Nacionalsocialismo y religión

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La posición religiosa del Estado alemán nacionalsocialista fue definida principalmente por medio del artículo 24 del programa del partido que "garantizaba la libertad de todas las confesiones religiosas en el seno del Estado, en tanto que no comprometan la estabilidad de éste o no contravengan al sentimiento moral y a las buenas costumbres de la raza germánica". Es decir, que el valor de la raza es el criterio absoluto con relación a la concepción religiosa y está por encima de la religión. Para el nacionalsocialismo, es la raza, y no la religión, el único factor de unidad de un pueblo.

En la ley sobre dicha libertad de conciencia, el Estado nacionalsocialista define claramente cómo debe ser interpretado este sentimiento:

Creer es el asunto más personal y sólo se es responsable ante la propia conciencia.

El Estado nacionalsocialista se declara como laico y aconfesional y rehúsa toda injerencia en las cuestiones religiosas mientras sus representantes no intervengan en el terreno político.

Esto permitía a un cristiano, católico o protestante, o un adepto de otra religión, vivir su fe en el seno del Partido y de Alemania, si lo hace por convicción y por elección personal.

El nacionalsocialismo aspiraba también a un retorno al origen y su veneración a los ancestros y buscó la restitución de una cosmovisión espiritual original germánica y sus tradiciones, sin llegar a una reconstrucción estricta del paganismo de los pueblos germanos o religión germánica.

Asimismo, de acuerdo con la concepción nacionalsocialista de la religión, la experiencia religiosa no debe nunca basarse en un conflicto con otra concepción religiosa, pues tal actitud estaría en contradicción con el espíritu del programa del Partido y con la ética nacionalsocialista.

La posición del Partido Nacionalsocialista

La opinión del partido queda reflejada en el punto 24 de su programa que dice:

Exigimos la libertad para todas las denominaciones religiosas dentro del Estado mientras no representen un peligro para éste y no militen contra los sentimientos morales de la raza alemana.

Este párrafo se refiere a organizaciones como los Testigos de Jehová y al judaísmo. Luego dice:

El partido, defiende en su carácter de tal, la idea del cristianismo positivo pero no se compromete, en materia de credo, con ninguna confesión en particular. Combate el materialismo judío infiltrado entre nosotros.

El Tercer Reich respetó la religiosidad del pueblo alemán (primordialmente católica y protestante), dicha situación obedece a dos factores:

  • El gobierno alemán no iba a propiciar una división nacional por factores religiosos, cuando lo que pretendía era unificar Alemania.
  • Hitler sabía que sociológicamente hablando el cristianismo (como organización) era en cierta medida un baluarte de la civilización occidental y representaba un reducto de valores en oposición al marxismo ateo.

La religión como cosmovisión racial

Clase de simbología rúnica impartida a miembros de la Ahnenerbe en la Ordensburg Sonthofen

El Tercer Reich llegó a considerar a la religión, especialmente las dos iglesias cristianas mayoritarias (católica y protestante) como una fuerza política que podía contribuir en la lucha contra el marxismo ateo, y se llegaba incluso al punto de considerarla como un instrumento de un gobierno antimarxista. Por ello, el propio Hitler expresamente dijo en un discurso del 23 de marzo de 1933 que las dos iglesias eran "los más importantes factores del mantenimiento de nuestro carácter nacional", esto como un reconocimiento pragmático de su importancia política, y por ello mismo trataba de colocarlas al servicio de una ideología "nacional-racista" que en el fondo era opuesta al mensaje cristiano.[1] La moral cristiana era vista como una Fremdmoral, es decir, una moral extranjera respecto al pueblo alemán. Este término era referido en general a principios morales que no se habían originado dentro de la propia "especie" (Artung), y así socavaba la ética "específica" propia (arteigene).

Esto también se reflejaba con toda claridad en las ideas de Erich y Mathilde Ludendorff "en pro de un conocimiento alemán de Dios acorde con la raza" de su sociedad esotérica Bund für Gotteserkenntnis ('Sociedad para el Conocimiento de Dios'), así como en la organización Ahnenerbe. La cuestión de la religión vista como una manera de interpretar el mundo estaba contemplada desde las ideas que relacionaban el código genético con el comportamiento espiritual de las razas y que sostenían la "adecuación racial" o grado de acomodación a la idiosincrasia de la raza que debía asumirla para la preservación de la identidad y la cultura nacionales[1].

Cristianismo positivo

Bandera del movimiento Deutsche Christen ("Cristianos Alemanes"), asociado con el "cristianismo positivo".

El programa nacionalsocialista de una "religión conforme a la raza" tuvo como una de sus metas, despojar al cristianismo de todo rasgo judaico. Este "cristianismo" que debía ser purgado de sus elementos semíticos hebreos y se infundía con elementos indoeuropeos, se conoció con el término, creado por Alfred Rosenberg, de "cristianismo positivo" y que fue base del movimiento de los "Cristianos Alemanes" (Deutsche Christen, y también a veces llamado posteriormente "cristianismo ario"). Dicha doctrina contenía elementos de una religión sui generis en competencia con las dos iglesias y en sus rasgos fundamentales no contenía elementos, propiamente, del cristianismo tradicional. Esta doctrina, pensada como una fe de transición, y semejante a la herejía gnóstica de Marción (85-160), rechazaba el Antiguo Testamento, negaba el origen hebreo de Jesús de Nazaret (considerándolo un ario), afirmaba que San Pablo, como judío, había falsificado el mensaje de Jesús, y enseñaba que "El pueblo alemán no es heredero del pecado original, sino noble por naturaleza"[1]. Todo ello seguía un plan a largo plazo de descristianizar Alemania y revertir gradualmente el proceso de la evangelización de siglos atrás, utilizando exactamente el mismo método que la Iglesia usó contra el paganismo mediante el sincretismo religioso, y de este modo hacer retornar al pueblo a sus tradiciones originales.

Los proponentes principales del "cristianismo positivo" (Rosenberg, Himmler, Goebbels y Bormann) eran bastantes conocidos por su rotundo rechazo al cristianismo. Rosenberg, junto con Robert Ley y Baldur von Schirach, respaldó el Movimiento de la Fe Germánica (Deutsche Glaubensbewegung), organización neopagana que rechazaba ampliamente las concepciones judeocristianas de Dios, y que fue formado bajo el Tercer Reich con la intención de reemplazar las instituciones cristianas tradicionales y reducir su influencia.

El 3 de diciembre de 1928, Joseph Goebbels había escrito: "El movimiento Nacionalsocialista defiende un cristianismo positivo sin atarse a una determinada confesión. En él tiene su puesto tanto el protestante como el católico y el cristiano-alemán[2]."

Sin embargo, hacia 1940 Hitler, y en favor de una perspectiva científica, abandonó la idea del cristianismo positivo y un "cristianismo arianizado", o en el mito del "Jesús ario" promovido ya anteriormente por Houston Stewart Chamberlain, Lanz von Liebenfels, y algunos miembros del partido. Más bien, los festivales de la Iglesia, plagiados por el cristianismo a los paganos, en primer lugar, debían recuperar su significado original.

Rechazo al cristianismo y retorno a las raíces ancestrales

El Schwert-Schwur o Juramento de la Espada, proviene de la cultura germánica precristiana. Se trataba de una antigua ceremonia en honor a los Dioses en la que la hermandad de guerreros juraban su lealtad y fidelidad al pueblo y la comunidad. Todas las tribus germánicas observaron este juramento sagrado y se unieron en él. El gesto de la mano con dos dedos hacia arriba está relacionada con la "mano de bendición" del dios Sabazios o el frigio "Zeus" (siglo VI a.C.) y posiblemente también con un antiguo mudra védico. Más tarde fue copiado por la Iglesia católica.

Independientemente del debate y de la postura oficial del régimen, analizadas a profundidad ambas doctrinas, el nacionalsocialismo y el cristianismo resultan completamente antitéticos. Por ejemplo, la promulgación de una biopolítica, junto a medidas de eugenesia, de eutanasia y de aborto regularizado dentro del régimen (medidas que todos los pueblos europeos habían implementado en la antigüedad pagana), denotaba que la ética y jerarquía de valores de éste, se oponían sustancialmente a la ética y valores cristianos. Casi inmediatamente después de firmarse el concordato imperial, se disolvió la "Liga de la Juventud Católica" y se decretó una ley de esterilización que escandalizó a la comunidad cristiana.

Desfile del Tercer Reich con evidente rememoración del pasado pagano.

El Tercer Reich hizo uso tanto de simbología cristiana como pagana en sus desfiles y propaganda, pero la pagana siempre predominaba y sus desfiles y marchas tenían la intención de rememorar el pasado pagano. La esvástica que Hitler adoptó como símbolo de su movimiento, es propiamente un símbolo solar que tiene su origen en las creencias indoeuropeas precristianas, y el grito de "¡Sieg Heil!", es una aclamación a la Victoria que procede igualmente del pasado pagano, tal como en Roma lo era "¡Salve Victoria!".

Schutzstaffel

Celebración del solsticio de verano en 1937, patrocinada por la SS en el Estadio Olímpico de Berlín.

Si el NSDAP fue una organización política que se inmiscuía poco en los asuntos religiosos, principalmente por razones diplomáticas, la SS, en su calidad de Orden ideológica y destinada a ser la aristocracia de Occidente, emitió igualmente reivindicaciones en este terreno.

El retorno a un universo mental propiamente ario no podía dejar de lado lo que une al hombre con el principio superior absoluto, es decir la religión. La denuncia del carácter halógeno inherente al judeocristianismo, que había impregnado a las mentalidades europeas desde hacía siglos, alcanzó una virulencia tal vez superior a la referida al judaísmo. No se perdonaba al cristianismo, derivado de la filosofía judaica, haber vehiculado una ideología mundialista y haber sistemáticamente borrado, humillado y denigrado todo lo que pudiera recordar a la antigua cultura germánica (Ver por ejemplo: Roble de Thor).

Ejemplo de estas humillaciones contra la cultura germánica es el sermón del cardenal Michael von Faulhaber en 1933, el día de San Silvestre:

No se puede hablar de una cultura germánica en sí, precediendo a la época precristiana y fundándose en Tácito. Los germanos sólo llegaron a ser un pueblo con una civilización en el pleno sentido de la palabra gracias al cristianismo. La tarea más dura para los misioneros cristianos fue convencer a los germanos de que fundieran sus espadas en arados.

El cristianismo protector de los débiles y de los enfermos, predicando el pecado y la vergüenza del cuerpo, el desprecio por los animales y las mujeres, estigmatizando la alegría y el orgullo, denigrando las realidades raciales, era considerado por los nacionalsocialistas como una «enfermedad del alma».[3] En las esferas de la SS se enseñaba abiertamente a rechazar al cristianismo, y en su lugar se estudiaba el pasado pagano y se empleaban emblemas rúnicos que en siglos atrás fueron perseguidos y demonizados por la Iglesia.

En folletos educativos de la SS sobre Política Racial se leía:

La Iglesia Cristiana enseñó la igualdad de la humanidad desde el principio, y la realizó en las áreas que dominaba. El judío Pablo era sobre todo responsable de la idea, a pesar de su orgullo en su ascendencia judía pura... El Imperio Romano experimentó una considerable mezcla racial, que alentó a la rápida propagación de la nueva doctrina de la igualdad racial. Cualquier persona podía convertirse en cristiano, ya sea romano, griego, judío, negro, etc. Como cristianos, todos eran iguales, y lo importante era que pertenecían a la Iglesia y que aceptaban sus enseñanzas. Las únicas diferencias que contaban eran las que existen entre los creyentes y los no creyentes, y entre los sacerdotes y los laicos dentro de la Iglesia. Dado que todos los hombres fueron creados a imagen de Dios, era todo lo necesario para ser ganado por la Iglesia. El objetivo es una humanidad unificada en una Iglesia que lo abarca todo dirigido por los sacerdotes. La expresión más clara de esto viene en la declaración del Papa Pío XI el 29 de julio 1938: "Uno se olvida hoy que la raza humana es una sola, grande y católica raza."

Esta doctrina religiosa no provino de la religión nativa de una raza o de un pueblo racialmente puros. Se desarrolló en el Oriente durante un período de caos racial de las más variadas culturas y encontró su forma definitiva bajo la influencia bizantina.[4]

A su vez, las Juventudes Hitlerianas editaban folletos en los que el cristianismo era colocado, junto al judaísmo, la prensa, la francmasonería, el bolchevismo, como enemigo internacional del pueblo alemán:

Incluso hoy en día, el pensamiento racial del Nacional Socialismo tiene adversarios implacables. La masonería, el marxismo y las iglesias cristianas hacen causa común en este asunto. (...)

La iglesia cristiana, sobre todo, la Iglesia Católica Romana, rechaza el pensamiento racial afirmando que "todos los hombres son iguales ante Dios." Todos los que son de la fe cristiana, ya sean judíos, negros de la selva, o blancos, son mejores y más valiosos para ella que un alemán que no es cristiano. La fe salvadora es el único vínculo. (...)

¿Por qué nos encontramos con la tontería de la "igualdad humana" en la masonería, el marxismo y la Iglesia cristiana? Los tres están luchando por el poder mundial en un grado u otro. Por lo tanto, son internacionales. Ellos nunca podrán aceptar lazos raciales, étnicos o nacionales entre las personas, sin renunciar a sus propios objetivos.[5]
Celebración de Beltane (1 de mayo) por parte de las Juventudes Hitlerianas y la SS.
Fotografía de la primera celebración de la cosecha (Erntedankfest) en el Tercer Reich, en septiembre de 1933. Las doncellas cargan símbolos solares alrededor del carro de Freya (o bien Frigg), diosa de la fertilidad.
Mujeres nacionalsocialistas en una celebración pagana.

Fue, ciertamente, la primera interrogación en la historia sobre la idoneidad de la filosofía judeocristiana en su conjunto. No obstante, los planteamientos quedaban muy matizados en diferentes aspectos. Se testimoniaba una relativa simpatía por el protestantismo, únicamente en la medida en que éste significó una revuelta contra el espíritu papista romano, pero se le rechazaba por su carácter bíblico dogmático. En 1937, Himmler escribió una carta a todos los jefes de instrucción prohibiéndoles atacar a la persona de Cristo, estimando sin duda que tal actitud habría podido chocar con las convicciones de la mayoría de los SS aún apegados a la vieja religión y que un estudio de las costumbres hecho en un sentido positivo podría resultar más persuasivo.[3] Sin embargo, uno de los comandantes SS más radicales en este aspecto fue sin duda Theodor Eicke, jefe de la Totenkopfverbände, que inició una agresiva campaña anticristiana, durante la cual muchos SS que se aferraban al cristianismo fueron expulsados del cuerpo.

