez de rebatir estas absurdas ideologías progresistas con fundamentos racionales, científicos, jurídicos y sociales, las ataca basándose en la religión, ante lo cual se da la apariencia de que el marxismo cultural y el progresismo "están del lado de la razón", creándose una falsa dicotomía. En ese sentido, el cristianismo, en lugar de frenar al marxismo cultural, no ha hecho más que facilitar su victoria.

Por ejemplo, la mayoría de los ultraconservadores atacan al homosexualismo en base a la religión. En consecuencia, no se suele encontrar nada racional entre los críticos del homosexualismo que impida a la ideología homosexualista extenderse a su antojo.

Universalismo e igualitarismo

Población mundial cristiana por etnias: 1. Blancos o Europeos étnicos; 2. Negros o afrodescendientes; 3. Asiáticos y 4. Amerindios y Mestizos latinoamericanos. En el mundo, los blancos cristianos representan el 33% frente al 67% de no-blancos.[5][6]

Tras la cristianización de Europa, siglos de educación religiosa enseñaron a los cristianos europeos a considerar a los judíos como cofundadores de la religión cristiana y por ello fue sencillo instruir en ellos el falso dogma de la igualdad humana que ha engañado el sano instinto natural del hombre ario.

En uno de los más terribles y humillantes ejemplos de colonización cultural, los nobles y benévolos artistas arios idealizaron en sus obras a los personajes bíblicos de la historia tribal hebrea: Moisés, Abraham, Isaac, Jacob, David, Salomón, y todos ellos fueron considerados como pilares de la más alta moralidad y nobleza humana, en lugar de hacerlo con los de su propia gloriosa historia.

El cristianismo admite en su seno a personas de cualquier origen racial, étnico o nacional y sólo reconoce como único vínculo entre las personas a la fe cristiana en la que todos son iguales, por ello es una religión universalista.

Esa noción de igualdad universal plasmada en la idea de que "todos somos hijos de Dios", fue heredada al progresismo y al humanismo secular desde el siglo XVIII.

La gran mayoría de la población cristiana mundial ni siquiera es de origen europeo. De los 2,2 mil millones de cristianos en el mundo, ni siquiera la mitad de ellos son blancos (europeos étnicos). Los europeos son superados en conjunto por asiáticos, africanos, amerindios y mestizos americanos, por lo que muy difícilmente el cristianismo puede representar legítimamente a una "identidad europea" o una "tradición europea".

Los apologetas a menudo se defienden alegando que "del igualitarismo metafísico o espiritual del cristianismo no se deriva necesariamente el igualitarismo físico o biológico". Sin embargo, tenemos abundantes e importantes ejemplos de cómo la metafísica igualitaria cristiana sí ha influido necesariamente en la práctica. El 2 de junio de 1537, con motivo de la evangelización del nuevo mundo, con la bula Sublimis Deus el papa Pablo III reconocía que los amerindios tenían alma, prohibió su esclavización, defendió la racionalidad de los mismos, en cuanto que son "hombres", declaró que tenían derecho a su libertad, a disponer de sus posesiones y declaró a sus mujeres, una vez convertidas a la fe, aptas para casarse con los fieles conquistadores blancos. Con este acto se dio inicio al desastre racial que actualmente existe en Latinoamérica. El mestizaje de esas tierras, con una abrumadora sangre amerindia sobre la europea, fue, según Hitler[7], entre otros, "la causa primaria del gran atraso de Latinoamérica".

La doctrina cristiana y sus líderes siempre estuvieron más interesados en aumentar los números de cristianos sin importar su raza, que en la preservación de la calidad del propio pueblo. Si el cristianismo fuese realmente un factor de cohesión e identidad para los europeos, no habría tenido problemas en preservar, por ejemplo, la identidad étnica en las colonias americanas, pero en lugar de ello, internacionalizó y globalizó, siendo el mayor motor de la mezcla racial y el caos étnico que hoy amenaza la existencia de la gente blanca, única fuente legítima de la cultura europea.

Familia

Para la vida de fe cristiana, los lazos genéticos y familiares son considerados irrelevantes. En el cristianismo, el "verdadero parentesco" se entiende en un sentido diferente:

El que hace la voluntad de Dios es mi hermano, y mi hermana y mi madre.
Marcos 3:34-35.

Por lo tanto, el miembro de la familia no necesita estar relacionado genéticamente con los miembros del clan o tribu. El parentesco es una hermandad abstracta construida con cada extraño del planeta que haya sido bautizado en el compromiso de los mitos judíos. La familia no es un valor sagrado, y en realidad los vínculos de parentesco deben ser despreciados:

Si alguno viene a mí y no aborrece a su padre y madre, mujer, hijos, hermanos, hermanas y hasta su propia vida, no puede ser mi discípulo.
Lucas 14:26.
Porque he venido a poner al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, a la nuera contra su suegra. Y los enemigos del hombre serán los de su propia casa. El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí.
Mateo 10:34-37

Por último, se aplica al creyente individual, a odiar su propia vida. La negación de sí mismo es un valor cristiano no sólo como el movimiento monástico demuestra.

Pueblo

En la comprensión del cristianismo existe un solo pueblo: "el pueblo de Dios", el cual es un concepto heredado directamente de la tradición judía. La única y verdadera patria del cristiano está en el más allá, el "Reino de Dios" y todos sus actos están dirigidos a alcanzar el objetivo supremo que es la "salvación" meramente individual, es decir, la "vida eterna".

Aparte de este colectivo abstracto, existe una excepción para gran parte de los cristianos, sólo una nación puede ser biológicamente valorada, y es aquella descrita en la Torá y que según ésta fue elegida por Dios sobre todos los demás pueblos:

Y habitaré en ellos, y seré su Dios y ellos serán mi pueblo, y las naciones sabrán que yo soy Yahvé y santifico a Israel, estando mi santuario en medio de ellos para siempre.
Ezequiel 37:27-28.

Para aquellos pueblos que no ha elegido, se aplica lo siguiente:

Todas las naciones son nada delante de Dios, para él son inútiles y sin efecto.
Isaías 40:17.

La insignificancia de la pertenencia de una persona a un pueblo o a una comunidad de descendencia, se enfatiza con estas palabras:

Ya no tiene importancia el ser griego o judío, el estar circuncidado o no estarlo, el ser extranjero, inculto, esclavo o libre, sino que Cristo es todo y está en todos.
Colosenses 3:11

Los pueblos aparecen en los escritos religiosos del cristianismo pero no como algo valioso o digno de ser preservado. Por el contrario, de acuerdo con su nulidad ante Yahvé, finalmente libera y limpia al único pueblo, los judíos, de otras naciones, a través del genocidio.

Raza

Varios grupos cristianos dan la bienvenida a refugiados.

Un linaje tiene la intención de producir veneración y prestigio con respecto a las figuras prominentes en los escritos judíos (por ejemplo, David, Salomón, Jesús). En otros casos, los antepasados no desempeñan un papel relevante en el cristianismo, y por lo tanto, tampoco tiene relevancia la comunidad hereditaria más extensa (raza) de la cual viene una persona. Para los predicadores del cristianismo en particular no hay semejanzas entre los hombres y nada que valga la pena defender lealmente y con esfuerzos unidos. Como cristiano, la pertenencia a un grupo debe ser siempre "espiritual", esto es, en base a la fe. La raza es, por lo tanto, apenas concebida. Así, por ejemplo, el Papa Pío XI, describió la existencia de una sola raza humana en la mentalidad eclesiástica:

Uno se olvida hoy que la raza humana es una sola, grande y católica raza.
Pío XI, 29 de julio de 1938.

El Evangelio describe que la doctrina de Jesús era exclusiva para los judíos (Mateo 10:5-6, Mateo 15:24) y especialmente en Mateo 15:21-28 y Juan 4:22, se hace patente que Jesús era un supremacista judío hasta los huesos. La tarea de dicho predicador era distinta a la que los cristianos le atribuyeron después. Sin embargo, el fariseo Pablo de Tarso modifica radicalmente esta intención creando de repente un mensaje universal:

Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.
Gálatas 3:28

Además añade:

Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.
Gálatas 3:29

Es decir, que todos los que crean en Jesús como hijo de Dios, automáticamente pasan a ser parte del linaje de Abraham y estarán dentro de la relación familiar entre judíos y árabes, pues recordemos que Abraham tuvo dos hijos, Isaac e Ismael, y según la tradición, Isaac continuó con el linaje judío, mientras que de Ismael descenderían los árabes y el profeta Mahoma. Esto establece una unidad espiritual entre los miembros de las tres religiones, y por ello se denominan abrahámicas.

Por ello el papa Pío XI afirmó en 1938:

Resaltemos que, en la Santa Misa, Abraham es nuestro Padre y nuestro Patriarca. El antisemitismo es incompatible con el elevado pensamiento que ese hecho expresa. Es un movimiento con el que los cristianos no pueden tener nada que ver. No, no, os digo que es imposible para un cristiano tomar parte en el antisemitismo. Es inadmisible. A través de Cristo y en Cristo somos la progenie espiritual de Abraham. Espiritualmente, todos somos semitas.
Pío XI, 6 de septiembre de 1938.

Cultura de la culpa

La "culpa blanca" es la versión secular del "pecado original", concepto introducido por el cristianismo al mundo europeo. Este sentimiento de culpa por aquello que se considera "pecados del pasado" (sea el colonialismo, la segregación racial o la esclavitud) ha desencadenado un altruismo patológico y endofobia, en los cuales los europeos experimentan sentimientos de culpa inusualmente altos si no piensan de una manera políticamente correcta. Esta mentalidad, que establece que "si somos pecadores, entonces merecemos un castigo", está destruyendo a Europa desde adentro.

La noción de que Jesús murió por la salvación de todos los hombres genera psicológicamente una culpa religiosa en los adeptos: ''Yo confieso ante Dios Todopoderoso, y ante ustedes hermanos que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa", reza el acto penitencial de la Iglesia católica. Dicha culpa era expiada a través de la figura redentora de Cristo, pero actualmente, se ha convertido en una metástasis, en una culpa incontrolable que solo puede expiarse a través del suicidio étnico.

Los europeos ateos que estúpidamente han creído que han abandonado el cristianismo, lo único que han hecho es enloquecer de culpa como Judas Iscariote por traicionar a su maestro y tratar de exorcizar su culpa de la única manera que la ética cristiana secularizada les permite: entregar sus tierras y mujeres arias a las hordas tercermundistas. Incluso la gente de la "Alt-Right" no parece ver el grado de psicosis nihilista en que se encuentra su raza.

Si al menos el tres por ciento de los blancos estuvieran dispuestos a luchar por su existencia como raza, como dice Norman Spear, no necesitaríamos "unir a las derechas": solo unirnos al tres por ciento. Pero ni siquiera ese porcentaje de blancos está dispuesto a dar sus vidas por la causa. Debido al cristianismo, y a la culpa secularizada heredada por él, el despertar general es imposible.

Anti-Eugenesia

Véanse también: Eugenesia y Disgenesia


Los cristianos y los neocristianos han proporcionado los medios económicos y políticos necesarios, es decir, el estatismo del bienestar y los derechos humanos, para garantizar que los genéticamente no aptos críen grandes cantidades de crías con cada generación que pasa. Esto ha creado una "idiocracia" que amenaza la sostenibilidad de todas las instituciones occidentales. Con cada año que pasa, se impone una enorme carga fiscal al estado para el apoyo y el mantenimiento diario de esta creciente clase de dependientes.