La desaparición progresiva del cristianismo debía, pues, hacerse a beneficio de un retomo al espíritu fundador de Europa que había animado la religión pagana de los antepasados. La SS proponía redescubrir el principio de una actitud religiosa propiamente aria ante la vida y el mundo, ahogada y disfrazada bajo afeites cristianos, pero siempre presente, especialmente en el mundo campesino. Se devolvía a la religión su sentido primordial volviendo a colocarla en el marco natural visible, reflejo del orden superior invisible. El hombre tomaba consciencia del hecho de que no era más que un elemento del orden natural, sometido a su ley como cada ser vivo. No podía, pues, realizarse plenamente más que en este mundo, llevando una vida que desarrollara y mantuviera las cualidades del cuerpo, del carácter y del espíritu. Despreciar el aspecto físico y material, igual que el mundo viviente en general, equivalía a despreciar el modo de expresión sensible de lo divino. Por su respeto de las diferencias y su oposición a la mezcla uniformadora, el hombre seguía los grandes mandatos de la naturaleza soberana. Esta piedad profundamente fiel al mundo de las leyes naturales eternas, se alejaba tanto del ateísmo considerado como un producto de la decadencia como de las anticuadas prácticas del cristianismo.

Un bautizo de acuerdo a los rituales paganos de la SS.

El cristianismo fue considerado, además, como el precursor del bolchevismo, y a ambos como revueltas contra la Naturaleza misma, siendo ambos creaciones judías. Martin Bormann recordaba a Hitler diciendo: "El cristianismo es una religión en contra de la ley natural, una protesta contra la naturaleza. Llevado a su extremo lógico, el cristianismo significaría el cultivo sistemático del fracaso humano (...) El cristianismo puro, -el cristianismo de las catacumbas- se ocupa de traducir la doctrina cristiana en un hecho. Simplemente conduce a la aniquilación de la humanidad. Simplemente es todo el corazón del bolchevismo bajo un oropel de metafísica".

Por esta fidelidad a las leyes naturales, la SS vino a adoptar una actitud que en la actualidad se calificaría de «ecologista», preconizando el retomo a una vida campesina sana, la utilización de productos naturales y el respeto de la naturaleza. De hecho, el Ministro de Agricultura Richard Walter Darré, gran proponente de la famosa doctrina nacionalsocialista de Sangre y Suelo y el verdadero padre del "Movimiento Verde" de la Ecología nacionalsocialista, fue uno de los más ávidos anticristianos del régimen. Exhibiciones agrícolas tenían temas de las antiguas revueltas campesinas contra la Iglesia y fueron producidos calendarios campesinos que sustituían los festivales cristianos con los originales paganos germánicos. Este concepto de la vida ofrecía un sorprendente contraste con la tradición cristiana, hostil a toda expresión natural y predicando el temor de Dios. La vanidad del hombre bíblico, creyéndose superior a la naturaleza, no puede más que desencadenar las peores catástrofes, tales como las que se perfilan en el horizonte del tercer milenio (desaparición de numerosas especies animales, destrucción de los bosques, polución, destrucción de la capa de ozono, etc.)[3]

La SS evitó siempre criticar las opiniones religiosas de los individuos, por considerarlas un asunto estrictamente personal. Atacaba ante todo la filosofía y las instituciones eclesiásticas en el contexto del estudio de la concepción nacionalsocialista del mundo, lo que puede parecer paradójico. El sentido de lo sagrado y de la piedad que reside en cada individuo, cristiano o no, conservaba un valor absoluto. La libertad de creencias era respetada. En las hojas de reclutamiento, se preguntaba si el candidato era «católico, protestante o "creyente" (gottglaubig), es decir, «pagano». La revolución religiosa se llevaba a cabo progresivamente, con objeto de adquirir una fuerza decisiva. Se trataba de hacer derivar a los cristianos hacia la óptica pagana bajo el efecto de la impresión ejercida por el fasto y la profundidad de las ceremonias religiosas, por el estudio y la valoración de un universo espiritual original y verdaderamente ario. Tan sólo la aceptación voluntaria confería al saneamiento del sentido religioso toda su eficacia, y no la coacción. Esta religión «nueva» y, sin embargo, inmemorial, conllevaba sus propios ritos y ceremoniales. También al Schulungsamt le correspondía la tarea de devolver su sentido original pagano a las fiestas y ceremonias relativas a los acontecimientos más importantes de la vida del hombre, como el bautismo (definido como entrega del nombre) el noviazgo, el matrimonio, los funerales, etc.

La SS resucitó antiguos símbolos paganos. Aquí, el célebre candelabro de Jul o Yule, que era ofrecido a cada nueva pareja SS durante el solsticio de invierno.

Se buscaba la restauración de la identidad y el carácter nacional, el reencuentro con los orígenes propios, promoviéndose la gradual desaparición de nombres judeocristianos como Johann, Hans, Joseph, Elisabeth, Anna, Eva, Michael, etc. considerados extranjeros, y su sustitución por nombres como Siegfried, Baldur, Harald, Fritz, Heinz, Karl, Astrid, Gertrud, Irmgard, etc. procedentes del pasado pagano germánico. El nombre debía expresar la etnia a la que se pertenecía, por lo que se consideraba importante informarse sobre el significado del nombre antes de imponerlo al hijo.

Los jefes de instrucción eran los únicos habilitados para concebir el espíritu y la forma de las fiestas, con excepción de las aplicaciones prácticas que dependían únicamente de los jefes de unidad. La SS se prohibía a sí misma crear un nuevo clero dogmático concediendo prerrogativas a los jefes de instrucción. Los jefes de unidades practicaban ciertas ceremonias sólo en el caso de que sus hombres estuvieran directamente implicados, excluyendo así el riesgo de una transmisión sectaria de un poder religioso. Sólo se mantenía el marco religioso en el cual la sensibilidad personal de cada individuo se expresaba libremente.[3]

Las fiestas estaban concebidas con la intención de restituir al hombre sus lazos privilegiados con la naturaleza en tanto que expresión de la creación divina. Se trataba igualmente de extirpar la reorientación judeocristiana impuesta a las fiestas tradicionales, como la fiesta de Jul o Yule (Navidad), la fiesta de Ostara (Pascuas), el Solsticio de Verano, Litha o Midsummer (Fiesta de San Juan). En esto, el mundo campesino ofrecía el aspecto perfecto de una sociedad que había sabido preservar el sentido de sus antiguas tradiciones por su apego y su fidelidad a la naturaleza. La palabra «pagano» procede de paganus, campesino, en referencia las poblaciones campesinas que no fueron convertidas. Así, el hombre volvía a sentirse el eslabón indispensable y responsable de la larga cadena del clan, transmitiendo la vida así como las tradiciones de una manera inmutable. El orgullo de los cuerpos y los rostros con ojos centelleantes vueltos hacia el Sol atestiguan la alegría de la creación que Dios ha dado al hombre, que le da las gracias mediante las fiestas.[3]

Esta revolución espiritual se inscribía igualmente en el contexto de la historia en un sentido germánico. Los alemanes descubrían verdaderamente una parte de una historia que hasta entonces, había estado sumergida en la ignorancia o el desprecio, la de sus antepasados germánicos. El Siglo de las Luces había tomado como modelo la civilización griega, buscando en ella las raíces estéticas y filosóficas. Alemania fue particularmente afectada por este fenómeno e incluso algunos han querido ver en el nacionalsocialismo su heredero. La plástica de las estatuas y de la arquitectura neoclásica alemana, podían traicionar esta afiliación. Sin embargo, una tendencia paralela ya antigua (el romanticismo alemán) iba a imponerse más y más: el retorno a la germanidad. Dejando a Grecia lo que le era propio, la filosofía de los «germanistas», propugnada sobre todo por la SS, se esforzaba en hacer resurgir del olvido y del menosprecio la cultura de los ancestros directos de Alemania, demostrando así que la moral, la poesía y el arte germánicos no tenían nada que envidiar a los demás. El trabajo llevado a cabo por otros investigadores como los hermanos Grimm o Gustav Kosinna fue continuado a mayor escala. La finalidad de un tal interés histórico, aparte el restablecimiento de la verdad, visaba también a procurar una legitimidad a la Orden SS, que tomaba referencias en la enseñanza de las grandes figuras históricas guerreras, políticas o artísticas. Federico I Barbarroja, Federico II de Prusia, Alberto Durero, Friedrich Nietzsche, Richard Wagner, Otto von Bismarck o Rene Quinton atestiguaban todos la permanencia de una cierta actitud propia de la raza aria. Algunas ideas en las que se inspiró la SS fueron, por ejemplo, la idea carolingia de Imperio, la creación de valores en un sentido nietzscheano, la espiritualidad wagneriana, la virtud militar prusiana y la mística caballeresca medieval.[3]

Opiniones religiosas de Adolf Hitler

Existen versiones contradictorias acerca de las creencias religiosas de Adolf Hitler, sus opiniones sobre la religión, y sus vínculos con la Iglesia. A menudo, este tema ha sido objeto de debate histórico entre biógrafos y controversia debido a las discrepancias entre discursos públicos de Hitler (la mayoría de los cuales usaban un lenguaje neutral que podía ser aplicado con facilidad a cualquier confesión) y sus declaraciones privadas (los que mostraban un librepensamiento y tendían a reflejar ideas paganas y anticristianas). Los autores concuerdan en que las declaraciones privadas de los líderes nacionalsocialistas deben recibir más atención que sus declaraciones públicas.

En realidad, Hitler no era contradictorio o ambiguo en sus opiniones, sino que tenía las ideas muy claras sobre el cristianismo. Sin embargo, públicamente no podía exponerlas sin arruinar su proyecto político y las expuso en privado.

Adolf Hitler fue criado por una madre católica devota, sin embargo, después de su infancia dejó de participar en los sacramentos católicos. Durante su juventud, Hitler se interesó mucho por la mitología, especialmente la germana. También se sabe que era aficionado de la astrología, la ariosofía y de publicaciones ocultistas de la época como Ostara. (Ver: Esoterismo nacionalsocialista)

En su obra Mi Lucha, Hitler opinaba en contra de la intromisión de la religión en la política y viceversa:

Las doctrinas e instituciones religiosas de un pueblo debe respetarlas el caudillo político como inviolables; de lo contrario, debe renunciar a ser político y convertirse en reformador, si es que para ello tiene capacidad.
Los partidos políticos nada tienen que ver con las cuestiones religiosas, mientras éstas no socaven la moral de la Raza; del mismo modo, es impropio inmiscuir la Religión en manejos de política partidista.

La mentira del ateísmo de Hitler

Una de las tantas mentiras y calumnias que se han lanzado contra la figura de Adolf Hitler es la de su supuesta "arreligiosidad" o "ateísmo", desmentidos por diversas citas del libro de Hitler Mi Lucha y de algunos discursos. Hitler nombraba a Dios en muchos de sus discursos y se observa en ellos que era un hombre de fe.

Lo cierto es que somos criaturas y que existe una fuerza creadora. El pretender negar este hecho es una tontería. Todo aquel que cree en algo, aunque sea algo erróneo, es superior a aquel que no cree en nada.
La Naturaleza eterna inexorablemente venga la transgresión de sus preceptos. Por eso creo ahora que, al defenderme del judío, lucho por la obra del Supremo Creador..
El objetivo por el cual tenemos que luchar es el de asegurar la existencia y el incremento de nuestra raza y de nuestro pueblo; el sustento de sus hijos y la conservación de la pureza de su sangre; la libertad y la independencia de la patria, para que nuestro pueblo pueda llegar a cumplir la misión que el Supremo Creador le tiene reservada.
Frente a todo esto, nosotros, los nacionalsocialistas, tenemos que sostener inquebrantablemente nuestro objetivo de política exterior, que es asegurar al pueblo alemán el suelo que en el mundo le corresponde. Y esta es la única acción que ante Dios y nuestra posteridad alemana puede justificar un sacrificio de sangre; ante Dios, porque sobre la tierra hemos sido puestos con la misión de la lucha eterna por el pan cotidiano; ante nuestra posteridad, porque no se vertirá la sangre de un solo ciudadano sin que este sacrificio signifique la vida de otros mil ciudadanos de la Alemania futura.

El historiador Werner Maser comienza su biografía[6] con esta declaración de Hitler:

Al regular mi vida fundándome en los conocimientos que Dios me ha dado, puedo equivocarme, pero no mentir.

Hitler opinaba que la religión es beneficiosa para la humanidad. Y Maser cita en su obra una declaración de Hitler de noviembre de 1941:

Para el ser humano, una profundización del sentimiento íntimo es algo completamente maravilloso.

El 1 de febrero de 1933, es decir, el día siguiente a su nombramiento como Canciller afirmaba:

Quiera Dios conceder su gracia a nuestra obra, orientar rectamente nuestra voluntad, bendecir nuestras intenciones y colmarnos con la confianza de nuestro pueblo".

Y en el primer discurso de Hitler en el Reichstag, el 21 de marzo de 1933, en la iglesia de la guarnición de Potsdam, terminó el Führer diciendo:

Quiera también la Providencia concedernos el valor y la constancia que en este recinto sagrado para todo alemán sentimos en torno nuestro, hombres que luchamos por la libertad y la grandeza de nuestro pueblo, reunidos al pie de la tumba del más grande de sus reyes". El 1 de mayo de 1933, ante dos millones de obreros alemanes, dijo: "El pueblo alemán no es ya el pueblo sin honra, de la desvergüenza, de la anarquía, de la pusilanimidad y de la incredulidad. No, Señor, el pueblo alemán es ya otra vez fuerte en su voluntad, fuerte en su perseverancia, fuerte para sobrellevar todo sacrificio. Señor, no nos apartamos de Ti ! Bendice nuestra lucha por nuestra libertad y con ello por nuestro pueblo y nuestra Patria.

El 6 de octubre de 1939 decía:

Como Führer del pueblo alemán y Canciller del Reich únicamente puedo en estos instantes dar gracias a Dios por haberme dado su milagrosa bendición en nuestra primera y dura lucha por nuestros derechos y rogarle que nos ayude a encontar el camino verdadero, así como el de todos los demas, a fin de que no sólo el pueblo alemán, sino toda Europa, gocen de una felicidad en la paz.

El 30 de enero de 1942:

Señor, danos fuerza para defender la libertad de nuestro pueblo, de nuestros hijos y de los hijos de nuestros hijos. Y no solo a nuestro pueblo alemán, sino también a toda Europa.

El 30 de enero de 1944, decía:

Por eso, cuanto mayores sean hoy las preocupaciones, tanto más alto apreciará, juzgará y recompensará el Todopoderoso a los que frente a un mundo de enemigos han enarbolado en sus leales manos la bandera y han avanzado resueltamente con ella.

También el último discurso de Hitler está lleno de referencias al Todopoderoso y así, el 24 de febrero de 1945, decía:

Frente al aniquilamiento judeo-bolchevique y frente a sus asesinos de América y Occidente de Europa, no hay más que un imperativo: poner en acción con fanatismo extremo y enconada entereza hasta las últimas fuerzas que un Dios bondadoso permite que el hombre encuentre en épocas graves para la defensa de su vida.

En otras citas puede observarse también la posición de Hitler respecto a la religión

Pero tan pronto como esto fue posible, el judío empezó a organizar su defensa. Volvió a recurrir a su vieja táctica. Con asombrosa celeridad, lanzó en el seno mismo del movimiento la chispa de la discordia y sembró así el germen de la desunión. La única posibilidad de embargar la atención pública con otros problemas y detener el ataque concentrado contra el judaísmo, residía –dada la situación reinante– en promover la cuestión del ultramontanismo y provocar, de esta suerte, la consabida lucha entre el catolicismo y el protestantismo. Jamás podrán reparar el daño causado aquellos hombres que agitaron esta cuestión en el seno del pueblo alemán. En todo caso, el judío alcanzó el objetivo deseado: católicos y protestantes habían entrado en reñida controversia y el enemigo mortal del mundo ario y de la cristiandad toda, se reía ante sus mismas narices.
Sólo mediante los dogmas, la concepción puramente espiritual, vacilante y de interpretación infinitamente variable, llega a precisarse y adquirir una forma concreta, sin la cual jamás podría convertirse en fe. Lo contrario significaría que la idea no es susceptible de ser jamás exaltada por encima de una concepción metafísica, o mejor, por encima de una opinión filosófica. Por eso la acometida dirigida contra los dogmas se asemeja mucho a la lucha contra los fundamentos legales del Estado; y del mismo modo que esta lucha acabaría en una anarquía estatal completa, la acción antidogmática tendría por resultado un nihilismo religioso, carente de todo valor.
En la Biblia está escrito: "Lo que no es ni caliente ni frío lo quiero escupir de mi boca". Esta frase del gran Nazareno ha conservado hasta el día de hoy su honda validez. [...] En la vida de los pueblos decide en último término una especie de juicio de Dios. [...] Siempre ante Dios y el mundo el más fuerte tiene el derecho de hacer prevalecer su voluntad.
Adolf Hitler, discurso del 10 de abril de 1923.
Si una gran nación como Alemania, con una clara tradición de dos mil años, nunca abandona su fe en el triunfo, sino que sigue cumpliendo su deber inflexiblemente, sin temor a lo que pueda sobrellevar, sean malos o buenos tiempos, entonces, al final, el Dios omnipotente no puede negarle sus bendiciones. En la historia sólo fallan los que se muestran ineptos, y el Señor del Universo ayuda sólo a aquellos que están resueltos a ayudarse a sí mismos.
Adolf Hitler, discurso del Dia de los Héroes del 11 de marzo de 1945.
Si el pueblo alemán es capaz hoy en día de sostener esta lucha de vida o muerte por su propia subsistencia y la del continente europeo, es debido a la Gracia de Dios, quien ha permitido al Nacionalsocialismo (después de su larga lucha por el poder de hace 11 años) el lograr sus propósitos.
Adolf Hitler, discurso de 30 de enero de 1944.
Nada tienen que ver con nuestro pueblo el cubismo, dadaísmo, futurismo, impresionismo, etcétera. Todas estas concepciones no son ni viejas ni modernas: no constituyen otra cosa que el falso balbucear de hombres a los que Dios ha negado la gracia de una auténtica capacidad artística, concediendoles por el contrario la capacidad del chismorreo y el embrollo. [...] Este tipo humano que ha aparecido ante el mundo entero por primera vez el pasado año, durante los Juegos Olímpicos, en su espléndida, orgullosa fuerza y salud, este tipo humano, queridos balbuceadores prehistoricos del arte, representa el tipo de la nueva época. Y vosotros, ¿que producís? ¡Lisiados deformes e idiotas, mujeres que suscitan únicamente horror, hombre mas semejantes a las bestias que a los hombres, niños que, si viviesen en el modo en el que ha sido figurados, se creerían simplemente una maldición de Dios!
Adolf Hitler, discurso de 19 de julio de 1937, en la inauguración de la primera gran exposición del arte alemán.
No es la palabra 'propiedad' la que debe ser aquí considerada como característica, pues sabemos que una gran cantidad de hombres de los que fundaron nuestra producción no vino primitivamente de la propiedad, sino del trabajo, que la fuerza del puño llegó a intensificarse en ellos hasta convertirse en genialidad de la mente, que fueron inventores u organizadores por la gracia de Dios, a quienes nosotros debemos en parte nuestra vida, siendo así que sin las capacidades de estos hombres no nos hubiera sido posible alimentar ni mantener a 65 millones de habitantes en la limitada superficie donde moramos. [...] Si el movimiento de las organizaciones obreras hubiera estado entonces en nuestras manos, si hubiera estado en mis manos, pongo por ejemplo, si se hubiera desarrollado con la misma finalidad erronea como ocurrió entonces, nosotros los Nacionalsocialistas hubiesemos puesto esta gigantesca organizacion al servicio de la Patria. Hubiesemos declarado: conocemos naturalmente los sacrificios, estamos dispuestos a hacerlos nosotros mismos, no queremos evitarlos, lo que queremos es luchar con los demas, ponemos nuestra suerte y nuestra vida en manos de la poderosa Providencia, como han de hacerlo los otros.
Adolf Hitler, discurso de 10 de mayo de 1933, día del Trabajo Nacional.
Al sellar para este fin con nuestras manos una alianza común, respondiendo a la generosa iniciativa del presidente del Reich, hacemos como jefes de la nación, ante Dios, ante nuestras conciencias y ante nuestro pueblo, la promesa de cumplir con decision y perseverancia la mision que en el gobierno nacional nos ha sido confiada.
Adolf Hitler, discurso de 1 de febrero de 1933, llamamiento del gobierno del Reich al pueblo alemán.
Los partidos de la lucha de clases han de convencerse de que, mientras Dios me de vida, hare todo lo posible para destruirlos con todas mis fuerzas y con toda mi voluntad. Nunca, nunca, abandonaré este deber: hacer desaparecer al marxismo y sus sicarios de Alemania. [...] Mientras reconciliamos a las clases queremos volver a llevar, directa o indirectamente, a este pueblo alemán unido hacia las fuentes eternas de su fuerza. Queremos educarles desde la infancia, para hacerles creer en Dios y para hacerles creer en su pueblo.
Adolf Hitler, discurso en el Palacio de los Deportes de Berlín, de 10 de febrero de 1933.

Tras leer estos fragmentos de discursos de Hitler y de Mi Lucha, la conclusión es que Hitler nombraba con demasiada frecuencia a "Dios", "el Creador", "la Providencia", "el Supremo Creador", etc. como para ser "ateo", como falsamente afirman sus calumniadores. Ningún político actual es ni de lejos tan creyente como lo fue Adolf Hitler. En la actualidad está "prohibido" encontrar la más mínima virtud en Hitler, el nacionalsocialismo o el Tercer Reich. Cuanto se ha dicho de Hitler por sus adversarios responde a una campaña de mentiras y calumnias.

En cuanto a las SS, el texto segundo de los juramentos que debian hacerse para ser miembro de ellas, decía: "Crees en Dios o los Dioses?" y debia responderse: "Sí, creo en Dios (o los Dioses)".

En las Juventudes Hitlerianas existe, a su vez, un centenar de canciones, antiguas y modernas (algunas compuestas por el propio Baldur von Schirach, jefe de las mismas) en las cuales la religiosidad es evidente y la palabra Dios se repite con frecuencia.

Creemos en Europa. creemos en el Nuevo Orden. Creemos en la juventud. Creemos en el triunfo de lo bueno. Porque creemos en Dios.

Los soldados de la Wehrmacht llevaban en su cinturón el lema tradicional del Reino de Prusia "Gott mit uns" que significa "Dios con nosotros". Si bien el concepto de "Dios" para líderes como Himmler, Rosenberg o el propio Hitler, implicaba un significado más allá que el Dios judeocristiano.

La Providencia

Sin embargo, al hacer referencia a un ser supremo, dicha concepción no debería interpretarse bajo el concepto judeocristiano. Hitler en diversas ocasiones sustituía la palabra "Dios" por la palabra "Providencia". Los estoicos emplearon esta palabra para designar la fuerza que gobernaba todos los acontecimientos de la tierra y toda la vida humana. El propio Maser llegó a esta conclusión:

Cuando Hitler hablaba de Providencia lo hacía en el sentido de la providencia estoica que todo lo ve y que ha creado el mundo para dirigirlo y gobernarlo según sus propios fines. Numerosas pruebas demuestran que estaba firmemente convencido de encontrarse bajo la influencia divina. Tanto en público como en privado solía interpretar sus éxitos o sus fracasos bajo esta perspectiva.[6]

Algunas citas de Hitler al respecto:

Si el Pueblo Alemán conoce detrás de sí milenios de un destino lleno de vicisitudes, no ha de ser la voluntad de la Providencia el que antes de nosotros se haya luchado y sacrificado para que las futuras generaciones echen a perder su vida ellas mismas y no puedan entrar en los milenios del porvenir.
Adolf Hitler, discurso de 5 de abril de 1933 ante la Cámara Alta del Reichstag.
La Providencia nos ha hecho un pueblo inteligente, capaz de resolver los mas arduos problemas, y el alemán es laborioso y apto para todo trabajo. Los ingenieros y técnicos alemanes, nuestros físicos y químicos figuran entre los mejores del mundo.
Adolf Hitler, discurso de 21 de marzo de 1934, en la inauguración de la cruzada del trabajo.
Todos debemos estar penetrados por una única esperanza: que la Providencia quiera darnos el don de grandes maestros que puedan convertir en notas musicales e inmortalizar en piedra nuestro espíritu. Ahora más que nunca es cierto el amargo dicho "muchos se creen llamados, pero son pocos los elegidos". [...] Y si somos cada vez más duros y rigurosos en nuestra repulsa, estemos convencidos de no haber errado, puesto que quien ha sido destinado por la Providencia a conferir una expresión exterior llena de vitalidad a la más íntima, y por ello sana, esencia de un pueblo, no encontrará nunca el camino que lleva a tales aberraciones. [...] Dios nos conceda el don de concebir nuestras realizaciones de tal modo que sean parejas a la grandeza de la nación.
Adolf Hitler, discurso de 7 de abril de 1935, sobre el arte y la cultura.
Nosotros que vivimos esta época, no podemos librarnos de la impresión de que los designios de la Providencia son más fuertes que el propósito y la fuerza de los individuos. [...] Este convencimiento es el que ha empujado a los Ejércitos Nacionalsocialistas en los pasados años. Y será el que les otorgue la victoria en el próximo. Porque luchamos por la felicidad de los pueblos nos sabemos acreedores a la bendición de la Providencia. El Señor Supremo nos ha acompañado hasta ahora en nuestro batallar y no nos abandonará en el futuro, si sabemos ser fieles y valerosos a la hora de cumplir con nuestro deber insobornable.
Adolf Hitler, discurso de año nuevo de 1 de enero de 1941.

Hitler, que contrariamente a lo que se cree, se creía responsable de sus fracasos, le dijo a su otorrinolaringólogo Giesing, en relación a la derrota de Stalingrado:

La suerte suele repartir de vez en cuando reveses como el de Stalingrado; yo sé que la Providencia ha tenido también en cuenta a la parte contraria y en el futuro la tendrá todavía más.

En otra ocasión, y hablando sobre el atentado de julio de 1944 dijo:

Si en alguna ocasión me han asaltado dudas sobre la tarea que me ha encomendado la Providencia, ya se me han disipado por completo. Día tras día considero un auténtico milagro haber salido con vida de entre tantos montones de ruinas.

Poco antes de suicidarse, Hitler le dijo a su médico:

La Providencia me ha guiado hasta ahora con toda seguridad; continuaré por el camino que me ha marcado a pesar de todos los obstáculos intermedios.

Según Maser Hitler sustituyó la palabra "Dios" por "Providencia" porque consideraba que la Iglesia hacía un mal uso de la palabra "Dios". Hitler defendía también ideas científicas.

En 1941 dijo:

Cuando se dice que el rayo es enviado por el buen Dios, no se está expresando ninguna inexactitud. Pero lo que si es seguro es que el buen Dios no ha enviado el rayo en la forma que afirma la Iglesia. La definición de la Iglesia es un uso impropio de la palabra para fines terrenales.

El historiador Richard Weikart caracterizó la creencia de Hitler en "la ética evolutiva como la expresión de la voluntad de Dios", quien rutinariamente "equipara las leyes de la naturaleza y la voluntad de la Providencia".[7]

El Hitler cristiano

Hitler firmándole, probablemente, un autógrafo o un libro a una monja

De acuerdo con la tesis que exponen J. Aguilar y J. M. Asensi en su folleto Hitler y la Iglesia[8], la condición católica de Hitler no se debía tan sólo a una herencia paterna que debía mantenerse, pues si bien fue católico por nacimiento, puntualizan, habría defendido y mantenido siempre su condición de tal, pese a que ello pudiera mermarle la adhesión de los sectores protestantes. Hitler en su cartilla militar se declaró como católico y tributó siempre al Estado como tal, pero lo cierto es que no era practicante.

Todos los discursos en los que Hitler y otros dirigentes favorecen al cristianismo fueron discursos públicos, por lo tanto, es con toda seguridad que se hayan dicho en primer lugar con propósitos políticos, como forma para mantener tranquila a la mayoría católica y protestante. Otra posibilidad es que también pudieron referirse a la doctrina que el gobierno deseaba difundir entre los cristianos, es decir, el "cristianismo positivo", el cual tenía más bien poco de cristiano. Lo positivo que se percibía en el cristianismo, para preferirlo como "base moral" antes que a la amenaza marxista, eran en realidad valores europeos generales como orden, lealtad, honestidad, amabilidad, autodisciplina, moderación y valores familiares, valores todos que en realidad no requieren del cristianismo para subsistir.

El 12 de abril de 1922, al principio de su carrera política, aun antes de escribir Mi Lucha dijo en un discurso:

Mi sentimiento cristiano me señala a mi Señor y Salvador como luchador. Me señala al hombre que, en otro tiempo, solo, rodeado únicamente de unos pocos seguidores, reconoció a estos judíos y llamó a la lucha contra ellos[9] y que, verdadero Dios, no fue el más grande entre los mártires, sino el más grande entre los luchadores ! Con amor ilimitado, como cristiano y como hombre, leo el lugar que nos relata cómo el Señor acabó por arremangarse y por tomar el látigo, para arrojar del templo a los usureros, engendro de vívoras ! Reconozco su lucha gigantesca por este mundo contra el espíritu judío, después de dos mil años, con la más profunda emoción y con tanta mayor fuerza por el hecho de que fue crucificado por ello (profunda agitación en la sala). Como cristiano no tengo el deber de dejarme desollar, sino que tengo el deber de ser un luchador por la verdad y el derecho.