La creencia cristiana en la sacralidad o el valor intrínseco de toda la vida humana implica que sea una fuerza inherentemente anti-eugenésica. Este odio cristiano a la mejora racial se ha manifestado a lo largo de la historia europea.

El celibato del sacerdocio y de las órdenes monacales cristianas, impidió que los hombres más dotados de Europa perpetuaran su acervo genético, y ayudó a prolongar la Edad Oscura por cientos de años.

Actualmente el pensamiento políticamente correcto anatematiza y demoniza la biopolítica y la eugenesia en perjuicio de la población europea.

La Iglesia Católica Romana, la denominación cristiana más grande del mundo con casi 1.300 millones de miembros, se opone al aborto y a todas las demás formas de anticoncepción, ante cualquier caso, no importando si los progenitores son portadores de baja calidad genética o si el feto ha desarrollado algún mal congéntito. Los protestantes también están en contra del aborto, aunque muchos apoyan la anticoncepción voluntaria. Los neocristianos, que incluyen a los liberales modernos y los marxistas culturales, aunque no se oponen a la libre disponibilidad del aborto y la anticoncepción en Occidente (la cual promueven entre la población europea) se oponen a la estabilización y reducción de la población en los países del Tercer Mundo.

Las organizaciones cristianas de los países blancos continúan enviando activamente ayuda "humanitaria" a los países del Tercer Mundo. El flujo continuo de dinero del norte global al sur global ha llevado a un crecimiento explosivo de la población no blanca.

Este problema es más agudo en África, donde la situación demográfica se ha visto significativamente exacerbada por la ayuda extranjera de los gobiernos liberales de los países desarrollados y las organizaciones benéficas cristianas. La población aumenta a través de una corriente continua de donaciones de caridad, lo que ejerce una gran presión sobre los recursos disponibles a medida que se excede la capacidad de carga local de la tierra. La competencia por los recursos escasos se intensifica, trayendo conflictos violentos a su paso; las hambrunas en gran escala ocurren con frecuencia y gravedad crecientes. La desestabilización de regiones enteras lleva a un número cada vez mayor de africanos que intentan desesperadamente escapar del empeoramiento de las condiciones en sus propios países, acelerando la destrucción de la civilización occidental a través de la explosión demográfica de la migración del Tercer Mundo.

Similitudes entre el marxismo y el cristianismo

Véase también: Comunismo cristiano


El marxismo se presenta a sí mismo como la secularización de la teología judeocristiana. El marxismo rechaza la metafísica cristiana, pero en cambio, acepta su ética, por lo que de acuerdo a la definición, se puede considerar una forma de neocristianismo. Friedrich Engels reconoció así al cristianismo como inspiración de su ética:

La historia del cristianismo primitivo tiene puntos notables de semejanza con el movimiento obrero moderno. Como este último, el cristianismo fue originalmente un movimiento de personas oprimidas: Apareció por primera vez como la religión de los esclavos y los esclavos emancipados, de los pobres privados de todos los derechos, de los pueblos subyugados o dispersados por Roma. Tanto el cristianismo y el socialismo obrero predican una próxima salvación de la esclavitud y la miseria; mientras el cristianismo coloca esta salvación en una vida más allá, después de la muerte, en el cielo; el socialismo la coloca en este mundo, en una transformación de la sociedad. Y a pesar de toda la persecución, es más, incluso estimulado por ella, la forjan victoriosamente, irresistiblemente por delante. Trescientos años después de su aparición, el cristianismo era la religión de Estado del Imperio Romano.
Friedrich Engels

A pesar de diferir sustancialmente en que uno es teísta y el otro es ateo, el cristianismo y el marxismo comparten similitudes históricas e ideológicas puntuales:

  • Ambos tienen un núcleo de dogmas que, aunque indemostrables, sus adherentes toman como hechos.
  • Ambos comparten el igualitarismo, el universalismo (catolicismo) y el internacionalismo.
  • Ambos esperan un "futuro reino de justicia y libertad", una utopía de paz y fraternidad entre toda la humanidad.
  • Ambos asignan gran valor a la "vida comunal", a la "compartición comunal de bienes".
  • Ambos consideran a los pobres como víctimas de la injusticia y apelan a los estratos inferiores de la sociedad para predicar su "mensaje". Históricamente, ambos alcanzaron el poder a través de la rebelión de las clases bajas contra las clases más altas ("lucha de clases").
  • Ambos crearon instituciones cuya función era cerciorarse de que nadie tuviese acciones, pensamientos o palabras en contra de la doctrina (la Inquisición en el cristianismo, y la KGB en la Unión Soviética). Cualquier persona que cuestionara los dogmas iba a la hoguera o al gulag, según el caso. Mientras que las religiones eran perseguidas y las artes fueron severamente reguladas en el mundo soviético, los cristianos del siglo IV comenzaron la persecución religiosa a gran escala dirigida a la erradicación de todas las religiones no cristianas y la destrucción de todos los templos. Esto fue una innovación cristiana, inspirada en el judaísmo.

Mito #1: "El cristianismo unió a Europa"

¿Creen ustedes que vine a traer paz a la tierra? ¡Les digo que no, sino división! De ahora en adelante estarán divididos cinco en una familia, tres contra dos, y dos contra tres. Se enfrentarán el padre contra su hijo y el hijo contra su padre, la madre contra su hija y la hija contra su madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra su suegra.
Lucas, 12:51-53.

Un mito recurrente repetido por los ultra conservadores es que el cristianismo "unificó" a Europa, como si Europa estuviera necesitada de algo ajeno a sí misma para unificarse.

Para empezar, la religión abrahámica está fundamentalmente comprometida con la división ya que introdujo el concepto de "conversión". Solo la idea de "adoptar una religión" es un concepto extraño para los europeos. La religión y la cultura para ellos son sinónimos. Fue el cristianismo el que introdujo estas pequeñas desuniones en las que la mayoría de la gente cree hoy en día, donde la religión, la cultura, la política y la profesión ocupan tales esferas separadas. Nadie en el mundo precristiano veía a la religión como un rechazo del mundo en la forma en que lo hace el cristianismo. Antes de que alguien pueda adoptar el cristianismo, debe pasar por un proceso de rechazo a su propia realidad y vivir en desacuerdo con todo lo que le rodea. Fue el cristianismo el que introdujo también la distinción entre ser cristiano y pagano.

Por otro lado, el cristianismo ha estado marcado por numerosas disputas teológicas y divisiones religiosas derivadas en muchas denominaciones diferentes. Su irrupción en Europa significó en realidad el enfrentamiento no sólo entre paganos y cristianos, sino también entre las diversas interpretaciones cristianas, cada una de las cuales se consideraba la única verdad absoluta. Un fenómeno que continúa hasta el día de hoy y que de hecho ha impedido cualquier unificación espiritual.

Tan temprano como el siglo II EC. ya existían no menos de 30 sectas cristianas, todas ellas opuestas entre sí. Debido al cristianismo y por primera vez en la historia, Europa conoció los conflictos religiosos, fenómeno inexistente en la Europa precristiana.

División del cristianismo, desde las primeras sectas del siglo II hasta la Reforma protestante.

En la Edad Media, pese a que el cristianismo hizo que decenas de reyes tuviesen una misma fe, los reinos cristianos lucharon entre sí durante toda su existencia, y muchos europeos cristianizados eran perseguidos sólo porque no poseían "el correcto" tipo de cristianismo, como los cátaros, quienes fueron completamente aniquilados por los cruzados católicos en el siglo XIII durante la Cruzada Albigense.[8] Los historiadores describen la Cruzada Albigense como "uno de los más concluyentes casos de genocidio en la historia religiosa". Otro ejemplo histórico de cristianos asesinando cristianos sólo por seguir otra versión del cristianismo, es la Matanza de San Bartolomé en la cual cerca de 5000 hugonotes (cristianos protestantes franceses de doctrina calvinista) fueron asesinados por los católicos durante las guerras de religión de Francia del siglo XVI. Los hechos comenzaron en la noche del 23 al 24 de agosto de 1572 en París, y se extendieron durante los meses siguientes por toda Francia.[9]

En el siglo XI el Gran Cisma estableció la división y ruptura definitiva de la cristiandad europea en dos grandes bloques: La Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa. Esta separación dio lugar a que ambas doctrinas se considerasen parte de dos culturas completamente distintas. Otro enfrentamiento europeo entre cristianos fue el que se llevó a cabo a partir de la Reforma Protestante del siglo XIV, entre católicos y protestantes y que tuvo su auge en la Guerra de los Treinta Años, ocurrida entre 1618 y 1648, una de las peores guerras fraticidas de la historia sufridas por los europeos, que mató entre el 25 y el 40% de toda la población de Alemania, dejando además los Balcanes cristianos a merced de los otomanos durante cientos de años.

El cristianismo nunca unificó a Europa, y desde el comienzo sólo ha generado una mayor división. Nuevas versiones del originalmente culto judío brotan todo el tiempo, y todas proclaman ser el único y verdadero cristianismo.

En palabras de Celso (s. II):

Tal es el espíritu de facción aun hoy entre los cristianos, que, si todos los hombres quisieran tornarse cristianos, éstos no lo tolerarían. Originariamente, cuando no pasaban de un pequeño número, estaban todos animados por los mismos sentimientos; después que se tornaron multitud, se dividieron en sectas y cada una de ellas pretende formar un grupo aparte, como ellos hicieron originalmente. Se aíslan de nuevo de la gran mayoría, se anatematizan los unos a los otros, teniendo sólo en común propiamente el nombre de "cristianos", por el que todos luchan. Ésta es la única cosa que tendrían vergüenza en abandonar; porque en lo demás, unos profesan unas cosas y otros otras.
Celso, Discurso verdadero contra los cristianos, 33.

A partir de este comportamiento inconsistente y divisivo, típico del abrahamismo en general, ateos y antirreligiosos han tomado material suficiente para crear una falsa imagen de la religiosidad como universalmente inconsistente y divisiva.

Ciertamente los pueblos precristianos europeos, guerreros por naturaleza y separados en tribus, lucharon honorable y valientemente entre sí en el pasado, pero, como todos los pueblos de la historia, esto siempre fue por razones básicas como las tierras y los recursos, y nunca por razones religiosas. Dentro de las diversas ramas y variantes del paganismo europeo, no existía y no existe el desacuerdo religioso. Aunque es cierto que no existía una unidad política, sí existía de facto una unidad esencial biológica basada en la raza blanca, y una unidad espiritual basada en la cultura indoeuropea que, sin saberlo, compartían. Ante la amenaza de un agresor extranjero completamente distinto a ellos, su origen en común les haría ver sus grandes semejanzas, uniéndose en defensa de sus territorios. Prueba de ello es que hoy en día, los europeos que redescubren sus auténticas raíces se dan cuenta rápidamente de que las antiguas creencias de sus ancestros no son ningún impedimento para unirse. En cambio, la particularidad y gran paradoja de las ramas cristianas es que, a pesar de provenir de una misma creencia, el creyente en otra denominación que no sea la propia, "siempre estará en el error" según el dogma, y por lo tanto, jamás será posible una unión honesta y sincera.

Antes del cristianismo, si existía una concreta y legítima fuerza "aglutinante" de Europa, esa era sin duda el Imperio romano, el cual finalmente fue destruido debido a la división interna provocada, entre otros factores, por el cristianismo. Europa no necesitaba de ninguna otra cosa ajena a sí misma para unificarse.

Mito #2: "Defendió a Europa contra el islam"

Mapa que muestra las conquistas musulmanas en Europa y las batallas de los cristianos durante las cruzadas.