El 27 de octubre de 1928, en un discurso en Passau, dijo:

Nosotros somos un pueblo de confesiones diferentes, pero somos uno. Qué fe conquista a la otra no es la cuestión; más bien, la cuestión es si el cristianismo se mantiene o no... No toleramos a nadie en nuestras filas que ataque las ideas del cristianismo... de hecho, nuestro movimiento es cristiano. Estamos llenos del deseo de que católicos y protestantes se descubran unos a otros en la profunda angustia de nuestra propia gente.

En un discurso del 1 de febrero de 1933, dirigiéndose por primera vez a la nación alemana como canciller:

El gobierno nacional considerará como su primer y principal deber el restaurar la unidad de espíritu y voluntad de nuestro Volk. Preservará y defenderá los fundamentos sobre los que el poder de nuestra nación descansa. Tomará al cristianismo, como la base de nuestra moral colectiva, y la familia como el núcleo de nuestro Volk y del Estado. Despertará en nuestro Volk, más allá de las fronteras de rango y clase, su sentido de la unidad nacional y política y sus deberes resultantes. Establecerá reverencia por nuestro gran pasado y el orgullo de nuestras viejas tradiciones como base para la educación de nuestra juventud alemana. Así declarará una guerra sin cuartel contra el nihilismo espiritual, político y cultural. Alemania no debe y no se ahogará en el comunismo anarquista.

En un discurso del 23 de marzo de 1933 dijo:

Las ventajas de índole política personal que pudieran resultar de compromisos con organizaciones ateas no compensan, ni con mucho, las consecuencias que se hacen patentes en la destrucción de valores morales de todos. El gobierno ve en las dos confesiones cristianas los factores más importantes para el mantenimiento de nuestro pueblo. La preocupación del Gobierno es la sincera colaboración entre la Iglesia y el Estado. La lucha contra una ideología materialista en pro de una verdadera comunidad popular sirve a los intereses de la nación alemana lo mismo que al bien de nuestra Fe cristiana, del mismo modo que el Gobierno ve en el cristianismo el fundamento inamovible de la moral y la virtud popular.

Por ello, también uno de los puntos de la SS rezaba: "Nuestro movimiento está decidido a proteger las dos confesiones: católica y protestante".

También se recoge una cita de 1941 al general Gerhart Engel:

Soy ahora como antes un católico y siempre permaneceré como tal.[10]

Interpretaciones erróneas de Mi Lucha

No pocos católicos simpatizantes del nacionalsocialismo, como Aguilar y Asensi, han intentado presentar como "prueba del catolicismo de Hitler" algunos párrafos de Mi Lucha en los que Hitler habla de la Iglesia como un "ejemplo a seguir" en algunos puntos, como el que considera así, "éxitoso método de reclutamiento de sacerdotes entre jóvenes de clase popular", pero especialmente en cuanto a sus posturas dogmáticas "que la han mantenido más firme que nunca". Sin embargo, es un error interpretar estas palabras como parte de una cuestión religiosa, o como "prueba de su catolicismo o su admiración a la Iglesia" ya que Hitler aquí está claramente hablando en un sentido estrictamente político: por ejemplo, de cómo la adopción de ciertos dogmas por parte de un partido político le serviría para ser inquebrantable.

La Iglesia Católica ofrece un ejemplo del cual se puede aprender mucho. En el celibato de sus sacerdotes radica la obligada necesidad de reclutar siempre las generaciones del clero entre las clases del pueblo, no pudiéndolo de sus propias filas. Pero, precisamente, este aspecto de la institución del celibato no se sabe apreciar a menudo en su verdadera importancia. Ahí radica la razón de la increíble fuerza de esa institución multisecular. Porque, ininterrumpidamente, ese gigantesco ejército de dignatarios espirituales es reclutado de entre las clases inferiores. Sólo por eso, la Iglesia se asegura una natural ligazón con los sentimientos del pueblo, como también una suma de energía que sólo se puede encontrar en la clase popular. Al celibato se debe la asombrosa lozanía del gigantesco organismo de la Iglesia Católica, con su ductilidad espiritual y su férrea fuerza de voluntad.

Y Hitler, para que no quepa ninguna duda sobre el sentido político de sus palabras, seguidamente dice:

Será misión del Estado Völkisch velar porque su sistema educacional permita una constante renovación de las capas intelectuales subsistentes, mediante el flujo de elementos jóvenes procedentes de las clases inferiores. El Estado tiene la obligación de seleccionar del conjunto del pueblo, con máximo cuidado y suma minuciosidad, aquel material humano notoriamente dotado de capacidad por la Naturaleza, para luego utilizarlo en servicio de la colectividad.

En otra parte, el Führer dice:

También en esto la iglesia católica debe servirnos de ejemplo, ya que a pesar de que su cuerpo doctrinal está en colisión en muchos puntos -y en parte inmotivadamente, con el estudio de las ciencias exactas y la investigación[11], jamás se resigna a sacrificar ni un ápice del contenido de su doctrina. Con razón supo conocer que su fuerza de resistencia no consiste en adaptarse con más o menos habilidad a los resultados siempre variables de la investigación científica en el transcurso del tiempo, sino en el hecho de un aferramiento inquebrantable a sus dogmas ya expuestos, que son los que le dan al conjunto el carácter de una fe. He ahí por qué la Iglesia católica se mantiene hoy más firme que nunca.

Y Hitler explica nuevamente:

Quien realmente desee con sinceridad la victoria de una Doctrina Racista, debe reconocer que, para la consecución de un resultado exitoso, es indispensable, primeramente, que el Movimiento se revele capaz para la lucha. Y sólo se mantendrá si tiene como fundamento un Programa inalterable y firme. Ese Programa no debe hacer concesiones a la "opinión pública", sino mantener la fórmula considerada buena, por lo menos hasta la hora de la victoria. Antes de eso, provocará desánimo cualquier tentativa que tenga por fin modificar la finalidad de uno u otro punto del Programa y traerá como consecuencia la destrucción del espíritu de decisión y de capacidad para la lucha, en la misma proporción en que sus adeptos se inmiscuyan en discusiones internas.
El Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores recibió con su Programa de los veinticinco puntos un fundamento inconmovible.

¿Antipagano?

Uno de los cuatro diseños de los tapices para el auditorio de la Nueva Cancillería del Reich en Berlín. Era una orden que Adolf Hitler dio al pintor Franz Stassen y su Fábrica de Tapices de Munich Nymphenburg. Los tapices representan los mitos del Edda: Valquirias que llevan a los guerreros caídos al Valhalla sobre el arcoíris, los dioses a la orden del mundo, las tres Nornas Urd, Belldandy y Skuld bajo Yggdrasil, 1935-1936.

Algunos cristianos y antipaganos simpatizantes de Hitler han querido interpretar algunos párrafos del capítulo XII del primer tomo de Mi Lucha (y que falsamente han afirmado que han sido eliminados de algunas ediciones modernas), como una supuesta postura de Hitler de "desprecio por los paganos de su tiempo". En dichos párrafos, Hitler en realidad nunca habla de paganos, sino que habla sobre algunos sectores nacionalistas (völkisch) a los que critica por actitudes muy específicas mismas que no tienen relación alguna con las creencias precristianas. A continuación se citan los párrafos que se tergiversan para que encajen con la postura antipagana, incluyendo las palabras en alemán usadas por Hitler[12]:

Si algo es impopular (unvölkisch), es precisamente el uso de viejas expresiones germánicas que no encajan en la presente época ni representa nada definido, pero puede conducir fácilmente a ver la importancia de un movimiento en su vocabulario externo. Esta es una amenaza real que hoy se puede ver en innumerables ocasiones.

Aquí Hitler habla específicamente de palabras o términos alemanes que han quedado en desuso y que critica su uso por no poder definir claramente un concepto. Los tergiversadores cristianos interpretan la frase "viejas expresiones germánicas" como "antiguas costumbres religiosas germánicas precristianas".

En aquel tiempo y posteriormente, he tenido que advertir una y otra vez contra esos vagabundos eruditos alemanes (deutschvölkischen) cuyos logros positivos son siempre prácticamente nulos, pero cuya presunción apenas puede ser superada. El joven movimiento aún tiene que tiene que protegerse contra la afluencia de personas cuya única recomendación en su mayor parte reside en su declaración de que han luchado durante treinta y hasta cuarenta años por la misma idea. Cualquiera que pelee durante cuarenta años por una supuesta idea sin poder lograr siquiera el más mínimo éxito, de hecho, sin haber impedido la victoria de lo opuesto, ha demostrado, con cuarenta años de actividad, su propia incapacidad. El peligro reside sobre todo en el hecho de que esos individuos no quieren entrar en el Movimiento como cualquier otro adepto, sino entrometiéndose en la dirección del mismo y pretendiendo posiciones destacadas, por su actividad en el pasado. ¡Pobre del nuevo movimiento que caiga en sus manos! Es como un hombre de negocios que en cuarenta años de actividad ha llevado a un gran negocio a la quiebra y se cree preparado para fundar otro nuevo. Lo mismo sucede con esos Matusalenes populares (völkischer Methusalem) que, después de que han fosilizado una gran idea, todavía piensan en dirigir otro Movimiento. Además, solo un puñado de todas estas personas ingresa al nuevo movimiento para servirlo, pero en la mayoría de los casos, bajo su protección o a través de las posibilidades que ofrece, no buscan beneficiar la idea de la nueva doctrina, solo esperan que les dé la oportunidad de hacer a la humanidad miserable con sus propias ideas.
Su característica principal es llenarse de entusiasmo por los antiguos héroes alemanes, por los tiempos más remotos, por la Edad de Piedra, por dardos y escudos; pero, en realidad, no pasan de ser los mayores cobardes que se pueda imaginar. Esa misma gente que tanto finge glorificar el heroísmo del pasado, predica la lucha en el presente con armas intelectuales y huye delante de cualquier porra de goma en las manos de los comunistas.

Hasta aquí queda probado que no está hablando de ningún movimiento espiritual pagano, sino de un grupo nacionalista cuya característica era predicar una lucha intelectual rehuyendo de la confrontación directa con el enemigo.

La posteridad tendrá pocos motivos para extraer de aquí una nueva epopeya. Aprendí a conocer a esa gente, demasiado para no sentir el más profundo desprecio ante sus miserables simulaciones. Su actuación sobre las masas es irrisoria. El judío tiene toda la razón para conservar con esmero a esos comediantes populistas (völkischen Komödianten) y para preferirlos a los verdaderos propulsores de un nuevo Estado alemán. Esos individuos, a pesar de todas las pruebas de su perfecta incapacidad, creen entender de todo mejor que los otros. Así se transforman en una verdadera plaga para los luchadores rectos y honestos, cuyo heroísmo no se manifiesta sólo en la veneración del pasado, sino que se esfuerzan en dejar a la posteridad, a través de sus actos, un ejemplo de heroicidad igual al de sus antepasados.
Y a menudo solo se puede distinguir con dificultad cuál de estas personas actúa a partir de la estupidez o la incompetencia internas y que solo pretende por ciertas razones. Especialmente con los así llamados reformadores religiosos en una antigua base germánica, siempre tengo la sensación de que fueron enviados por aquellos poderes que no quieren la resurrección de nuestro pueblo. Porque toda su actividad aleja a la gente de la lucha común contra el enemigo común, el judío, y en su lugar les permite desperdiciar su fuerza en disputas religiosas internas tan insensatas como desastrosas. Por estas mismas razones, el establecimiento de un poder central fuerte que implique la autoridad incondicional de un liderazgo es necesario en el movimiento. Solo con ella pueden ser aplastados tales elementos ruinosos. Y por esta razón, los mayores enemigos de un movimiento uniforme, dirigido y conducido se encuentran en los círculos de estos vagabundos (Hitler usa aquí el término "völkischen Ahasvere" en referencia a Ahasverus, uno de los nombres de la figura del Judío Errante). En el movimiento odian el poder que controla su travesura.

Quizás lo más cercano a lo que los tergiversadores cristianos quieren ver es cuando menciona a "reformadores religiosos en una antigua base germánica", pero incluso aquí se refiere a movimientos que buscaban "germanizar" al cristianismo, como irónicamente lo hizo posteriormente el Cristianismo Positivo de los Cristianos Alemanes.

No fue sin razón que el nuevo Movimiento adoptó un programa definido y no empleó la palabra "popular" (völkisch). Debido a su carácter vago, esa expresión no puede ofrecer una base segura para cualquier Movimiento, ni un modelo para los que se adhieran al mismo en el futuro. Es increíble lo que hoy se puede llegar a entender bajo esa denominación. Un conocido profesor de Baviera, uno de los célebres luchadores con "armas espirituales", concilia la expresión "popular" (völkisch) con el espíritu monárquico. Ese "sabio" se olvida de explicar la identidad existente entre nuestra vieja Monarquía y lo que hoy se entiende por "popular" (völkisch). Creo que eso le sería casi imposible, pues difícilmente se puede imaginar cosa menos "popular" (völkisch) que la mayor parte de los Estados monárquicos de Alemania. Si no fuese así, esos Estados no habrían desaparecido, o su desaparición significaría que las opiniones "populares" (völkisch) eran erradas. Debido a su sentido ambiguo, cada uno entiende la expresión "popular" (völkisch) a su antojo. Sólo ese hecho la hace inoperante para la base conceptual de un movimiento político.
Adolf Hitler, Mein Kampf, I-XII: La primera fase del desarrollo del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán.

En las últimas líneas se aprecia que incluso para Hitler, el término völkisch puede resultar ambiguo y está abierto a muchas interpretaciones. En ese sentido, si Hitler se hubiese referido específicamente a los reconstruccionistas de la religión germánica, lo habría aclarado, en cambio más bien parece hablar de monarquistas rancios.

Aunque Hitler nunca se declaró, ni privada, ni mucho menos públicamente, como seguidor de la religión germánica precristiana, decir que era antipagano es como decir que estaba contra gente como Himmler o Rosenberg, quienes fueron unos de sus más importantes colaboradores.