Otro mito es aquel que afirma que "el cristianismo defendió a Europa contra las agresiones del islam". A veces esta afirmación se extiende a decir absurdamente que los europeos no habrían podido defenderse a sí mismos de cualquier agresión extranjera de no haber sido por el cristianismo. Es evidente que un pueblo no necesita ser cristiano para que se pueda defender a sí mismo de sus agresores.

Ciertamente los europeos bajo el dominio cristiano combatieron contra los musulmanes durante las cruzadas, pero éstas no fueron precisamente un fenómeno religioso y por lo tanto cristiano, sino más bien político y económico. Además, cabe recordar que el fin último de éstas, al menos el objetivo oficial decretado por la Iglesia (Si bien detrás de este existían sobre todo motivaciones económicas y comerciales), era recuperar, defender y mantener el control cristiano sobre una pequeña región de Palestina en Medio Oriente, que ellos llamaban "Tierra Santa", y que no es Europa. El cristianismo no estaba protegiendo a Europa, sino a su propio poder e influencia.

Durante estas campañas militares, nuevamente se puede ver cómo los cristianos atacaban a otros cristianos, demoliendo una vez más el mito de la "unificación cristiana de Europa". Por ejemplo, en 1204, en lugar de combatir contra los musulmanes, los cruzados decidieron saquear la capital cristiana del Imperio bizantino[10], dejándola vulnerable al ataque de las hordas turcas que avanzaban desde el Este. Inclusive violaron monjas en los monasterios. Los musulmanes no pudieron avanzar más, pero no gracias a los esfuerzos de los cristianos sino principalmente debido a las hordas mongolas que los atacaron desde el Este.

Se sabe también que cuando los otomanos llegaron a las puertas de Constantinopla, se encontraron con que la élite gobernante estaba más preocupada por un intenso y polémico debate en el que se discutía sobre qué sexo tenían los ángeles. Esto es lo que posteriormente los historiadores llamarían como la "Discusión Bizantina".[11][12]

Los caballeros teutónicos tampoco atacaron al islam. En lugar de ello atacaron a verdaderos europeos (es decir, paganos europeos), en Prusia, Lituania, Livonia y Estonia. También atacaron a otros cristianos, tanto católicos polacos y eslavos de la Rusia ortodoxa. No solo eso; atacaron a las tribus eslavas cristianizadas en un momento en que ya estaban bajo el ataque de los mongoles en el Este. Otras partes de Europa también fueron objeto de ataques de los musulmanes y no recibieron ayuda alguna de los caballeros teutónicos, que dieron prioridad a la matanza de otros europeos.

En el siglo VIII y principios del siglo IX, en lugar de recuperar lo que los agresores musulmanes habían tomado en la península ibérica, después de que su abuelo Carlos Martel luchara por detener gran parte de la invasión musulmana, Carlomagno decidió que era más importante convertir al cristianismo europeos sajones, y pasó unos 30 años convirtiendo y masacrando sajones. El resultado de esto fue, naturalmente, que los musulmanes pudieron controlar casi toda la península durante 800 años.

El cristianismo no defendió a Europa de nadie en absoluto, y en su lugar se centró en causar estragos contra los propios europeos, incluso cuando Europa estaba seriamente amenazada desde el exterior, por los enemigos extranjeros, como los moros, los otomanos y los mongoles. Los cristianos abandonaban a sus correligionarios cristianos para luchar contra las amenazas extranjeras por su cuenta, y a menudo apoyaron las amenazas extranjeras o incluso atacaron por la espalda a los cristianos que se defendían en contra de ellos.

Mito #3: "El cristianismo es diferente al islam"

Muchos europeos ven, con razón, al islam como una amenaza, y por lo tanto se lanzan a los brazos de lo que ven como la única alternativa, a saber, el cristianismo. De repente empiezan a hablar acerca de "nuestros valores tradicionales cristianos" y de "nuestra herencia cultural cristiana", rechazando al islam como una religión inmigrante, extranjera y una amenaza para la cultura Europea.

Pero parecen olvidar que el cristianismo también es una religión inmigrante y extranjera, y una amenaza para los valores europeos tradicionales como el heroísmo, el honor, la aristocracia, la fuerza o la grandeza. El cristianismo sólo tuvo suerte de llegar a Europa unos pocos siglos antes. Durante los primeros siglos, los cristianos despreciaron la cultura europea de la misma forma en que los invasores musulmanes lo hacen ahora. Si el islam se hubiese impuesto en Europa tal como lo hizo el cristianismo, los actuales cristianos estarían defendiendo al islam como "parte de la cultura Europea y Occidental". Si se diera, por ejemplo, el desafortunado caso de que la actual islamización de Europa triunfara, y que dentro de 500 o 1000 años surgiera de Medio Oriente una nueva amenaza, el islam reclamaría y proclamaría, con la misma autoridad que el cristianismo hoy en día, ser una "tradición europea" y los "nacionalistas europeos" estarían defendiendo "nuestros valores musulmanes tradicionales" y "nuestro patrimonio cultural islámico". Estos "nacionalistas" y "tradicionalistas" defenderán al islam contra esta nueva amenaza, al igual que los cristianos hoy en día defienden el cristianismo contra el islam. A fin de cuentas lo único que les interesa defender es una religión y no a Europa ni a la raza blanca, verdadera creadora de la cultura europea.

Por lo tanto ¿Qué diferencia hay si el dios extranjero que se adora se llama Jehová o Alá? ¿Qué diferencia hay si su 'salvador' es algún predicador judio o algún profeta árabe? Es en todo caso una religión extranjera y ajena a su carácter europeo. Tanto el judaísmo, el cristianismo y el islam son religiones extranjeras y ajenas a Europa.

Cuando los cristianos afirman que sin el cristianismo, el mundo occidental habría sido musulmán, hay que recordarles que de no haber existido el cristianismo, el islam tampoco habría existido, ya que el islam se derivó tanto del cristianismo como del judaísmo.

Mito #4: "Es una tradición europea"


La palabra tradición se refiere propiamente a una transmisión de doctrinas y costumbres hecha de generación en generación. Una transmisión continua de padres a hijos por la cual se conserva una cultura.

La única razón por la que existe una "tradición cristiana europea", como tal, es sólo porque el cristianismo se introdujo de manera forzada en el mundo europeo. No fue algo heredado o transmitido naturalmente de nuestros antepasados, sino que se impuso sobre ellos por los invasores extranjeros a través de la manipulación de las masas, el subterfugio, la intriga, el engaño, la coerción psicológica, la fuerza y el poder político.

Desde el desierto, el judaísmo había declarado una guerra a muerte a las antiguas costumbres de los no judíos que habitaban a su alrededor y a las que llamaron "idolatría". Al infectarse la mente de los europeos con la doctrina cristiana, fueron estos mismos europeos quienes realizaron todo el trabajo sucio de los hebreos al destruir los cultos a los dioses nacionales, primero en Roma y luego en todo el continente, allanando el campo gradualmente para reemplazarlos por el culto al dios hebreo Yahveh de Israel, en nombre del carpintero crucificado. Esto fue el primer paso para todo lo que vendría después.

Por tanto, quienes apelan al argumento de la "tradición" para defender al cristianismo desde una postura nacionalista europea, cometen un error fundamental. No hay nada tradicional en ello, se impuso sobre sus antepasados, forzando así una ruptura en su tradición originaria. No fue algo que "orgánicamente" surgió desde dentro de la cultura para ser transmitida de padres a hijos.

Mito #5: "Preservó el saber clásico"

Si bien algunos escritores clásicos, como Homero (en cuyo trabajo los cristianos vieron "alegorías"), o Platón y Aristóteles (filosofías que, según los cristianos, "anticiparon" al cristianismo), y algunas obras poéticas y retóricas (Juvenal, Ovidio y Horacio) se consideraron útiles como medios de enseñanza y fueron preservados, en realidad el cristianismo hizo justo lo contrario la mayoría de las ocasiones. Si existió acaso una necesidad de "preservar el saber clásico", fue precisamente ante la destrucción que el cristianismo llevó a cabo en primer lugar. Afirmar que el cristianismo "preservó la cultura europea", es inferir que los propios europeos eran incapaces preservar su propia cultura por sí mismos, lo cual es absurdo.

Desde el siglo IV el cristianismo adulteró, quemó, falsificó, manipuló y desfiguró la literatura clásica, profanó la antigua sabiduría europea, erradicando la memoria de los dioses ancestrales y saboteando la misma civilización europea durante siglos. Por ejemplo, los Anales de Tá­cito fueron corregidos y censurados por los monjes copistas en todo aquello que pudiese manchar la memoria sobre los orígenes del cristianismo. Plinio el Viejo afirma haber recogido en su Historia Natural 20.000 hechos teúrgicos o mágicos de las obras de 100 diferentes autores griegos y romanos, pero no hemos podido recibirla íntegra. De la Historia del Imperio Romano empezada por Aufidio Basso y ter­minada por el mismo Plinio sólo quedan fragmentos. De Tito Livio sólo restan algunas Décadas de su obra histórica. Los libros de Herodoto, Suetonio y Plutarco están llenos de adulteraciones. De Euclides se conservan sus Elementos de Geometría, pero los demás escritos suyos, en especial los Porismas, han desaparecido. A Porfirio le quemaron casi to­da su producción, en la cual había un Tratado sobre los oráculos, un Tratado sobre las Imágenes de los dioses, un Tratado sobre el retor­no del alma a Dios, un Tratado sobre la abstinencia, una Historia de la filosofía, unas Cuestiones homéricas y los quince libros de su obra Contra los cristianos cuyos títulos ni siquiera se conocen y de los cuales sólo se conservan escasos fragmentos. Los diversos comentarios de Proclo a los Diálogos de Platón se es­fumaron en el aire, y sus Elementos de teología fueron retocados y resumidos por los cristianos en un Libro de las causas, que se atri­buyó a Aristóteles.

El Foro de Roma, el Coliseo y la Biblioteca de Alejandría, todos ellos obras de arte y recolectores del mismo, fueron saquedos, incendiados, destruidos y transformados en establos por masas de cristianos. La Biblioteca de Antioquía, instalada y abundantemente abastecida por el emperador Juliano, fue incendiada por órdenes de su sucesor cristiano Joviano en el año 364. Toda esta serie de hechos dio origen a la Edad Media. Se calcula que si se hubiese preservado el saber alejandrino, el mundo habría avanzado mucho más de un siglo con respecto a la actualidad.

Lo cierto es que el resurgir de la cultura europea original, con sus ideales, sus valores, su ciencia y su filosofía durante el Renacimiento, irónicamente en gran medida se debió gracias a los musulmanes, quienes a diferencia de la mayor parte de los cristianos, se esforzaron en conservar toda la literatura europea antigua que pudieron encontrar y gracias a lo cual actualmente se conoce buena parte de la historia que de otra forma habría sido imposible.

Mito #6: "Nos dio la ciencia"

Para el cristiano, es suficiente con creer que la causa de todas las cosas creadas, ya sea en el cielo o en la tierra, ya sean visibles o invisibles, no es más que la bondad del Creador, que es el único y verdadero Dios.
San Agustín, Manual sobre la Fe, la Esperanza y el Amor (Enchiridion) 3,9.

Muchos cristianos proclaman falsamente que el cristianismo hizo posible la revolución científica moderna y que otras religiones o creencias habrían hecho imposible que la ciencia prosperara. El pobre razonamiento que subyace para esgrimir esta afirmación es que los científicos de dicha revolución eran cristianos.