El Hitler anticristiano

Cuando alguien quiere defender a un "Hitler cristiano-católico" puede obtener material abundante para hacerlo. Sin embargo, lo mismo ocurre a la inversa, pues se poseen no pocas citas y declaraciones del Führer criticando al cristianismo, las cuales muestran que su visión rechazaba la idea del dios judeocristiano, y sus acciones reflejan en realidad un sentimiento anticristiano, como por ejemplo, el hecho que su doctrina haya estado influida por las ideas de Arthur Schopenhauer y Friedrich Nietzsche (autores anticristianos), incluso desde su juventud.

Al respecto, destaca una colección de extractos y transcripciones editadas por Martin Bormann, titulada Hitler's Table Talk[13], donde se da testimonio de colegas íntimos que afirman cómo Hitler a menudo pronunciaba opiniones privadas contra el cristianismo. Ahí, Hitler elogia los Tres libros contra los galileos de Juliano II, un tratado anticristiano del año 362.

En su obra Mein Kampf (Parte II, Capítulo V: Weltanschauung y Organización) Hitler escribe:

Cada uno puede hoy, con pena, comprobar que, en la Antigüedad, mucho más libre, el primer terror espiritual se verificó con motivo de la aparición del cristianismo. Es efectivo el hecho de que el mundo, desde aquel tiempo, fue torturado y dominado por ese sectarismo fanático.[14]

En esta misma obra, Hitler escribe respecto a la prioridad racial por encima de los conflictos religiosos entre católicos y protestantes, señalando que estas iglesias "se muestran indiferentes" ante el problema más importante:

Millares de nuestros conciudadanos se hallan ciegos ante el envenenamiento de nuestra raza, sistemáticamente practicado por el judío. Metódicamente, esos parásitos de las naciones están degenerando a nuestros inexpertos jóvenes, destruyendo de esta forma un valor que nunca más podrá ser restituido. Y las dos Iglesias Cristianas -la Católica y la Protestante - se muestran indiferentes frente a esta obra de profanación y destrucción. Para el futuro de la Humanidad, no radica la importancia del problema en el triunfo de los protestantes sobre los católicos o de los católicos sobre los protestantes, sino en saber si la raza aria subsistirá o desaparecerá. A pesar de ello, esas dos confesiones, lejos de combatir al destructor de la especie, tratan sólo de aniquilarse mutuamente. Justamente el hombre de sentimientos nacionalistas debería tener la sagrada obligación, cada uno dentro de su propio credo, de cuidar y no sólo de hablar de la voluntad de Dios, sino también de cumplirla, no permitiendo que la obra de Dios sea deshonrada.

En una conversación del 13 de diciembre de 1941, Hitler se refirió al cristianismo como una "enfermedad". Además lo cita considerando al cristianismo como precursor del bolchevismo:

El judío, que fraudulentamente introdujo el cristianismo en el mundo antiguo - con el fin de arruinarlo -reabrió el mismo incumplimiento en los tiempos modernos, esta vez tomando como pretexto la cuestión social.
Hitler's Table Talk, p. 314.

En otra del 21 de octubre de 1941, Hitler afirmó:

Cuando uno piensa en las opiniones acerca del cristianismo que eran sostenidas por nuestras mejores mentes hace cien, doscientos años, uno se avergüenza de darse cuenta de lo poco que hemos evolucionado desde entonces.
Hitler's Table Talk.

Rummel Rudolph cita a Hitler después de la invasión de la Unión Soviética en julio de 1941 reafirmando el parentesco judaico entre el bolchevismo y el cristianismo:

El golpe más duro que jamás haya golpeado la humanidad fue la llegada del cristianismo. El bolchevismo es el hijo ilegítimo del cristianismo. Ambos son invenciones del Judio. La mentira deliberada en materia de religión se introdujo en el mundo por el cristianismo. El bolchevismo practica una mentira de la misma naturaleza cuando afirma llevar la libertad a los hombres mientras que en realidad sólo busca esclavizarlos. En el mundo antiguo, las relaciones entre hombres y dioses se basaban en un respeto instintivo. Era un mundo iluminado por la idea de la tolerancia. El cristianismo fue la primera religión en el mundo que exterminó a sus adversarios en el nombre del amor. Su nota clave es la intolerancia
Hitler's Table Talk, pág 8.

En otra parte dice:

Nuestra época ciertamente verá el fin de la enfermedad del cristianismo. Durará otros cien años, quizás doscientos años. Mi arrepentimiento habrá sido que no podré, como quien sea que sea el profeta, contemplar la tierra prometida desde lejos.
Hitler's Table Talk, p. 343-344

En El testamento de Adolf Hitler (1945), François Genoud cita al Führer hablando de forma similar:

El cristianismo no es una religión natural para los alemanes, sino una religión que ha sido importada y no trae ningún eco favorable al corazón y es ajena al genio inherente de la raza.

En una cita, Hitler habla de retornar a las antiguas creencias germánicas de la naturaleza y desplazar al cristianismo:

Las viejas creencias volverán a ser honradas otra vez. Todo el secreto de la naturaleza, de lo divino, se harán realidad y nosotros arrollaremos las apariencias cristianas y organizaremos una religión peculiar a nuestra raza.
Adolf Hitler.

También se cita a Hitler hablando del islam frente al cristianismo:

En España, bajo la dominación de los árabes, la civilización alcanzó un nivel que raramente se ha repetido. La intromisión del cristianismo ha traído el triunfo de la barbarie. El espíritu caballeresco de los Castellanos es efectivamente una herencia de los árabes. Si Carlos Martel hubiera sido derrotado, el mundo habría mudado su faz. Ya que el mundo estaba condenado a la influencia judaica (y su subproducto, el cristianismo, ¡es algo tan insípido!), hubiera sido mejor que triunfara el Islam. Esta religión recompensa el heroísmo, promete a los guerreros la gloria del séptimo cielo.

Las citas de Hermann Rauschning

Hermann Rauschning fue un conservador alemán que se unió brevemente al NSDAP pero desertó del movimiento en 1934 para abandonar Alemania y establecerse finalmente en los Estados Unidos desde donde se dedicó a la propaganda antifascista.

Su libro Conversaciones con Hitler (en alemán, Gespräche mit Hitler, y en inglés, Hitler Speaks), en el que aseguró haber mantenido reuniones y conversaciones con Hitler, está probado ser un fraude y por ello todas las citas provenientes de Rauschning deben siempre ser tomadas con reserva. No obstante, algunas de ellas, como las respectivas al cristianismo, coinciden con lo dicho en fuentes auténticas como Martin Bormann.

En esta obra Rauschning describe una conversación en la que Hitler repudia al Dios de la Biblia, describiendo a los Diez Mandamientos como "la maldición del monte Sinaí", y añadiendo:

Hablando históricamente, la religión cristiana no es más que una secta judía ... Después de la destrucción del judaísmo, la extinción de la moral de esclavos cristianos debía seguir lógicamente.

Por otra parte, en 1933, un reporte de Rauschning citó a Hitler presentando al cristianismo como un tropiezo para el nacionalismo germano:

Uno es o alemán o cristiano. No puedes ser los dos.

Rechazo a la Iglesia

Según el arquitecto en jefe de Hitler, Albert Speer, Hitler realizó fuertes declaraciones en contra de la Iglesia a sus socios políticos. Se dice que ordenó a sus principales colaboradores a seguir siendo miembros oficialmente, aunque no tuvieran "ningún apego verdadero a la misma."[15] Para múltiples analistas, Hitler usó su imagen de adhesión a la Iglesia meramente como una estrategia política, al ser consciente de la influencia del Vaticano o la comunidad católica en Europa.

Werner Maser afirma que Hitler se tenía por una persona religiosa y "profundamente piadosa" pero que rechazaba a la Iglesia e intentó reformarla al estilo del régimen. Sin embargo Maser acepta que resulta difícil conocer quiénes fueron los modelos en los que basó sus convicciones espirituales. Que Hitler demostró aversión hacia la Iglesia está bastante demostrado, aunque lo cierto es que perteneció a ella hasta su muerte. Según Maser, Hitler opinaba que el hombre del siglo XX, debido a los avances científicos, no debería tomar en serio a la Iglesia.[6]

No quiero imponerle mi filosofía a una viejecita campesina. La enseñanza de la Iglesia es también una especie de filosofía, aunque no se esfuerza en ir tras la verdad. Como los hombres no pueden pensar cosas grandes a coro, eso no perjudica en nada. De una manera u otra, todo desemboca en un reconocimiento de la impotencia del hombre ante la ley natural eterna. Esto no causa ningún perjuicio si llegamos al conocimiento... de que la salvación del hombre consiste en tratar de comprender la Providencia divina sin que crea que puede rebelarse contra esa Ley. Si el hombre se adapta humildemente a las leyes, es digno de admiración.

En una ocasión Hitler confesó que en su juventud había defendido la idea de destruir a la Iglesia de un modo radical, como con dinamita, para así borrarla de la faz de la tierra. Sin embargo después Hitler quiso obrar con inteligencia.

Hitler pensaba que la religión había surgido para que los hombres "pudieran comprender intelectualmente las imágenes de un pasado remoto, que se habían convertido en esquemas, adornándolas con los símbolos externos que habían de servir para que la Iglesia conservara su influencia."

Hitler creía que la religión había influido positivamente en el proceso evolutivo durante un periodo determinado y no estaba convencido de que la transformación de las relaciones económicas, establecida por el comunismo, acabaría por superarla. En su opinión, la religión "había sido más humana en sus comienzos" pero quería conservarla a toda costa aunque no así a la Iglesia. En su prisma, esta última no tenía reservado ningún lugar positivo en la historia. Sobre la Edad Media opinaba:

El periodo que va desde mediados del siglo III hasta mediados del XVII ha sido seguramente la época más atroz de rebajamiento humano. La sed de sangre, la mezquindad y la mentira dominaban esos tiempos.

En 1942 declaró:

Yo no soy de la opinión de que tenga que quedar algo de lo que hubo antes. La Providencia le ha dado al hombre razón para que obre conforme a ella. La razón me muestra que el dominio de la mentira será quebrantado. También me muestra que eso no se conseguirá ahora... No es que me de miedo la lucha, pues si llega el momento la entablaré sin el menor titubeo, actuando con rapidez en cuanto tenga la prueba de que ello pueda suceder.

Puede que el concepto de religión que tenemos aún hoy, sería muy diferente de haber triunfado Hitler. De lo que no cabe duda, es de que Hitler ha sido el único líder histórico que se planteó cambiar la religión de un modo absolutamente único en la historia. El comunismo, con su ateísmo radical, no ha logrado erradicar las creencias de las personas que dominó. La prueba más evidente es que en países en donde el comunismo gobernó durante décadas, como Polonia o Rusia, la religión tiene hoy en día muchísima influencia.

El hecho de que Hitler sea considerado hoy en día la encarnación del mal y del mismo diablo (demonización) nos da una idea de lo peligroso del asunto y de cómo la religión, en cierta forma, condiciona también nuestros pensamientos.[6]

La posición de los demás dirigentes

Joseph Goebbels

Hijo de padres católicos, Goebbels recibió una educación de carácter religioso. Ya en su juventud obtuvo una especie de beca de una organización católica llamada "Alberto Magno" y llegado al poder mantuvo siempre una actitud moderada. El Dr. Goebbels es autor de numerosas obras y es de la titulada El comunismo sin máscara de la que extraemos lo siguiente:

El bolcheviquismo niega la religión por principio, fundamentalmente y de antemano y no ve en ella más que opio para el pueblo. El nacionalsocialismo, por el contrario, con su tolerancia, respecto a las confesiones, propugna un idealismo creyente y trascendental.

En su obra: "El bolchevismo en la teoría y en la práctica", hablando sobre los sucesos ocurridos en España, escribe:

Es difícil formarse idea exacta de los detalles espantosos que llegan hasta nosotros relativos a ejecuciones de sacerdotes y atentados vergonzosos contra religiosos, por parte de anarquistas y comunistas. Este es el verdadero aspecto del ateísmo bolchevique, que todavía se atreve, en algunos países, a colaborar con las Iglesias. Pero los cadáveres de las religiosas sacadas de sus ataúdes constituyen un exponente de lo que es capaz el bolchevismo.

Al contrario de lo que ocurría en todo el mundo, Joseph Goebbels, en esta obra -leída en el Congreso de Núremberg de 1936- denuncia el horrendo crimen.

El día 19 de abril de 1945, diez días antes de morir y cuando los rusos se hallaban ya a las puertas de Berlín, decía Goebbels: "Debemos dar una y otra vez gracias a Dios de que en tan terribles tiempos nos haya concedido a un verdadero Führer".

En la entrada del 16 de octubre de 1928 de su diario (parte manuscrita, y por lo tanto, auténtica), escribió:

¿Qué significa hoy el cristianismo? El nacionalsocialismo es una religión. Todo lo que nos falta es un genio religioso capaz de eliminar las prácticas religiosas obsoletas y poner nuevas en su lugar. Nos faltan tradiciones y rituales. Un día, muy pronto, el nacionalsocialismo será la religión de todos los alemanes. Mi Partido es mi iglesia, y creo que sirvo al Señor mejor si hago su voluntad y libero a mi pueblo oprimido de las ataduras de la esclavitud. Ese es mi evangelio.

Heinrich Himmler

Era sobrino del famoso jesuita P. Himmler, hijo del director de la Escuela católica de Munich y hermano de un monje benedictino que vivía en el monasterio de Mariaalach. En sus discursos mencionaba frecuentemente a Dios y, de la misma manera que Hitler, no haciendo referencia a ninguna fe en especial. En su discurso del 19 de octubre de 1944 decía: "Nuestro Señor ha creado los pueblos, que no son invención de la voluntad humana. En un devenir creador de milenios, nació, según sus altos designios, el pueblo alemán, con sus ricos dones, su bella patria y sus difíciles condiciones de vida. Sin limitaciones nos doblegamos ante la Ley Eterna y con ella ante la Patria". Sin embargo, Himmler era ardientemente pagano y anticristiano, siendo un importante promotor del movimiento Gottgläubig[16] y no permitía la entrada a ateos en la SS, argumentando que su rechazo a alcanzar altos niveles de conciencia podrían ser una fuente potencial de indisciplina.

Himmler consideraba al cristianismo como "la peste más grande que se ha generado en la historia". En 1937 explicaba a las Juventudes Hitlerianas la diferencia entre el crucifijo, "esa imagen sosa del fracaso" y "nuestros dioses, guerreros armados, que representan las verdaderas características de nuestra raza, la confianza y voluntad de obtener y ganar". El crucifijo, decía, "expresa humildad y autonegación, cualidades decadentes que nosotros, conscientes de nuestra vocación heroica, debemos repudiar. La corrupción en nuestra sangre causada por la intrusión de esta filosofía extranjera debe acabar". En junio de 1942, durante el funeral de su lugarteniente, Reinhard Heydrich, víctima de un atentado, criticó "este cristianismo, la mayor de las plagas que podría habernos afligido, que nos ha debilitado en cada conflicto".