En realidad los fundamentos de la ciencia datan desde antes del cristianismo, especialmente en la Antigua Grecia, que a fin de cuentas era pagana. El cristianismo destruyó gran parte del conocimiento europeo acumulado durante siglos, la medicina, la filosofía, las matemáticas, la astronomía, la arquitectura, la geometría. El mundo de la naturaleza fue demonizado. La filosofía europea y la educación pública fueron marginadas y eliminadas. Cualquier cosa que pudiera recordar a las antiguas creencias y tradiciones paganas, cualquier conocimiento medicinal de plantas o animales, y en suma, todo conocimiento que no era judeocristiano, fue calificado como herejía y perseguido. El terror espiritual había aparecido en el mundo antiguo, estallando sangrientamente en Europa.

La única copia conocida de la obra de Arquímedes llamada El Método de los Teoremas Mecánicos, transcrita hacia el siglo X por un escriba anónimo, casi no sobrevive. El trabajo que contenía leyes matemáticas aplicadas como la ley de la palanca con la que podía encontrar el área y volumen de cuerpos geométricos, y que 2000 años antes que Isaac Newton estuvo muy cerca de derivar el cálculo infinitesimal, originalmente se pensó perdido hasta que en 1906 fue redescubierto en el célebre Palimpsesto de Arquímedes. Durante el siglo XIII los cristianos borraron su contenido y utilizaron sus hojas de pergamino para escribir un libro de salmos y plegarias de un convento. Muchos de los resultados obtenidos por Arquímedes no fueron obtenidos por los sabios sino hasta 500 años después, dando pie a la discusión de en qué estado de avance estaría la civilización actual si este manuscrito hubiera estado al alcance de los sabios medio siglo antes de su desaparición.

El atomismo fue prohibido como una blasfemia, a pesar de que estaba en lo cierto hace 2400 años. La Iglesia estancó a Europa en su curso científico natural. En China hubo más avances tecnológicos antes de la era moderna: la brújula, la pólvora, la fabricación de papel y la impresión, todos fueron inventados en China antes que los europeos. Y la Edad de Oro Persa (mal llamada islámica) hizo enormes avances en astronomía, matemáticas y ciencias antes de la revolución científica moderna en Europa.

Las primeras universidades europeas solamente fueron posibles 700 años después de que el cristianismo tomara el control de la sociedad, y aunque controladas por el cristianismo, su existencia se debe, naturalmente, a la curiosidad innata, genio, y la iniciativa de la humanidad europea.

La razón por la que los pioneros de la ciencia estaban casi siempre dentro de las órdenes cristianas era sencillamente porque sin la posesión de una riqueza privada no tenían ninguna posibilidad para el estudio fuera de la Iglesia, manteniendo ésta un "monopolio" sobre la educación. Para aquellos hombres brillantes y suficientemente privilegiados para buscar educación, las oportunidades de estudio estaban exclusivamente dentro de la jerarquía de la iglesia y de una burocracia estatal cristianizada. Usualmente heréticos en sus opiniones, "los científicos monacales" a menudo perdían sus prebendas y caían a manos de la Inquisición. Con la cooperación activa de la corte imperial, la Iglesia había captado un control completo sobre la educación y al hacerlo, restringió la instrucción a los sacerdotes potenciales.

Inicialmente, la retórica y la gramática se mantuvo en el plan de estudios, pero se suprimió todo aquel conocimiento que no servía a los propósitos de la Iglesia. Las matemáticas, con su vínculo histórico con la filosofía "demoníaca" de los pitagóricos, eran especialmente sospechosas:

El buen cristiano debe tener cuidado con los matemáticos, y todos los que hacen profecías vacías. El peligro existe ya que los matemáticos han hecho un pacto con el diablo para oscurecer el espíritu y confinar al hombre en los límites del infierno.
San Agustín, De Genesi ad litt, Libro II, XVIII, 37.

Tal era la hostilidad cristiana al aprendizaje general y el conocimiento práctico que incluso el acceso a las "Sagradas Escrituras" estaba prohibido a cualquier persona laica que pudiera leer y escribir. Preocupados por los desfiles ceremoniales, en pocas generaciones la mayoría de los miembros del sacerdocio ni siquiera podían leer su propia Biblia. El ritual había reemplazado a la lectura, la iconografía había reemplazado a las palabras.

El método científico, la observación empírica de la naturaleza, la prueba de hipótesis y la revisión de las hipótesis, no tuvo ninguna participación en una era en la que "la verdad eterna se había dado a conocer a los hombres por la palabra revelada de Dios". Para la gran mayoría de los científicos cristianos de los primeros siglos de la revolución científica, abjurar del cristianismo no habría sido compatible con seguir con vida.

Martín Lutero condenó la teoría heliocéntrica de Copérnico, y el protestante Johannes Kepler, un seguidor de Copérnico, fue expulsado por sus correligionarios de la escuela teológica de Tübingen. Varios científicos fueron quemados vivos por contradecir a la teología cristiana, como Miguel Servet, por los calvinistas en 1553, y Giordano Bruno, por los católicos en 1600. Galileo Galilei era consciente de esto y permaneció en silencio para preservar su vida pero pasó la última década de su vida bajo arresto domiciliario. Por lo tanto se necesitaron muchos siglos y obstáculos para obtener datos científicos aceptados porque el cristianismo los limitaba.

No fue sino hasta que el poder del cristianismo disminuyó que la ciencia comenzó a florecer más rápido. En época de Darwin ya se había hecho lo suficientemente seguro como para tener una opinión diferente sobre el mundo, pero incluso entonces hubo persecuciones sociales masivas. Hoy en día, la mayoría de los cristianos son en realidad anti-ciencia. Más de la mitad no aceptan la evolución. Lo mismo ocurre con los musulmanes. Mientras más cristiano es un país, más inculto tiende a ser en la ciencia.