En un discurso a los líderes de la SS, unas horas después del funeral de Heydrich expresó nuevamente su creencia en un «Dios», llamado por el nombre germánico Wralda, referido a una creencia en el "Destino" y que "la esencia de estos megalomaníacos, los cristianos, que hablan de hombres que gobiernan este mundo, debe acabar":

Tendremos que lidiar con el cristianismo de una manera mucho más difícil que hasta ahora. Debemos resolver cuentas con este cristianismo, la plaga más grande que podría habernos sucedido en nuestra historia, que nos ha debilitado en todos los conflictos. Si nuestra generación no lo hace, creo que se alargará durante mucho tiempo. Debemos superarlo dentro de nosotros mismos.

Hoy, en el funeral de Heydrich, expresé intencionalmente en mi oración desde mi más profunda convicción una creencia en Dios, una creencia en el Destino, en el Antiguo como lo llamé, lo que es la antigua palabra germánica: Wralda.

Una vez más, tendremos que encontrar una nueva escala de valores para nuestra gente: la escala del macrocosmos y el microcosmos, el cielo estrellado sobre nosotros y el mundo en nosotros, el mundo que vemos en el microscopio. La esencia de estos megalómanos, estos cristianos que hablan de hombres que gobiernan este mundo, debe acabar y volver a estar en la proporción adecuada. El hombre no es nada especial en absoluto. Él es una parte insignificante de esta tierra. Si llega una gran tormenta, no puede hacer nada al respecto. Él ni siquiera puede predecirlo. No tiene idea de cómo está construida una mosca -que por desagradable que sea, es un milagro- o cómo se construye una flor. Él debe mirar una vez más con profunda reverencia a este mundo. Entonces él adquirirá el sentido correcto de la proporción sobre lo que está arriba de nosotros, sobre cómo estamos entretejidos en este ciclo.

Entonces, en un plano diferente, debe suceder algo más: debemos enraizarnos una vez más en nuestros antepasados ​​y nuestros nietos, en esta cadena eterna y secuencia eterna. Al enraizar a nuestra gente en una profunda conciencia ideológica de ancestros y nietos, debemos persuadirlos una vez más de que deben tener hijos. Podemos hacer un gran trato. Pero todo lo que hacemos debe ser justificable frente al clan, nuestros antepasados. Si no aseguramos este fundamento moral que es el mejor y el más profundo porque es el más natural, no podremos vencer al cristianismo en este plano ni crear el Reich Germánico que será una bendición para la tierra. Esa es nuestra misión como nación en esta tierra. Durante miles de años ha sido la misión de esta raza rubia gobernar la tierra y una y otra vez traerle felicidad y cultura.

En 1935, Heinrich Himmler encargó a Wilhelm Hübotter, un destacado arquitecto paisajista nacionalsocialista la construcción de la Sachsenhain ('Tumba de los Sajones'), un monumento formado por 4.500 grandes piedras en Verden en conmemoración de la Masacre de Verden, ordenada por Carlomagno, en la que fueron decapitados cerca de 4.500 sajones paganos. El monumento fue usado tanto como memorial así como lugar de reunión de la Schutzstaffel.

Reinhard Heydrich

La mano derecha de Himmler, Heydrich, jefe de Seguridad del Reich, declaraba sobre el cristianismo y el paganismo:

"¿Quién hay entre nosotros que no tiene, desde el fondo de su corazón, siempre que todavía pueda pensar con su sangre, un profundo y extrañamente inquietante sentido de vergüenza, cuando, paseando por el campo, ante el panorama, tal vez de cimas de las montañas alpinas cubiertas de nieve o en medio de un páramo sombrío de Westfalia, se le atraviesa una imagen de Jesús crucificado? Los Dioses de nuestros antepasados parecían diferentes; eran hombres, y cada uno tenía un arma en la mano, simbolizando la actitud ante la vida que es inherente a nuestra raza: la de la acción, la de la responsabilidad del hombre para sí mismo. Qué diferente es el pálido crucificado, que expresa -por su decidida mirada de sufrimiento, humildad y rendición extremas- cualidades que contradicen la heroica actitud fundamental de nuestra raza".

Rudolf Hess

El prisionero de la paz, no era -al igual que otros dirigentes nacionalsocialistas- partidario de una determinada religión, manteniendo, casi por tradición, la recibida por sus padres, pero se conoce sobre su interés en temas esotéricos y espirituales. En sus últimas palabras en los Juicios de Núremberg, declaró: "Soy feliz de saber que he cumplido con mi deber frente a mi pueblo... mi deber como alemán, como nacionalsocialista y fiel colaborador del Führer. No me arrepiento de nada. Si me hallara al principio volvería a actuar como lo he hecho. Siento la mayor indiferencia por las decisiones de los hombres: algún día compareceré ante Dios para rendirle cuentas y se que Él me declarará inocente".

Alfred Rosenberg

Ideólogo oficial del Reich, Ministro de los territorios ocupados del Este y responsable de la formación doctrinaria del NSDAP. Adherido a las doctrinas y tradiciones germánicas precristianas y abiertamente anticristiano. Su obra: El Mito del Siglo XX, fue enormemente influyente para las altas esferas alemanas. En ella, defiende el "cristianismo positivo" pero se propone con mayor énfasis la creación de una nueva "religión": la religión de la Sangre. Se llegaron a hacer 800 mil ejemplares. Fue incluido en el Index Librorum Prohibitorum de la Iglesia Católica.

Hoy se agita una nueva fe: el Mito de la Sangre, la fe con la que, junto con la sangre, defendemos la naturaleza divina del hombre como un todo... La educación de la Iglesia debe ser sustituida por la educación según el valor germánico, eso constituirá un paso de varias generaciones.

En la publicación nacionalsocialista Völkischer Beobachter correspondiente al 18 denoviembre de 1933, Rosenberg, escribió en coherencia con la doctrina nacionalsocialista:

Qué conclusiones religiosas saque cada alemán en particular es cuestión personal suya, como declaró expresamente el lugarteniente del Führer el 13 de octubre con las siguientes palabras: "Ningún nacionalsocialista puede ser perjudicado en modo alguno, si se adhiere a una determinada confesión o creencia o porque no se adhiere en absoluto a ninguna confesión. La fe es cuestión propia de cada uno, de la cual sólo tiene que responder ante su conciencia. La violencia relacionada con asuntos de la conciencia, no puede ser practicada". Este modo de ser corresponde al del hombre nacionalsocialista religiosamente tolerante y es sumamente extraño que diferentes círculos ideológicos se presenten hoy creyendo poder situar esta postura, como un nacionalsocialismo nuevo o como un nuevo liberalismo; manifiestamente con la intención de designar una tendencia liberalizante y utilizarla para su propaganda dentro del movimiento nacionalsocialista". Y en el Völkischer Beobachter del 7 de abril de 1934, escribía: "El Estado nacionalsocialista ha reconocido desde siempre la libertad de la vida religiosa y no atentará contra ella...

En su discurso del 22 de febrero de 1934:

El nacionalsocialismo no tiene la culpa de que existan en Alemania varias confesiones religiosas; no se le puede hacer responsable por la herencia que proviene de dos siglos y aun más. Su caudillo ha adoptado por esto, como verdadero estadista y hombre del pueblo, el punto de vista de que el gran movimiento de combate debe mantenerse apartado de las diferencias de opinión particulares de la vida religiosa. El NSDAP ha declarado siempre que está dispuesto a proteger toda confesión verdaderamente religiosa, que no contradiga los valores germánicos. (...) Debemos reconocer a cada nacionalsocialista, como persona, el derecho a tomar posición en las cuestiones religiosas concretas de nuestro tiempo, según se lo dicte su conciencia. Este verdadero respeto interior ante toda convicción religiosa profunda no tiene nada en común con un retorno al liberalismo, como algunos sectores se esfuerzan en presentar, sino nada más que el nuevo reconocimiento de un antiguo rasgo de carácter germánico, según el cual los hombres no deben lanzarse a discordias y luchas sangrientas. Esta antigua disposición del ánimo desde los godos hasta Federico el Grande es un mandamiento también para nuestro tiempo.

También en el Nationalsozialistische Monatshefte escribió Rosenberg en un extenso artículo al respecto en abril de 1931, es decir, antes de llegar el partido al poder. El artículo se titulaba "Zentrum undchristlicher Volksdienst" y en él decía entre otras cosas:

El capítulo nacionalsocialismo y religión ha ocupado ininterrumpidamente los ánimos desde la aparición del NSDAP. Adolf Hitler se situó desde un principio en el punto de vista del hombre de Estado, que considera un hecho el fenómeno de las diferentes confesiones religiosas y quiere que el movimiento político permanezca apartado de las luchas religiosas. Habría que pensar que debería haber sido satisfactorio para toda confesión cristiana el comprobar la formación de un movimiento obrero que se disponía a luchar con toda energía contra el marxismo ateo destructor del alma (seelentötenden atheistischen Marxismus), que, además, alzaba el pensamiento idealista contra el dominio de Mammon de nuestra época y que, como en otro tiempo Jesús, agitaba el látigo contra los cambistas y mercaderes. Pero ocurrió lo contrario: calculadoramente aquel partido que proclama llevar a cabo sólo política cristiana, se lanzó a la lucha contra el nacionalsocialismo y se colocó, cada vez más a medida que éste se hacía más fuerte, al lado de la socialdemocracia enemiga de toda religión. (...) Las diferencias de opinión en materia religiosa, las competencias filosóficas, debieron ser conducidas fuera de la organización del partido. Tan pronto como éste fue reunido, tan pronto como las SA se pusieron la camisa parda, no hubo ya ni católicos ni protestantes, sino sólo alemanes que luchan por la existencia y honor de su pueblo (Rosenberg recuerda una vez más el valor de la raza sobre la religión). A ningún camarada le pregunta el NSDAP si es católico o evangelista, si pertenece a la Deutsch-Kirche o si es calvinista. Decisivo es tan sólo la labor al servicio de la libertad alemana. Las profundas heridas de la Guerra de los Treinta Años se cerraron por fin en el movimiento nacionalsocialista, del mismo modo que las heridas de la lucha de clases marxista y burguesa comenzaron a cicatrizar. Entonces se alzó la lucha concentrada de todos los advenedizos políticos, que absorbían en beneficio de su existencia parasitaria la sangre de estas heridas del organismo popular. Los marxistas gritaron "esclavos del capitalismo", los jefes burgueses gritaron "nacionalbolcheviques", el Centro clamó "enemigos de toda religión.

Martin Bormann

Jefe de la Cancillería y director del NSDAP desde 1941 y secretario personal de Adolf Hitler. Abordó, de pleno y con franqueza, el más agudo problema ideológico que se le planteaba al NS en el poder: El liberalismo y el marxismo habían sido ya derrotados, tanto a nivel ideológico como sobre la arena política. Quedaba un opositor: el cristianismo político, amparándose bajo su cariz de religión y, de acuerdo con esa proverbial capacidad de las iglesias para subsistir en cualquier situación, el cristianismo político mantenía sus fuertes posiciones en el seno del Tercer Reich, a quien pronto (en cuanto vio que podía perder la guerra, tal como su oportunismo secular ha hecho siempre) declaró una lucha a muerte. Subraya MacGovern en su biografía de Bormann que "al igual que otros muchos nacionalsocialistas, se titulaba a sí mismo "Gottgläubig", es decir: un creyente en Dios, pero opuesto a toda religión organizada".

No era pues la religión sino la casta sacerdotal y sus actividades políticas, lo que Bormann combatía. Significativo es que uno de los primeros actos de Bormann, tras ser nombrado Parteikanzlei fue enviar a los Gauleiter una extensa circular (6 junio 41) sobre Las Relaciones entre el NS y el Cristianismo. Este sensacional documento contenía las siguientes afirmaciones:

Los conceptos nacionalsocialistas y cristianos son totalmente incompatibles. Las iglesias cristianas se basan en la ignorancia de los hombres y se esfuerzan por mantener a gran parte de la población en la ignorancia porque sólo de esta manera las iglesias cristianas pueden mantener su poder.

Por otro lado, el nacionalsocialismo reposa sobre bases científicas. Los principios inmutables del cristianismo, que fueron establecidos hace casi dos mil años por los judíos, se han endurecido cada vez más en dogmas extranjeros. Sin embargo, el nacionalsocialismo, si quiere cumplir su propósito, siempre debe guiarse de acuerdo con los datos más recientes de los investigadores científicos.

Cuando nosotros, los nacionalsocialistas hablamos de Dios, no entendemos a Dios, como lo hacen los cristianos ingenuos y sus explotadores espirituales, bajo la forma de un ser a imagen y semejanza del hombre, que se mantiene en alguna parte del universo... Por el contrario, debemos abrir los ojos de la humanidad al hecho de que, además de nuestro planeta Tierra, hay innumerables otros cuerpos en el universo, muchos de ellos rodeados, como el Sol, por cuerpos más pequeños, las lunas. La energía que regula los espacios cósmicos, la Fuerza que mueve a esos cuerpos en el universo, de acuerdo con la Ley Natural, es lo que llamamos el Eterno, el Padre de Todo o Dios. La afirmación de que esta fuerza universal se preocupa por el destino de cada individuo aislado, del menor bacilo en la tierra, y que puede ser influenciada por oraciones u otras cosas asombrosas, se basa en una dosis adecuada de ingenuidad o en un descaro.

En contraste, los nacionalsocialistas nos proponemos a vivir de la manera más natural posible, es decir, de acuerdo con las Leyes de la Vida. Cuanto más conocemos y atendemos las Leyes de la Naturaleza y de la Vida, cuanto más nos adherimos a ellas, más correspondemos a la Voluntad del Eterno; cuanto más profunda sea nuestra comprensión de la Voluntad del Eterno, mayor será nuestro éxito.

De la incompatibilidad de los conceptos nacionalsocialista y cristiano se desprende que debemos oponernos a cualquier fortalecimiento de las denominaciones cristianas existentes y debemos negarnos a prestarles asistencia. No podemos hacer ninguna diferenciación entre las diversas confesiones cristianas. Cualquier fortalecimiento de los conceptos cristianos sólo funcionaría en contra de nosotros.

A un grado cada vez mayor el Pueblo debe ser arrebatado del cristianismo y sus agentes, los pastores. Obviamente, los cristianos, desde su punto de vista, deberán y deben defenderse contra esta pérdida de poder. Pero nunca más debe el cristianismo recuperar su influencia en el liderazgo de nuestra gente. Ésta debe ser rota absolutamente y finalmente.

Nuestra ideología nacionalsocialista es mucho más elevada y sublime que los conceptos del cristianismo, que en sus puntos más esenciales han sido tomados del judaísmo. Por esta razón nosotros no necesitamos al cristianismo.

Ningún ser humano conocería nada del cristianismo si no hubiera sido educado en su niñez por los pastores y curas.

Consecuentemente, cuando en el futuro nuestros jóvenes ya no escuchen nada sobre este cristianismo, cuyas doctrinas son muy inferiores a las nuestras, el cristianismo desaparecerá automáticamente.

Por primera vez en la historia de Alemania el Führer tiene en sus manos, consciente y completamente, la jefatura del pueblo. Con el partido, sus componentes y adheridos, el Führer ha creado para sí mismo un instrumento que lo hace independiente de las Iglesias. Toda influencia que pueda dañar o perjudicar al mando sobre el pueblo ejercido por el Führer con la ayuda del NSDAP tiene que ser eliminada. Cada vez más el pueblo debe ir separándose de las iglesias y sus servidores, los sacerdotes.

Bormann hubiera querido que esta declaración de principios fuera seguida de órdenes detalladas y concretas. No fue posible, esta orden fue filtrada a las autoridades eclesiásticas. El revuelo fue enorme. Se utilizó incluso por parte de la propaganda aliada contra los alemanes.

Debido a esto, Joseph Goebbels, político muy realista y responsable de la propaganda y opinión pública, influyó ante Hitler para que este tema fuese momentáneamente suspendido. Adolf Hitler dio orden a Bormann de suspender esta política recién iniciada, mientras el país estuviera comprometido en plena guerra. Se plantearon dos posturas: los que deseaban completar la Revolución Nacionalsocialista, enfrentándose a las iglesias, aún durante la guerra; y los que deseaban dejar este paso para después de la guerra (que fue la opinión final de Hitler). Sin embargo, Bormann sostenía que era necesario ir a la vez contra los enemigos externos e internos. Por eso, aunque más moderadamente, continuó publicando circulares e instrucciones dirigidas al Partido. Hizo hincapié en sustituir palabras como católico o protestante por "creyentes", oficio divino por "servicios eclesiásticos", etc. Preparó planes detallados para destruir el increíble poder económico eclesiástico. Se opuso también a los intentos de ciertos sectores NS de crear una nueva iglesia luterana (los cristianos alemanes) que fuera fiel al Partido, así como al proyecto de Rosenberg en 1940 de redactar unas directrices para la enseñanza de la religión. Para Bormann religión y NS eran dos cosas distintas sustancialmente. No se trataba de sustituir unos ritos por otros, una casta sacerdotal por otra. El NS era una Concepción del Mundo basada en principios científicos y debía mantenerse apartado de todo misticismo, y de derivar en un nuevo culto. En efecto le preocupaba mucho la refutación científica del cristianismo. La obra de H. Lohr La teología en las Ciencias Naturales fue difundida masivamente por el NSDAP por iniciativa suya. Lohr era un médico miembro del Partido desde antes de 1923, que, entre otras cosas, sostenía en su libro que, desde Moisés, el pensamiento judeocristiano se había opuesto a la Ciencia.

Wilhelm Frick

Frick, ministro de las leyes raciales, era también un creyente. Llegó incluso a redactar oraciones. Una de ellas decía: "Señor, líbranos de la mentira y de la traición. Yo se que la falta de Dios y la falta de Patria aniquilan a nuestro Pueblo".

Hermann Goering

Ministro del Aire. Héroe de la Primera Guerra Mundial. Mantenía la idea oficial del partido de libertad religiosa. El 18 de junio de 1934 declaró en Postdam: "Sólo unas palabras sobre la cuestión religiosa. Si ha estado en vigor alguna vez el principio de Federico el Grande de que cada uno sea bienaventurado a su modo, es ahora cuando ha de estarlo. Adolf Hitler, nuestro Führer y nosotros, los viejos nacionalsocialistas, sabemos que no tocaremos en modo alguno su fe. Por otra parte, al Estado no le puede sercompletamente indiferente lo que, en este terreno, acontece ante él."La cuestión es si la Iglesia encontrará el camino de vuelta a su función de ser una organizaciónconservadora o si se presta aun por más tiempo a ser un foco de crítica y de descontento. El Estadonacionalsocialista ha creado, con vistas a la necesidad de la renovación del Reich, los supuestos para una nueva Iglesia del Reich, en lo referente a la Iglesia Evangélica. El Estado se ha abstenido de intervenir en el asunto por prudencia. Tras haber establecido la norma ha dejado a la Iglesia conducir su existencia dentro de esta norma y llegar a una cierta unidad. Pero no sólo para Prusia, sino en el nombre de todos los dirigentes nacionalsocialistas y, ante todo, del Führer, creo tener derecho a afirmar que no se nos ha ocurrido jamás el realzar la confesión luterana, reformada o unida o utilizarla para oprimir a las demás. Para el Estado es completamente indiferente a cuál se adhiere el individuo. El Estado protegerá estas confesiones en sí".

Dijo en Viena el 26 de marzo de 1938: "Se afirma: ahora es exterminada la religión, ahora es eliminada la fe! Pues entonces que se me enseñe la iglesia que, como ha ocurrido en España, haya sido destruída o incendiada. Que se me muestre a los sacerdotes que hayan sido torturados o desollados. Que se me enseñe una iglesia que haya sido cerrada y en la cual los fieles no pueden rezar. Que se me muestre a un sacerdote al que se le haya impedido dedicarse a sus funciones sacerdotales o que haya sido arrastrado por las calles, después de haber sido decapitado, como hicieron los comunistas en España. Si fue detenido un sacerdote, esto no ocurrió por dedicarse a sus misiones sacerdotales, sino porque se hizo demasiado mundano. Sólo queremos que se efectue una clara separación. La Iglesia tiene sus funciones determinadas, muy importantes y muy necesarias y el Estado y el Movimiento tienen otras misiones igualmente importantes y decisivas. Si hubiesemos sido antirreligiosos o anticreyentes, ¿habría estado con nuestro movimiento la bendición del Todopoderoso? Hemos empleado toda la fuerza de nuestro sentimiento religioso para poder mantenernos firmes en la terrible lucha! ¿Creen que esto habría sido posible sin nuestra más profunda fe en Dios, en el Todopoderoso?".

La oposición de la Iglesia al nacionalsocialismo

Clérigos y oficiales del partido
Católicos realizando el saludo romano

El régimen tuvo alianza con varias iglesias cristianas, entre ellas la Iglesia Católica y Protestante, si bien persiguió a algunos miembros de estas confesiones por declararse abiertamente enemigos del Estado alemán, pero nunca atacó orgánicamente al cristianismo y mucho menos a la Iglesia católica. Las contribuciones monetarias del Estado a las iglesias fue altísima. No obstante, aunque Hitler se mostraba oficialmente como católico, encontró en algunos círculos católicos más oposición que entre los protestantes y las autoridades de la Iglesia siempre se mostraron hostiles al nacionalsocialismo. Antes de que el NSDAP llegara al poder, la Iglesia se posicionó en contra de todas las políticas raciales y eugenésicas del Partido, de su cosmovisión, así como de la enseñanza por parte del Estado una vez en el poder.

El cardenal Michael von Faulhaber quedó consternado por "el totalitarismo, el neopaganismo y el racismo" del movimiento nacionalsocialista y, como arzobispo de Munich y Freising, contribuyó al fracaso del Putsch de Múnich en 1923.[17]

En septiembre de 1930, el arzobispo de Maguncia condena de forma pública al NSDAP y excomulga a sus miembros:

Queda prohibido a todo católico inscribirse en las filas del partido nacionalsocialista (…). No se permite a los miembros del partido hitleriano la participación en grupo en funerales u otros oficios católicos (…). Un católico no puede ser admitido en los sacramentos mientras permanezca inscrito al NSDAP.

La condena de la arquidiócesis de Maguncia fue publicada en primera página por L’Osservatore Romano en un artículo del 11 de octubre de 1930. Ahí se declaraba la incompatibilidad entre la fe católica con el nacionalsocialismo.[18][19]

En febrero de 1931, a este acto siguió el de la arquidiócesis de Münich, que confirmó la incompatibilidad del catolicismo con el nacionalsocialismo. En marzo de ese año, también la diócesis de Colonia, Paderborn, Friburgo y las de las provincias de Renania denunciaron al nacionalsocialismo, prohibiendo de modo público cualquier contacto con el Partido. Indignados por la excomunión emitida por la Iglesia católica, el Partido envió a Hermann Göring con la petición de audiencia al Secretario de Estado Eugenio Pacelli (futuro papa Pío XII). El 30 de abril de 1931, el cardenal Pacelli rechazó encontrarse con Göring, que fue recibido por el subsecretario, monseñor Giuseppe Pizzardo, con el encargo de tomar nota de todo lo que pidiera.

En 1932, la Iglesia excomulgó a todos los dirigentes del NSDAP que fueran católicos, Adolf Hitler incluido. Goebbels había sido excomulgado antes de forma expresa por haberse casado con Magda Goebbels, una mujer divorciada y de fe protestante.

En ese mismo año la Conferencia de Obispos Alemanes publicó un documento detallado en el que se daba instrucciones de cómo relacionarse con el NSDAP. Dicho documento expresó que estaba absolutamente prohibido a los católicos ser miembros del Partido y quien desobedeciera sería automáticamente excomulgado.[20]

El documento, además, decía que:

Todos los Ordinarios han declarado ilícito pertenecer al Partido Nazi, porque las manifestaciones de numerosos jefes y publicistas del Partido tienen un carácter hostil a la fe y son contrarias a las doctrinas fundamentales y a las indicaciones de la Iglesia católica.

En enero de 1933, las asociaciones católicas alemanas difundieron un folleto titulado Un llamamiento serio en un momento grave, en el que consideraban la victoria del NSDAP "un desastre" para el pueblo y para la nación. El 10 de marzo de ese año, la Conferencia de Obispos Alemanes reunida en Fulda realizó un llamamiento al presidente de Alemania, el general Paul von Hindenburg para expresar "nuestras preocupaciones más graves que son compartidas por amplios sectores de la población".

La oposición de la dirigencia católica al nacionalsocialismo llegó a su primer punto alto en las elecciones del 5 de marzo de 1933. En esa oportunidad hicieron una muy fuerte propaganda desde los púlpitos a favor del partido de Hugenberg y a los católicos se les prohibió votar por el NSDAP bajo la amenaza de la excomunión de iure y la entrada en el infierno.

Sin embargo, como en otras iglesias alemanas, hubo algunos clérigos y laicos que apoyaron abiertamente a la administración del Reich y Pacelli sugirió a los obispos que revisaran su actitud hacia el nacionalsocialismo, pues su postura anticomunista era de interés mutuo y buscaba aprovecharla.

El 20 de julio de 1933, bajo el pontificado del papa Pío XI, el Vaticano firmó un concordato con Alemania llamado Concordato imperial con el que se buscaba regular las relaciones entre ellos en materias de mutuo interés. El vicecanciller, católico, Franz von Papen sirvió de representante del gobierno de Hitler en el Vaticano para la firma del Concordato.

Entre los diversos apartados del Concordato se hallaba la reglamentación del impuesto de culto y su cobro y las distintas protecciones a la Iglesia y a sus ministros. En el texto del Concordato puede leerse: "En virtud de las normas del Concordato el hábito religioso será protegido por una disposición civil, del mismo modo que lo están los uniformes oficiales." El Estado sufragaba además los gastos de las facultades de Teología existentes en las Universidades alemanas que eran ocho, aparte de otros seis centros de menores dimensiones.

A cambio, Hitler consiguó la autodisolución del Zentrum (Partido de Centro Católico), revocar las excomuniones de los miembros católicos del NSDAP y la lealtad de la jerarquía de la Iglesia. Cada vez que era nombrado un nuevo obispo, debía recitar: "Juro ante Dios y sobre los Santos Evangelios y prometo, al convertirme en obispo, ser leal al Reich alemán y al Estado. Juro y prometo respetar al gobierno constitucional y hacerlo respetar por mis clérigos." Además se permitió a los católicos afiliarse al Partido Nazi y a éstos asistir a las celebraciones católicas.

Al poco tiempo comienzan las desaveniencias en cuanto a la interpretación y aplicación del mismo. La Iglesia se oponía a la legislación sobre los judíos, ya que según ella, violaba el derecho natural. Incluso Mussolini llegó a actuar de mediador.

Otro evento de fuerte controversia fue la ley sobre esterilización obligatoria, que entró en vigor a inicios de 1934, parte del programa de eugenesia nacionalsocialista. El mismo se convirtió en motivo de enfrentamiento entre las autoridades del Vaticano y las del Reich, el cual estaba decidido a aplicar sus teorías eugenésicas en materia de selección racial: teorías que Pío XI había condenado abiertamente en la encíclica Casti Connubi de 1931. A petición de la Santa Sede, el episcopado alemán hizo todo lo posible (incluidas cartas pastorales, contactos personales con dirigentes del régimen, etc.) para lograr la modificación de la ley. Esta movilización del mundo católico alemán llevó, de hecho, a modificar el reglamento de aplicación de la ley, que fue publicado el 5 de diciembre de 1933.

Posteriormente, el 14 de marzo de 1937, este papa promulgó una encíclica titulada Mit brennender Sorge ("Con ardiente inquietud"), que se manifestaba contra las políticas raciales del régimen y, consecuentemente, contra el régimen nacionalsocialista, acusándolo de "divinizar a la raza, al pueblo o al Estado con culto idolátrico" y de "sembrar la cizaña de la sospecha, la discordia, el odio, la calumnia y la abierta hostilidad fundamental en contra de Cristo y de su Iglesia.". El documento se leyó el domingo 21 de marzo de 1937 en todos los aproximadamente 11.000 templos católicos de Alemania y declaraba que no existe compatibilidad posible entre la fe cristiana y la ideología nacionalsocialista. A pesar de ello, el gobierno permitió la lectura del documento así como su publicación en todos los medios católicos. Al día siguiente, el Völkischer Beobachter, órgano oficial del NSDAP, publicó una primera réplica a la encíclica, pero también la última. El ministro de propaganda Joseph Goebbels decidió que lo más conveniente para el régimen era ignorar completamente la encíclica. Un memorándum interno del gobierno, fechado el 23 de marzo de 1937, calificó a la encíclica de "casi una declaración de guerra contra el gobierno del Reich".

En el documento, Pío XI escribe además reivindicando el universalismo religioso en contra de las religiones étnicas, refiriéndose claramente al intento del Tercer Reich por levantar una espiritualidad propiamente germánica:

Solamente espíritus superficiales pueden caer en el error de hablar de un Dios nacional, de una religión nacional, y emprender la loca tarea de aprisionar en los límites de un pueblo solo, en la estrechez étnica de una sola raza, a Dios, creador del mundo, rey y legislador de los pueblos, ante cuya grandeza las naciones son como gotas de agua en el caldero.