El triunfo del cristianismo en Europa supuso el comienzo de una era de oscurantismo, la destrucción de innumerables obras artísticas, científicas y literarias del mundo europeo-pagano, y el adoctrinamiento ("evangelización") forzado y violento de numerosos pueblos indoeuropeos, con la devastación de las herencias célticas, germánicas, bálticas y eslavas, acompañadas siempre de sus respectivos genocidios, ya que tuvieron que elegir entre la conversión o la muerte.

Así que no es verdad que se deba agradecer al cristianismo por la ciencia. La ciencia floreció a pesar de la dominación cristiana, no gracias a ella.

Tabla comparativa entre las religiones nativas europeas y el cristianismo

Religión europea nativa Cristianismo
Ideales sólidos de heroísmo y ganar fama por las hazañas y los actos. La "vida eterna" es la memoria de tus acciones preservadas por tus descendientes a través de las eras. Desdeña la importancia individual. Los actos son rechazados a cambio de la "fe". La "vida eterna" es sólo una recompensa por creer. La "salvación" no está asociada al mérito, al éxito o al heroísmo en batalla, sino a una simple conducta moral.
Busca y premia la grandeza. Énfasis en el cultivo de la sabiduría, la fuerza, la belleza, la salud y la superación en todo sentido. Eleva y premia la mediocridad. "Los mansos heredarán la tierra" (Mateo 5: 3-5) "No ha hecho Dios necedad la sabiduría de este mundo?... pues no hay entre vosotros muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles. Antes eligió Dios la necedad del mundo para confundir a los sabios, y eligió Dios la flaqueza del mundo para confundir a los fuertes; y los plebeyos, el desecho del mundo, lo que no es nada, lo eligió Dios para destruir lo que es, para que nadie pueda gloriarse ante Dios." (I Corintios, 1: 20, 21, 26, 27, 28 y 29).
Aristocrática Anti-Aristocrático. Odio a las élites.
Pensamiento eugenésico. "Sólo aquellos que demuestran calidad merecen vivir". Pensamiento disgenésico. "Todos merecen vivir, no importa su calidad".
Fuertes lazos de parentesco. "La familia, la tribu y la sangre son primero". "Si alguno viene a mí y no aborrece a su padre y madre, mujer, hijos, hermanos, hermanas y hasta su propia vida, no puede ser mi discípulo." (Lucas 14:26.)
El hombre es noble por naturaleza. El hombre es pecador por naturaleza. (Salmos 51:5) (Romanos 5:12) (1 Juan 1:8) (Confiteor).
Énfasis en el honor y el orgullo. El honor y el orgullo son rechazados en favor de la piedad, la humildad y la culpa. El honor no puede existir porque todos somos pecadores y el orgullo es pecado.
No existe el temor a los dioses. Nadie es esclavo de ellos. Debes temer a dios (Proverbios 14:26-27) y someterte a él (Santiago 4:7). Eres esclavo de Cristo. (Efesios 6:6).
Inherentemente etno-nacionalista, identitario y racialista. El paganismo es la religión y la cosmovisión del Pueblo. La raza es el único vínculo. Inherentemente internacionalista, globalista, universalista e igualitarista. "Todos somos iguales en Cristo". (Gálatas 3:28.) sin importar la raza. La fe es el único vínculo. "Todos los que sean de fe cristiana, sean negros, asiáticos o blancos, son mejores y más valiosos que un blanco que no es cristiano."
Vitalista. En armonía con la vida y la naturaleza. La Naturaleza es sagrada. (Plinio, Naturalis historia, II, 1). La sexualidad y los instintos son apreciados como dones divinos. Nihilista. En oposición a la vida y la naturaleza (Filipenses 3:8) (1 Juan 2:15). La "vida verdadera" sólo se obtiene después de la muerte. La sexualidad y los instintos son despreciados como "terrenales y mundanos".
El cuerpo y el espíritu, lo material y lo espiritual son complementarios y estrechamente relacionados como partes de una sola cosa. El cuerpo y el espíritu, lo material y lo espiritual son cosas separadas, opuestas y mutuamente excluyentes.
Promueve la defensa personal. "Donde reconozcáis el mal, hablad contra él y no daréis paz a vuestros enemigos". (Hávamal, 127) Promueve el auto-odio. "Amad a vuestros enemigos" (Mateo 5:44) "No resistáis el mal" (Mateo 5: 38-42).
Tiende a la unidad entre los europeos. Ningún otro pagano es hereje, ya sea germánico, griego, celta o eslavo. Tiende a la división entre los europeos. "Otros cristianos, que no siguen el mismo tipo de cristianismo que yo, están en el error y son herejes".

Referencias

  1. Roger Pearson, The Concept of Heredity in the History of Western Culture, Part I
  2. Tradition of the Mysteries against Christianity - extract from "Imperialismo Pagano".
  3. Dr. William Pierce, On Christianity
  4. Alain de Benoist, Cristianismo, el comunismo de la antigüedad.
  5. Pew Research Center: Regional Distribution of Christians. Global Christianity - A Report on the Size and Distribution of the World's Christian Population
  6. Wikipedia: Christianity by Country
  7. Adolf Hitler, Mein Kampf, Capítulo XI. Pueblo y Raza.
  8. Claude Lebédel. Understanding the tragedy of the Cathars. Editions Ouest-France, 2011. p. 109f. ISBN 978-2-7373-5267-6.
  9. J.H. Elliott, La Europa dividida, 1559-1598, Madrid, Siglo XXI, 1973.
  10. Sack of Constantinople
  11. Bury, John B., A history of the later Roman empire from Arcadius to Irene, Volume 2 (2005)
  12. Norwich, John J., Byzantium: The Early Centurias (Penguin, 1988).

Enlaces externos

Artículos relacionados