El 6 de septiembre de 1938, año anterior al estallido de la Segunda Guerra Mundial, Pío XI pronunció un discurso en el que decía:

Resaltemos que, en la Santa Misa, Abraham es nuestro Padre y nuestro Patriarca. El antisemitismo es incompatible con el elevado pensamiento que ese hecho expresa. Es un movimiento con el que los cristianos no pueden tener nada que ver. No, no, os digo que es imposible para un cristiano tomar parte en el antisemitismo. Es inadmisible. A través de Cristo y en Cristo somos la progenie espiritual de Abraham. Espiritualmente, todos somos semitas.

En 1939, a Pío XI le sucede Pío XII, apodado a veces como "el papa de Hitler", y que pese a que mantuvo excelentes relaciones con Alemania durante su período, estaba lejos de ser simpatizante de Hitler. Hay silencios claros de Pío XII, que a menudo se interpretan como "apoyo a los nazis" pero que en realidad son silencios estratégicos a su favor. El papa sabía que no servía de nada oponerse públicamente a los nacionalsocialistas; así no derribaría al régimen, sino que eso implicaría una declaración abierta de guerra. El papa actuó en la sombra a lo largo de toda la guerra y la Iglesia continuó su lucha contra las políticas de eutanasia.

Inclusive, de acuerdo con documentos secretos del Vaticano recientemente liberados, a inicios de la guerra, el papa Pío XII intentó realizar a Hitler uno o varios exorcismos "a larga distancia" ya que afirmó junto con el cardenal Michael von Faulhaber y otros obispos, que Hitler estaba poseído por un demonio.[21]

En 1941, mientras Alemania estaba en plena guerra, nuevamente la Iglesia arremetió contra el régimen denunciando el programa de eutanasia Aktion T4. Su denuncia causó una fuerte conmoción incluso entre los soldados católicos que estaban en el frente, al punto tal que las autoridades gubernamentales pidieron a Hitler que el obispo de Münster, monseñor Clemens August Graf von Galen, que en una homilía del 3 de agosto de 1941 denunció el programa, fuera ahorcado por tración. Hitler se negó a ello.

El 20 de julio de 1944 se produce el atentado contra Hitler por mano de Claus von Stauffenberg (Operación Valquiria) y con la coordinación del almirante Canaris. Pío XII es informado del atentado y anima a los protagonistas a llevarlo a cabo, justificando que se trata de un claro caso de tiranicidio. La participación de la Iglesia en la Operación Valquiria fue descubierta por las fuerzas de seguridad del Reich.[22]

El sacerdote Julio Meinvielle, que influyó en el "nacionalismo católico", consideraba que el fascismo constituía la traducción política del panteísmo hegeliano y también, siguiendo las enseñanzas del documento, caracterizaba al nacionalsocialismo como "un movimiento cultural formalmente precristiano y esencialmente pagano, en su pretensión de recrear los mitos nórdicos de las antiguas divinidades germánicas."[23]

Opiniones de algunos religiosos

Adolf Hitler y cardenal
Hitler y un cardenal católico

A pesar de la posición oficial de la Iglesia, muchos religiosos, haciendo a un lado sus diferencias, más conscientes de su patriotismo y su lealtad que de su fe religiosa, apoyaron a Hitler. En el folleto titulado "Por qué el Eje ganará la guerra? Polémica y razón de la Europa cristiana" que venía a representar la forma de pensar de muchos sacerdotes, decía: "Si Hitler no hubiese forjado la actual Alemania, Europa se encontraría indefensa frente al comunismo y como la subida al poder de Hitler no puede explicarse humanamente, debemos concluir que el Dios de las Victorias coloca a Adolf Hitler en el poder para ser el salvador de la Civilización y del Cristianismo". El presbítero José Manuel Vega y Diaz, exclama en su obra "La plaga maldita del comunismo": "Ojalá que los ejércitos del Eje y sus aliados venzan y hagan desaparecer esta plaga maldita que ha roído la existencia de la humanidad en sus mismas entrañas!". Cabe decir que los estandartes de las SA eran bendecidos frecuentemente por los obispos.

El reverendo M. Yate Allen, inglés, decía: "Es porque soy sacerdote y porque creo firmemente en la religión cristiana por lo que acojo con regocijo y doy gracias al Todopoderoso por lo que ha sido llevado a cabo por Mussolini y Hitler". Y el reverendo Geoffrey Dymock, vicario de St. Bede, Bristol, hablando sobre la Alemania de Hitler la calificaba como "una de las grandes razas de Europa que ha conseguido desembarazarse de las penas de una vil esclavitud de la finanza internacional". El Nuncio Pacelli -después Papa- dijo a Hitler, con motivo de la felicitación del Año Nuevo -segun el semanario "Der Ring"- "Ud. excelencia, es el salvador del Pueblo alemán enviado por Dios". En 1942, con motivo de la guerra en Rusia, los obispos alemanes declararon: "Una victoria sobre el bolchevismo sería comparable al triunfo de la enseñanza de Jesus sobre los infieles". El sacerdote de Breslau, Dr. Nieborowski que escribió: "El triunfo de Adolf Hitler ha sido el triunfo del cristianismo amenazado de inminente peligro en Alemania y en Europa. La Iglesia Católica debe arrodillarse para dar gracias al Todopoderoso por esta salvación... A nuestros ojos y en sentido cristiano y católico, Hitler es un instrumento de la Providencia".

Durante una exposición en Munich fue retirada de la sala una imagen de Cristo Crucificado, verdaderamente vergonzosa por intervención de los nacionalsocialistas. Sin embargo unos años antes, en plena democracia, fue escarnecido el cristianismo y la Iglesia Católica de la forma más aberrante y escandalosa en una "Exposición de librepensadores internacionales" en verano de 1930, sin que se produjese ninguna queja por parte del partido del Centro que se suponía católico. Muchos años más tarde, en 1967, restituída la "libertad" en Alemania, en otra exposición se presentó una serie de caricaturas obscenas y en una de ellas se mostraba a Cristo crucificado guiñando el ojo a una monja que correspondía mostrándoles el pecho desnudo. Cada uno juzgue. En 1930 como en 1967, nadie protestó, puesto que sólo el Partido Nacionalsocialista (1933-1945) podría haberlo hecho. Para los demás partidos, burlarse de lo que sea incluso de Cristo, constituye una muestra de libertad. Para el nacionalsocialismo, los cuadros blasfemos significaban un insulto para todos los que desde hace cientos de años habían muerto en defensa de los ideales de la Cristiandad.

En una carta que no llegó a ser publicada en el diario "La Verdad" de Murcia, D. José Antonio Vidal Gadea, miembro de la División Azul y caballero de la Cruz de Hierro confirmaba que en los territorios bajo jurisdicción de Alfred Rosenberg: "Estuve durante el mandato alemán en primera línea y recorrí (no precisamente por deporte) diversos hospitales situados en ciudades alemanas, así como de naciones bálticas y pude comprobar la celebración de Misas y Oficios en los templos cristianos. Un detalle interesante es que a bastante distancia de los templos se colocaban letreros advirtiendo su proximidad y ordenando silencio para no perturbar las prácticas religiosas... Las unidades alemanas contaban todas con capellanes de acuerdo con el credo religioso de sus componentes... En el equipo de los combatientes católicos se incluía un anillo con un "decena" para el rezo del Santo Rosario".

Problemática actual

Existe una gran y muy compleja controversia sobre la relación entre el cristianismo y el nacionalsocialismo. Se llega a plantear si un cristiano puede ser a la vez nacionalsocialista. Los puntos de controversia llegan hasta las propias filas nacionalsocialistas, donde paganos y cristianos se enfrentan frecuentemente.

Algunos militantes intentan ser moderados en su postura y con cierta prudencia piensan que estas disputas "son estériles e inconvenientes porque causan un daño por divisionismo". Hitler había dicho en varias ocasiones que las discrepancias religiosas alejan a la gente de la lucha contra el enemigo común. En consecuencia, muchos paganos y cristianos nacionalsocialistas prefieren dejar de lado estas discrepancias, unirse y colocar sus ideales en pro de su raza por encima de sus creencias.

Otros consideran que tal postura fue útil en el pasado, y que la posición de Hitler es comprensible en términos políticos, pero que no debe ser tomada nunca como un dogma, mucho menos si las circunstancias lo exigen.

La Iglesia católica, como la protestante y la ortodoxa, pese a atribuírsele generalmente un carácter "tradicionalista", se ha adherido en un grado u otro al pensamiento de lo políticamente correcto como lo es la afirmación de que todo racismo es per se una falsedad y un error que debe ser hostigado, por lo que apoya la persecución y censura hecha por el Sistema a las ideas racistas o racialistas (que de por si, ya es enérgica en sitios como Europa, Canadá y otros).[24][25]

Es por ello que los intentos de conciliar la doctrina abrahámica, universalista antirracista e igualitarista del cristianismo con la doctrina racial, eugenésica y aristocrática del nacionalsocialismo son desviaciones ideológicas. La verdadera naturaleza del cristianismo debe ser denunciada, considerándose una parte esencial de la problemática que la raza blanca enfrenta hoy en día. El objetivo del nacionalsocialismo en este asunto y como se ha visto, aunque discretamente disimulado, fue siempre la descristianización. Ello como consecuencia de la incompatibilidad entre ambas.

No se debe perder la vista de que fue el carácter dogmático, intransigente, cismático, e inherentemente antipagano del cristianismo el que terminó por aflorar inevitablemente en la mente de algunos supuestos militantes, y percibieron un conflicto ante el hecho de colocar los intereses raciales por encima de su fe, y aquí es donde se encuentra la raíz de dicho divisionismo.

El paganismo, por el contrario, nunca ha percibido un problema en hacerlo, puesto que el paganismo se considera a sí mismo como una religión del pueblo y de la raza. El anticristianismo tampoco es inherente al paganismo, sino que surge como forma de autodefensa ante los ataques del cristianismo.

Referencias

  1. 1,0 1,1 1,2 Eliade, Mircea, Historia de las creencias y de las ideas religiosas (Tomo IV), Ed. Herder, pp. 553-554.
  2. Refiriéndose con este último al miembro del movimiento Deutsche Christen
  3. 3,0 3,1 3,2 3,3 3,4 3,5 Edwige Thibaut, La Orden SS
  4. Der Reichsführer SS/SS-Hauptamt, Rassenpolitik. Política racial, Capítulo 1: Pensamiento racial. Los enemigos de la cosmovisión nacionalsocialista y su Doctrina de la Igualdad de la Humanidad. (Berlin, 1943 -?-).
  5. Fritz Bennecke (ed.), Vom deutschen Volk und seinem Lebensraum, Handbuch für die Schulung in der HJ ("El pueblo alemán y su espacio vital. Manual de entrenamiento para las Juventudes Hitlerianas"), Munich: Franz Eher, 1937.
  6. 6,0 6,1 6,2 6,3 Werner Maser, Hitler: Legende. Mythos. Wirklichkeit (1971) (Hitler: leyenda, mito, realidad). Biografía de Adolf Hitler.
  7. Weikart, Richard (2009). Hitler's Ethic: The Nazi Pursuit of Evolutionary Progress. New York: Palgrave Macmillan, p. 40.
  8. J. Aguilar y J. M. Asensi, Hitler y la Iglesia: La Mentira del Ateísmo de Hitler. Editorial NOS, Madrid, 1973. ISBN: 84-7347-001-X.
  9. N. Esto en contradicción con la doctrina católica que niega que Cristo haya llamado a luchar contra otros hombres.
  10. En John Toland (1992). Nueva York: Anchor Publishing, p. 507.
  11. N. Aquí Hitler admite que el cuerpo doctrinal de la Iglesia se opone, 'en muchos puntos', a la ciencia, y por lo tanto no acepta dichos puntos doctrinales católicos en contradicción con ella.
  12. Mein Kampf en alemán
  13. 1941-1944, Londres, 1953.
  14. Der einzelne mag heute schmerzlich feststellen, daß in die viel freiere antike Welt mit dem Erscheinen des Christentums der erste geistige Terror gekommen ist, er wird die Tatsache aber nicht bestreiten können, daß die Welt seitdem von diesem Zwange bedrängt und beherrscht wird.
  15. Albert Speer. (1997). Inside the Third Reich: Memoirs. New York: Simon and Schuster, p. 96
  16. Gottgläubig es un término utilizado para describir a quienes rompían con el cristianismo y no tenían ninguna afiliación religiosa, pero implicando que creían en Dios o en un poder trascendente.
  17. Encyclopaedia Btitannica Online: Michael von Faulhaber Web, Apr 2013.
  18. Margherita Marchione, Pope Pius XII: Architect for Peace
  19. Info Católica: Nuevos documentos prueban la firme oposición al nazismo por parte de la Iglesia Católica en Alemania
  20. N. Este documento fue sacado a la luz en septiembre de 2009 por el periodista Michael Hasemann a través de la Pave the Wave Foundation. Más interesante aún es ver cuál fue la reacción de los medios católicos ante este descubrimiento, pues se mostraron sumamente felices de poder levantar "las injurias y difamaciones sobre la complicidad de la Iglesia católica con el nazismo".
  21. Hitler and Stalin were possessed by the Devil, says Vatican exorcist
  22. N. De acuerdo con el historiador y experto en contraterrorismo de los Estados Unidos, Mark Riebling en su libro: La Iglesia de Espías: La guerra secreta del Papa en contra de Hitler, publicado en 2016, (escribiendo siempre a favor del Vaticano), el papa intentó, al menos en tres ocasiones, asesinar a Hitler. La primera de octubre de 1939 a mayo de 1940. La segunda de 1942 a la primavera de 1943 y la última el 20 de julio de 1944, conociendo y apoyando la Operación Valquiria. El autor afirma que en septiembre de 1939, Pío XII es informado de la creación de una red de resistencia contra Hitler dirigida por oficiales traidores. Se comunica con esta red y se muestra a favor de derrocar a Hitler. A lo largo de toda la guerra, esta red se estructura y se organiza. Está dirigida en particular por el almirante Wilhelm Canaris, jefe de la Abwher, y por Josef Müller, bávaro, que hace muchos viajes entre Alemania y Roma para coordinar las operaciones. Gracias a esta red, el Vaticano obtiene a comienzos de mayo de 1940 los planes del ataque alemán contra Francia, que son transmitidos a París. Pero Francia no los tiene en cuenta, creyendo que se trata de una estratagema nazi.
  23. [1]
  24. Vaticano: La Iglesia ante el racismo
  25. Vaticano: Conferencia mundial contra el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y otras formas de intolerancia

Enlaces externos

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